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Proyecto Amor Conyugal

Un proyecto misionero de María para el Matrimonio y la Familia.

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Proyecto Amor Conyugal

Despeñando a Cristo en él/ella. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 4, 16-30

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Cada vez que me fijo en el mal de mi esposo/a, siento un rechazo hacia él/ella que me impide amarlo/a. Señor, sé que el problema está en mi corazón y en que no lo/la miro con ojos de misericordia como miras Tú. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 3 septiembre, 2018 por Proyecto Amor Conyugal.

Cómo orar con el corazón. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

1 respuesta

Qué importante es orar con el corazón, desde lo más íntimo. Del corazón sale lo puro y lo impuro, por eso tengo que exponer mi corazón a Cristo, para que lo purifique poco a poco. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 2 septiembre, 2018 por Proyecto Amor Conyugal.

Ponerlo en juego. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 14-30

2 respuestas

Dios nos da dones diferentes a los esposos para que podamos ser complementarios. Exijo a mi esposo que tenga los mismos que yo o pongo los míos en juego a tope, para mayor gloria de Dios. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 1 septiembre, 2018 por Proyecto Amor Conyugal.

Esposos de corazón. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 1-13

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Esposos, ayudaos mutuamente a purificar vuestro corazón y prepararlo a través de vuestro matrimonio, para cuando venga el gran momento de la unión con Cristo. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 31 agosto, 2018 por Proyecto Amor Conyugal.

¿Nos falta o nos sobra tiempo? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 24, 42-51

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Necesito descubrir la motivación para poner a Dios como lo más importante en la vida y mi vocación como el camino clave para llegar a Él. Es mucho más feliz la vida “en cristiano”. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 30 agosto, 2018 por Proyecto Amor Conyugal.

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Fuego de Amor. Señor, el fuego del que nos hablas Fuego de Amor.
Señor, el fuego del que nos hablas es el fuego de Tu amor, el amor de Dios, de la verdad que transforma el corazón y del Espíritu que nos impulsa a vivir de una manera nueva. Tu deseas que ese fuego arda porque no has venido a dejarnos indiferentes. Tu mensaje nos invita a cambiar, a abandonar el egoísmo, a perdonar y a amar incluso cuando hacerlo resulta difícil. Cuando nos dices que no has venido a traer paz, sino división, no nos estas invitando a provocar enfrentamientos, nos estas advirtiendo de que vivir de acuerdo con el Evangelio puede generar incomprensión, incluso entre las personas que más queremos. No todos aceptan los mismos valores ni están dispuestos a recorrer el mismo camino. También en nuestras familias podemos experimentar estas dificultades. Jesús, no nos pides que dejemos de amar a los nuestros, sino que nuestro amor a Dios nos ayude a amarlos mejor y acercarlos a Ti: sin dominar, sin humillar, sin mentir y sin renunciar al bien por miedo al conflicto. Y cuando hablas del bautismo que tienes que recibir, Jesús, expresas la angustia ante el sufrimiento que te espera. Tu conoces el precio de tu entrega y, aun así, continuas tu camino por amor a nosotros.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Rocío: Hola Juan. Te noto un poco callado y distante. ¿Pasa algo?
Juan: Sí, Rocío, que bien me conoces. Tengo algo que contarte y no sé cómo hacerlo porque igual no te gusta.
Rocío: Cuéntame sin miedo, sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras siempre.
Juan: Ya lo sé, Rocío, pero no me gusta hacerte daño, sobre todo por mi torpeza y mucho menos por mi egoísmo. Me he comprometido con la parroquia a que participemos en unos cursillos prematrimoniales.
Rocío: Bueno, Juan, pero eso no es malo, todo lo contrario, es una gran idea y sabes que siempre estoy de acuerdo contigo en participar en todo lo que ayude a los demás.
Juan: Sería durante todo un fin de semana y es el último fin de semana de este mes.
Rocío: Vaya, es el mismo fin de semana que íbamos a tener una comida familiar con toda mi familia. Bueno, creo que lo entenderán, aunque a mí me apetecía mucho, pero me parece más importante echar una mano en lo que te han pedido.
(Sigue)
Esposo-administrador. Dios nos quiere con locura. Esposo-administrador.
Dios nos quiere con locura. Nos ha creado y nos ha regalado la vida, la fe, nuestra vocación, nuestro esposo, el sacramento del matrimonio y nuestra familia. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer tanto? Nada. Su Amor es gratuito: no tenemos que ganárnoslo ni podemos comprarlo; nos lo da porque nos ama. Y, sin embargo, aunque a nosotros nos lo regala, a Dios le ha costado la vida de su propio Hijo. ¡Así de inmenso es su Amor por nosotros!
Y ahora, por el sacramento del matrimonio, Dios me confía una misión preciosa: hacer llegar ese Amor a mi esposo. ¿Cómo es un esposo-administrador fiel y prudente? Es fiel cuando no deja de amar, también cuando cuesta, cuando está cansado, cuando no comprende lo que sucede o cuando no recibe lo que esperaba… Y es prudente cuando sabe buscar la manera de transmitir ese Amor en cada circunstancia: con paciencia cuando falla, con comprensión cuando está agobiado, con ternura cuando necesita consuelo y con misericordia cuando se equivoca. Hoy en mi oración puedo preguntarme ¿Estoy atento a lo que mi esposo necesita de mí en cada momento? ¿Podría mi esposo descubrir, a través de mí, lo mucho que Dios le ama?
Señor, enséñanos a ser esposos-administradores fieles y prudentes, que sepamos entregar cada día a nuestro esposo el Amor que recibimos de Ti.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
David: Hoy he metido la pata en el trabajo. Me he equivocado en algo que tendría que saber perfectamente. Me da mucha rabia. A veces pienso que no hago nada bien y siento que te decepciono.
Reyes: David, ¿tú crees que te quiero porque haces las cosas bien? Si mañana no pudieras trabajar, si no pudieras hacer nada de lo que haces ahora, ¿crees que te querría menos?
David: A veces tengo miedo de que, si me vieras como realmente soy, con mis inseguridades y mis fracasos… Me esfuerzo por ser fuerte, por resolver los problemas, porque nunca os falte nada… Y me da miedo pensar si algún día no puedo con todo…
Reyes: David, yo no me casé con un hombre que pudiera con todo. Me casé contigo. ¿Tú crees que Dios nos quiere menos los días que fallamos?
David: Supongo que no…
(Sigue en comentarios)
¿Pendientes de qué? El Señor constantemente nos es ¿Pendientes de qué?
El Señor constantemente nos está invitando a una manera nueva de vivir. En esta ocasión nos llama a estar despiertos, atentos, pendientes a Él, a Su Palabra, a Su Corazón, para poder abrir la puerta del nuestro y recibir Su amor divino. Será en la medida en la que nos llenemos de su amor y lo entreguemos que seremos felices. Pregúntate sin miedo: ¿Soy verdaderamente feliz? Experimento habitualmente alegría, paz, paciencia, bondad, amor…? Porque estos son los frutos del Espíritu Santo, los frutos de una vida que se deja amar por Dios y se entrega según su voluntad. Si quieres vivir esto, pregúntate con sinceridad: ¿De qué vivo yo pendiente? ¿Quizá del móvil, de mi físico, de la ropa, de que la casa esté perfecta, del trabajo, incluso de mis hijos, padres, amigos…? ¿Qué me roba el tiempo y la atención? ¡Cuántas cosas parece que reclaman mi corazón! Pero ¿y mi esposo? ¿Vivo pendiente de él, de lo que le hace feliz, de construir una intimidad con él? ¿O me encuentro con que muchas veces le estoy entregando únicamente las sobras de mi tiempo y de mi corazón cuando se lo entregué a él? ¡Hoy es el día de empezar a vivir de otra manera! ¡Vuelve tu mirada al Señor, déjate amar por Él y entrégate a tu esposo con todo tu corazón! No midas, no esperes a que él empiece a hacerlo; hazlo tú. ¡Ahí está el camino de la verdadera felicidad! ¡No la busques en otro lugar!
Aterrizado a la Vida Matrimonial:
Luis y Elena llevan semanas discutiendo por cualquier cosa, pero están siendo acompañados por tutores y quieren crecer en el amor. Una noche, después de acostar a los niños, se sientan en el sofá.
Elena: Luis, ¿tú no notas que últimamente estamos fatal?
Luis: Ya… Es que no paramos. Entre el trabajo, los niños y todo lo que tenemos encima…
Elena: Pues para el trabajo siempre sacas tiempo. Y para mirar el móvil también.
Luis: Ya estamos… Tú tampoco paras con los niños, tu madre, las compras, la casa… Parece que soy el último de la lista.
Elena: ¡Ya estamos! Vamos a intentar construir, por favor y dejar de acusarnos que terminamos fatal.
Luis: Vaaale
(Sigue en comentarios)
Nunca es suficiente. La codicia nos lleva a poner Nunca es suficiente.
La codicia nos lleva a poner nuestra seguridad en las cosas de este mundo en lugar de ponerla en Dios. Cuando nos dejamos arrastrar por ella, dedicamos nuestros esfuerzos a conseguir aquello que creemos necesitar, alejándonos poco a poco de Dios y de nuestra vocación de esposos.
La búsqueda desordenada de más riqueza, más poder, más prestigio o reconocimiento, incluso el deseo de destacar espiritualmente, termina apartándonos de lo verdaderamente importante: amar a Dios y crecer en comunion con nuestro esposo.
Y es que la codicia nunca se sacia. Siempre queremos algo más, porque nunca se tiene bastante de aquello que en realidad no se necesita. Vivimos buscando fuera lo que solo Dios puede llenar dentro de nosotros.
La codicia nos impide amar verdaderamente, porque pone nuestros deseos por delante de la entrega. Dejamos de mirar a nuestro esposo y de estar atentos a sus necesidades, porque nuestro corazón está ocupado en otras cosas.
Jesús nos invita hoy a reconocer esas pequeñas codicias que se esconden en nuestro corazón y a desprendernos de ellas, para recuperar la libertad de amar y entregarnos plenamente a nuestro esposo.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Laura:¡Otra vez has llegado tarde! Dijiste que hoy cenaríamos juntos.
Andres: Lo sé, pero surgió una reunión de ultima hora. Tengo que estar a tope, ahora mas que nunca. Todo esto lo hago por nuestra familia.
Laura: Siempre dices lo mismo, pero hace meses que casi no estás en casa. Nuestros hijos te esperan y yo me siento sola.
Andres: Gracias a nuestros trabajos tenemos esta casa, los colegios y la vida que llevamos.
Laura: Reconozco que me da miedo perder nuestras comodidades, pero mas miedo me da seguir perdiendo nuestro matrimonio.
Andres: No pensé que lo vieras así.
Laura: Los dos hemos alimentado esto. Tú quieres ganar más y demostrar que puedes llegar más lejos; yo temo renunciar a las comodidades y a la imagen que hemos construido. Decimos que es por la familia, pero muchas veces es por nuestra propia codicia.
Andres: Quizá he buscado en el dinero una seguridad que solo Dios puede dar.
(Sigue en comentarios)
Coherencia. Los fariseos actúan con doblez, con ma Coherencia.
Los fariseos actúan con doblez, con maldad, dejándose llevar por su corazón ciego por el pecado que les impide ver a Dios.
Y Tú, Señor, que conoces su cerrazón, aprovechas para mostrarnos cómo tenemos que vivir en verdad. No podemos ser buenos discípulos tuyos si no somos buenos ciudadanos, que actuamos en verdad conforme a lo que nos enseñas. Pero también ese actuar en verdad supone hacerlo dando a Dios todo lo que me pide, para darle toda la gloria, viviendo para Él. De este modo, se produce la unidad de vida y todos los dones que recibo de Dios los entrego en todas las situaciones de mi vida.
En el matrimonio es donde más en coherencia tengo que vivir. El trabajo, los deberes como ciudadano son importantes. Pero lo más importante es mi vocación: mi esposo. Desde la eternidad Dios me pensó para entregarme a Él a través de mi entrega a mi esposo. Mi amor a Dios se concreta sobre todo en mi amor a mi esposo. Entonces, todo se ordena y mi vida cobra el sentido para el que he sido creado y entra la paz, y poco a poco Dios va haciendo que mi vida vaya siendo cada vez más plena.
No tendría mucha coherencia ser un mal ciudadano y luego pretender ser un buen cristiano, y tampoco ser un buen ciudadano y en mi casa ser un mal esposo. Y ninguna de las dos cosas son posibles hacerlas bien si no me lleno de la gracia de Dios para que sea Él quién lo haga, porque sin Él no podemos nada.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Samuel: Hoy, después de leer el evangelio me ha hecho recordar lo mal que vivíamos antes, lo desordenada que teníamos nuestra vida y cómo íbamos directos al precipicio.
Susana: ¿Ah, sí? No entiendo la relación con nuestro pasado y pagar el impuesto… más allá de que no tratáramos de pagar lo menos posible, como todo el mundo.
Samuel: Pues sí, nosotros íbamos de buenecitos, salíamos de casa para ir a misa y parecíamos santos, incluso algunos días íbamos a rezar o a una adoración, pero luego en casa eramos unos auténticos desconocidos, nos tratábamos mal y llevábamos vidas paralelas. Vamos, que eramos unos hipócritas.
Susana: Es verdad, no éramos coherentes, pero la misericordia del Señor nos alcanzó y todo se fue poniendo en orden.
(Sigue)
NegarLe o testimoniarLe. Esposos, hoy Jesús nos in NegarLe o testimoniarLe.
Esposos, hoy Jesús nos invita a preguntarnos si de verdad Él ocupa el centro de nuestro corazón y de nuestra vida. ¿Estamos viviendo la alianza que un día le prometimos o le estamos negando con nuestra manera de amarnos? Podemos decir que creemos en Él, pero es en la forma de amarnos cada día donde se ve si estamos viviendo la alianza que un día le prometimos. Cuando me cierro a mi esposo, me cuesta perdonar o dejo de entregarme, mi vida deja de mostrar el amor de Cristo. En cambio, cuando acojo a mi esposo, permanezco a su lado y busco la comunión, también en los momentos difíciles, nuestro matrimonio se convierte en un testimonio vivo de Jesús. Y qué maravilla porque Jesús hoy nos transmite que no tenemos que hacerlo solos ni apoyándonos únicamente en nuestras fuerzas. El Espíritu Santo, que habita en nosotros por la gracia del sacramento, nos va enseñando cómo mirar, cómo escuchar, qué decir y cómo amar. Si nos dejamos conducir por Él, incluso las dificultades pueden ayudarnos a encontrarnos de nuevo con Cristo, a purificar nuestro amor y a renovar nuestra entrega.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Iñigo: Cariño, estoy agobiado con la catequesis que nos toca dar en el grupo este mes. Siento que depende de mí y no sé cómo transmitirlo.
Rocío: Iñigo, ¿y si dejamos de pensar tanto en lo que tenemos que decir y nos preguntamos qué quiere hacer el Señor en nosotros y en los demás matrimonios?
Iñigo: Ya, pero me da miedo quedarme en blanco…
Rocío: Mira Iñigo, nosotros no vamos como expertos. Vamos como un matrimonio que está intentando vivir lo que Dios nos propone en las catequesis de San Juan Pablo II.
Iñigo: Ya, pero……. ¿Y si no encontramos las palabras?
Rocío: Iñigo, no te preocupes por cómo o qué vas a decir. El Espíritu Santo nos enseñará en ese momento lo que tengamos que decir. Preparémonos, recemos y confiemos en Él.
Iñigo: Entonces no se trata de hacerlo perfecto…
Rocío: Claro. Nosotros ponemos el corazón y el Señor pone la gracia.
Iñigo: Gracias, Rocío. Me relaja ver que no depende solo de nosotros.
Rocío: Exacto…preparémonos, recemos y confiemos en el Espíritu Santo. I
Iñigo: Así que …menos preocupación y más confianza.
(Sigue)
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