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Revivir el primer amor de la creación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 3, 7-12

EVANGELIO
Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijos de Dios”, pero él les prohibía que los diesen a conocer.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando:
«Tú eres el Hijo de Dios.»
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer

Palabra del Señor.

Revivir el primer amor de la creación.

La mayoría intentamos encontrar la manera de amar, siendo comprensivos. Podría ser un concepto universal de entender el amor. Unos lo intentan resolver aceptando como bueno cualquier cosa y otros, como San Juan Pablo II van a la raíz de la antropología, a la creación, a la esencia de Dios, para comprender la verdad. El Demonio, conoce esta verdad, y por ello intenta ocultarla.

Las consecuencias del amor comprensivo que aplican unos y otro, no son las mismas. San Juan Pablo II nos lleva al verdadero amor, el amor no busca ser «liberado» del sacrificio que implica el propio amor, sólo busca el bien de su amado y de aquí nace la alegría de la entrega.

Hoy vemos a Jesús que encarga a sus discípulos tener preparada una lancha, no fuera a estrujarle el gentío. Este gentío no busca escuchar a Jesús, ni espera conocer su anuncio del Reino de Dios. En principio, por lo que plantea el Evangelio, buscan sus propios intereses, dejar de sufrir. El egoísmo, acaba llevando a actuar con cierta violencia (se le echaban encima).

Sin embargo, cuando la persona busca el amor, no actúa con violencia y ruido, sino observante, con respeto a quien ama…
En lo que se refiere al matrimonio, San Juan Pablo II se remite al amor de la primera unión del hombre y la mujer. Lleva este momento a nuestra vida y nos descubre que en cada acto conyugal, hombre y mujer volvemos a vivir de alguna manera ese momento bellísimo de la creación, en el que el hombre experimenta que es carne de la carne de la mujer y hueso de sus huesos, al igual que la mujer hacia el hombre. Y que por eso, deja el hombre a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y forman una sola carne.

Qué maravilla vivir ese momento ante la tierna mirada del Padre. Una elección que implica la entrega total, porque no hay otra forma de vivir la extraordinaria belleza de la creación del amor hombre-mujer.

Bendito seas Padre y creador de todo que nos has hecho partícipes de tal belleza, a Tu imagen.

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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Leyes que liberan. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 3, 1-6

EVANGELIO
¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre?

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo.
Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis:
-«Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó:
-«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre:
-«Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Palabra del Señor.

Leyes que liberan.

Olvidamos a las personas y priorizamos nuestras “leyes”. Como consecuencia nuestro matrimonio enferma. Aparecen incomprensiones que nos llevan a temas tabú que, o nos destrozan o es mejor evitarlos. Aparecen miradas oscuras hacia el otro… llegando incluso a estorbarnos. «si pudiera planear un modo de quitármelo de en medio». ¡Nuestro esposo/a, la persona sagrada que Dios ha puesto en nuestro camino para nuestra santidad, salvación, felicidad… Llega a ser un estorbo, incluso nos puede estorbar para poder cometer nuestro pecado tranquilos, sin reproches, ni correcciones…

La obstinación o dureza de corazón, es lo que le provoca dolor a Cristo. Es obvio que el amor es más importante que las normas, pero nos empeñamos muchas veces en no entenderlo. Tantas como discusiones se provocan entre los esposos: anteponer el orden a la comunión, la razón, un deseo, una tradición… Es el motivo por el cual la puerta del corazón se cierra imposibilitando acoger el amor. Es tan destructivo que incluso despierta la santa ira de Dios.

También hoy Jesús nos llama para curarnos. Porque las leyes de Dios, no oprimen, sino que liberan. Cristo no vino a condenar, sino a salvar. La leyes de Dios sirven para salvar, para liberar, para hacernos libres. Son las leyes del Amor.

San Juan Pablo II, en la catequesis del 27 oct 1982, dice que «la redención del cuerpo» es un manantial permanente de esperanza de que la creación será «liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (ib. 8, 21). Las palabras de Cristo, “serán una sola carne” pronunciadas desde la profundidad divina del misterio de la redención, “llevan en sí el fermento de esta esperanza: les abren la perspectiva tanto en la dimensión escatológica, como en la dimensión de la vida cotidiana”.

Dios nos ha redimido, y nos ha dejado la ley fundamental, la de ser una sola carne, liberándonos de nuestros instintos, caprichos, egoísmos, pasiones… concupiscencia… para poder hacernos uno, ¡también en la vida cotidiana!. Es entonces cuando comunicamos la gloria que Dios nos transmite.

Oramos por el sínodo de la familia:
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Tiempo para amar. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 2, 23-28

EVANGELIO
El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28
Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron:
-«Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les respondió:
-« ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»
Y añadió:
-«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»

Palabra del Señor.

Tiempo para amar.

El Sábado (Después de Cristo, el domingo) es símbolo de la Alianza de amor entre Dios y el hombre, es un tiempo para Dios. La creación está pensada, justamente, como un espacio para la Alianza, como el lugar de encuentro entre Dios y el hombre: ese pasear al atardecer con Dios del principio que leemos en el Génesis.

¿No habéis leído lo que hicieron los matrimonios santos cuando se vieron faltos y con hambre? Podía faltarles comunicación, cariño, sanación de sus heridas, reducir distancias… Los matrimonios santos tuvieron caídas, pero tenían un hambre enorme del Amor de Dios… acudían a Él hallando descanso en su Corazón, mientras el Señor unía sus corazones en uno. Qué hermoso tener un día para descansar en Dios.

¡Qué hermoso es salir en familia al campo, la naturaleza y disfrutar en medio de la belleza de la creación de Dios, hablar entre nosotros de Dios y con Él!.

El tiempo es también una hermosura de la creación. Es importante interpretarlo como un don del Padre, para llegar a Él. Quizás así, descubramos que en realidad, no nos falta tiempo, sino que lo usamos de forma inadecuada. Dios Padre desde la creación, instituyó el «día de descanso» como parte de ese tiempo, porque Él es también dueño del descanso y lo ha querido compartir con nosotros para darnos el verdadero descanso, la paz del alma, su Amor… A Él mismo. Es por ello que de manera especial, el domingo (el «Día del Señor» -Dominus-) se nos ofrece en alimento en el gran banquete Eucarístico, Jesús mismo. Así que: ¡Esposos paseemos con Dios juntos el domingo, acudamos juntos al Banquete que nos sacia, a la oración que nos da la Luz que nos falta.

Celebrar el domingo significa volver al principio, a ese paseo con Dios, limpiar todo lo adulterado y volver a tomar conciencia de lo verdaderamente importante. Porque cuando el hombre se niega al «ocio por Dios» (esto es, a la adoración), entonces entra en la esclavitud del “negocio”. Por eso es bueno dejar ese día la limpieza, el orden y las mil cosas que tenemos. Que recuperemos el control de nuestra vida para darle prioridad a nuestra comunión con Dios, entre los esposos y en la familia.

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El matrimonio que se hace nuevo cada día. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 2, 18-22

EVANGELIO
El esposo está con ellos

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
-«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó:
-«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.
Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día si que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos. »

Palabra del Señor.

El matrimonio que se hace nuevo cada día.

Muchas veces queremos que las cosas cambien, y si seguimos a Cristo, esos cambios se producen. Sin embargo podemos resistirnos a que sean definitivos, básicamente por dos motivos.
El primero es referido a uno mismo: La tibieza del corazón, hace que la conversión no llegue a producirse del todo, y se camina entre dos aguas. El segundo motivo está más referido a la actitud del otro: Puede ser que nos aferremos al mal de su pasado, y no reconozcamos que ha cambiado, presuponiendo que va a actuar o a pensar como actuaba y/o pensaba antes.

“A vino nuevo, odres nuevos”. No podemos mezclar pasado con presente, porque podemos hacernos daño o hacer daño. El vino nuevo reventará los odres viejos. El perdón es importante, tanto a uno mismo como al esposo/a porque nos permite reconocer un cambio en nosotros mismos o en nuestros esposos. El perdón permite que la conversión sea completa. Poco a poco, si Le seguimos, Cristo puede ir convirtiéndonos en Él. Esto que reconocemos por la fe, puede ser una realidad en nuestro/a esposo/a, y por la fe, tenemos que entender que mi esposo/a ya no es el que era. Cristo lo hace todo nuevo.

La conversión en la mayoría de los casos va siendo gradual, por tanto, es necesario que pasemos página día a día sobre el pasado de nuestro/a esposo. Que nos perdonemos mutuamente todos los días y nos demos la oportunidad mutuamente de ser odres nuevos capaces de contener el nuevo vino que nos sirve nuestro Señor.

Veíamos en la catequesis de San Juan Pablo II del 16 de enero de 1980, que uno se conoce a sí mismo en el don de sí. A medida que los esposos van consiguiendo entregarse con la gracia de Dios y el autodominio, “libres de la libertad del don”, como lo expresa el Papa, nos vamos construyendo como personas y nos alejamos de la “animalia”, porque “persona” es la que existe para donarse. Paralelamente, veíamos en esta catequesis, que el hombre es el único ser al que Dios ama por sí mismo. Dios ama a nuestro/a esposa por sí mismo/a. Ha sido elegido para mí, tal como es, por el Amor Eterno. Y si Dios le ama así completamente, no puedo enterrarle yo bajo una mirada que le hunde y le desprecia o como mínimo, rebaja su valía. “La afirmación de la persona no es otra cosa que la acogida del don”. En definitiva, nos hacemos personas en el don de sí y la acogida mutua, es decir, en la comunión de personas.

Construyámonos juntos como personas, reconozcamos este crecimiento y cerremos el capítulo del pasado. No miremos para atrás como la mujer de Lot que quedó convertida en estatua de sal. Todos somos Proyectos de Amor de Dios, porque Dios ha querido que participemos con Él en la construcción del Reino, de Su plan. También de la catequesis: La ‘perspectiva «histórica» se construirá de modo diverso del «principio» beatificante (después del pecado original)’. Incluso Cristo “aunque era Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer” como dice la primera lectura (Hebreos 5,8). Que en el pasado fuese o fueses peor, no es una mala noticia, sino buena. Un anticipo de la gloria eterna. Una esperanza y una muestra de que Cristo nos acompaña.

Nuestro matrimonio es un Proyecto de Amor Conyugal de Dios para nosotros, que se construye siendo perseverantes en la
– formación sobre el matrimonio (apoyados en la Iglesia),
– la oración juntos/los sacramentos, y
– el amor de comunión (entrega y acogida mutua).

Perseverad en estos tres pilares y preparaos para cerrar muchos capítulos del pasado y disfrutar del vino nuevo. El mejor, para el final.

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Esposos que se ayudan a salvarse. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 1, 35-42

EVANGELIO
Vieron dónde vivía y se quedaron con él

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
_ «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
– «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
– «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
– «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
– «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
– «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor.

Esposos que se ayudan a salvarse.

Jesús convence en la convivencia de su hogar. El cristiano debe convencer en su casa. Es nuestro/a esposo/a quien debe confirmarnos que estamos siendo fieles al Evangelio. Son nuestros hijos los que deben ir por ahí diciendo que les gustaría tener un matrimonio como el nuestro, o deseando seguir nuestros pasos porque nuestra vida realmente les convence.

A nosotros por nuestra parte, llegado el momento, nos toca decirles como Juan. No es a nosotros a quien tenéis que seguir, sino a Jesús, que es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Nosotros no somos el camino, sino testigos del que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Un día le seguimos, se dio la vuelta y nos preguntó ¿Qué buscáis?. ¿Dónde vives?, respondimos. Buscamos esa morada Tuya en la que el Padre y Tú sois uno. Jesús nos llevó a percibir pequeñas pinceladas de lo que es su hogar, su unión Trinitaria, y nos decidimos a seguirle. Él a través de San Juan Pablo II se nos ha revelado como el Esposo y nos muestra el camino a la santidad según nuestra vocación:

– Ese don de sí al Padre por medio de la obediencia hasta la muerte (cf. Flp Ph 2,8), es al mismo tiempo, según la Carta a los Efesios, un «entregarse a sí mismo por la Iglesia». En esta expresión, diría que el amor redentor se transforma en amor nupcial: Cristo, al entregarse a sí mismo por la Iglesia, con el mismo acto redentor se ha unido de una vez para siempre con ella, como el esposo con la esposa, como el marido con la mujer, entregándose a través de todo lo que, de una vez para siempre, está incluido en ese su «darse a sí mismo» por la Iglesia. De este modo, el misterio de la redención del cuerpo lleva en sí, de alguna manera, el misterio «de las bodas del Cordero» (San Juan Pablo II Catequesis 18 agosto 1982). –

De esta manera Cristo nos abre el camino de ser colaboradores de la redención de nuestro/a esposo/a, con nuestra obediencia al Padre y nuestra entrega en el matrimonio.

Oramos por el sínodo de la familia:
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