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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 21, 20-25

Con María

Estamos en la conclusión del Evangelio de Juan. Él dice que si contase todo lo que hizo Jesús, no cabrían los libros en el mundo.

Jesús estuvo en aquella época intercediendo por todos y amando a todos. Hoy no es diferente, porque Él mismo dijo que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos.

La cuestión es ¿Nos damos cuenta de la presencia de Jesús en nuestra vida matrimonial? Si la respuesta es no, es porque estamos demasiado pendientes de nosotros mismos, lo que nos llevará a quejarnos constantemente y a que todo nos parezca poco. Lo pasaremos mal porque las cosas no salen como queremos, por lo que dicen de nosotros, por los gestos de falta de cariño… Pedro se preocupa por Juan. Cristo le acaba de anunciar su muerte y él, se preocupa por Juan. Pedro ha dejado de mirarse a sí mismo, Y Cristo le dice que no se preocupe por él, ya le cuidará el Señor.

El Evangelio de Juan está lleno de detalles porque María estaba con él. Ella se quedó en casa del discípulo amado, y seguro que le enseñó a descifrar muchas cosas de la vida de Jesús.

Vivamos hoy sábado, día de la Santísima Virgen y víspera de Pentecostés, atentos a María, y pidámosle que nos muestre todos los detalles en los que está el Señor en el día de hoy: Esa alegría de los hijos, el gesto cariñoso del esposo, la posibilidad de darme a los demás en muchos momentos y hacerlos un poquito más felices, un hogar acogedor… María seguro que guardaría todas estas cosas en su corazón.

Como reza el Salmo de hoy: Los buenos verán tu rostro, Señor.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 17, 1-11a

Lo que me diste procede de ti.

Cristo reconoce que todo se le ha sido dado por el Padre “Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti”.
El mundo ha sido creado para nosotros, y tendremos que responder de él. Pero en toda la creación, hay algo más importante:
San Juan Pablo II (Catequesis 9/1/80): ‘por vez primera aparece claramente una cierta carencia de bien: «No es bueno que el hombre (varón) esté solo —dice Dios Yahvé—, voy a hacerle una ayuda semejante a él.» Efectivamente, ninguno de estos seres (animales) ofrece al hombre las condiciones que hagan posible existir en una relación de don recíproco.‘

Hay alguien, que el Padre nos ha entregado con especial cariño y que tiene especial importancia para nosotros, nuestro esposo (genérico).

El Señor dice en el Evangelio de hoy “He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste…” Cómo reconoce Cristo el don de la entrega de aquellos hombres y cómo todo un Dios centra su misión en ellos, en nosotros. Con esa delicadeza, con esa importancia, tenemos que considerar la entrega que Dios nos ha hecho con nuestro esposo. También nuestro matrimonio es tuyo, Señor y nuestros hijos…

“Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos.” Cuánto tenemos que rezar los esposos, el uno por el otro. Y cómo no debemos olvidar que te pertenece a ti, Señor.

Por último una demostración de la comunión entre el Padre y el Hijo, que nos puede servir de ejemplo en nuestra unión como esposos: “Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío”. Sí, esposo, esposa, todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío.

Oramos con el salmo: “Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que salva…”

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 16, 29-33

Vencedores o vencidos.

¿Creemos que por ser un matrimonio cristiano no vamos a tener dificultades? Quizás antes de casarnos sabíamos que las tendríamos, pues nadie está exento de ello, pero nunca pensábamos que iba a ser esto… probablemente me equivoqué casándome con mi esposo (genérico).

Dice Crisóstomo, ut supra: “Esto es, para que no me echéis de vuestro corazón, porque la adversidad no sólo os dispersará cuando yo seré aprehendido, sino que mientras estaréis en el mundo seréis atribulados y perseguidos…” ¿Qué pasará ante las dificultades si los esposos echamos a Cristo de nuestro corazón?

Todos los matrimonios cristianos creemos en Cristo, pero en medio de la tempestad de las realidades de la vida, de ese problema concreto ¿Creemos realmente que Él tiene poder sobre la materia, que puede andar sobre las aguas, que también tiene poder sobre mi problema?

¿Ahora creéis? ¿Qué es lo que crees? “Pues mirad: está para llegar la hora”, “Os he hablado de esto para que encontréis la paz en mí.”
La cruz, esposos. Este momento de dolor para vosotros, es vuestra hora. En la tribulación se hace posible la salvación y de esta hora nacerá vuestra verdadera alegría recibida de lo alto.

Seguimos con Crisóstomo, ut supra: “Esto es: levantad vuestro corazón, pues no es digno de que los discípulos desfallezcan, habiendo el maestro triunfado de sus enemigos. Y sigue: ‘Porque yo he vencido al mundo’.”

No olvides nunca amigo esposo, lo que hoy te dice Cristo en tu dificultad: ¡Ten valor, yo he vencido al mundo! ¡A tú mundo!

Todos los santos de la historia, encontraron la paz de Cristo después de la lucha. Todos confiaron en el Señor y en el momento oportuno les llegó su recompensa. La paz de Cristo a sus almas. Por ello, si tenemos a Cristo en nuestro corazón: adiós tristezas, adiós angustias, adiós soledad. Nada hay que temer porque Jesús está con nosotros.
Pero no lo olvides, primero hay que pasar por la hora.

Todo es posible con Él. Solo debemos ponernos en su sintonía, alineados con su Voluntad, que no es otra que la del Padre. Entonces Dios hará su obra, déjate fundir, no tengas miedo, es así como Dios esculpe las obras de arte.

Oramos con el salmo: “Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego… los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría.”

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mt 28,16-20

¿Cara o cruz?

Siempre nos ha parecido muy significativo en relación al matrimonio, que Jesús dijese que donde haya dos o más reunidos en su nombre, ahí estará Él en medio de ellos.
El matiz de la intencionalidad es importante. En Su nombre.

El corazón del hombre está herido. La pureza con que se miraban Adán y Eva antes del pecado se ha corrompido. Esto lo descubren los novios, después de un tiempo. Su visión del otro como alguien perfecto se desvanece y ambos descubren la fragilidad del amado. Es el momento de la madurez del amor, que consiste en amarle tal como es.

“El amor crea siempre espacio para el amado, llamando al amante a aceptar con alegría la novedad que el amado le trae. Y así el amor es capaz de hacerse pequeño, de humillarse para dejar sitio al amado, para hacerlo crecer.” (Llamados al amor). Dios se revela como amor, precisamente en la humildad del cuerpo.

Después de muchos años, hay puntos débiles en nuestra relación de esposos. Puede haber temas que cuando se tocan, suelen acabar en dolor, en un alejamiento mutuo. Sentirse incomprendidos por el esposo (genérico), decirse cosas que hieren, recordar situaciones del pasado en que sentimos traicionado nuestro amor, reabrir heridas…

Solo hay una solución: “aceptar con alegría la novedad del amado”. Cada día es una persona nueva, que va cambiando, luchando por encontrar la verdad. Al igual que Cristo es capaz de hacerse pequeño, de humillarse esperando nuestra conversión, así tenemos que ser capaces de humillarnos el uno por el otro. Él/Ella merece la pena. Su dignidad, merece la pena. ¿Le vas a hacer sufrir? (cara) o te vas a entregar (Cruz).

Sigamos intentándolo, unámonos en Su nombre para que Cristo esté en medio de nosotros. Él eligió cruz.

Oramos con el Salmo: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría.

Comentario del Evangelio para matrimonios: Jn 16,20-23a

Un día sin preguntas.

A lo largo de nuestra vida matrimonial, nos hacemos muchas preguntas sobre cómo hacer para conseguir… un montón de cosas, pero en definitiva, la alegría. También nos preguntamos por el motivo de nuestro sufrimiento.

Dice San Juan Pablo II que “El sufrimiento siempre es un breve paso hacia una alegría duradera (cf. Rm 8,18), y esta alegría se funda en la admirable fecundidad del dolor. En el designio divino todo dolor es dolor de parto; contribuye al nacimiento de una nueva humanidad. Por tanto, podemos afirmar que Cristo, al reconciliar al hombre con Dios mediante su sacrificio, lo ha reconciliado con el sufrimiento, porque ha hecho de él un testimonio de amor y un acto fecundo para la creación de un mundo mejor.” (Catequesis 27 de abril 1983)

El dolor y el sufrimiento son fecundos, y los podemos vivir con la “alegría” de que, uniéndolos al sacrificio de Cristo, pueden ser redentores, en especial si los ofrecemos por nuestro esposo o nuestra esposa. Ya lo dice San Pablo: «Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24).

El dolor no es agradable, y nadie disfruta mientras sufre. Como dice también S. Juan Pablo II: (Catequesis 7/3/84). Nosotros sufrimos porque perseguimos una alegría y una paz.

Este sufrimiento de entrega, da sus frutos ya aquí en la vida terrena, porque los esposos, aspiran a algo más grande que lo que les puede ofrecer este mundo: “Esta aspiración que nace del amor, …es una búsqueda de la belleza integral, de la pureza libre de toda mancha: es una búsqueda de perfección que contiene, diría, la síntesis de la belleza humana, belleza del alma y del cuerpo”.
(Catequesis del amor humano 6/6/84. S. Juan Pablo II)

Cuando alcancemos esa plenitud, y llegará el día, no haremos más preguntas.

María guardaba todas estas cosas en su corazón. Oramos en este mes de mayo a la Llena de gracia, para que nos haga experimentar la alegría de vivir el designio divino.
Salve… Reina y Madre…y después de este destierro muéstranos a Jesús… ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.