Archivo por días: 10 agosto, 2026

Morir con alegría. Comentario para matrimonios: Juan 12,24-26

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará»

Morir con alegría.

Hoy san Pablo en la primera lectura nos exhorta a que demos con alegría. En nuestro matrimonio tenemos que descubrir la alegría que es darnos a nosotros mismos a nuestro esposo. Morir, aborrecer mis criterios, mis gustos, mi amor propio… para que pueda crecer la semilla del Reino en nuestro corazón y nuestro hogar. Porque si lo hacemos refunfuñando y solo por obligación, ¿qué fruto dará? Todos tenemos esa experiencia. No quiere decir que no nos cueste, sino que tengamos la Paz de estar actuando según nuestra vocación y poco a poco irá cambiando mi corazón. Solo con la Gracia de Dios se puede morir con alegría, pidámosela.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pedro: ¡No entiendo porqué estás triste! Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer, llego temprano a casa, he vendido la moto, no salgo toda la mañana con la bici… ¡Ya no me reconozco! Y aun así parece que no es suficiente.
Laura: Pedro, pero lo sacas a relucir a menudo cuando hablamos y con una resignación y pena que parece que no agradeces la vida que tenemos.
Pedro: Es que me cuesta mucho Laura, estaba muy apegado a todo ello y constantemente me viene a la mente toda mi renuncia y me amarga, a veces dudo de si merece la pena.
Laura: ¡Cuesta sobre todo al principio!, a mí también me pasa, y en la oración pido al Señor que me dé la luz, para ver que esa renuncia, esa muerte a mi, es la que hace posible nuestra unión, es responder a mi vocación de esposa.
Pedro: Tienes razón, muchas veces no me apoyo en el Señor y tampoco contemplo toda la belleza de va creciendo en nuestro matrimonio ahora, ahí es donde tengo que poner constantemente la mirada en el Señor y en mi vocación.

Madre,

Que muramos a todo lo que nos separa del amor de Dios y de nuestra vocación de esposos. ¡Alabado sea Dios!