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¿Y la estatua de la Responsabilidad? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 21, 28-32

¿Y la estatua de la Responsabilidad?

Tenemos la libertad para elegir nuestra vocación. Elegimos libremente la entrega conyugal a nuestro/a esposo/a. Quizás al casarnos dijimos sí, pero ahora no estamos dispuestos a entregarnos a nuestro/a esposo/a como lo hace Cristo.
Podemos tomar decisiones libres a partir del momento en que somos personas responsables. Por tanto, la libertad conlleva la responsabilidad.

James Newman hace 40 años propuso a su colega, el Dr. Viktor E. Frankl, edificar la Estatua de la Responsabilidad en la parte este de Estados Unidos para complementar la Estatua de la Libertad de la costa oeste en Nueva York.

CEC 1736 “Todo acto directamente querido, es imputable a su autor”
El Señor pregunta a Adán tras el pecado en el paraíso “¿Qué has hecho?” Tanto Adán como Eva intentan negar su responsabilidad en el acto. Pero Yahvé se dirige a cada uno por separado, remarcando su responsabilidad. Lo mismo ocurre en el caso de Caín. Después de asesinar a su hermano, Dios le pregunta ¿Qué has hecho? Y Caín responde ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?. Y ante la falta de autoacusación, Yahvé después desenmascara su pecado.

Tenemos tendencia a no responsabilizarnos de las elecciones que tomamos ni de nuestros actos, culpabilizando a otro o a las circunstancias… Nos atrae la libertad, pero no hacemos monumentos a la responsabilidad. Algunos incluso pretenden recurrir al derecho a la libertad para eludir la responsabilidad ante las consecuencias de un acto realizado libremente (Aborto, divorcio…)
San Ambrosio nos aconseja: «El demonio tiene preparado el proceso de todos tus pecados para acusarte de ellos en el tribunal de Dios. Si quieres evitar esta acusación toma la delantera a tu acusador, acúsate a ti mismo ante un confesor, y no habrá entonces ninguno que te acuse» (S. Ambr. lib. 2 de Pænitent. cap. 2). También dice San Agustín; «el que no se acusa en la confesión, tiene oculto su pecado y cierra la puerta al perdón de Dios» (Hom. XII, 50).

Jesús habla de que llevan la delantera en el camino del reino de Dios aquellos que, siendo pecadores y aunque hayan caído muy bajo, recapacitan y creen. No importa lo que hayamos hecho hasta ahora, lo importante es recapacitar y creer. El que se excusa, es que no ha recapacitado.

¿Me excuso ante mi esposo/a?

Además, Santa Teresa dice que el no excusarse ayuda al camino de la humildad. Debemos estar cerca del que fue despojado de su rango, de su nombre y de sus vestidos (cfr. Flp 2, 7), del que fue juzgado en lugar de nosotros, reputado como malhechor, embaucador, endemoniado.

El corazón engreído de los esposos necesita recapacitar para convertirse y creer en un Dios que por Amor, se hace vulnerable.

Oramos hoy con la segunda lectura en la que el Esposo se somete por amor: Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

La admirada admiración. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 9, 43b-45

La admirada admiración.

Jesús se presenta a sí mismo como el Hijo del Hombre. Porque lo que viene es a humanizar al hombre. Nos invita a ser como Él, más humanos.

(Notas tomadas del comentario del Evangelio de P. David Caja www.reinadelapaz.tv)
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Jesús tiene muy claro que no tiene que triunfar según los criterios de este mundo. Tiene que triunfar por el poder de Dios.
Nosotros tendemos a creer que la forma de extender el Reino de los Cielos en este mundo es a base de conseguir la admiración general. Este deseo nos produce demasiados problemas. Nos fijamos demasiado en las cifras: ¿Cuánta gente nos sigue? ¿Cuánta gente va? Parece que lo está haciendo mejor el que consigue mejores cifras. Cuánto nos pierde la búsqueda de que hablen bien de nosotros, de no ser tachados de exagerados, de beatos, de piadosos.

Cuánto nos pierde la tentación de mundanizar nuestra vida personal y familiar para tener una buena crítica de los demás. Con esta mundanización perdemos los criterios evangélicos, los criterios de Jesús. Jesús dice “Ay de vosotros cuando todos hablen bien de vosotros.” (Lc 6,26)
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Buscaban a un dios espectacular, admirablemente poderoso, y se encuentran con un “Rey” manso y humilde, plenamente hombre, que viene a servir y no a ser servido y que debe entregar su vida.

No entendemos a Jesús. No entendemos sus caminos, y sin embargo, Él es el perfecto hombre. Él es el perfecto Esposo.

Siempre existirá el peligro de mundanizar nuestro corazón. La pregunta ahora es ¿Qué mundaniza nuestro matrimonio y nuestra familia? Por ejemplo, el ansia de dominar en nuestro matrimonio. ¿Quién no ha tenido la tentación de reclamarle más trabajo a su esposo/a? O por ejemplo, el interés por la educación de nuestros hijos en relación a los idiomas, deportes, cultura y el desinterés por reservar tiempo para su educación en la fe o para orar con ellos.

¿Quién no ha tenido la tentación de que le admiren? ¿Y de que admiren a nuestros hijos? Pues esta es la reacción de Jesús frente a la admiración: “-«Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»” Haciendo referencia al momento más “bajo” de su vida en la tierra.

Metámonos bien en la cabeza que el único Santo, tres veces Santo, es Él, nuestro Señor. Él se educó en Nazaret, bajo la tutela de una Madre sencilla: “Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio… Una lección de silencio ante todo. Que nazca en nosotros la estima del silencio, esta condición del espíritu admirable e inestimable… Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable… Una lección de trabajo. Nazaret, oh casa del «Hijo del Carpintero»… (Pablo VI, discurso 5 enero 1964 en Nazaret).

Tomemos nota, y no mundanicemos nuestra familia.

Oramos con el Salmo: Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato.

Matrimonios en gracia o en des-gracia. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 24, 42-51

Matrimonios en gracia o en des-gracia.

¿Estamos preparados para la misión que Dios nos ha encomendado? En el Evangelio de hoy Jesús habla del criado fiel al que el amo ha encargado que sirva la comida a sus compañeros. En nuestro caso, el encargo recibido es el del matrimonio y la familia.
Para ello Jesús nos habla de estar preparados ¿Qué clase de preparación? Ser fiel y vivir en gracia o vivir en des-gracia

Utilizaremos la imagen escatológica (del final de los tiempos) en la que vuelve el Esposo (Cristo) y le recibe su Esposa (La Iglesia) que está preparada para acogerle. No se trata de una imagen simbólica, sino la manera de culminar la alianza con Dios en la carne.

Trasladamos esta acogida a Cristo a nuestra acogida al esposo/a: ¿Estamos preparados para recibirle?. Más aún, ¿Nos preparamos? ¿Damos la importancia a ese encuentro con nuestro esposo (en genérico) como si fuera Cristo mismo quien va a venir a nosotros?. Nos preguntamos hoy si estamos trabajando la complementariedad de esos dos mundos, la masculinidad y la feminidad para hacerlos uno; si nos estamos conociendo cada día más, si nos estamos ayudando en la fe para llegar a Dios, si nos complementamos como padre y madre en la educación… En la medida en que estemos preparados para la venida del esposo/a, lo estaremos para Cristo. Según le acojamos, según le tratemos, con la dignidad que le corresponde, estaremos preparándonos para la venida de nuestro “Amo”.

Hoy Jesús nos pregunta: ¿Dónde hay un esposo fiel y cuidadoso, a quien Dios le encargó la tarea de ser semejantes a Él en nuestra relación de comunión? ¿un matrimonio que vive en gracia? Un matrimonio agradecido consciente de que todo lo recibe del Padre y que se mantiene firme en Él, un matrimonio fiel a su cita con aquel que sabemos nos Ama, que se prepara cada día con actos de amor, un matrimonio trasmisor de la fe para los hijos…
Pues dichoso el esposo, el matrimonio si el Señor lo encuentra portándose así.

Pero si el matrimonio piensa que Dios está lejos, que tarda en llegar… y vive como tal, entre comidas de amigos, comodidades, autocomplacencias… a la hora que menos se lo espere descubrirá que su matrimonio es una des-gracia viviendo el llanto y rechinar de dientes. Rezamos por ellos para que reaccionen hoy, antes de que sea tarde, antes de la venida de Cristo.

Oramos con el Salmo: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Las tres llaves de la libertad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 16, 24-28

Las tres llaves de la libertad.

Cuando somos víctimas de una injusticia en nuestro matrimonio, sentimos la imperiosa necesidad de reclamar justicia, defendernos, explicarnos, lavar nuestra imagen. Ej. “Hay que ver que no piensas nada en mí.” ¿Quién calla después de una sentencia así?

Cristo nos dice que nos neguemos a nosotros mismos, cojamos su cruz y le sigamos. La cruz en la época de Jesús era algo denigrante. Se imponía a los bandidos y a los marginados. Tomar la cruz y aceptarla detrás de Jesús, era lo mismo que aceptar ser marginado por un sistema injusto. Cada vez por ejemplo que el esposo (o esposa) toma una decisión sin preguntar nuestra opinión… o que actúa en contra de mis decisiones…

Lo que Jesús dice en esta frase es el resumen de lo que significa ser cristiano:

Lo primero que propone Cristo es negarse a sí mismo. ¿Por qué? Tenemos una casi incontrolable tendencia al egoísmo, a la vanidad y al orgullo. Estos desórdenes nos aprisionan y nos quitan la libertad. Nos hacen actuar como no queremos y aunque inicialmente parece que producen cierta satisfacción, nos provocan infelicidad y falta de paz. No llegarás muy lejos ni en las cosas de los hombres, ni en las cosas de Dios, si haces de tu propio juicio el pedestal sobre el que asentar tu propio monumento. Ese “pues yo pienso que deberías…” no puede ser nuestro becerro de oro, un pedestal que impide la comunión conyugal. Por lo tanto, lo primero es luchar día a día para negarnos en estas tendencias para ser más libres y gozar de la común unión con Cristo. Seguramente tendré mucho que aprender de lo que piensas tú y de lo que piensa Él.

Lo segundo, es que tomemos la cruz. Veamos qué dice el catecismo en relación a esto:

618 “La Cruz es el único sacrificio de Cristo … Él quiere en efecto asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios …”

Nos quiere hacer partícipes de Su redención. El que no coja su cruz también va a sufrir: Vamos que, aguantar al esposo (genérico) cuando está insoportable, no nos lo quita nadie. En cambio, si no lo vivimos como la cruz de Cristo lo sufriremos más, porque no vivimos una esperanza sino una resignación, y si nos enfrentamos a él/ella padeceremos el vacío de un mundo que no satisface. En la cruz se sufre, pero ese sufrimiento tiene sentido, Cristo comparte con nosotros la oportunidad de que nuestro sacrificio sea redentor, sea por amor. La cruz aunque parezca contradictorio es camino hacia la Vida, por este camino se obtiene la gloria del Padre, en la que cada uno participará según lo realizado en esta vida.

Por último, seguirle. Entre las cosas que más nos enamoran de Cristo, está su deseo de agradar siempre al Padre, viviendo sólo para hacer su voluntad. Actuemos así con nuestro/a esposo/a a imitación de Cristo.

Oramos con el Salmo: Pero ahora mirad: yo soy yo, y no hay otro fuera de mí; yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo.

Admírate de lo que Jesús hace con tu amor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 14, 13-21

Admírate de lo que Jesús hace con tu amor.

“Viendo a la gente, le dio lástima”. Hoy Cristo mira a mi esposo (en genérico) y le da lástima, porque lo ve necesitado.

Hace un par de días, vimos cómo en el Catecismo habla de que los esposos hemos sido creados el uno PARA el otro como un AUXILIO en representación del auxilio que es Dios para nosotros. Otras veces hemos dado gracias a Dios por los dones que nos da a través de nuestro esposo.

Hoy en el Evangelio, Cristo nos dice a cada uno expresa y personalmente: – Dale de comer, porque tu esposo tiene un hambre que solamente a través de ti se puede saciar -. Es la llamada específica a ejercer nuestra vocación al amor conyugal. A Jesús le basta una pizca de disponibilidad y generosidad para transformar nuestro matrimonio: mis 5 panes y 2 peces al servicio de mi esposo. Es poco, ya lo sabemos.

Pero el Señor sigue hablando y le pide a mi esposo que se recueste y se prepare para saciarse de aquello que necesita. A mí me pide todo lo que tengo y todo lo que soy para entregárselo. Si damos a nuestro esposo lo que tenemos, no será suficiente, tiene sed de un amor infinito. Tenemos que ofrecérselo primero a Jesús y Él lo transformará y hará el milagro de la sobreabundancia. Aunque quede poco amor, aunque esté herido y maltrecho, dáselo a Jesús y Él lo multiplicará hasta que sobren 12 cestos llenos.

Levantemos los ojos al Padre con Cristo, bendigámosle con Él y pongamos nuestra confianza en la sobreabundancia con la que Dios responde.

No olvidemos lo que nos ama. Siente lástima por los que le necesitamos.

Oramos con el Salmo: Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores… cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.