Mirar con Tu mirada. Comentario para matrimonios: Lucas 6, 1-5

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos. Unos fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía: «El Hijo del hombre es señor del sábado».

Mirar con Tu mirada.

Jesús, hoy nos invitas a mirar con Tu mirada. Los fariseos se quedan en el cumplimiento de la ley, Tú, sin embargo, vas más allá y miras el corazón. Mientras ellos ven una acción que juzgar, Tú, Señor, ves una necesidad que acoger y una persona que amar.
Señor, ¡cuántas veces miro a mi esposo desde lo que le falta, desde lo que espero de él, desde aquello que quisiera cambiar! Y, sin darme cuenta, dejo de contemplar el misterio que tengo delante, un hijo amado por Ti, una persona a la que Tú conoces mucho más profundamente que yo.
Enséñanos a mirar a nuestro esposo desde Tu Corazón. A descubrir en él no solo aquello que necesita ser transformado, sino también la obra silenciosa de Tu gracia, aquello que Tú estás haciendo en lo escondido y que nuestros ojos todavía no alcanzan a ver. Danos la gracia de recibirlo como ese don que aún no sabemos valorar suficientemente, de amarlo en la verdad de quien es y de acogerlo con gratitud, sin pretender hacerlo a nuestra medida.
Señor, ¿qué ves Tú en mi esposo que yo todavía no sé valorar? Enséñame a mirarlo como Tú lo miras y a amarlo desde Tu Corazón.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura: Alberto, ¿por qué has comprado todo esto? Te mandé una lista y te dije que compraras solo lo necesario. ¡Hay un montón de cosas que no estaban en la lista!
Alberto: Ya lo sé… Pero vi algunas cosas y pensé que os podían gustar. Compré el chocolate que te gusta y algún capricho para la niña. Solo quería daros una alegría este fin de semana.
Laura: Alberto… perdóname.
Alberto: ¿Por qué?
Laura: Porque estoy mirando lo que has comprado, pero no estoy mirando tu corazón. No lo has hecho por irresponsabilidad, sino pensando en nosotras.
Alberto: Solo quería tener un detalle con vosotras. Me hacía ilusión llegar a casa y daros una sorpresa.
Laura: Ay, Alberto… Solo puedo darle gracias al Señor por mostrarme la pobreza de mi corazón. Qué fácil es quedarse pendiente de hacer las cosas bien, según nuestro criterio, y olvidarse de la persona que tenemos delante. Como los fariseos en el Evangelio de hoy, tan pendientes de la norma que se olvidaban de las personas. Y yo estaba haciendo lo mismo contigo. Estaba mirando la lista y no tu corazón… ni el cariño con el que lo habías hecho.
Alberto: Tranquila, Laura. Ahora entiendo que solo querías hacer las cosas bien. Gracias por verlo de otra manera.
Laura: Hoy el Señor me ha enseñado que antes de mirar lo que haces, quiero aprender a mirar tu corazón. Quiero mirar tus intenciones, tu cariño y el amor que hay detrás de cada gesto.

Madre,

enséñanos a mirar a nuestro esposo con la mirada de tu Hijo, a cuidar su corazón y a descubrir en él el don que Dios nos ha confiado. Bendito y alabado seas por siempre Señor.

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