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Loco por ti. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 3, 20-21

EVANGELIO
Su familia decía que no estaba en sus cabales

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-21
En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer.
Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

Palabra del Señor.

Loco por ti.

“Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jesús… requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. Pero atención: no es Jesús quien divide. …Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana.” (S.S. Francisco, 18 de agosto de 2013)

En el matrimonio, es esta resistencia a renunciar a los propios criterios e intereses, la que nos mantiene en jaque y desde luego, lejos de avanzar en ese impresionante camino hacia la mutua comunión. No acaba de entrarnos en la cabeza que hemos sido creados el uno para el otro. Por supuesto que puede sonar a locura, porque estos son los criterios de Dios, y no los nuestros, pero todos tenemos experiencia de que con nuestros criterios no vamos a ningún sitio.

Leamos lo que dice San Juan Pablo II comentando el Cantar de los Cantares en su catequesis del 30 de mayo de 1984: ‘Esta conciencia de la recíproca pertenencia resuena sobre todo en boca de la esposa… Cuando la esposa dice: «Mi amado es mío», quiere decir, al mismo tiempo: es aquel a quien me entrego yo misma, y por esto dice: «y yo soy suya» (Ct 2,16). Los adjetivos: «mío» y «mía» afirman aquí toda la profundidad de esa entrega, que corresponde a la verdad interior de la persona’.

En el “yo soy suyo/a” descubrimos una entrega profunda y sincera, en la que no cabe lugar a dudas. Son frases que se escuchan más a menudo de novios, cuando nos reconocíamos “locos de amor”. En términos parecidos, se expresa Jesús en su relación con el Padre: “todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío” (Juan 17,10), “Él Padre está en mí y yo estoy en el Padre” (Jn 10,38)… Sorprendente, pero así se nos muestra la relación Trinitaria que es nuestro modelo para el matrimonio.

Señor, tus criterios no son los nuestros. Tus caminos no son nuestros caminos. ¿Cuántos errores tenemos que cometer para llegar a entender la verdad?
No hay matrimonio más cuerdo que aquel en el que ambos, están “locos” el uno por el otro.

Oramos por el sínodo de la familia:
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Esposos con vocación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 3, 13-19

EVANGELIO
A doce los hizo sus compañeros

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.

Palabra del Señor.

Esposos con vocación.

El Evangelio de hoy, relata la llamada de Jesús a sus apóstoles. Él los elige como “sus compañeros” y ellos responden a su llamada. El tema de hoy es la vocación, o llamada de Dios. Él nos elige para una misión concreta que nos cambia el nombre, porque define quiénes somos. Nosotros somos hijos de Dios y en el bautismo, se nos asigna un nombre, y esposos, lo que define nuestra procedencia y nuestra misión. Esta es la esencia de nuestra vocación.

Particularizando, a mí, me ha dado un/a esposo/a llamado/a ______ que ha creado para mí y lo/la elige como mi compañero/a y viceversa. Y nuestro objetivo (aunque lo repetimos mucho, nunca será suficiente), es que nuestra entrega mutua o comunión, sea imagen de la comunión de la Santísima Trinidad. Un misterio escondido en Dios desde toda la eternidad, que se nos revela en Cristo al desposarse con la Iglesia en un acto redentor que a la vez se convierte en nupcial.

Ponemos aquí algunos textos de San Juan Pablo II que expresan esta realidad.

“el matrimonio corresponde a la vocación de los cristianos únicamente cuando refleja el amor que Cristo-Esposo dona a la Iglesia, su Esposa, y con el que la Iglesia (a semejanza de la mujer «sometida», por lo tanto, plenamente donada) trata de corresponder a Cristo. Este es el amor redentor, salvador, el amor con el que el hombre, desde la eternidad, ha sido amado por Dios en Cristo: «En Él nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él…»” (San Juan Pablo II, Catequesis 18 ago 1982)

Alguno dirá, que es imposible. Seguramente que, si a los apóstoles les dijeran lo que iban a acabar haciendo, también lo dirían. Afortunadamente:

2331 «Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen … Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión» (FC 11).

La capacidad nos la da Él, la responsabilidad es nuestra: Seguirle. El premio ¡Una pasada!

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Leyes que liberan. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 3, 1-6

EVANGELIO
¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre?

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo.
Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis:
-«Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó:
-«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre:
-«Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Palabra del Señor.

Leyes que liberan.

Olvidamos a las personas y priorizamos nuestras “leyes”. Como consecuencia nuestro matrimonio enferma. Aparecen incomprensiones que nos llevan a temas tabú que, o nos destrozan o es mejor evitarlos. Aparecen miradas oscuras hacia el otro… llegando incluso a estorbarnos. «si pudiera planear un modo de quitármelo de en medio». ¡Nuestro esposo/a, la persona sagrada que Dios ha puesto en nuestro camino para nuestra santidad, salvación, felicidad… Llega a ser un estorbo, incluso nos puede estorbar para poder cometer nuestro pecado tranquilos, sin reproches, ni correcciones…

La obstinación o dureza de corazón, es lo que le provoca dolor a Cristo. Es obvio que el amor es más importante que las normas, pero nos empeñamos muchas veces en no entenderlo. Tantas como discusiones se provocan entre los esposos: anteponer el orden a la comunión, la razón, un deseo, una tradición… Es el motivo por el cual la puerta del corazón se cierra imposibilitando acoger el amor. Es tan destructivo que incluso despierta la santa ira de Dios.

También hoy Jesús nos llama para curarnos. Porque las leyes de Dios, no oprimen, sino que liberan. Cristo no vino a condenar, sino a salvar. La leyes de Dios sirven para salvar, para liberar, para hacernos libres. Son las leyes del Amor.

San Juan Pablo II, en la catequesis del 27 oct 1982, dice que «la redención del cuerpo» es un manantial permanente de esperanza de que la creación será «liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (ib. 8, 21). Las palabras de Cristo, “serán una sola carne” pronunciadas desde la profundidad divina del misterio de la redención, “llevan en sí el fermento de esta esperanza: les abren la perspectiva tanto en la dimensión escatológica, como en la dimensión de la vida cotidiana”.

Dios nos ha redimido, y nos ha dejado la ley fundamental, la de ser una sola carne, liberándonos de nuestros instintos, caprichos, egoísmos, pasiones… concupiscencia… para poder hacernos uno, ¡también en la vida cotidiana!. Es entonces cuando comunicamos la gloria que Dios nos transmite.

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Porque se lo merece. Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39

EVANGELIO
Curó a muchos enfermos de diversos males

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:
-«Todo el mundo te busca.»
Él les respondió:
-«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios

Palabra del Señor.

Porque se lo merece.

El Evangelio de hoy nos muestra el final de un día en la vida cotidiana de Jesús. Cuando se retira a descansar a casa de Pedro, se encuentra con la suegra enferma y no puede evitar curarla. De noche, seguramente exhausto, dedica todo su tiempo a curar a aquellos hombres y mujeres que se agolpaban en la puerta. Jesús reconoce la enorme dignidad de cada uno de ellos y no puede dejar de servirles para aliviar sus padecimientos.

Dios se hizo hombre para servir y nosotros nos convertimos en esposos para servir. Tanto es así que en el Catecismo de la Iglesia Católica, el Sacramento del Matrimonio está contenido en el apartado denominado «Los sacramentos al servicio de la comunidad».

Lo que nos impide volcarnos en ese servicio, son los deseos desordenados fruto del pecado. La llamada “concupiscencia” es la búsqueda de la autosatisfacción en lugar de la autodonación, y puede ser de tres tipos (según 1Jn 2,16): La concupiscencia del cuerpo, de los ojos y la soberbia de la vida (o el jactarse de la buena vida, tal como aparece en otras traducciones).

Referido a una de ellas, la concupiscencia de los ojos, dice San Juan Pablo II (Catequesis del amor humano del 22 de octubre de 1980):
‘En efecto, el mal de la «concupiscencia»… hace, que el objeto al que se dirige constituya para el sujeto humano un «valor no bastante apreciado». … se puede y se debe entender como «desvalorización», o sea, empobrecimiento de un valor auténtico, como privación intencional de esa dignidad…’

De igual manera, la concupiscencia denominada “soberbia de la vida” (o jactarse de la buena vida), impide la entrega en el servicio al esposo/a, porque se le da un “valor no bastante apreciado”. Se le “desvaloriza”, como privación intencional de su dignidad. Al restarle valor al esposo/a, parece que deja de merecerse ser servido con la intensidad que lo hace Cristo.

Por tanto, debo pedirle al Señor que me revele la enorme dignidad de mi esposo/a como “imagen de Dios”, para que me mueva a servirle como se merece, como Él lo haría. Hoy Jesús coge nuestra mano, como hizo con la de la suegra de Simón, y nos levanta para quitarnos la fiebre que nos impide servirnos.

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Recuperar la autoridad. Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21b-28

EVANGELIO
Enseñaba con autoridad

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21b-28
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
-« ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó:
-«Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
-«¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor.

Recuperar la autoridad.

Existe un documento publicado por el Vaticano en 1999, llamado “El don de la Autoridad”, suscrito por una comisión de Católicos y Anglicanos en la búsqueda de un acercamiento.

En él se describen las reglas básicas de la autoridad de Jesús y las actitudes con las que la desempeña (apartado 9): “El modo en que Jesús ejerció la autoridad… fue percibido por sus contemporáneos como algo nuevo. Fue reconocida en su poderosa enseñanza y en su palabra de curación y liberación (cf. Mt 7,28-29; Mc 1,22-27). Sobre todo, su autoridad se demostró en su servicio de autodonación en amor sacrificial (cf. Mc 10,45). Jesús habló y actuó con autoridad por su perfecta comunión con el Padre. Su autoridad viene del Padre (cf. Mt 11,27; Jn 14,10-12 ).”

Tremendamente esclarecedor.

Enumeramos las riquísimas lecciones que extraemos de este texto, para gestionar la autoridad en nuestro matrimonio y familia:

1.- La autoridad proviene del Padre y se nos transmite en la comunión con Él: Oración, Sacramentos…
2.- Se reconoce, por enseñar la verdad y por los efectos de curación y liberación que genera.
3.- Se demuestra con la autodonación y con el sacrificio por amor.

En el matrimonio son relativamente frecuentes las luchas de poder entre los esposos. También son frecuentes las pérdidas de autoridad hacia los hijos, que conducen a “demostraciones de poder” en un intento desesperado por recuperarla. El texto que presentamos hoy, nos muestra las pautas para alcanzar una autoridad nueva. Ahora sí, con ellas, es hermoso luchar por conseguirla ¿No os parece?.

Podríamos concluir que el Sacramento del Matrimonio, “signo eficaz de la presencia de Cristo” (CIC 1613) es fuente de autoridad, puesto que en él se cumplen las 3 condiciones antes descritas:
1.- Se celebra en comunión con Dios: – La alianza de los esposos está integrada en la alianza de Dios con los hombres: «el auténtico amor conyugal es asumido en el amor divino» – (CIC 1639)
2.- es un medio para la curación y la mutua liberación: – Por medio de esta gracia (los esposos) «se ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial conyugal y en la acogida y educación de los hijos» – (CIC 1641) y además
3.- exige la autodonación de los contrayentes: “El amor conyugal… exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donación recíproca definitiva” (CIC 1643)

Sin duda que, ser un buenos esposos, refuerza y afirma la verdadera autoridad ante nuestros hijos.

Oramos por el sínodo de la familia:
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