Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Tu poco puede ser un mucho. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 1-4

EVANGELIO
Vio una viuda pobre que echaba dos reales

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo:
-«Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor.

Tu poco puede ser un mucho.

No es un cuestión de cantidad. A veces los esposos se enfrentan entre ellos por «quién hace más». Cuánto me da mi esposo/a, no lo podemos saber. Igual pensamos que nos está dando poco y resulta que nos está dando más que nadie.

La cuestión es que un amor de calidad, la entrega sincera de uno mismo, no es compatible con las discusiones y las comparaciones. La Beata Madre Teresa de Calcuta decía que hay que dar hasta que “duela”. La viuda da hasta lo que le queda para vivir.

Dios nos da los dones para hacerlos crecer con el fin de llegar a Él. El problema (a veces nuestra obsesión) no es cuántos dones se tienen, sino darlo todo con los que se tienen, pocos o muchos. Ponerlos a disposición de Dios.

Normalmente no tenemos mucho para dar, porque somos poca cosa. Pero lo importante es que Dios, con ese poquito nuestro hace mucho. Un vientre de mujer, pudo convertirse en la casa de Dios. ¿En qué convertirá nuestra entrega conyugal?.

Que Maria, la llena de gracia, nos acompañe y nos ilumine para vivir como «esclavos del Señor».

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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La UCI del amor conyugal. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 31-46

EVANGELIO
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
«Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.»
Entonces los justos le contestarán:
«Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:
«Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»
Y entonces dirá a los de su izquierda:
«Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán:
«Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?»
Y él replicará:
«Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.»
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor.

La UCI del amor conyugal.

Desde la eternidad, Dios pensó en tu esposo/a y en ti. Pensó en ese nuevo “nosotros” que nacería de los dos, a imagen de su Amor de comunión Trinitaria.
Ésta es la misión y la prioridad de la vocación matrimonial. ¡Que no te engañe o te distraiga el diablo!

Dios nos dice todo lo que le haces a tu esposo/a a mí me lo haces, porque tú has sido creado/a como ayuda adecuada para tu esposo/a, representando a Dios que es su auxilio. ¿Se lo das? Analicemos cada una:

Porque tuve hambre, y me distes de comer; tuve sed, y me disteis de beber: ¿De qué tiene hambre y sed mí esposo/a? ¿De mi amor? ¿de misericordia? ¿de poder entregar ese don que mi orgullo y mi soberbia me impiden verlo? ¿tiene hambre y sed de Dios aunque no lo sepa? ¿Cómo sacio su hambre de amar y ser amado? Son preguntas muy importantes. Recordemos que somos ministros de la gracia de Dios para nuestro esposo/a.

Fui forastero, y me recogisteis:
Forastero es el que viene de fuera. ¿Quizás quiere entrar en mi corazón y no le dejo porque le considero extraño a mis cosas?…

Estuve desnudo, y me cubristeis:
¿Permito que desnude su corazón ante mí, o tiene miedo de mi represalia y se cubre?

Enfermo, y me visitasteis:
¿Cómo vivo con él, su pasión, quizás una herida en el corazón ,desde su infancia…, quizás una limitación física o una enfermedad?

En la cárcel, y vinisteis a mí:
¿Voy a él con amor, cuando está preso de su pecado? ¿O mi corazón se distancia?

El Señor te espera en tu esposo/a. Respóndele. Has sido llamado/a a una vocación matrimonial donde ser fiel a tu vocación es ser imagen del Amor de comunión del Dios Trinitario. Y así seremos benditos del Padre. No puede haber mayor aspiración ni mayor belleza en tu vida.

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De lo bueno a lo mejor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 20, 27-40

EVANGELIO
No es Dios de muertos, sino de vivos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
-«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó:
-«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
Intervinieron unos escribas:
-«Bien dicho, Maestro.»
Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

De lo bueno a lo mejor.

Si habrá matrimonios en el cielo o no, nos lleva a profundizar en el fin último del matrimonio.

Creer o no creer en la resurrección, da lugar a dos estilos de vivir el matrimonio muy diferentes. Los esposos que buscan la felicidad sólo en esta tierra y los esposos que tienen los ojos puestos en la eternidad.

Cuando un hombre y una mujer se casan movidos por un amor auténtico buscan, sobre todo, hacer feliz a la otra persona y formar una familia. Por eso no escatiman los detalles que pueden hacer la vida más agradable al esposo/a: un beso, un regalo, una atención, unos momentos de diálogo íntimo… Estas cosas las puede vivir cualquier matrimonio sin tener presente a Dios.

Pero los esposos cristianos quieren algo más, porque el hombre ha sido creado para alcanzar un bien mayor. Si queremos darle lo mejor a la persona amada, buscamos lo que realmente le hará feliz: Un Dios vivo, que trabaja con nosotros en la construcción de nuestro matrimonio, que lo hace posible y hermoso.

Ya no nos conformamos con compartir una vida, sino que buscamos el amor de comunión. Luchamos juntos por alcanzar el Bien Máximo, es decir, Dios y gozar de los frutos de su Espíritu Santo.

Es el mejor regalo que podemos hacernos los esposos: procurar por todos los medios que el cónyuge tenga a Dios. Porque Dios es el Bien mismo y la fuente de toda felicidad.

Respecto al matrimonio en el cielo, no solo se mantiene nuestra unión, sino que se perfecciona. Por la acción del Espíritu Santo será plena entre los esposos, plena con el resto de hermanos y plena también con Dios. Dios es amor y nuestro amor se convertirá plenamente en Amor de Dios.

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El trastero interior. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 45-48

EVANGELIO
Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 45-48
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
-«Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos.»»
Todos los días enseñaba en el templo.
Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

Palabra del Señor.

El trastero interior.

Nuestra camino de fe hacia el Dios no consiste en que tenemos que poner mucho de nosotros. En realidad, nuestro esfuerzo debe consistir en quitar mucho de nosotros para dejarle espacio al Espíritu y que Dios ponga de lo Suyo en nuestro interior.

Imaginémonos un trastero, lleno de objetos sucios e inútiles que ocupan espacio. Nuestra tarea consiste en abrir una ventana y apartar trastos de nuestro interior para que pueda entrar la luz.

Aquel templo del que habla el Evangelio, fue destruido, y tal como ya profetizó el Señor a la samaritana, algún día adorarían a Dios en Espíritu y en Verdad. Ahora Dios no reside en un templo, sino que el templo es nuestro cuerpo. Dios reside en nosotros. Cristo viene a echar de nuestro interior todas esas tendencias interesadas, esos “bandidos” que nos roban tiempo para lo verdaderamente importante que es nuestro/a esposo/a. Hay otros que nos roban la verdad, pintándonos la vida de aparentes riquezas que son basura al lado de la riqueza de vivir una comunión en el matrimonio y en última instancia, la riqueza de vivir en Dios que nos lo da todo…

“Mi casa es casa de oración” dice el Señor. Nuestro cuerpo es la casa de Dios y es lugar de oración. Ni el narcisista más empedernido podría haber imaginado un destino más grandioso para su propio cuerpo. Y es que el cristiano no es el reprimido que no sabe disfrutar de la vida, es el que conoce la grandeza de la verdad y no se conforma con menos.

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No vieron que su vocación les conducía a la paz. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 41-44

EVANGELIO
¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-« ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!
Pero no: está escondido a tus ojos.
Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra.
Porque no reconociste el momento de mi venida.»

Palabra del Señor.

No vieron que su vocación les conducía a la paz.

Es escalofriante. Cuántas veces hemos vivido esta experiencia con varios matrimonios. Les hemos visto autodestruirse. No ponían interés en su relación y por más que veíamos que estaban avocados a la destrucción e intentábamos animarlos a luchar, a buscar la verdad, a ilusionarse con su vocación; no reaccionaban. Una y otra vez. Se dejaban arrastrar por la vida y no le abrían la puerta a Dios que llamaba. Vino la luz a ellos y la rechazaron.

Durante un tiempo nos preocupaba que el Pontificio Consejo para la Familia dice que el matrimonio requiere de un camino de fe y de formación permanente y específico, y que ese itinerario no está definido. Está por hacer.

Hoy nos damos cuenta de que el problema no es tanto no conocer ese itinerario, sino no responder, no buscar, no luchar. Les poníamos ejercicios, oración juntos, sacramentos… y no se ocupaban de hacerlo.

Al final ocurre lo que dice Cristo: Con lágrimas en los ojos muchas veces, les recordamos. Sus enemigos: Orgullo, vanidad, pereza… no poner a Cristo y su matrimonio en primer lugar…, les han ido sitiando. Cada vez el cerco les iba apretando, se iba intensificando el dolor, y al final les han arrasado y se han llevado por delante también la alegría de sus hijos. No ha quedado nada. El Señor nos había enviado a ayudarles y no lo reconocieron.

Lo que conducía a su paz, estaba oculto a sus ojos.

Si tu matrimonio no va a mejor cada día, ¡Da la voz de alarma! ¡Pide ayuda! No tengáis vergüenza. Aunque no te lo parezca, la destrucción va a más y al final no deja piedra sobre piedra.

Pedimos a María, impulsora de este Proyecto de Amor Conyugal, que nos lleve a donde nos necesite y que abra los ojos de los matrimonios para que vean su verdad, la verdad de su hermosísima y riquísima vocación.

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