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Vueltas en mi corazón. Comentario para Matrimonios: Mateo 9, 1-8

EVANGELIO

La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:
«¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron:
«Este blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate- y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados – entonces dice al paralítico -: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.

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Vueltas en mi corazón.

Hay una frase que centra este Evangelio sobre todas las demás, y es: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?”. Esto es clave, los malos pensamientos son el preámbulo de mis peores actos. Qué importante es estar atento a parar esos “chorritos” que anteceden a las avalanchas del pecado. Son esos malos pensamientos en el corazón. Muchas veces además, animados por resentimientos, que no es otra cosa que traer al “ahora” sentimientos negativos del pasado. Así se va acumulando el mal hacia ti en mi corazón. Pero en estas ocasiones, Jesús también me dice: Tengo poder para perdonar sus pecados.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carlos: Me he observado bien, y tengo conciencia de esos momentos en los que pienso mal en mi corazón. Cuando me siento ofendido por ti, empiezo a darle vueltas a la pelota, sobre si tú lo haces peor, sobre si es injusto, si estás exagerando, etc. Y puede que me lleve a otros pensamientos aún peores. Le pido al Señor, que me libre de esos primeros malos pensamientos de mi corazón que me llevan a pecar.
Alicia: Sí, en el corazón se cuece todo. Por ejemplo, cuando me corregiste de esa manera el otro día porque no había prestado demasiada atención a tus padres cuando llegaron, me sentí molesta y ya empecé a pensar que te importan ellos más que yo, que siempre los defiendes a ellos… Me sentí despreciada y acabé muy enfadada contigo.
Carlos: Te pedí perdón, esposa, en cuanto me explicaste que no te habías enterado de que habían llegado. Tú eres lo más importante para mí, y lo que más me importa es que tú quedes mal delante de ellos.
Alicia: Te quiero mucho, Carlos. Aparto de mí todos esos pensamientos negativos para no volver a hacerte daño.

Madre,

Estoy enamorado/a de mi esposo/a y siento mucho hacerle daño con mi concupiscencia. Quiero amarle tal como es con toda mi alma. Entra Tú en mi corazón para que no pueda entrar nada más. Alabado sea Dios que nos da a Su Madre, la llena de Gracia. Amén.