Archivo por meses: julio 2020

Vivir “para”. Comentario para Matrimonios: Mateo 10, 7-15

EVANGELIO

Gratis habéis recibido, dad gratis.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no os escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».

Palabra del Señor.

Avisos:

Vivir “para”.

El Señor me envía en mi misión a dar gratis lo que he recibido gratis. Mirando bien, observo que todo lo que tengo y soy lo he recibido, salvo mi pecado que ha sido cosa mía. Así que, tengo que entregarme en mi misión matrimonial con todo lo que tengo y todo lo que soy (menos el pecado). Vivir “para” mi esposo. Si mi esposo me recibe pues la paz irá a él/ella y si no me recibe, debería volver a mí: Debo ser yo quien acoja la paz que he recibido de Cristo. Si otros matrimonios me reciben, la paz irá con ellos, y si no, volverá a mí.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Enviado: ¡Bienaventurado seas!
Esposo/a: ¿Es a mí?
Enviado: Sí, a ti.
Esposo/a: ¡Ah! Perdona, me extrañó tu saludo. Pues dime, ¿En qué puedo ayudarte?
Enviado: Vengo a decirte que el Señor te envía a proclamar que ha llegado el reino de los cielos para el matrimonio, y a sanar a los esposos de tu entorno.
Esposo/a: Que me envía ¿A mí?
Enviado: Sí, ¡A ti!
Esposo/a: Pero si yo soy un desastre… mi esposo no me aguanta…
Enviado: Pues no sé, pero te envía.
Esposo/a: Y además, no tengo ni idea…
Enviado: ¿Y a mí qué me dices? Él me ha dicho que te lo transmita, y yo me limito a obedecer. Tendrás que ponerte las pilas, digo yo ¿No? De todas formas, los discípulos no eran ningunos lumbreras. Pedro era pescador, ya sabes. No me dirás que estaría mejor preparado que tú.
Esposo/a: Hombre, más que un pescador, quizás sí.
Enviado: Tú no te preocupes, si Él te envía a una misión, ya pondrá los medios para intervenir a través de ti.
Esposo/a: ¡Ah! Bueno. Si Él me acompaña…
Enviado: Pues claro que sí. Ten en cuenta que Dios no va a confiar en tus capacidades, ni tú deberías confiar en ellas ¿No crees? Recuerda que eres “un desastre”, o al menos, eso me dijiste antes.
Esposo/a: Pues en eso tienes razón. No debo confiar en mis capacidades. Y ¿Cómo empiezo?
Enviado: Pues mira, todo lo que tienes y todo lo que Dios ha puesto en ti, debe estar destinado a esa misión. Así que ve pensando cómo utilizarlo con tu esposo, con tus hijos, y con todas las personas de tu alrededor. Trabaja en ello, habla de ello, invita a ello, colabora en ello…
Esposo/a: Entendido.
Enviado: Entonces, qué le digo al Señor.
Esposo/a: Dile que aquí está el esclavo de la Esclava del Señor.
Enviado: ¡Gloria a Dios!
(Y me abandona el enviado del Señor).

Madre,

¿Por qué a mí? Hay otros mucho mejores y mucho mejor preparados. Pero confío en ti, y me pongo a Tu servicio. No confío en mí, confío en Ti. Alabado sea el Señor, que se ha fijado en mi pequeñez. Señor, cuando Tú quieras, donde Tú quieras, como Tú quieras.

¿Y para mí? Comentario para Matrimonios: Mateo 10, 1-7

EVANGELIO

Id a las ovejas descarriadas de Israel.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 1-7

En aquel tiempo, Jesús, llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

Palabra del Señor.

Avisos:

¿Y para mí?

Los nombres de los apóstoles que fueron fieles a Jesús, quedarán escritos en el cielo para toda la eternidad. No eran especiales, no tenían cualidades que les distinguieran de cualquiera de nosotros. Simplemente fueron elegidos por Jesús y ellos respondieron. Cuando Jesús envía a alguien le da autoridad para cumplir Su misión y le da instrucciones para realizarla según Su voluntad.
Es probable que vaya por la vida saltando de día en día sin muchas aspiraciones y sin ser consciente de la misión que Dios me ha encomendado y de la autoridad que me ha asignado para ello. Y eso no puede ser. Aprovecho esta oración para pedirle: Señor, estoy a Tu servicio, muéstrame mi misión.

Aterrizado a la vida matrimonial:

El Señor: A ti Carlos, te he concedido la misión de ser el esposo de Marta.
Carlos: Bueno, casi todos tienen la misión de ser esposos. ¿En qué es especial la mía?
El Señor: Es especial porque tu esposa Marta es única e irrepetible. Te encargo la custodia de su alma y te doy poder para ayudarle a sacar lo mejor de ella. Te doy capacidad de ser un luchador, para que saques adelante tu familia; capacidad de ser paciente, para ayudarla en los momentos en que se pone nerviosa; te doy capacidad de sacrificio para que te ofrezcas por ella…
Carlos: ¿Y para mí?
El Señor: Para ti, te entrego a Marta, mi hija, de un valor incalculable. Tienes que aprender a descubrir en ella su valor. Tienes capacidad para ser feliz entregándote a ella. Haciéndola feliz serás feliz tú. Pero tienes que aprender a conocerla, comprenderla y descubrir el valor que he puesto en ella para que llene tu vida.
Marta ¿Y yo, Señor?
El Señor: Tu misión es ser esposa de Carlos. Es un buen hombre, pero necesitará de una esposa cariñosa, pendiente de los detalles, que le sepa valorar, que haga que se sienta importante a su lado. Necesita que le admires y confíes en él. Te doy autoridad para acercarle más a mí, y que me conozca mejor, autoridad para que saques lo mejor de él y seas ministra de mi gracia para él.
Marta: ¿Y qué hago con todos sus defectos?
El Señor: Ahí está la complejidad de la misión. Se trata de amarle tal como es y administrar Mi gracia para que, sintiéndose amado, sintiéndose importante para ti, aprenda a creer en que puede llegar a ser mejor. También te entrego espíritu de sacrificio para que te ofrezcas por él en los peores momentos. Así seréis testigos míos y evangelizaréis al mundo porque creerán que Yo Soy.
(60 años más tarde)
Los ángeles guardianes: Y ¿Estos esposos que vienen ahí y que solicitan entrar en el cielo, quiénes son?
El Señor: Los esposos que vienen de la gran tribulación. Han lavado sus manchas en Mi Sangre. Han cumplido su misión. Pueden pasar a la vida eterna. Han cumplido bien la misión que les asigné.

Madre,

Ayúdanos a ser fieles al Señor y a la misión que nos ha encomendado, como lo fuiste Tú. Alabado sea Dios que nos da autoridad para cumplir nuestra misión.

Identificar al enemigo. Comentario para Matrimonios: Mateo 9, 32-38

EVANGELIO

La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 32-38

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló.
La gente decía admirada:
«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían:
«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dijo a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Palabra del Señor.

Avisos:

Identificar al enemigo.

Jesús sufre los embates de los fariseos, que le dicen lo peor que le podrían decir, asociarle con sus enemigos, los enemigos del Padre y de la humanidad a la que tanto ama. Pero Cristo no vino a juzgar, sino a salvar. El enemigo no era ninguno de aquellos que formaban la muchedumbre de la que Él se compadecía. El enemigo es el demonio, del que tenía que liberarlos. Pero necesita más manos para acudir a todas las necesidades, y ahí es donde nos ha querido necesitar, para sanar en Su nombre. ¿Tengo algo mejor que hacer?

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carlos: Marta, sé que estás enferma, que además los demonios te turban y te quitan la paz. Sé que el Señor no quiere que te juzgue y te hunda en el fango más de lo que ya estás. Él quiere que le ayude a salvarte y no sé por qué, la mayoría de las veces me olvido de mi misión y me dedico a juzgarte y a asociarte con los peores demonios. Eres hija de Dios y mereces toda mi entrega.
Marta: Gracias, Carlos. Sé que te hago sufrir mucho, pero no quiero hacerte daño. También reconozco claramente los demonios que te tienen atado y me compadezco de ti, porque no quiero que te arrastren a hacer el mal que no quieres. Te amo demasiado para dejar de ver lo mucho bueno que hay en ti y tu enorme dignidad. Yo también me ofrezco al Señor para poder ayudarte siempre que caigas, por duro que sea lo que me digas o me hagas. Ahí quiero estar.

Madre,

Introdúcenos en el Corazón de Cristo. Que tengamos sus mismos sentimientos hacia nuestros esposos, nuestros hijos y las personas que nos rodean. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. Alabado sea el Sacratísimo Corazón de Jesús.

Una fuerte inclinación. Comentario para Matrimonios: Mateo 9, 18-26

EVANGELIO

Mi hija acaba de morir, pero ven tú y vivirá.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y, al verla, le dijo:
«¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Palabra del Señor.

Avisos:

Una fuerte inclinación.

El Evangelio de hoy destaca la compasión de Jesús. Él viene a hacerse uno de tantos, para experimentar la fragilidad humana, asumirla y santificarla. Estando entre nosotros, Él comprende nuestros sufrimientos, nuestros dolores y la terrible tragedia de la muerte. Esto es lo que le conmueve el corazón humano que ha asumido y por eso, siente una inclinación tan fuerte hacia nuestra debilidad que lo empuja a sanar y salvar constantemente.
Si yo estuviera tan cerca de las debilidades de mi esposo, seguro que sentiría más compasión por él/ella y tendría esa inclinación que tiene el Corazón de Jesus, haciendo de la misericordia una necesidad que se sitúa muy por encima de las mías propias.

Aterrizado a la vida matrimonial:

El Señor: ¿Por qué sientes ese resquemor hacia tu esposa?
Esposo: Porque me achaca ciertas malas intenciones que no son las mías. Cuando se lo digo, me responde que sea sincero conmigo mismo, que en el fondo son esas mis intenciones, y que son egoístas.
El Señor: Comprendo que sufras porque tu esposa, creada para amarte, te haga responsable de algo que no has cometido, pero mi pregunta es: ¿Eso justifica tu resquemor hacia ella? ¿Por qué? ¿Crees que por ese motivo no se merece que la ames?
Esposo: Creo que me merezco que me pida perdón.
El Señor: Pero ella lo ha vivido así. No te va a pedir perdón porque no alcanza a ver que no tiene razón. ¿Qué vas a hacer? ¿Qué crees que yo espero que hagas por ella?
Esposo: No lo sé, Señor. Creo que Tú solo mirarías que ella sigue dolida.
El Señor: No le exijas por encima de sus limitaciones y, si no viene ella, ve tú y haz que se sienta querida y valorada para restaurar el daño que está sufriendo. Entra en su corazón y descubre ese dolor, para que ames y desees sanarla con más fuerza que la que te lleva al resentimiento.
El Señor (A ella): ¿Y tú? Anda, no juzgues y no serás juzgada. Ama a tu esposo y silencia tus voces interiores. Él te necesita. Sólo tienes que ver eso en tu corazón.

Madre,

El Señor es experto en tratar con los corazones. Enséñame Madre, a estar en Su Corazón, sentir con Su Corazón y actuar por Su Corazón. Alabado sea el Sagrado Corazón de Jesús.

¿Qué te ha echado? Comentario para Matrimonios: Mateo 11, 25-30

EVANGELIO

Soy manso y humilde de corazón.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

Avisos:

¿Qué te ha echado?

Dios no revela sus secretos a los que más estudian, sino a los que más lo aman, a los que más abiertos están a recibir el Espíritu Santo. A los que más rezan y crecen en esa intimidad con Él, a los que cumplen Sus mandamientos. Con Su sabiduría, Él nos ayudará a llevar nuestra carga y será mucho más ligera.

Aterrizado a la vida matrimonial:

María: Todavía hay veces que caemos en incomprensiones, discutimos y nos ofendemos mutuamente.
Pedro: Sí, porque aunque sepamos que el camino es el de la humillación, el de ponerme el último, el de servir y no ser servido, etc., cuesta mucho aplicarlo.
María: Lo que me he dado cuenta en este tiempo, es que, cada vez se acortan más las pruebas. Cada vez dejan menos posos en nosotros, menos heridas. Es como que el Señor lo reconstruye, lo sana, y no deja huella en nosotros.
Pedro: Es el Espíritu, que está en nosotros. Él interviene, nos reconstruye desde dentro, nos redime, nos sana. Yo lo experimento. Sé que Él está en nosotros. Es muy fuerte, es muy grande, y nos devuelve al camino del amor. Por cierto ¿Qué te ha echado el Espíritu a ti, que me tienes loquito? Estoy que se me cae la baba por ti.
María: Me ha echado un poquito de la misericordia de Dios.
Pedro: Pues qué hermosa es la misericordia de Dios.
María: ¿Y a ti. qué te ha echado para que esté loquita por ti?
Pedro: Me ha echado un poquito de la Voluntad de Dios.
María: Pues qué hermosa es la Voluntad de Dios.

Madre,

Qué hermoso es todo cuando nos dejamos conducir por el Espíritu Santo. Él nos muestra los secretos de Dios, nos alivia, nos aconseja… Alabado sea Cristo por enviarnos Su Espíritu. Gloria a Dios.