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¿Ser o hacer? Comentario para Matrimonios: Mateo 15, 1-2. 10-14

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Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

¿Ser o hacer?

Jesús, durante los tres años de su vida pública, insistió en mostrarnos cómo vivir de acuerdo a cómo Dios quería que se cumpliera la Ley en plenitud, y no a quedarnos simplemente con “hacer cosas”, porque al final todo pasa por lo que tenemos en lo más profundo de nuestro corazón. En este evangelio, vemos un clarísimo ejemplo de esos momentos en los que hay esa confrontación entre los fariseos, que hablan de “hacer”, y Jesús, que nos habla del “ser”.
¿Cómo nosotros, los esposos, vamos a enseñar a nuestros hijos y a todos aquellos que nos rodean qué es el amor si en nuestro día a día no ven cómo nos amamos verdaderamente? Bien podríamos decir que entre los hermanos no haya discusiones, no se griten, no sean egoístas, no se rían de los defectos del otro… pero debemos parar y pensar qué testimonio estamos dando nosotros como matrimonio. ¿Respetamos a nuestro cónyuge, le ayudamos y somos generosos? ¿o más bien le hacemos sentirse despreciado a veces, le criticamos o no somos pacientes y nos fijamos más en sus errores que en sus virtudes?
Debemos hacer un examen de conciencia y pensar si intentamos cada día convertir nuestros corazones a la luz del evangelio, de los sacramentos, con la oración… o actuamos como ciegos guiando a otros ciegos (ya sean nuestros hijos, familiares, amigos…). Qué importante es primero ser, para luego, poder hacer.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Jaime y Lucía, volviendo de cenar de casa de unos amigos…)
Lucía: Jaime, me lo he pasado muy bien esta noche, pero quería pedirte que cuando estemos con nuestros amigos no seas tan brusco conmigo y me trates con un poco más de cariño. A veces eres muy duro al hablarme y me haces algunas bromas que me hacen sentir incómoda.
Jaime: ¡Ay cariño! Venga, no te pongas así… ya sabes que, cuando tomo alguna copa de más, a veces me pongo un poco más tontorrón.
Lucía: A eso me refiero a que, si estamos intentando que nuestros amigos se acerquen a Jesús, que ahora están un poquito alejados, no servirá de nada lo que hagamos si no ven primero un verdadero cambio en nosotros, en cómo nos hablamos, en cómo nos miramos, en esos detalles que tienes conmigo en los que puedo ver cuánto me quieres de verdad.
Jaime: Tienes razón Lucía, lo siento mucho. A veces en estas cenas me dejo llevar por lo mundano y no tengo el corazón donde debe estar y me sale el hombre viejo. ¿Te parece que mañana vayamos un ratito juntos a adoración para colocar nuestros corazones en su sitio?
Lucía: ¡Me encanta la idea! ¡Te quiero Jaime!

Madre,

Queremos vivir siempre como tú, siendo coherentes en nuestra vida y haciendo la voluntad de Dios en todo momento.
¡Bendito sea el Señor!