RETIRO MATRIMONIOS JÓVENES MÁLAGA 24 – 26 ABRIL  2026

RETIRO MATRIMONIOS JÓVENES MÁLAGA 24 – 26 ABRIL  2026

Hacerse uno en Cristo. Comentario para matrimonios: Mateo 23, 1-12

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.El primero entre vosotros será vuestro servidor.El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Hacerse uno en Cristo.

Qué evangelio tan bonito el de hoy, donde el Señor nos enseña qué es lo verdaderamente importante: la humildad. A veces nos dejamos llevar por nuestra vanagloria, por nuestro afán de protagonismo, por nuestro “yo”. Nos pasa incluso con nuestro esposo, cuando en ocasiones hacemos las cosas para que nos vea, sirviéndole para que nos “enaltezca” y qué equivocados estamos…  Es precioso ir avanzando en el camino que nos enseña Jesús, donde vemos que precisamente se trata de todo lo contrario: reconocernos pecadores ante Él y ante el esposo, agradecer nuestra pequeñez, amar nuestra miseria y ponernos los últimos, con el único afán de entregárselo todo al Señor, de buscar únicamente Su agrado.El ir renunciando a mis criterios, el poner a Jesús en el lugar que le corresponde en mi corazón, el ir conformándonos con Él, es lo que me permitirá amar a mi esposo, no desde arriba, sino desde el que se sabe humilde y, entonces, seré enaltecido.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Javier y Alicia, volviendo de su encuentro con el grupo de catequesis)
Javier: Cariño, debo confesarte una cosa… Esta noche, cuando nos tocó exponer la catequesis del mes, me dejé llevar por mi vanagloria. Me encantaba ver cómo el resto de matrimonios me miraban, valoraban cómo la había trabajado, lo bien que me estaba quedando la pequeña experiencia que tú habías organizado y, ¿sabes qué? Que me di cuenta, en un momento dado, que no te estaba dejando hablar, te tenía aparcada mirando. ¡Y encima la catequesis trataba de morir a uno mismo para construir un amor de comunión! Qué mal…
Alicia: La verdad Javier es que me sorprendió un poquito tu actitud inicial, pero fue precioso cuando te diste cuenta de lo que estaba pasando, me pediste perdón delante de todos, me diste un beso y pudimos acabar de exponer la catequesis juntos. Es un regalo ver cómo el Señor está actuando poco a poco en tu corazón, porque hace unos meses hubieras expuesto la catequesis tú solito.
Javier: La verdad es que sí Alicia, gracias por tu paciencia, por estar siempre ahí rezando por mi… qué maravillas hace el Señor cuando le damos el lugar que le corresponde en nuestro corazón.

Madre,

Enséñanos a hacernos pequeños y humildes para poder ver al Señor como nuestro único Dios. ¡Sea por siempre bendito y alabado!

Escuela de misericordia y perdón. Comentario para matrimonios: Lucas 6, 36-38

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Escuela de misericordia y perdón.

El amor conyugal no se rompe normalmente por grandes tragedias, sino por pequeños juicios repetidos, silencios fríos y cuentas pendientes guardadas en el corazón. Cuando los esposos empezamos a mirarnos como adversarios en vez de aliados, el hogar se vuelve un tribunal, donde por encima del amor, se vive un ajuste de criterios individuales tras un juicio diario duro e infértil. En este evangelio, se nos recuerda que el matrimonio es una auténtica escuela de misericordia.
Hoy se nos invita a aprender a interpretar al esposo con benevolencia (sed misericordiosos); a cambiar la sentencia por la pregunta, la acusación por el diálogo (no juzguéis); a dar un perdón sincero que reconstruya la alianza y evite que el resentimiento eche raíces (perdonad); y a dar cariño, paciencia, escucha y ternura (dad y se os dará)

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Paloma : Alfonso, cuántas gracias doy a Dios por habernos descubierto la pasada que es nuestra vocación y habernos hecho vivir la grandeza del amor, viviendo los dos en Él. Ahora miro a los matrimonios que sufren y me produce gran dolor ver lo que se están perdiendo.
Alfonso : Totalmente Paloma, para mí conocer tu corazón a través de la oración conyugal, me ha hecho darme cuenta de que te debo escuchar, sin sentir que me debo defender de ti, que puedo mostrarte mi debilidad y mis miedos, porque tú me vas a sostener y no me vas a juzgar.
Paloma: Y además, la dulzura y la amabilidad, es ahora más fuerte que la dureza y la indiferencia con la que nos tratábamos.
Alfonso: Y nos cuesta muchísimo menos perdonarnos ante nuestras caídas.
Paloma: Qué bueno es el Señor, cuánta Misericordia ha derramado en nosotros. Hoy nos toca rezar por esos matrimonios que aún no son conscientes de que dejándole a Él que presida sus vidas, pueden tocar un poquito del cielo.
Alfonso: Pues vamos a ello.

Madre,

Enséñanos a tener Tu medida generosa, colmada y rebosante de perdón , de esperanza y de amor, para que, unidos en Tu Hijo, seamos refugio el uno para el otro y signo de Su presencia cada día. Alabada seas siempre, Madre, y también tu Hijo Jesucristo.

El cielo en Ti. Comentario para matrimonios: Mateo 17, 1-9

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

El cielo en Ti.

Increíble escena: desean quedarse allí, y al instante, tiemblan de miedo. En un mismo instante gozo y sobrecogimiento. A veces te siento cercano; otras, Tu grandeza me llena de asombro. Puedes llenarme de gozo o hacerme temblar ante Tu misterio.
Descubro que la felicidad no es un lugar, sino Tú, Jesús mío. En Ti descanso. Sales a mi encuentro a través de mi esposo. En nuestro amor quieres colmarme aquí en la tierra, hasta el día en que juntos te contemplemos en el cielo.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Bernat: Antes miraba tus luces y sombras, sobre todo tus sombras. Hoy comprendo que Dios está en ti y que, a través de nuestra vida juntos, va moldeando mi corazón. Eres un don. Disfruto tanto contigo; y en lo que me cuesta, me muestra una oportunidad para elegirle y que actúe en mí.
Judit: Yo buscaba a Dios, pero a veces te veía como un estorbo. Tus defectos me herían. Ahora reconozco que eres mediación de Su amor. Lo que antes me incomodaba se ha vuelto camino de encuentro con Él. Amar a Dios y amarte a ti es, para mí, lo mismo.
Bernat: Que bendición compartir la vida contigo.
Judit: Qué bien se está en casa.

Madre,

Muéstranos a tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.

Ensanchando el corazón. Comentario para matrimonios: Mt 5,43-48

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Evangelio del día

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Ensanchando el corazón, superando límites.

El Evangelio de hoy nos exhorta a amar, pero a amar de verdad, a amar a todos, empezando por nuestro cónyuge. Los esposos cristianos estamos llamados a amarnos a lo grande, con el Amor de Dios, como hijos de Dios. La tentación suele ser amar en correspondencia al amor que siento, al amor que creo recibir, y reducir mi amor en los momentos en los que las cosas no van tan bien. Si empiezo a sentir que no me amas, pues yo tampoco a ti porque me parece que no te lo mereces. ¿Qué hago ante una acusación injusta, un reproche, una humillación, un desprecio por algo que he hecho mal, o por una carencia? ¿Respondo amando o reacciono aborreciendo a mi esposo, que se está comportando como mi enemigo? Triste tentación en la que podemos caer si no estamos atentos.
El Señor nos dice que amemos como ama el Padre, a buenos y malos, a justos e injustos, a hermanos y a extraños, a quien creemos nos ama, y a quien pueda parecernos que no… y desde luego, que amemos a nuestro cónyuge en todo momento y situación, cuando estamos bien y cuando no, cuando vemos que nos corresponde, y también cuando nos parece un enemigo. Nos invita a ensanchar nuestro corazón y así superar el límite de nuestro raquítico amor. Amar es un acto de la voluntad. Esposo, yo he decidido amarte, y voy a volcar mi amor en ti sobre todo cuando menos te lo mereces, que seguro que es cuando más lo necesitas. Así, amaré a imagen de nuestro Padre celestial.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Mar: ¿Sabes lo que me ha pasado hoy? ¿te acuerdas de Felisa, mi compañera de trabajo, esa que tiene el pelo rizado, que va en un coche azul, que tiene dos niños que a veces vienen a casa a merendar y jugar con los nuestros…?
Carlos: Sí, claro que sí.
Mar: Pues esta mañana, en el bar, en la hora del desayuno, sin darse cuenta que llegaba yo por detrás, he oído que decía a unos compañeros que yo era una mala amiga que no la ayudo cuando me lo pide. Yo, que la ayudo siempre que puedo. Y ella poniéndome a malas con los compañeros. No me lo podía creer.
Carlos: Pobrecita mía, qué disgusto ¿y qué has hecho?
Mar: Me han entrado ganas de decirle un par de cosas allí mismo. Pero le he pedido ayuda a la Virgen, y entonces he recordado que lo está pasando mal estos días, tiene a su madre enferma, anda preocupada… me he dado la vuelta y me he ido sin decirle nada.
Carlos: Bastante bien, Mar. Pero quizás, como la tendrás que ver también mañana ¿no? puedes dar un pasito más adelante, devolverle el mal con un bien. Te acercas a ella, te interesas por cómo sigue su madre… y le preguntas si puedes ayudarla.
Mar: No sé si voy a poder… bueno con la ayuda del Espíritu Santo seguro que sí. Muchas gracias Carlos por ayudarme a ver la situación con la mirada de los hijos de Dios y no con los ojos del mundo. Tú si eres mi Ayuda Adecuada.

Madre,

Ayúdanos a amar a nuestros hermanos como tu Hijo nos enseñó, con el amor de Dios Padre ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!