Archivo por meses: octubre 2014

Más que una madre. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 27-28

EVANGELIO
Dichoso el vientre que te llevó. Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:
-«Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso:
-«Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. »

Palabra del Señor.

Más que una madre.

Es habitual oír que no hay amor más fuerte que el de una madre por sus hijos. Parece ser que Jesús no está de acuerdo.
Hay una dicha mayor que la de ser madre, y es escuchar la palabra de Dios y cumplirla. Quién lo diría ¿Verdad? No hay más que ver las iglesias vacías entre semana y tampoco abundan los que entregan su vida al servicio de los demás. La gente no encuentra mucha emoción en ello.

La cuestión de las emociones es complicada. Las emociones no son malas, son buenas, pero no deben ser las dueñas de nuestras acciones. La mujer de entre el gentío, movida por la emoción, le grita a Jesús un piropo para su Madre. Jesús no la corrige, pero plantea algo mejor aún que lo que le ha llevado a gritar desde ese arrebato de emoción. Hay algo mejor que aquello a donde nos llevan las emociones: Escuchar la palabra de Dios y cumplirla. Obedecer. Quién lo diría ¿Verdad?.

La Santísima Virgen expresa en el Magníficat esta verdad. Ella dice “desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”. Y su alegría proviene de que se ha proclamado la esclava del Señor, dispuesta a obedecer con todas las consecuencias, se ha entregado para que se haga en ella según Su Palabra.

Y la Palabra de Dios se resume en una cosa. Ser uno con el Padre y con los demás, a imagen de la Santísima Trinidad.

La manera que tiene un esposo de ser uno con el prójimo y con Dios, es haciéndose una sola carne, un solo corazón y una sola alma con su esposa, a imagen de Dios. Y viceversa. Que yo he sido creado/a para mi esposo, es algo que nos revela la Palabra de Dios. Y entregarme a él/ella impulsado/a por las emociones, es fácil. También los que no son cristianos lo hacen. Por eso, los esposos cristianos, nos sometemos mutuamente, por obediencia al Padre. Da igual lo que sintamos, lo importante es que se cumpla su Palabra de que seamos el uno para el otro, tal como nos creó. Y que seamos ayuda mutua, tal como nos creó. Y que nos miremos y veamos exclusivamente nuestro camino hacia Dios, independientemente de nuestros defectos o de nuestros dolores o la intensidad de nuestros sentimientos.

Para ello, tenemos dos opciones: O ser perfectos, que no es posible, o perdonarnos mutuamente. No hace falta que nos apetezca pedirnos perdón. Lo haremos simplemente porque si no, Dios no podrá perdonarme a mí mis faltas. Porque Él lo ha establecido así. Toca obedecer.

Viviendo así nuestro matrimonio, seremos dichosos, mucho más que una madre por sus hijos, aunque ese Hijo fuera el mismo Dios. ¿No es mucha dicha? Es Jesús quien lo dice.

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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El que no está con el esposo, está contra él. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 15-26

El que no está con el esposo, está contra él.

Lo que hacen los que presencian el exorcismo que realiza Jesús y le acusan de hacerlo en nombre de Belcebú, es un juicio temerario, que va contra el octavo mandamiento. Juzgar negativamente a alguien sin tener la plena seguridad, es un pecado serio. Es la primera estrategia del demonio, la mentira.
Otros, que acababan de ver un milagro y seguramente no sería el primero, le piden un signo. Es otra de las estrategias del demonio, la duda. No confiar en el Señor. Si tenemos claro su llamada, mejor no dudar e ir a por todas confiando en Él, pues si no, pueden volver los espíritus malignos a arruinarnos la vida.

Recordemos que se puede pecar de pensamiento, palabra y obra (y omisión, que es no obrar). Y normalmente en este orden. Estemos muy atentos a nuestro pensamientos, porque cortando la entrada al Demonio en ellos, con la ayuda del Espíritu, tenemos mucha parte de la batalla ganada.

Jesús nos promete grades tesoros para nuestro matrimonio y para nuestra vida futura: el Reino de Dios. No hay mayor tesoro que este y para toda una eternidad! Ante la promesa de Jesús para el matrimonio, la reacción de algunos es decir “Bueno, yo a mi ritmo, poco a poco”. Nos preguntamos: Si le tocara la Bonoloto ¿Iban a recoger el premio poco a poco?.

El matrimonio que apuesta por seguirle de verdad, no tienen nada que temer. Es muy sencillo, Cristo nos extiende la mano, nosotros se la cogernos y no la soltamos. El Demonio es muy fuerte, y se siente muy seguro, pero si entra Cristo (que es mucho más fuerte. No olvidemos que el contrario del Demonio es El Arcángel San Miguel. Cristo es infinitamente superior), el Demonio lo tiene todo perdido.

La salvación está en la perseverancia, también en nuestro matrimonio. Cada día vamos cogidos de la mano a escuchar a Jesús, a recibirle…
Parafraseando el Evangelio de hoy, podríamos decir que, el que no está con el esposo (en genérico) siguiendo a Cristo, está contra el esposo siguiendo a el diablo de la mentira, la duda, la división…

Esposos unidos en Jesús cada día, ¡Nada tenemos que temer! Los esposos tenemos la gran gracia de Dios, de ser el uno la ayuda adecuada para el otro, de tal manera que cuando uno cae, el otro repara, intercede… y Cristo sana al cónyuge caído a través de su esposo. Bendito seas por siempre, Señor.

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Esposos audaces. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 5-13

EVANGELIO
Pedid y se os dará

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos:
-«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle:
«Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.»
Y, desde dentro, el otro le responde:
«No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.»
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros:
Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? »

Palabra del Señor.

Esposos audaces.

Hoy leíamos en el blog de Agueda Rey, una mujer madre de familia que recibió la llamada de la Virgen en Medjugorje, un comentario sobre la oración. La comparaba con la comunicación entre los esposos. Podemos tener la tentación de pensar que no es necesario pedirle a Dios porque Él lo conoce todo. Sería similar a decir que un matrimonio maduro, que se conocen mutuamente después de toda una vida juntos, no tienen que hablar porque ya sabe el uno lo que necesita el otro. Perder la comunicación es perder poco a poco la intimidad de su relación.

En oración buscamos que Dios se nos revele. Compartimos con Dios nuestra intimidad y esperamos que Él nos revele la suya. Y Dios lo va a hacer. El que más nos ama no se va a esconder. La belleza de esta relación, se supera cuando son los esposos juntos los que comparten su intimidad entre ellos hablando con Dios. Es como volver al principio, a la limpieza de la mirada originaria.

Por otro lado, no debemos perder la esperanza de que Dios nos escucha. Comentaba Mons. Munilla la experiencia de un padre que jugaba con su hijo. El niño se lanzaba desde una mesa a los brazos del padre. En un momento dado, el padre se alejó bastante para ver la reacción del niño. Éste se lanzó igualmente. Estaba seguro que su padre le recogería. Si ese hombre siendo un pecador cuenta con esa confianza de su hijo porque sabe que le ama ¿No tendríamos nosotros que tener mucha más confianza en Dios?. Pues no olvidemos lo que dice el catecismo sobre la “audacia filial”: Sabemos que el Padre nos escucha y sabemos que nada hay imposible para Dios. Atrevámonos a ser esposos audaces ante Dios. Aprovechémonos de que tenemos un Padre que es Dios.

Finalmente, observamos cuál es el bien que el Señor propone que le pidamos: Termina el Evangelio diciendo “¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”. Lo mejor que podemos pedir para el esposo (genérico) es que venga a él/ella el Espíritu Santo. Es el mayor bien que podemos hacerle con nuestra oración de intercesión.

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Entender el Origen cambia nuestro destino. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 1-4

EVANGELIO
Señor, enséñanos a orar

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
-«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»
Él les dijo:
-«Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.» »

Palabra del Señor.

El Origen cambia vuestro destino.

Cuando un matrimonio llega a una cierta madurez cristiana, pueden llegar a vivirse mutuamente como hermanos, hijos de un mismo Padre. Esto no significa que dejen de vivir la entrega conyugal de los cuerpos expresión y realización de su unión íntima. Es un vínculo, el de la unión a un mismo Padre, que se suma y hace más fuerte su vínculo conyugal.

Ya hemos comentado en varias ocasiones, que para ser buenos esposos, primero hay que aprender a ser buenos hijos. Si no descubrimos que todo lo hemos recibido del Padre, que todo nos lo ha dado el Padre, y que nos ama infinitamente, nunca llegaremos a responder a Su llamada al Amor (con mayúsculas). Nunca llegaremos a amar y desear el plan de Dios que es nuestra unión en una sola carne. Por eso, San Juan Pablo II iluminaba esa sucesión de experiencias del hombre en el génesis que empezaban por la soledad originaria con Dios como antesala de la unión hombre-mujer, que sería la segunda experiencia.

La lección del Señor, es por tanto muy útil para los esposos. No hay mejor manera de iniciar la oración que llamando a Dios “Padre” y tomando conciencia de ello. Él nos ama como hijos, y no tenemos nada que temer. Como decía Santa Teresa, solamente esa idea de un Dios que es Padre, es suficiente para caer en contemplación. Entender quién es Él y quién soy yo a su lado, y que Él quiera ser mi Padre, con todo lo que conlleva: amor, entrega, sufrimiento, hacernos herederos suyos, cuidarnos, enseñarnos, perdonarnos, acogernos… ¿Todo un Dios pendiente de mí de esta manera?

Si los esposos tenemos tal Padre y nos hacemos realmente conscientes de ello, debería cambiar nuestro modelo de relación en su totalidad, pues antes que esposos, somos hermanos. Entender nuestro Origen, cambia nuestro destino. Si esto no hace diferente nuestro matrimonio de los matrimonios paganos, es que no lo hemos descubierto. Tobías en su oración con Sara, lo tenía muy presente: ‘Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: «Levántate, hermana, y oremos para pedir al Señor que nos manifieste su misericordia y su salvación»… ¡Bendito seas, Dios de nuestros padres… Tú creaste a Adán e hiciste a Eva, su mujer, para que le sirviera de ayuda y de apoyo… Yo ahora tomo por esposa a esta hermana mía, …para constituir un verdadero matrimonio.’

Conscientes de ser hijos de un mismo Padre, santifiquemos juntos su nombre, alabémosle por este regalo mutuo, y pidámosle que venga su reino en nuestro hogar, es decir, que su plan, su sueño para nuestra unión conyugal, venga a nosotros y se haga según su voluntad: Un verdadero matrimonio. Para ello es necesaria la Eucaristía (el Pan) y el perdón (la confesión) y el perdón mutuo, porque somos pecadores y sin el perdón no es posible la comunión.

San Juan Pablo II comenta en la Carta a las Familias, que la familia debe rezar unida y cada miembro debe rezar por los demás, uno por uno, en la medida de la importancia que tiene esa persona para ti. En nuestro caso, evidentemente, la mayor medida la reservamos para el/la esposo/a.

Esposos!, oremos hoy con más conciencia al Padre: Padre nuestro…

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Muchas cosas y poco tiempo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 10, 38-42

EVANGELIO
Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
-«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le contestó:
-«Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán. »

Palabra del Señor.

Muchas cosas y poco tiempo.

Un mal endémico de estos tiempos es que tenemos demasiadas cosas que hacer y poco tiempo para hacerlas.
La mayoría nos preguntamos qué hacer para sacar tiempo para esto y aquello.

Lo que puede llevarnos a confusión sobre el Evangelio de hoy, es que, si Marta y María se hubiesen sentado a escuchar a Jesús, en esa casa no se cenaba. Supongamos que además hay niños…

El problema no es que Marta esté haciendo lo que no debe. El problema es que anda inquieta y nerviosa con tantas cosas… Seguramente Jesús observó que había muchas cosas superfluas de las que Marta podía prescindir y podía haber sacado tiempo para estar con Él. En cualquier caso ¿Por qué Marta anda inquieta y nerviosa?.

Escuchábamos ayer en el Youcat, en Radio María, que Mons. Munilla, dando respuesta a una chica que había preguntado quién había creado a Dios, comentaba que Dios es atemporal. Él ha creado el espacio y el tiempo. A la luz de esto, si Dios es el creador del tiempo, no puede haberse equivocado en el número de horas que tiene el día. Por tanto, quizás el problema no es de falta de tiempo, sino de “demasiadas cosas”. Y quizás el problema también es no reconocer nuestra limitación y aceptarla. Si no podemos hacer más, al menos, que hayamos hecho lo principal. “Ser perfeccionista produce agobios enormes. La perfección no está en la cosa sino en el amor con el que se hace. Y eso permite construir, ver cómo está presente Dios y estar en lo que se hace porque está Dios.” (Juan Pérez Soba Charla sobre “Construir sobre Roca”).

Lo primero no son las cosas y después la persona: “El amor no está para que las cosas queden bien, sino para saber quiénes somos” (Juan Pérez Soba). Lo primero tampoco es estar pendientes de los niños dejándoles que “gobiernen” nuestra vida, que se acaben acostando a las mil (¿Niños pequeños que se acuestan después de las 21:30h?) y no quede tiempo nada más que para caer rendidos en la cama. Lo primero tampoco es el fútbol, ni el whatsapp, ni las series de televisión, ni internet… Recordemos que hablar con el esposo (genérico) es también descansar. Sí, sí, muchos matrimonios ponen como excusa que no hablan, que no se dedican tiempo, porque llegan muy cansados. Para construir un hogar, tenemos que tener muy en cuenta la frase de San Pablo: “La caridad edifica”.

En esto, las familias tenemos que aprender de las órdenes religiosas. La beata Madre Teresa de Calcuta, estableció un horario para la oración. Llegada esa hora, dejaban de atender a los pobres y a los enfermos. Parece cruel, pero ella sabía que si no lo hacían así, si no se alimentaban del que es Amor, se quedarían sin fuerzas para atenderlos. Las familias deberíamos tener un horario y ser estrictos en cumplirlo, para evitar que lo superfluo se apodere de lo importante. La familia no es importante por las funciones que se realizan en ella, sino porque configura la identidad de las personas que la forman.

Evidentemente, Marta no fue capaz de reconocer que lo principal en aquel momento era estar con Jesús. ¿No habríamos dejado todo en su situación para poder escuchar un rato a Jesús?. Pues hagámoslo!! Las prioridad es el amor: Lo primero la oración, segundo el/la esposo/a, tercero los hijos y si sobra tiempo, lo demás. Seguro que así irán desapareciendo de nuestra vida las inquietudes y los nervios.

Oramos por el Sínodo de la Familia:
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