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4×1 = la fórmula de la salvación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 1-10

EVANGELIO

El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor.

Notas: 

  1. Proyecto Amor Conyugal realiza un Anuncio en Madrid, sobre la verdad y la belleza del matrimonio, el día 2 de diciembre a las 12h. en el colegio Montealto. Calle La Masó 76
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4×1 = la fórmula de la salvación.

Dos cosas a reflexionar sobre este Evangelio. Primero la repercusión que tiene nuestro pecado. Jesús habla de “la salvación de esta casa” como consecuencia de la restauración de Zacarías. La reflexión es ¿Cuánto afectan mis malos actos o mis buenos actos a mi hogar? Hasta el punto que, con la actitud que tome en mi matrimonio, puedo traer “la salvación a mi casa”. ¡Qué responsabilidad!

Lo segundo es la reparación que realiza Zaqueo sobre el mal causado, diciendo: “si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más” ¡Cuatro veces más! Me pregunto si yo, después de pedir perdón a mi esposo porque le he defraudado en el amor que le prometí, le restituyo cuatro veces más. Lo grande es que, si lo hago, tengo la seguridad de que la salvación entrará en mi casa.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ramón: Tere, perdona. Me estabas hablando de algo que te he dicho y que te había dolido y, por defenderme, te he hecho daño intentando convencerte de que eres peor que yo. Para demostrarte mi inocencia, remarco tus carencias, y eso no está nada bien. Quiero restituirte y demostrarte que en mi corazón te he vuelto a situar en la dignidad que te corresponde, como tesoro y don de Dios que eres para mí. Para ello, quiero que hoy te sientas como una reina. Hoy me pongo a tu servicio, para hacer lo que me pidas y que te vuelvas a sentir tan importante para mí como realmente eres.
Tere: Te quiero, Ramón. Yo tampoco he hecho bien, no reconociendo mis fallos, tirando de fallos tuyos para no reconocer los míos y buscando mi imagen y mi gloria. Pero bueno, ya que te ofreces ¿Puedes traerme mi batita, que tengo frío? 😉

Madre,

Qué bien iría nuestro matrimonio si cada vez que nos hiciésemos daño, restituyésemos 4 veces más. Y qué maravilla sería que nuestros hijos aprendiesen esto viéndonos. Pídele al Señor que nos dé la fuerza y la humildad para hacerlo, porque es lo que más deseamos: La salvación de nuestro hogar. Amén.

La plenitud de la belleza interior. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 18, 35-43

EVANGELIO

«¿Qué quieres que haga por ti?» «Señor, que recobre la vista».
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43

Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:
«Pasa Jesús Nazareno».
Entonces empezó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó:
«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo:
«Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
«Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios.
Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor.

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Plenitud de la belleza interior.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

También en nuestro matrimonio podemos estar ciegos y andar pidiendo limosnas afectivas: Que me comprenda, que tenga detalles conmigo… Dejando de lado el deseo de amar como Cristo.

También los esposos tenemos cegueras. Te pido Señor que tengas compasión de mí. Y entonces, escucho a Cristo decirme:

(Aterrizado a la vida matrimonial)

EL Señor: ¿Qué quieres que haga por ti?
Yo: No sé qué pedir. La verdad es que, no sé qué es lo mejor para mí, así que te pediré lo que nos enseñaste en el Padrenuestro: Que se haga tu voluntad.
El Señor: Así sea.
Yo: ¡Señor! ¡Qué pasada! ¿Qué has hecho con mi esposo? Es maravilloso ¡qué belleza interior!, qué buenos sentimientos tiene, qué afán de superarse y ser mejor, qué necesidad tiene de vivir una comunión conmigo…
El Señor: A él/ella no le he cambiado en absoluto. Solamente te he limpiado la mirada, que la tenías llena de prejuicios, rencores, orgullos y vanaglorias.
Yo: No me lo puedo creer. Cómo podía quejarme tanto de él/ella. Si resulta que soy súper feliz con él/ella. Si es perfecto para mí… ¡Gracias Señor! Por tan gran don.

Madre,

Pídele al Señor que recobremos la vista. Gracias por mi esposo, por nuestra vida conyugal, por la belleza de nuestra vocación. Gracias Señor por este retiro de matrimonios, en el que has sanado a muchos matrimonios o les has enamorado de su vocación. Hemos visto muchos milagros ¡Impresionante!. Amén.

Nota: Muchas gracias a todos los que nos habéis tenido en cuenta en vuestras oraciones. Que Dios os bendiga.

Ponerlo todo en juego. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 14-30

EVANGELIO

Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
«Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco».
Su señor le dijo:
«Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor».
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
«Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos».
Su señor le dijo:
«¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor».
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
«Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo».
El señor le respondió:
«Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes»».

Palabra del Señor.

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Ponerlo todo en juego.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Dios hace un reparto de dones a uno y a otro, según Su voluntad. Serán normalmente diferentes, para que podamos ser complementarios. ¿Y qué hago con ellos? Puede que le exija a mi esposo que tenga los mismos que yo. Puede que, como no lo hace (porque no los tiene) decida yo no invertirlos en él/ella como represalia. Y cuando el Señor me pregunte qué he hecho con los dones que me dio, ¿Qué le diré? ¿Qué mi esposo no respondía como yo?

Si Dios me ha dado un don, tengo que ponerlo todo en juego, para mayor gloria de Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Paco: Y si mi mujer no responde a la fe al mismo ritmo que yo ¿Qué tengo que hacer? Porque si ves que ella no persigue entregarse como Cristo, no vas a estar tú haciendo el panolis. Pues si ella no quiere…
Ramón: Paco, tienes que preguntarte qué quiere Dios de esa situación que está permitiendo, pero lo que seguro que no quiere es que tú no respondas a lo que Él te pide. Recuerda que tu vocación es una llamada de Dios y es a Él a quien respondes, y Él te lo ha dado todo. Un corazón humillado, Dios no lo desprecia. Ya lo verás.
Paco: Gracias, Ramón. Veo que en esto, tengo una misión encomendada por Dios. Gloria a Él.

Madre,

Cuántas veces verías tú que San José era pecador y Tú no. Y sin embargo le tratabas como un igual y te sometías a él y a sus decisiones. Qué hermosa manera de responder al Amor con mayúsculas. Bendita Madre.

El roce hace el cariño. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 18, 1-8

EVANGELIO

Dios hará justicia a sus elegidos que claman ante él
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
«Hazme justicia frente a mi adversario».
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:
«Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme»».
Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Palabra del Señor.

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El roce hace el cariño.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Por la oración nos vamos introduciendo en la intimidad de Dios. Como el niño que se introduce en la cama de sus padres porque tiene miedo de la tormenta, así, la Santísima Trinidad nos acoge en su intimidad para protegernos. Debemos recuperar esa imagen del Padre que nos protege y gracias al que no debemos temer nada. El roce hace el cariño. No tanto porque Él no nos ame, sino porque nosotros debemos aprender a amarle. De ahí la importancia de perseverar en la oración, como nos dice hoy el Señor. Y qué mejor que acercarnos los esposos juntos, conocerle juntos, hacerle presente en nuestros ratos de conversación.

Nosotros, que trabajamos con matrimonios, lo vemos claro. La mayoría de los problemas vienen de no perseverar en la oración juntos. Dios quiere que insistamos en la oración y no nos preocupemos si podemos resultarle “cansinos”, pues así probamos la fe, la confianza y el amor filial que le tenemos. Dios escucha siempre nuestra oración, pero sólo Él conoce el mejor momento para responder a esa oración y si lo que pedimos nos conviene o hay un camino mejor para nuestra santidad.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Raúl: Estuvimos 1 semana rezando juntos, y la experiencia fue buena. Pero luego, por falta de tiempo lo dejamos.
Pedro: ¿Y cómo estáis ahora tu mujer y tú?
Raúl: Mal, la verdad.
Pedro: Mira, Raúl, la oración sólo funciona si perseveras. Es mi experiencia. Cuando le demuestras tu fidelidad a Dios, Él siempre responde. Quédate con esta frase que te voy a decir. No existe ningún matrimonio sobre la tierra, que recen juntos a diario, y les vaya mal.
Raúl: ¿En serio?
Pedro: Yo desde luego, no conozco ninguno.
Raúl: Me queda claro, Pedro. Ya sé qué hacer.

Madre,

El Señor no defrauda nunca. El Espíritu une más que la fuerza de la carne, y se nota muchísimo. El Espíritu es el Amor de Dios, y nada puede compararse a los lazos que Él construye. Alabado sea Jesucristo que se fue para enviarnos al Paráclito. Amén.

El caso del epitafio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas, 17, 26-37

EVANGELIO

El día que se revele el Hijo del hombre
Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 17, 26-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda la recobrará.
Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde, Señor?».
Él les dijo:
«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».

Palabra del Señor.

Notas: 

  1. Hoy comienza el retiro de Matrimonios en Málaga. Pedimos oraciones por los frutos que Ntra. Madre quiere dar a todos y cada uno de los participantes.
  2. Retiro para matrimonios en BARCELONA: Accede a toda la información aquí: https://wp.me/p6AdRz-PN

El caso del epitafio.

Hoy el Señor nos habla de una vida gobernada por la rutina del día a día. Puede que yo sea uno de tantos que no tienen rumbo ni un proyecto de vida en el que creer hasta el final de sus días. Son muchísimos los que viven sin saber para qué. Puede que, simplemente me esté dejando llevar por las circunstancias de cada día. Pero ¿Eso es vida?

Si estoy en esa situación, es señal de que me falta enamorarme de mi vocación. Puede que no haya descubierto que he sido llamado para realizar algo GRANDE. Una misión que me supera en mucho. Y claro, qué triste sería que se acabase mi vida y no hubiera ni siquiera saboreado la belleza y la grandeza de mi vocación al matrimonio.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pedro: (Tomando un café entre amigos) Andrés, cuando mueras ¿Qué te gustaría que pusiera en el epitafio?
Andrés: Ni idea. ¡Qué cosas piensas! Anda, déjame que me da mal rollo hablar de muertos…
Pedro: Pues creo que deberías pensarlo. Por qué frutos de tu vida quieres que se te recuerde. Eso significa que tienes un objetivo en la vida y que dedicas la mayor parte de tus esfuerzos a él.
Andrés: Bueno… vale, pues ya que tú pareces tenerlo tan claro, dime: ¿Qué te gustaría que pusiera en tu epitafio?
Pedro: A mí me gustaría que dijese: Fue un gran esposo y padre, con la ayuda del Señor. Y firma: Mi esposa y mis hijos.
(Al día siguiente)
Marta: (Esposa de Andrés) (Llorando) ¡Andrés! ¡Qué desgracia! ¡Ha muerto Pedro!
Andrés: ¡Qué me dices! No me lo creo. Pero si estuve ayer con él… y estaba tan normal… no puede ser…
(En el entierro)
En la lápida ponía: “Fue un gran esposo y padre, con la ayuda del Señor. María y sus hijos…”
Andrés: María, te acompaño en el sentimiento. Veo que has puesto el epitafio que a él le gustaba.
María: (Entre sollozos) ¿Ah sí? ¡No lo sabía! Alabado sea el Señor.
Aquel día, Andrés eligió ese mismo epitafio para él y se puso manos a la obra.

Madre,

Es cierto que la vida de esposos es dura, pero hermosa. Cada dificultad me ayuda a crecer, cada desaire me da la posibilidad de amar de verdad. Madre, ayúdanos a prepararnos juntos, mi esposo y yo, para la llegada del Hijo del Hombre. Él nos llevará a la plenitud. Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo.