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El misterio escondido de Dios. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 4, 26-34

EVANGELIO
Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha».
Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra».
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Señor.

El misterio escondido de Dios.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Esa pequeña semilla a la que se refiere el Evangelio de hoy, la tenemos plantada en nuestro corazón desde el misterio de la creación. Es la capacidad del esposo de donarse a la esposa y viceversa. Así es como somos imagen de Dios. Por defender nuestra dignidad y nuestros derechos, por creer que nos merecemos más, nos perdemos lo más grande, porque “el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mi causa, la ganará”.

Estamos sumidos en una batalla absurda por reclamar lo que no somos y nos perdemos lo más grande, vivir la verdad y el amor, la capacidad de ser personas, es decir, de ser libres para donarnos.

Todo esto lo dice San Juan Pablo II en la catequesis del 16 de febrero de 1980.

Dice que el hombre ha sido creado para el matrimonio. Nos toca ver si vivimos para el matrimonio o tenemos nuestras miras puestas en otros intereses.
Dice también que en el principio, antes del pecado, hombre y mujer no sentían vergüenza porque la mujer no era un objeto para el hombre ni viceversa, de donde se deduce que si los esposos sentimos vergüenza entre nosotros (necesidad de protegernos el uno del otro), es porque de alguna manera nos estamos tratando como un objeto el uno para el otro, con fines “utilitaristas”. Nos utilizamos para nuestro propio beneficio: puede que mis pasiones, puede que mi comodidad, o lo que creo que yo me merezco o…

Y dice que esta gracia de no sentir vergüenza, sigue inscrita en lo profundo de nuestro corazón, y esta capacidad de donarse, de darse y no pertenecerse, aun somos capaces de defenderla. Porque esta capacidad es la que nos hace ser semejantes a Dios. De esta manera podemos ser “como signo que transmite eficazmente en el mundo visible el misterio invisible escondido en Dios desde la eternidad”. Menudo pedazo de misión, inmenso honor. Cómo te podré pagar, Señor.

Por tanto, dejémonos de ridiculeces y de tonterías de defender nuestra poquedad y centremos nuestra vida en algo mucho más grande. Donarnos para participar de la vida divina, realmente. Éste es el misterio de la verdad y del amor, dice San Juan Pablo II.

Madre, Tu oración, el Magníficat, atraviesa hoy nuestro corazón y toda la historia del hombre desde el principio hasta el infinito, de generación en generación. Estas palabras vividas nos adentran en el mismo corazón de Dios para la eternidad: “porque ha mirado la humillación de su esclava”. Que aprendamos a respirar contigo, Madre de la humildad, los aires del Evangelio siendo empleado inútil, haciendo lo que tenemos que hacer: perder nuestra vida por Amor, para ganar el Amor, siendo grano de trigo que cae y muere dando así fruto abundante.

Sobre estas ramas, podrán anidar nuestros “polluelos” con tranquilidad y firmeza.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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Un camino perseverante. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 2, 41-51

EVANGELIO
Conservaba todo esto en su corazón

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41-51
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
-«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó:
-«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor.

Un camino perseverante.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

María Santísima y San José. Los sagrados esposos de la sagrada Familia, angustiados buscándote, Jesús.

Los esposos de hoy, también nos angustiamos cuando no te tenemos. La diferencia es que María y José desandan lo andado y no paran de buscarte hasta que dan contigo. Eso es lo principal, la perseverancia. No parar hasta encontrarte. No parar hasta que vuelvas a estar con nosotros en nuestro matrimonio y nuestra familia. Cuando ayudamos a matrimonios, nos damos cuenta de que esto es lo principal y lo más difícil. Muchos abandonan y, tristemente, se pierden. Qué hermoso ejemplo el de María y José. Dispuestos a todo para encontrarte.

Entonces, eres Tú el que le das una explicación a todo, mostrándoles cuáles debe ser tu prioridad según Tu misión. Tu prioridad es el Padre a través de Tu misión Salvadora. La mía, también es el Padre, pero desde mi misión de esposo. Tú nos has mostrado el buen camino, aunque antes hayamos tenido que desandar otros.

Y nosotros, como María, debemos guardar Tus enseñanzas en nuestro corazón. Custodiadas, como nuestra Madre, en lo más profundo. En la raíz de lo que debe ser mi amor.

Señor, Jesús. Tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Amando a mi esposo, te amo a Ti.

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Con María. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 21, 20-25

EVANGELIO
Éste es el discípulo que ha escrito todo esto, y su testimonio es verdadero

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: – «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: – «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Palabra del Señor.

Con María.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Estamos en la conclusión del Evangelio de Juan. Él dice que si contase todo lo que hizo Jesús, no cabrían los libros en el mundo.
Jesús estuvo en aquella época intercediendo por todos y amando a todos. Hoy no es diferente, porque Él mismo dijo que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos.

La cuestión es ¿Nos damos cuenta de la presencia de Jesús en nuestra vida matrimonial? Si la respuesta es no, es porque estamos demasiado pendientes de nosotros mismos, lo que nos llevará a quejarnos constantemente y a que todo nos parezca poco. Lo pasaremos mal porque las cosas no salen como queremos, por lo que dicen de nosotros, por los gestos de falta de cariño, o simplemente, porque no hay gestos… Pedro se preocupa por Juan. Cristo le acaba de anunciar su muerte y él, se preocupa por Juan. Pedro ha dejado de mirarse a sí mismo, Y Cristo le dice que no se preocupe por él, ya le cuidará el Señor.

El Evangelio de Juan está lleno de detalles porque María estaba con él. Ella se quedó en casa del discípulo amado, y seguro que le enseñó a descifrar muchas cosas de la vida de Jesús. Si viésemos y escribiésemos todas las cosas que Jesús hace en nuestro matrimonio, no cabría lo escrito ni en todo el mundo.

Vivamos hoy sábado, día de la Santísima Virgen y víspera de Pentecostés, atentos a María, y pidámosle que nos muestre todos los detalles en los que está el Señor en el día de hoy: Esa alegría de los hijos, el gesto cariñoso del esposo, la posibilidad de darme en muchos momentos y hacerle un poquito más feliz, hacer un hogar acogedor… María seguro que guardaría todas estas cosas en su corazón.

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Esposo ¿Me amas? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 21, 15-19

EVANGELIO
Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: – «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.»
Jesús le dice: – «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: – «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: – «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: – «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: – «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: – «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: – «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: – «Sígueme.»

Palabra del Señor.

Esposo ¿Me amas?
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Antes de sus tres negaciones, Pedro estaba totalmente convencido de que amaba a Cristo hasta dar la vida. Esa confianza en su propia fortaleza le pierde, y Cristo le advierte de lo que iba a ocurrir después.

En el Evangelio de hoy, el Señor le pregunta a Pedro si le ama, después de la experiencia de su infidelidad. Observamos el comentario de Crisóstomo:

Crisóstomo, ut supra. ‘Después de la tercera pregunta, se turba. Por lo que sigue: «Pedro se contristó porque le preguntó por tercera vez: ¿Me amas?» Temiendo que sucediera otra vez como antes que, pareciéndole amar al Señor, no le ame y sea reprendido como lo fue primero cuando se consideraba muy fuerte, se ampara al mismo Cristo. Por eso sigue: «Y le dice: Señor, tú que sabes todas las cosas»; esto es, lo más secreto del corazón, presente y futuro.’

¿Estamos seguros de que amamos a nuestro/a esposo/a? ¿Estamos seguros de la fortaleza de nuestro amor? Es tal la dependencia que tenemos del don de fortaleza del Espíritu Santo, que no podemos ni tan siquiera afirmar que amamos y mucho menos que amaremos. ¡Qué pequeños y débiles somos!

Señor, como te dijo Pedro, Tú sabes todas las cosas, Tú conoces lo más secreto de nuestro corazón presente y futuro. Si nos has encomendado la misión del matrimonio, es porque antes nos diste la fortaleza para vivirlo según tu voluntad. Nos encomendamos a tu Santísima Madre, para que nos muestre el camino de la santidad como esposos y padres.

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Un día sin preguntas. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 16, 20-23a

EVANGELIO
Nadie os quitará vuestra alegría

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 20-23a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

Palabra del Señor

Un día sin preguntas.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

A lo largo de nuestra vida matrimonial, nos hacemos muchas preguntas sobre cómo hacer para conseguir… un montón de cosas, pero en definitiva, la alegría. También nos preguntamos por el motivo de nuestro sufrimiento.

Dice San Juan Pablo II que “El sufrimiento siempre es un breve paso hacia una alegría duradera (cf. Rm 8,18), y esta alegría se funda en la admirable fecundidad del dolor. En el designio divino todo dolor es dolor de parto; contribuye al nacimiento de una nueva humanidad. Por tanto, podemos afirmar que Cristo, al reconciliar al hombre con Dios mediante su sacrificio, lo ha reconciliado con el sufrimiento, porque ha hecho de él un testimonio de amor y un acto fecundo para la creación de un mundo mejor.” (Catequesis 27 de abril 1983).

El dolor y el sufrimiento son fecundos, son siempre “dolores de parto” que dan vida, y los podemos vivir con la “alegría” de que, uniéndolos al sacrificio de Cristo, son redentores, en especial si los ofrecemos por nuestro esposo. Ya lo dice San Pablo: “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).

El dolor no es agradable, y nadie disfruta mientras sufre. Nosotros sufrimos porque perseguimos una alegría y una paz. Este sufrimiento de entrega, da sus frutos ya aquí en la vida terrena, porque los esposos, aspiran a algo más grande que lo que les puede ofrecer este mundo: “Esta aspiración que nace del amor, …es una búsqueda de la belleza integral, de la pureza libre de toda mancha: es una búsqueda de perfección que contiene, diría, la síntesis de la belleza humana, belleza del alma y del cuerpo”. (Catequesis del amor humano 6/6/84. S. Juan Pablo II).

Algún día el Señor nos llevará a la plenitud y nadie podrá quitarnos la alegría. Ese día ya no le haremos preguntas. Ese día sólo le alabaremos, e incluso le daremos gracias por todo lo vivido. Habrá merecido la pena.

María guardaba todas estas cosas en su corazón. Oramos en este mes de mayo a la Llena de gracia, para que nos haga experimentar la alegría de vivir el designio divino.
Salve… Reina y Madre… después de este destierro muéstranos a Jesús… ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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