Que fermente toda. Comentario para Matrimonios: Mateo 13, 31-35

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EVANGELIO

 

El grano de mostaza se hace un árbol hasta el punto de que los pájaros del cielo anidan en sus ramas.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola:
«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta para que todo fermenta».
Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Palabra del Señor.

Que fermente toda.

La masa tiene que ser amasada hasta que la levadura la fermente toda. Esto de fermentar es algo «molesto» porque descompone toda la masa desde lo más profundo. Aún veo que hay cosas que me molestan, que me incomodan, y eso es porque aún no he dejado que el reino fermente hasta lo más profundo de mi interior. Dispón de mí como consideres, Señor.
Que siendo tuyo sea de mi esposo y siendo de mi esposo, sea Tuyo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Manolo: Todavía noto que hay situaciones que me incomodan porque mi corazón sigue estando algo duro por algunos sitios. Claramente me falta mansedumbre. El Señor quiere que acepte esas situaciones con alegría. Por ejemplo, esta mañana, cuando me parecía que me pedías ayuda con exigencias. Notaba un ambiente que me incomodaba.
Marta: Sí, a mí también me pone nerviosa el ritmo que llevas por las mañanas. Eso significa que el Señor tiene que seguir trabajando mi corazón para hacerlo capaz de amarte en todas las situaciones.
Manolo: Haz de mí lo que necesites, Señor, hasta hacerme completamente de mi esposa.
Marta: Señor, haz de mí lo que necesites para hacerme completamente de mi esposo.
Manolo: Así seremos completamente Tuyos.
Marta: Amén.

Madre,

Alabado sea el Señor, que hace suyos a los que acogen Su cruz y le siguen. A Él gloria y alabanzas por los siglos.

Mi mapa del tesoro. Comentario para Matrimonios: Mateo 13, 44-52

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EVANGELIO

 

Vende todo lo que tiene y compra el campo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?»
Ellos le contestaron:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

Mi mapa del tesoro.

El “campo” es la parcela de mi vida donde se encuentra el tesoro escondido por el que sería capaz de vender todo lo demás. Para encontrarlo, tengo que hacerme tres preguntas que me van a permitir descubrir lo más importante de mi existencia: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? Y ¿A qué estoy llamado? Es, por así decirlo, ¡Mi mapa del tesoro! Si mis respuestas a esas tres preguntas son mediocres, mi vida será mediocre y experimentaré insatisfacción o tristeza o un vacío interior o angustia o depresión… Si consigo encontrar lo más grande que hay en mí, la misión más grande que tengo capacidad para llevar a cabo y lo más grande a lo que puedo aspirar, entonces, podré alcanzar la plenitud y en consecuencia, la felicidad.
El campo de mi vida se llama “Vocación”, y necesito encontrar en ella el tesoro escondido, que es Dios. Pero para vender todo lo que tengo y comprar ese campo que es mi vocación, antes tengo que descubrir su belleza. No vale solo con proponérmelo. Tengo que desearla, ilusionarme, convertirla en el objetivo principal de mi vida, alrededor del que girará todo lo demás. Después vendrá el esfuerzo, corregir y corregir, enderezando el camino constantemente hasta hacer coincidir mi vida con el inmejorable plan que de Dios tiene para mí.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ramón: Yo lo que deseo es que nuestro hijo sea un buen abogado, como yo. Además, tengo buenos contactos y podría meterle en el mejor bufete de la ciudad. Es un chaval inteligente, y bien considerado socialmente. Creo que podría llegar a ser presidente del Colegio de Abogados. Ese es mi sueño para él.
Marisa: Ramón, tú quieres que nuestro hijo siga tus pasos. Y está muy bien, porque deseas para él lo mejor que has tenido en tu vida. Pero ¿Eres feliz? Desde que te jubilaste no hablas más que del pasado: Cuando yo era… cuando me nombraron… ¿Qué proyecto de vida tenemos tú y yo ahora? Hay frialdad, distancia entre nosotros, te da miedo la muerte. Tú eres mucho más que un excelente abogado, y quizás no alcanzas a verlo.
Ramón: Tienes razón, esposa. Ayúdame a encontrar ese tesoro que tú has encontrado.
Marisa: Sí Ramón, cuenta con mi ayuda. Madre, te pedimos que encontremos juntos ese tesoro para que nos ayudes a dárselo también a nuestros hijos. Ramón, yo a nuestro hijo, le deseo que, ya que su vocación es conyugal como la nuestra, que descubran que lo más grande que pueden hacer en la vida es darse ellos mismos, el uno al otro, por amor a Dios, y generar vida. No hay nada más grande que darse uno mismo, porque es el don de más valor que Dios me ha dado, poder entregarme a alguien, como Él hace. Y no hay mayor fruto que el de generar vida, como el Creador. Ramón, deseo que vivamos enamorados de nuestro Padre, que nos va a cuidar y a enseñar a vivir alegres en cualquier circunstancia. Todo lo demás puede fallar, la salud, la economía, la gente que nos rodea, pero Dios no nos va a fallar nunca. Ramón, mi sueño es que Dios nos haga santos haciéndonos uno.

Madre,

Dios ha designado para cada uno de nosotros el camino más grande: La santidad. Uno diferente y exclusivo para cada persona. Está al alcance de todos, porque Él nos ha dado todo lo suficiente para unirnos a Él en esa plenitud inmensa que nos regala. Madre, Tú eres la tesorera, administradora de todas las gracias. Gracias a Ti, he descubierto ese tesoro escondido, Madre, y es mucho más hermoso que lo más hermoso que podía imaginarme. Hoy sólo puedo alabar a Dios, por haber puesto ese campo y ese tesoro en mi vida. Ser hijo de Dios y llamado a la santidad como esposo en Cristo. Alabado sea mi Señor que tanto me ha amado y tanto me ama.

Un ratito resucita. Comentario para Matrimonios: Juan 11, 19-27

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EVANGELIO

 

Creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dice:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Palabra del Señor.

Un ratito resucita.

Marta (cuya onomástica celebramos hoy), la que anda inquieta con tantas cosas, le viene a echar en cara a Jesús que no hubiera estado antes de que muriese su hermano. Parece que sigue inquieta y además no se da por vencida y le pone tarea al Señor. Pero el Señor redirige la conversación y le pregunta directamente ¿crees en mí? O dicho de otra manera: ¿Crees en que soy el Hijo de Dios vivo y tengo poder sobre la muerte?

Es la misma pregunta que me hace hoy, a mí, que ando inquieto con tantas cosas, preocupado, que quizás me falta esperanza porque nuestra relación no mejora…: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”. Esta frase la deberíamos enmarcar, para leerla todos los días antes de acostarnos, después de un día “intenso” de vida matrimonial y familiar.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Luis: Mercedes, esta vida es agotadora. Tú con sus cosas, yo con las mías, los niños por medio que no paran ni un momento, los problemas laborales, la economía del hogar, la limpieza, la cocina, la compra… esto es un desgaste tremendo.
Mercedes: Luis, creo que ha llegado el momento de dejarlo todo aparcado un ratito y hacer lo de María: Sentarnos juntos a escuchar la Palabra del Señor.
(Después de rezar un rato)
Luis: Hemos descubierto que se produce el milagro y cuando estamos ese ratito juntos con el Señor, nos resucita, nos saca del ambiente de muerte que nos envuelve y nos da la vida.
Mercedes: ¿Con qué cara miraría Jesús a Marta aquel día para hacerla santa? Marta era amiga de Jesús, y esa amistad llena mi vida de Vida, me sostiene, me anima.
Luis: Yo lo entiendo, Mercedes. Esa mirada hace que te vea más bella, esposa, me hace dar gracias por ti y sonreírte a cada instante.

Madre,

Te recordamos exultante, visitando a tu pariente Isabel pronunciando aquella frase: “Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”. Que viva nuestro espíritu alegre también, junto al tuyo. ¡Aleluya!

Quien entienda. Comentario para Matrimonios: Mateo 13, 18-23

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EVANGELIO

 

El que escucha la palabra y la entiende, ese da fruto.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros, pues oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

Quien entienda.

Cuando Jesús hace referencia a entender la palabra, se está refiriendo a que sea asimilada por el entendimiento. El entendimiento es una potencia del alma que puede actuar de dos maneras: O llegar a entender a base de razonamientos, o por una especie de ciencia infusa que de repente me abre los ojos y me hace entender. Esta segunda es más parecida al entendimiento de Dios o los ángeles, puesto que ellos no necesita razonar para entender la verdad. El entendimiento reconoce el bien y mi voluntad se siente atraída por ese bien, y lo desea. Esas verdades son el motor de mi voluntad.

¿Qué hay en el bien que me atrae? ¿Qué hay en la verdad que me atrae? ¿Qué hay en la coherencia que me atrae? ¿Qué hay en la honestidad que me atrae? ¿Qué hay en la fidelidad que me atrae? Detrás de todo ese bien, está Dios y es Dios el que me atrae. Deseo el bien porque deseo llegar a Dios que saciará mi alma.

Aterrizado a la vida matrimonial:

1) Superficial:
Juan: Otra vez la donación. Siempre lo mismo: El matrimonio consiste en donarse al esposo. Es muy pesado, siempre igual.
Teresa: ¿No has descubierto la belleza, lo maravilloso que es tener a alguien a quién donarse?
Juan: ¿Maravilloso? ¡Es un suplicio!
Teresa: Juan, profundiza en ello o nunca calará en ti el mensaje Evangélico.

2) Emocional:
Marisa: Jo! Qué pasada! Cómo me ha gustado el tema de la cruz en el matrimonio. Estoy deseando vivirlo.
Pedro (Su esposo): La cruz es cargar sobre uno los pecados del otro para colaborar en su redención. Eso es muy duro, Marisa.
Marisa: Ya, pues a ver si vas empezando algún día, guapo (Con retintín).

3) Terrenal:
Cristina: Cariño, eso de entregarnos el uno al otro, es importante. Deberíamos ponernos objetivos para ir avanzando.
Ramón: Yo lo que necesito es descansar. A mí déjame de más objetivos, que ya bastantes tengo en la vida. Nos vamos a un hotelito, lo pasamos bien juntos y volvemos como nuevos.

4) Humilde:
María: El Señor me habla de perder la vida por amor y a mí me cuesta hasta soportar que en algún momento no pienses bien de mí. Le pido ayuda a Dios y te pido ayuda a ti para que me ayudes a luchar contra mi soberbia.
Pedro: Sí, María. Por supuesto que cuentas con mis oraciones, mis sacrificios y todo lo que yo pueda hacer para ayudarte. Para empezar quisiera decirte que ya denota mucha humildad que lo reconozcas y que además pidas ayuda. Por tanto, sin darte cuenta, ya estás dando dos pasos de gigante contra tu soberbia. Me resulta admirable que desees con tanta fuerza la voluntad de Dios que ni siquiera seas consciente de tus avances. La primera característica del que practica la humildad es que no se da cuenta de que está siendo humilde.
María: Gracias, Pedro. Me acabas de dar muchísima esperanza y ganas de seguir luchando.

Madre,

Me emociona saber que Dios no para de sembrar en mí, y me entristecería no acoger todo lo que me quiere dar. Hazme más humilde, Madre, para acogerle, para valorar los tesoros que pone en mis manos. Dios es inmensamente generoso conmigo. Bendito y alabado seas por siempre, Señor.

Ojos que ven, corazón que… Comentario para Matrimonios: Mateo 13, 10-17

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EVANGELIO

 

A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
«Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure».
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos, porque oyen.
En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron».

Palabra del Señor.

Ojos que ven, corazón que…

Qué descripción tan buena hace el Señor. Por el pecado, oímos sin entender y miramos sin ver. Cuántas veces he experimentado esto en mí, hasta que un día estoy abierto a entender y entonces entiendo. Cuántas veces lo veo ahora en otros matrimonios. Y se experimenta una impotencia enorme, porque sólo hay un tipo de matrimonio que no se puede arreglar: Los que no quieren ver, oír o/y esforzarse. Los que no están abiertos a ver ni oír lo que se les dice. El Señor utilizaba parábolas, que eran como historietas. Nosotros le imitamos y hacemos lo mismo con pequeñas escenas cotidianas. Parece que viéndolas en otros matrimonios, se nos abren los ojos, y ojos que ven, corazón que se convierte.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Manuel: Recuerdo cuántas veces me decía mi esposa que tenía un apego con el dinero. Yo pensaba que eran cosas suyas, y esto me reafirmaba más en mi postura, pero un día el Señor me hizo ver en la oración que me dolía cuando se gastaba dinero y me enfadaba. El Señor me hizo ver que si me enfadaba es porque realmente había un desorden en mi interior que tenía que superar. Ella también descubrió que gastaba demasiado, y los dos nos ayudamos mutuamente a convertir la economía del hogar en un proyecto común.
Alicia: Mi esposo me decía que era rencorosa. Pero yo estaba cegada por el daño que me habían hecho y que encima no me habían pedido perdón. El Señor me hizo ver en la oración juntos, que ese rencor me estaba consumiendo y que podía apartarlo de mí, sin más, perdonar y liberarme. Desde entonces vuelvo a tener la paz que no tenía. Y mi esposo me ayudó, comprendiendo mi debilidad y ayudándome desde abajo y no con exigencias como antes.
Manuel y Alicia: Dios nos hizo ver cuánto nos necesitamos el uno al otro. Somos un don de Dios el uno para el otro.

Madre,

Dios nos ha puesto al uno al otro como un auxilio, y no somos capaces de verlo. Necesitamos seguir purificando nuestro corazón para ser capaces de ver el plan de Dios en nuestro matrimonio. Ayúdanos Madre. Amén.