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La autoridad en el matrimonio. Comentario del Evangelio para Matrimonios Mateo 8, 28-34

EVANGELIO
Enseñaba con autoridad

san Marcos 1,21-28
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó:
«Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
«¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor.

La autoridad en el matrimonio.

“El hombre tiende a identificar autoridad con posesión, poder, dominio, éxito. Para Dios, en cambio, la autoridad significa servicio, humildad, amor; significa entrar en la lógica de Jesús que se inclina para lavar los pies de los discípulos, que busca el verdadero bien del hombre, que cura las heridas, que es capaz de un amor tan grande como para dar la vida, porque es Amor”. Benedicto XVI, 29 de enero de 2012.

¿Qué hacer cuando tu esposo (genérico) está furioso? Salir huyendo, evitándole…; buscar la autoridad humana imponiéndote para llevar la razón y dominar tú la situación en lugar de Dios… Si no expulsamos demonios, no actuamos en nombre de Cristo. Si no ayudamos a que el mal vaya saliendo de nuestro esposo para que entre el bien, no actuamos con la autoridad del Señor.
Cristo no va contra las personas, sino contra el demonio que las tienta y las domina. Decide salvar una vida, aunque aquellos que le acompañaban estaban atemorizados. Esa es su misión, salvar a aquellos que le fueron entregados por el Padre.

También nosotros tenemos la responsabilidad-misión de la salvación de nuestro esposo, ese maravilloso don que nos ha entregado el Padre. No debemos huir cuando más necesita de Dios, de su Amor, sino que debemos actuar en el nombre de Dios, como dones de Dios para él/ella que necesita una ayuda adecuada para su salvación. Hay que prestarle esa ayuda, (somos ministros de la gracia de Dios para nuestro esposo) que nos preguntará qué hicimos en Su nombre, cómo fuimos representantes de Su amor.

Cristo nos enseña a estar siempre disponibles ante el necesitado, así nosotros debemos amar a nuestro esposo ante todo interés personal o material, pues nuestro esposo vale mas que nuestros intereses. Tenemos la autoridad que Dios nos da, y no otra. Debemos amarle con la misma autoridad de Jesús.

El hombre, por el pecado, perdió la capacidad de verse como un don a sí mismo y a los demás. Cristo lleva a la plenitud esa revelación al entregarse a sí mismo por nosotros. También el Padre nos revela nuestra dignidad en Cristo, entregándonos a su Hijo único por el que todo lo ha hecho. No puede entregarnos nada más. Valemos lo que vale el amor de Dios por nosotros, y es enorme, inimaginable.

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Dormir sin miedo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 4, 35-41

EVANGELIO
¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-41
Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: -«Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: -«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: -«¡Silencio, cállate!»
El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: -«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: -« ¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! »

Palabra del Señor.

Dormir sin miedo.

Remar mar adentro y es una travesía, maravillosa. Casarse, es una travesía impresionantemente bella. Tiene días movidos y días de verdadera tempestad en los que podríamos decirle a Jesús ¿no te importa que nos hundamos?. La causa primera de todo conflicto es la semilla del pecado y la angustia, en medio del desorden de una vida desordenada.

Pero Jesús vence al mar, símbolo del caos. ¡En él actúa un poder creador! ¡el poder de la vida! ¡Es el Jesús vencedor! Si le seguimos, una vez terminada la primera travesía que te debate entre Dios y el mundo, puedes estar en el mundo sin ser del mundo. Ha sido tan intensa la huella que Dios te deja, que ya no se borra nunca. Ni color con un viaje inolvidable, es verdaderamente un nacimiento nuevo. Esa travesía te hace crecer en sabiduría y en gracia ante Dios y la gracia de Dios te transforma la vida, la mirada, el corazón, los pensamientos, las prioridades… Entonces si se puede decir: nadie ni nada me separará del amor de Dios.

Es todo un misterio que Jesús pudiese estar dormido en medio de tal tempestad. Tenía fe y no miedo. Vemos también la vida de muchos santos, que no tienen miedo a la muerte, o vemos a los apóstoles que salen sin miedo a predicar una y otra vez a pesar de las amenazas, de la cárcel, de los latigazos. Es la presencia del Espíritu la que da semejante paz. Hoy con este Evangelio se revela el misterio del Reino presente en el poder que Jesús ejerce a favor de nosotros los matrimonios que le seguimos.

No tenemos nada que temer con Jesús. Podemos dormir, porque confiamos plenamente en El, como Él dormía por la confianza en el Padre. Él tiene poder sobre la materia, sobre todo aquello que existe, no solo reina en el cielo.

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene, nada le falta.”

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Esposos ¿buenos o malos conductores de la Luz de Cristo?. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 4, 21-25

EVANGELIO
El candil se trae para ponerlo en el candelero. La medida que uséis la usarán con vosotros

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 21-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre:
-«¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz.
El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Les dijo también:
-«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces.
Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.»

Palabra del Señor.

Esposos ¿buenos o malos conductores de la Luz de Cristo?

Para que la Luz brille, que no esté escondida debajo del celemín (tras nosotros mismos) y vean las obras buenas que hace el Padre a través de nosotros, es necesario que antes de hablar o actuar, nos preguntemos qué haría o diría Cristo. Tomar conciencia de que actuamos en su nombre, según la hermenéutica del don de San Juan Pablo II que ya hemos visto en otras ocasiones.

Ser la Luz del mundo, la del Señor, es iluminar con la luz del Evangelio. Ser Luz y no lucirse. Cuando buscamos lucirnos, ¡nos lucimos bien lucidos!.
Cuando no lo buscamos, pero tampoco buscarnos al Señor, también el resultado es “oscuro”. Atención a esto que oímos, porque la medida que usemos, la usarán con nosotros y con creces: Si respondo a mi esposo/a de malas maneras, me contestará mal y si nuestros hijos nos oyen, también lo harán…

Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz y a la vez comunicar con nuestras palabras y obras esa misma luz a nuestro esposo/a cuando ande a oscuras, a nuestros hijos, al mundo. ¿Soy luz que ilumina a mi esposo/a con las cosas que hago o digo? ¿Manifiesto a Cristo o solo manifiesto mi yo?
¿Escucho a mi esposo/a, le perdono cuando me ha ofendido, le ayudo cuando lo necesita, empatizo en su dolor y en su alegría, me entrego etc…?

Pues si Dios me ha dado unos dones para darlos: alegría, servicio… Y si no los utilizo para entregarme, sino que me los quedo, o los escondo… con el tiempo desaparecen y nos dirán con tristeza: “Tú antes no eras así”. Si nos entregamos con la Luz que se nos ha sido dada, nos dirá: ¡qué feliz me haces!
Ser Luz, es transmitir alegría, un bien común.

Papa Juan Pablo II: “Familia, sé lo que eres” «si sois lo que debéis ser prenderéis fuego al mundo entero». Nosotros podríamos decir que si somos lo que debemos ser: Esposos, imagen del Esposo, irradiaremos al mundo entero la luz de Cristo Esposo. Como decían los obispos de la Subcomisión Familia y Vida el día de la Sagrada Familia: «El mismo «Cristo necesita familias para recordar al mundo la dignidad del amor humano y la belleza de la vida familiar»»

Pedimos para que cada hogar, esté ardiendo con el calor y la Luz que da el Espíritu Santo.

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Semillas para esposos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 4, 1-20

EVANGELIO
Salió el sembrador a sembrar

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago.
Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar:
-«Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»
Y añadió:
-«El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo:
-«A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que 6 1 por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen. «»
Y añadió:
-«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»

Palabra del Señor.

Semillas para esposos.

El Evangelio de hoy, es plenamente aplicable al matrimonio. San Juan Pablo II decía, que el matrimonio es la mejor manera de prepararnos para vivir el reino de los cielos.

¿Quiénes no viven el matrimonio?
1- los que no lo entienden. El maligno siembra otro modelo de matrimonio en su lugar, y se lleva la verdad.
2- los que se casan con mucha ilusión, pero no trabajan su entrega para construir una comunión. No perseveran en su vida conyugal y queda una relación triste, sin vida.
3- los que se dejan llevar por sus pasiones y sus emociones. Éstas ahogan el verdadero amor.

Por último están los que aprenden la verdad del matrimonio, la alimentan y luchan por vivirla. Éstos darán fruto. Mucho más de lo que esperaban recibir.
Éstos son los que se forman, oran juntos y practican lo aprendido.

Formación: Porque la unión hombre-mujer fue creada por Dios y Él nos revela la verdad del matrimonio, llevada a la plenitud en Jesús.
Oración juntos: Porque si no oramos juntos regularmente, nuestra vida espiritual y/o conyugal se va a parecer a las tres primeras partes de la parábola; la semilla que cae al borde del camino, en terreno pedregoso y entre abrojos.
Viven su vocación conyugal: El amor mediante la entrega en el día a día de los esposos, aplicando lo aprendido. Si no hay frutos, no es real, y perdemos toda la riqueza que Dios nos muestra. Si vamos avanzando, Dios nos irá abriendo nuevos horizontes en nuestra vocación conyugal, cada vez más bellos.

Hagamos uso de la gracia que hemos recibido en nuestro sacramento, que nos da la fuerza para hacerlo realidad.

Bellísimo camino el de los esposos. Toda una tierra buena donde sembrar amor, donde sembrar una familia.

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Convertir el matrimonio en buena noticia. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1, 14-20

EVANGELIO
Convertíos y creed en el Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo:
-«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Palabra del Señor.

Convertir el matrimonio en buena noticia.

“Convertíos y creed en el Evangelio” Son las palabras de Jesús.

Ya sabemos que Evangelio significa “buena noticia”. Si en nuestro matrimonio no hay alegría es porque no estamos viviendo el Evangelio. No estamos viviendo aquello para lo que hemos sido creados. Tenemos la opción de aplicarlo o no a nuestra vida, pero de lo que no tenemos opción es de impedir las consecuencias, buenas o malas. El matrimonio y la familia son una buena noticia y todo el Evangelio es aplicable en nuestro “metro cuadrado” como nos decía un sacerdote esta mañana.

Dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium, “invito a cada cristiano… a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo”.

Tenemos que recuperar la verdad, la esencia de la que parte el resto de nuestra vida. Si no recuperamos la esencia de nuestra vocación, no viviremos la alegría. Tenemos que reconocer, que si no somos buenos esposos, no seremos buenos cristianos, ni buenos padres, ni buenos trabajadores, ni buenos amigos… Si no sentamos las bases de nuestra vida sobre aquella misión a la que Dios nos llama, ese metro cuadrado en el que tenemos que ser verdaderos cristianos ante todo, el resto de aspectos de nuestra existencia se tambalearán o no se vivirán con la intensidad que podríamos vivirlos, o si nos centramos demasiado en ellos, se convertirán en apegos en los que pondremos nuestras ilusiones para algún día desilusionarnos por haber equivocado el rumbo. Y desde luego, no transmitiremos alegría.

Pero el paso previo es convertirse: Es necesario estar abiertos a cambiar nuestra manera de pensar y de actuar. Seguir las pautas del Evangelio, las Bienaventuranzas (esas 8 aparentes “locuras” de Cristo, felices los pobres, los perseguidos, los que tienen hambre…) Cambiar nuestras prioridades. Los apóstoles dejan su trabajo para seguirle ¡qué locura!. San Juan Pablo II decía en el inicio de su pontificado «no tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo».

Tenemos que convertirnos y estar dispuestos a equivocarnos por amor. Que en nuestro matrimonio no gobierne la razón, sino la única Verdad: El amor del Padre y el Hijo: «Hago siempre lo que le agrada», «no hago nada por mí», «que no se haga mi voluntad, sino la tuya», «ella/él está en mí y yo en ella/él», «te doy gracias porque así lo has querido, así te ha parecido bien»…

Para que esto sea una realidad, es necesario dejar mucho de mí (criterios, apetencias, planes) y seguir a Jesús. Se acerca la hora de la cruz. El grano de trigo cae en tierra y muere. De ahí nacen los frutos. Qué hermosa locura, la conversión diaria al Evangelio y qué plenitud.

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres” le dice Jesús a los apóstoles. “Venid conmigo y os haré buenos esposos” nos dice hoy a nosotros. Dejadlo todo y seguidme, dejadlo todo y entregaos mutuamente. Si lo hacemos, encontraremos la alegría del Evangelio. Como dice el Papa, “Al que arriesga, Dios no le defrauda”.

Oramos por el sínodo de la familia:
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