Archivo por meses: julio 2022

¿Más que tú? Comentario para Matrimonios: Mateo 11, 20-24

EVANGELIO

El día del juicio le será más llevadero a Tiro y Sidón y a Sodoma que a vosotras.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 20-24

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:
«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.
Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».

Palabra del Señor.

 

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¿Más que tú?

Según este Evangelio, parece ser que el Señor valora mi respuesta en función de lo que me ha dado. Por tanto, en el supuesto de que sea mucho mejor que mi esposo, tendría que mirar qué talentos me ha dado Dios en lugar de compararme con él o ella, porque en función de lo recibido, se me pedirá.
Veamos qué dice el catecismo: CEC 1937 ‘Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y que quienes disponen de “talentos” particulares comuniquen sus beneficios a los que los necesiten. …Yo no doy todas las virtudes por igual… A uno la caridad, a otro la justicia, a éste la humildad, a aquél una fe viva… En cuanto a los bienes temporales las cosas necesarias para la vida humana las he distribuido con la mayor desigualdad, y no he querido que cada uno posea todo lo que le era necesario para que los hombres tengan así ocasión, por necesidad, de practicar la caridad unos con otros… He querido que unos necesitasen de otros y que fuesen mis servidores para la distribución de las gracias y de las liberalidades que han recibido de mí. (Sta. Catalina de Siena, dial. 1, 7).

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carlos: Ahora lo entiendo. Se acabó la competitividad entre nosotros. Si tuviera más caridad es para amarte más, sí, amarte más que tú a mí; si tuviera más sentido de la justicia, es para ser más justo contigo que tú conmigo; si fuese más humilde, es para aceptar más humillaciones que tú; y si tuviese más fe, es para rezar más por ti e intentar llevarte a Dios con amor como Él lo haría… En definitiva, si soy mejor como esposo, es para entregarme más a ti que tú a mí.
Alicia: Qué torpes somos. Normalmente andamos midiéndonos con respecto al amor del otro… Si he recibido más, es para dar más, o el juicio le será más llevadero a Sodoma que a mí.

Madre,

Que nos esforcemos para amar más según los talentos recibidos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Un chorro grande. Comentario para Matrimonios: Mateo 19, 27-29

EVANGELIO

Vosotros, los que me habéis seguido, recibiréis cien veces más.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 27-29

En aquel tiempo, Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús:
«Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».

Palabra del Señor.

 

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Un chorro grande.

Dejar cosas por Cristo, en eso consiste seguirle. Por eso, mi santidad tiene tanto que ver con mi matrimonio, porque puedo llegar a ser santo sólo siendo un buen esposo, ya que el matrimonio lleva implícita la renuncia a mí mismo para entregarme por entero a mi esposo en nombre del Señor, y esa es la obra mayor a la que puedo aspirar, a entregarme a mí mismo por Dios. Eso hizo Cristo y en esa obra me permite participar.
¿Quieres llegar a lo máximo que puedes aspirar? Entrégate a tu esposo y recibirás cien veces más de lo más valioso que tienes, que eres tú mismo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pepito: Mamá, ¿Cuánto vale una persona?
María: Una persona tiene un valor incalculable, hijo. Ni con todo el oro del mundo se puede comprar la vida de una persona.
Pepito: y entonces ¿Cuánto pagó Papá por ti?
María: Papá no me compró, porque es imposible comprar a una persona. Fue él quien decidió entregarse a mí y yo entregarme a él, libremente, o sea, porque quisimos. Eso significa que yo en lugar de estar pendiente de mí misma, me dedico a estar pendiente de él. Yo cuido de él y él cuida de mí. Eso es lo que Dios quiere que hagamos.
Pepito: Y a mí ¿Quién me cuida?
María: Entre los dos, te cuidamos, porque cuando los papás se aman, desean tener hijos y renunciar a su tiempo y sus diversiones por quererlos y cuidarlos. Eso es el amor. Cuanto más se aman los papás, más aman a sus hijos. Es como la fuente del parque. ¿Te acuerdas? Hay un chorro grande arriba del todo, que sube muy alto y cae sobre la primera concha. Cuando ésta se llena, rebosa y cae sobre la segunda concha, y cuando se llena ésta, cae sobre la tercera. Pues así es el amor. Dios es el chorro alto de donde sale toda el agua. Renuncia a sí mismo para darnos su agua que llena nuestra concha. Papá y yo, renunciamos a nosotros mismos, y nos entregamos el uno al otro, y así hacemos hueco para recoger el agua de Dios. Porque lo más importante de la fuente es el agua ¿Verdad?
Pepito: Sííí. Cuando no tiene agua, no me gusta nada la fuente. Es muy fea, tiene muchos tubos oxidados… Pero cuando tiene agua se vuelve bonita.
María: Muy bien. Pues cuando se ha llenado nuestra concha del agua de Dios, esa agua, desborda y llena vuestra concha. Si renunciáis a vuestros caprichos, si no sois egoístas y pensáis en los demás, dejaréis hueco para llenaros de nuestra agua, que viene de Dios.
Pepito: Mami ¿Os vais a querer siempre Papi y tú?
María: Siempre, hijo. Porque el chorro de Dios no para de salir, y nosotros dejamos todo el hueco que podemos, para recoger muuucha agua, y llenarnos. Así no nos falta nunca el agua, del amor de Dios.
Pepito: ¡Biennnn!

Madre,

La fuente del amor de Dios es inagotable. Qué pena derrochar tanto amor como derrama sobre nosotros. Permítenos, Madre, renunciar a todo, para acoger todo el amor que Dios nos quiere dar. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Esposo Apaleado. Comentario para Matrimonios: Lucas 10, 25-37

EVANGELIO

¿Quién es mi prójimo?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».
Él le dijo:
«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».
El respondió:
«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».
Él le dijo:
«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
«¿Y quién es mi prójimo?».
Respondió Jesús diciendo:
«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
Él dijo:
«El que practicó la misericordia con él».
Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo».

Palabra del Señor.

 

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Esposo Apaleado.

El prójimo es, según vemos este Evangelio, aquel que me necesita. Mi esposo es mi responsabilidad principal, y claramente me necesita. Hoy proponemos la parábola del Señor llevada al matrimonio, a ver si sabemos descubrir quién actúa como prójimo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Un esposo llega a casa y se encuentra que, una vez más, su esposa le recrimina los sufrimientos que él le provoca y los desengaños que se ha llevado en su matrimonio. Él, harto ya de sus quejas, se lo echa en cara, le dice que no la aguanta más y se va al pádel para “desfogar su estrés”.
Otro esposo en cambio, en la misma situación, cancela el partido de pádel (con el consiguiente cabreo de sus amigos) y se queda con su esposa escuchando una vez más todas sus frustraciones y heridas, porque, aunque ya se las conoce de sobra, tiene que revivirlas en ese momento para compadecerse con ella y que se sienta acompañada en su dolor. Ella necesita sentirse comprendida y por lo tanto, amada.
¿Quién de los dos está siendo un buen prójimo?
Una esposa ve que su marido se está distanciando de ella y cada vez tarda más en llegar a casa del trabajo. Él se suele quejar de que ella no lo acepta tal como es, dice que no puede relajarse en su propia casa sin que su mujer le corrija constantemente. Ella entiende que no debe admitir esa situación y le llama muy enfadada al móvil para decirle que como no llegue a casa antes de las 21h coge la maleta y se va a casa de su madre.
Otra esposa en esa misma situación, espera a que su marido llegue del trabajo a pesar de encontrarse ya muy cansada, y cuando llega lo colma de atenciones para que se sienta importante. Después se sienta con él y le pide perdón por no estar sabiendo hacerle feliz (aunque ella no cree que esté haciendo nada mal), mientras le pregunta qué puede hacer para que él esté a gusto a su lado.
¿Cuál de las dos está siendo un buen prójimo?

Madre,

Qué difícil es salir en rescate de mi esposo cuando está siendo apaleado por alguno de sus pecados o alguno de los míos que no veo. Tiendo a buscar un camino que me evite “pringarme” en su rescate, por puro orgullo. Lléname de la misericordia de Dios, Madre, para que nunca le abandone herido/a. Para que sea un buen prójimo de mi esposo/a. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Amor y desconfianza. Comentario para Matrimonios: Mateo 10, 24-33

EVANGELIO

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.

 

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Amor y desconfianza.

Tener confianza en Dios a pesar de las dificultades y las persecuciones. Eso hizo el Hijo con el Padre, eso hacemos nosotros. Pero me pregunto: ¿La confianza en Dios se puede dar sin confiar en mi esposo?
Lo primero es que, no puedo amar a aquel en quien no confío, porque mi duda atenta directamente contra nuestra relación de amor. Pero es que además, si no confío en mi esposo, el que Dios ha dispuesto para mí, ¿no estaré desconfiando del plan de Dios? Y si desconfío de Su plan ¿no estaré desconfiando de Su amor? Y por tanto no estaré capacitado para amarle.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Nacho y Teresa tienen separación de bienes por imposición de los padres de él, que lo pusieron como condición por cuestiones de herencia y de algunos bienes que ya habían puesto a nombre de Nacho. Su esposo consintió a pesar de que ella no estaba de acuerdo. Esto le creó ya desde entonces desconfianza hacia su esposo. Teresa se encuentra ante la injusticia de que ella se ha comprometido a entregar su vida a su esposo, mientras la de Nacho queda en parte reservada sólo para él. ¿Por qué consiente Nacho que sus padres determinen cómo tienen que ser las cosas entre nosotros? Piensa… Estas ideas se vienen agolpando en su cabeza, desde el comienzo de su matrimonio, pero sobre todo últimamente, están afectando bastante a su relación. La desconfianza hacia Nacho le impide amarle.
Teresa eleva la mirada a Dios, y como los apóstoles cuando su barca estaba siendo vapuleada por las olas, le dice al Señor ¿No te importa que se produzca esta injusticia? Teresa recibe de Dios un contundente: “Con mi gracia te basta. Confía en tu esposo por la confianza que tienes en mí y en lo que yo disponga”.
Teresa simplemente apartó estos pensamientos de su cabeza y consideró que si Dios había permitido que las cosas fuesen así, y ella decidió en su momento casarse con Nacho a pesar de esa circunstancia, porque su amor era mayor que la dificultad que aquello le suponía, pues sólo tenía que seguir reafirmando su “sí” cada día: “Nacho, me importas mucho más que toda tu herencia”. Así Teresa pudo seguir amando a su esposo, esta vez, ¡Sin reservas!
Su esposo sin embargo, tuvo mucho sufrimiento en su vida, por causa de su atadura a sus bienes terrenales, lo que le impedía amar a su esposa como Dios quiere.

Madre,

Alabo al Señor por su bondad infinita, cómo se entrega cada día por mí, como se entrega en la Eucaristía. No tengo miedo, Señor. Confío en ti. Alabado seas por siempre.

Sagaces y sencillos. Comentario para Matrimonios: Mateo 10, 16-23

EVANGELIO

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

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Sagaces y sencillos.

Este Evangelio nos da muchas claves sobre el sufrimiento frente el mal del prójimo y específicamente el de nuestro esposo:
1º Es Dios quien me envía a ser oveja en medio de lobos, y Él quiere expresamente que esté ahí y no huya, porque es ahí donde quiere dar testimonio de Él a través de mí.
2º Ser sagaz: No poner la confianza en que el otro cambiará y se volverá oveja y me tratará bien, sino ponerla en Dios que quiere esa situación para sacar bien del mal, para reconstruir y salvar a muchos.
3ª Ser sencillo, es decir, no ir dando lecciones. No doy testimonio corrigiendo a los demás porque soy el más listo, sino dejándome devorar por otros en nombre de Dios. Tampoco es sencillo el que le da vueltas a los encontronazos ni antes, ni después. Ni siquiera pensar en lo que voy a decir ni como, sino que esperaré a que el Espíritu Santo actúe.
Por último, algo que debemos tener siempre presente: Entre los esposos está Cristo (por el Sacramento) y cada vez que soy agredido por mi esposo, esa agresión va directamente contra nuestra unión. Por tanto, podemos afirmar que en todos los casos estamos siendo perseguidos por causa de Cristo. Es duro, pero es grande y cuento con la asistencia del Espíritu Santo, ¡Siempre!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Julia: Después de que llegó tarde y no me quejé, le preparé la cena. Le puso toda clase de pegas a lo que le preparé. Luego le dije que estaba cansada, que si se venía conmigo a la cama, y me dijo que no, que prefería quedarse viendo su serie favorita. Así que me quedé con él intentando participar de sus gustos. Me dijo que no me acercara tanto, que tenía calor… Desde el principio entendí que no era su día. Necesitaba tiempo, necesitaba calma, cariño. Yo le habría mandado a la “m”, y le habría dicho cuatro cosas, pero era mejor callar y dejar que actuase el Espíritu que estaba conmigo. Y noté su fuerza, noté que misteriosamente seguía amando a mi esposo, noté la fuerza del Espíritu. Nada de lo que hiciera o dijera me molestaba. Sólo pensaba en él y en Él. Fue una experiencia tan fuerte, que me ayudó la siguiente vez a volver a hacer lo mismo.
Raúl (Esposo de Julia): Aquel día venía alterado. Asqueado. Todo lo que veía a mi alrededor me parecía negativo. En mi esposa, me parecía todo falso. Pensé que la cena la había hecho rápido y a su gusto. Cuando me dijo de irnos juntos a la cama, pensé que sólo pensaba en ella y en su cansancio ¿Qué era del mío? Estaba incapacitado para ver lo bello y lo bueno. Pero ella permaneció en el amor, hasta que me sacó de aquel estado, de aquella ceguera. Había una fuerza en ella, como sobrenatural. Después no me podía explicar que hubiese aguantado tantos desprecios por mi parte. Reconocí la fuerza de Dios en sus actos, y caí rendido. Lloré, me arrepentí, le pedí perdón y le di las gracias por amarme tanto. Después me confesé y ya soy un hombre nuevo, listo para empezar otra vez. ¡Gloria a Dios!

Madre,

Cada vez que cuidamos que no se pierda nuestra unión, por preservar la presencia de Cristo entre nosotros, estamos actuando por causa de Cristo. Cada vez que recibimos una ofensa, una crítica, y seguimos decidiendo amar, somos perseguidos por Su causa. Normalmente pensamos en esos momentos en cómo defendernos, pero no. Cristo quiere que dejemos hablar al Espíritu, que seguro que Él sabrá qué es conveniente decir para ser Sus testigos. Alabado sea el Señor que nos acompaña especialmente en esos momentos de dificultad.