Archivo por días: 17 abril, 2016

La puerta estrecha. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 10, 1-10

EVANGELIO
Yo soy la puerta de las ovejas

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

La puerta estrecha.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El mundo está lleno de reclamos. Las mediciones de audiencias compiten unas con otras por ser más populares, las ofertas comerciales, las ideologías políticas, los clubes, etc. Pero todos llaman a las masas. Solamente hay uno que me llama por mi nombre, y ese eres Tú, Señor. Las demás llamadas prometen mi felicidad, pero buscan sus propios intereses. Otros se erigen como líderes a base de crear admiración hacia sí mismos, o criticando a otros, etc. Sin embargo Tú, Señor, tienes puesta tu atención en mí. Me pides que te siga por un camino único, que es mi misión, la que diseñaste para mi felicidad plena, desde toda la eternidad.

Es una misión que solamente puedo cumplir yo. Ser esposo de mi esposo concreto. Y si esta misión la realizo siguiéndote, por Tu camino, entonces daré mucho fruto.

Pero hoy Jesús no se presenta como “Pastor”, sino como “la puerta”. Son otros pastores los que conducen a sus ovejas “a través” de Jesús. Es el Papa Francisco el que conduce a Sus ovejas. Es el legado de San Juan Pablo II sobre el matrimonio el que nos orienta.

El buen Pastor no nos pide cosas que no haya hecho Él antes, como hacían los fariseos que cargaban a los demás con fardos pesados. Jesús nos enseña a amar al pecador y por ello nos muestra esa puerta estrecha. Ladrón es el que busca aquello que desea para su propio interés, es el que actúa movido por la triple concupiscencia y destruye a su paso lo que no le sirve del otro. El verdadero pastor sigue el camino del Pastor: Da su vida por recuperar a las ovejas perdidas, por recuperar al pecador, por colaborar en su salvación. El Señor nos hace a nosotros pastores de nuestros hijos, quizás también de algunas otras ovejas Suyas, para que les mostremos el camino que ya nos ha mostrado y hemos recorrido, nos pone otros matrimonios y familias para que les ayudemos. Aunque somos pecadores y somos limitados, nuestra misión es conducir a las ovejas de Dios a través de la Puerta, que es el Señor, sin buscar nada para nosotros. Así encontraremos fruto abundante para mayor gloria de Dios.

Hoy, Señor, como cada día te rogamos por esas ovejas Tuyas, para que no se pierda ninguna, te rogamos para que seamos para ellos mensajeros de Tu voz. Que tus santos ángeles nos ayuden a este rebaño de esposos y familias a caminar hacia los pastos que tienes preparados para ellos. María, Reina de la familia, ruega por nosotros.

Una nueva dimensión. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 10, 27-30

EVANGELIO
Yo doy la vida eterna a mis ovejas

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús: – «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor.

Una nueva dimensión.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Las cosas del Señor saben de otra manera. Tienen una fragancia especial, la fragancia de Cristo. Tienen una belleza especial a pesar de que suelen ser sencillas. Cuando tenemos una relación con el Señor, le reconocemos en los acontecimientos y en las circunstancias, le reconocemos en las personas que le siguen.

Nuestra vida ha adquirido una profundidad especial desde que le seguimos, se ha impregnado de Su fragancia. Nuestro proyecto es el Suyo, lo que más nos gusta es hablar de Él, le escuchamos en el esposo y nuestro matrimonio va alcanzando una nueva dimensión. Como dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia, descubrimos la caridad, “La belleza —el «alto valor» del otro, que no coincide con sus atractivos físicos o psicológicos— nos permite gustar lo sagrado de su persona…”. Es María quien nos guía y nos lleva hasta sólo Dios sabe dónde.

Somos sus ovejas, a veces más perdidas, a veces más dóciles, pero Suyas, y Él no nos dejará, nos llevará hasta la vida Eterna. Él nos va introduciendo en ese deseo de ser uno. Quiere que experimentemos lo que Él experimenta con el Padre. Todo lo del Padre es Suyo, y le ha dado lo que más vale. Lo que está en Su mano está en manos del Padre. Un mismo proyecto, un mismo Espíritu, la misma naturaleza, una única voluntad, y nosotros en Sus manos.

Tenemos sed de Comunión, Señor, una sed insaciable de ser uno. Yo en él/ella y él/ella en mí. Un solo corazón, una sola carne, un solo espíritu. Tenemos sed del amor verdadero, de la mayor meta a la que puede aspirar el ser humano, amarnos con Tu amor. Realmente, este Proyecto de Amor, sabe a ti, huele a ti.

Tú Señor, lo harás posible. En ti confiamos. Amén.