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¿A nuestro antojo? o le reconocemos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 17, 10-13

EVANGELIO
Elías ya ha venido, y no lo reconocieron

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 10-13
Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús:
– «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»
Él les contestó:
– «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Palabra del Señor.

¿A nuestro antojo? o le reconocemos.

Es el drama del rechazo a Cristo, que se expresa, por desgracia, de muchos modos diversos.
Uno de ellos es en nuestro matrimonio, cuando tratamos a nuestro esposo a nuestro antojo. Cristo está en nuestro cónyuge, según le tratemos le rechazamos o le dejamos nacer y crecer. Quien a su esposo le trata a su antojo, así también el Hijo del hombre.

Otro es no escuchándole en su Palabra, en aquella persona que en su Nombre llama a nuestra puerta para ayudarnos y se la cerramos…

En la mente y en el corazón resuenan las palabras del prólogo de san Juan: “A todos los que lo acogieron les dio poder de hacerse hijos de Dios” (Jn 1, 12).

¿Cuál será, por tanto, nuestra respuesta? ¿Con qué actitud lo acogemos?
El tiempo de adviento es el periodo propicio para cultivar en nuestros corazones la capacidad de acoger a Jesucristo en nuestro matrimonio. Cristo está esperando que le abramos las puertas de nuestro corazón y que confiemos totalmente en Él para que podamos ser plenamente felices. Ahora es el tiempo de que escuchemos totalmente a Jesucristo que nos quiere decir: “Te amo y quiero haceros felices a tu esposo y a ti, y a toda vuestra familia ”.

¡Cuántas veces hemos sido indiferentes ante la voz de Dios que toca a las puertas de nuestro corazón! ¿Piensas que a ti no te habla…? ¡Eso es no conocer lo que te ama, cada día te busca!

Pidámosle a María que nos prepare para que Jesús renueve nuestro matrimonio.

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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Un matrimonio que baile. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 16-19

EVANGELIO
No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 16-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «¿A quién se parece esta generación?
Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: «Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. »
Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: «Tiene un demonio. » Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.»
Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Palabra del Señor.

Un matrimonio que baile.

Es habitual refugiarse en una actitud crítica, para justificar la tibieza de la fe y la dureza de corazón en nuestro matrimonio.

La falta de coherencia es un signo de que no se vive en la verdad. Si no hago lo que pienso, acabo pensando según lo que hago. Entre matrimonios es fácil caer en el “ni contigo, ni sin ti”. La falta de coherencia con nuestra llamada a la santidad, lleva a una queja constante, porque no alcanza ninguna solución que nos satisfaga. Así que echamos la culpa al otro de nuestra insatisfacción.

No podemos conformarnos con una fe de estantería ni con un matrimonio de “vivir bajo el mismo techo y compartir unos hijos”. La fe es para vivirla en nuestro matrimonio y en nuestras familias.

A menudo se escucha con asombro, tristeza y cierto miedo comentar lo mal que están los matrimonios. No es difícil que se tenga un familiar o amigo que se ha separado o está pensando hacerlo. Sin embargo, ante lo que dice el magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio, se busca una explicación light y descafeinada que justifique nuestra realidad. Parece que no va con nosotros, que eso es muy complicado… “que poco a poco”.

El resultado, es un matrimonio mediocre, al que le falta “azúcar” que lo endulce (ese cariño nunca sobra) y “cafeína” para que le dé vigor (la ilusión y el deseo son el motor). San Juan Pablo II nos pone metas como la de “se ven y se conocen a sí mismos con toda la paz de la mirada interior, que crea precisamente la plenitud de la intimidad de las personas” (Catequesis 02/01/80). Buscamos conocernos en la verdad de lo que somos y alcanzar la plenitud de esa intimidad. Ahí encontraremos la paz, la estabilidad. ¡Queremos de eso!, hemos sido creados para eso.

Y queremos muchas otras cosas más. Dice también San Juan Pablo II refiriéndose a los esposos: ‘él la acoge interiormente; la acoge tal como el creador la ha querido «por sí misma», como ha sido constituida en el misterio de la imagen de Dios a través de su feminidad; y recíprocamente, ella le acoge del mismo modo, tal como el creador le ha querido «por sí mismo» y le ha constituido mediante su masculinidad.’ Esto es la comunión.

¡Esposos! San Juan Pablo II toca y no bailamos. Nuestra Madre Iglesia nos avisa de los peligros de la situación que viven las familias de hoy, y no lloramos.
Señor, envíanos tu Espíritu. Que tu carne nos dé la fuerza y tu sangre nos purifique. ¡Prende fuego en nuestros corazones! No queremos vivir un sucedáneo. Queremos ser “discípulos de la sabiduría” y darle la razón. San Juan Pablo II, ruega por nosotros.

Oramos por el sínodo de la familia:
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Increíbles, las sorpresas de tu vocación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11,11-15

EVANGELIO
No ha nacido uno más grande que Juan, el Bautista

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»

Palabra del Señor.

Increíbles, las sorpresas de tu vocación.

El Evangelio de hoy, subraya una idea que venimos comentando desde hace unos días. La enorme importancia de la vocación.
Jesús dice de Juan que no hay nacido de mujer más grande que él. Tanto es así, que no hay ningún otro ser humano (salvando a la Santísima Virgen), del que se celebre el día de su nacimiento. Su misión estaba escrita. Dice Zacarías en esa preciosa oración del Bendictus que rezamos en la liturgia de las horas: (refiriéndose a Juan) “Y a ti, niño, te llamarán profeta del altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación y el perdón de sus pecados.”

Juan es el hombre más grande nacido de mujer, no por él mismo, sino por la misión que se le ha encomendado (su vocación) y por su sí, por ser fiel a esa llamada de Dios.

Los esposos, al igual que Juan (siempre dan cierto vértigo las comparaciones con santos de este calibre), tenemos una misión que consiste en preparar los caminos del Señor, ir delante de Él, porque Él nos envía en Su nombre. Preparar Sus caminos, es prepararnos para ser un matrimonio santo que acoge al Señor. Nuestra manera de anunciarle, es con el testimonio de un matrimonio a imagen de Él como el Esposo, que se ama con Su amor.

Y a pesar del vértigo que mencionábamos, hasta el más pequeño del cielo es más grande que Juan, porque el día en que el Espíritu nos plenifique, ese día no habrá nada ni nadie más grande en todo el mundo que tú y que yo. No te lo pierdas. Déjate llevar por Él, te espera una vida de hermosas e increíbles sorpresas.

Por nuestra parte, qué deciros, que estamos muy enamorados de nuestra vocación. Damos gracias a Dios por tan hermosísima misión.

Oramos por el sínodo de la familia:
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Esposos en Sus brazos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1,1-8

EVANGELIO
Allanad los senderos del Señor

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
– «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

Palabra del Señor.

Esposos en Sus brazos.

Cuántos mensajeros nos envía Dios para allanar el camino, preparar nuestro corazón, para la venida del Señor. Una voz clama en el desierto. Parece que nadie la escucha: “Habéis sido llamados a ser santos desde vuestra vocación conyugal”. Como dice la primera lectura: “Que los valles se levanten”, que nuestras aspiraciones suban esperando una vida en la que camine el Señor junto a nosotros. “…que montes y colinas se abajen”: Que nuestro orgullo y nuestra vanidad se replieguen para humillarse ante el Señor, nuestro Dios, que viene a nacer en un pesebre.

Los esposos cristianos, en este adviento, por nuestra fe, “confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia”. Esperamos un nuevo matrimonio más auténtico, donde reine la justicia de Dios y no la nuestra. “«Consolad, consolad a mi pueblo, – dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»”. Pasemos página. Están pagados todos nuestros errores y vamos a recibir doble paga por nuestros pecados. Este es el matrimonio que nos toca vivir, para el que nos tenemos que preparar en este adviento.

“Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos”. Es el brazo del Señor el que nos une como esposos y en sus brazos, somos esposos.

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De lo bueno a lo mejor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 20, 27-40

EVANGELIO
No es Dios de muertos, sino de vivos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
-«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó:
-«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
Intervinieron unos escribas:
-«Bien dicho, Maestro.»
Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

De lo bueno a lo mejor.

Si habrá matrimonios en el cielo o no, nos lleva a profundizar en el fin último del matrimonio.

Creer o no creer en la resurrección, da lugar a dos estilos de vivir el matrimonio muy diferentes. Los esposos que buscan la felicidad sólo en esta tierra y los esposos que tienen los ojos puestos en la eternidad.

Cuando un hombre y una mujer se casan movidos por un amor auténtico buscan, sobre todo, hacer feliz a la otra persona y formar una familia. Por eso no escatiman los detalles que pueden hacer la vida más agradable al esposo/a: un beso, un regalo, una atención, unos momentos de diálogo íntimo… Estas cosas las puede vivir cualquier matrimonio sin tener presente a Dios.

Pero los esposos cristianos quieren algo más, porque el hombre ha sido creado para alcanzar un bien mayor. Si queremos darle lo mejor a la persona amada, buscamos lo que realmente le hará feliz: Un Dios vivo, que trabaja con nosotros en la construcción de nuestro matrimonio, que lo hace posible y hermoso.

Ya no nos conformamos con compartir una vida, sino que buscamos el amor de comunión. Luchamos juntos por alcanzar el Bien Máximo, es decir, Dios y gozar de los frutos de su Espíritu Santo.

Es el mejor regalo que podemos hacernos los esposos: procurar por todos los medios que el cónyuge tenga a Dios. Porque Dios es el Bien mismo y la fuente de toda felicidad.

Respecto al matrimonio en el cielo, no solo se mantiene nuestra unión, sino que se perfecciona. Por la acción del Espíritu Santo será plena entre los esposos, plena con el resto de hermanos y plena también con Dios. Dios es amor y nuestro amor se convertirá plenamente en Amor de Dios.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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