RETIRO MATRIMONIOS (CON NIÑOS) BUENOS AIRES 25  – 27 SEPTIEMBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS (CON NIÑOS) BUENOS AIRES 25  – 27 SEPTIEMBRE 2026

¿Hago lo que digo? Comentario para matrimonios: Mateo 23, 1-12

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque Uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

¿Hago lo que digo?

El Señor en este evangelio nos corrige, nos llama la atención en tres aspectos. La primera sobre la incoherencia entre lo que decimos y hacemos. Cuidado con exigir a nuestro cónyuge más que a uno mismo, por el hecho de ser el que traigo el dinero a casa, o porque tengo mejor trabajo, o porque tengo más don de palabra… Nuestro ejemplo llena de coherencia nuestras palabras. La mejor aportación que un cónyuge y un padre puede dar a su esposo, a su hijo es su propia conversión, porque las palabras como mucho convencen, pero el ejemplo arrastra. La segunda corrección, es sobre la vanidad. ¿Por qué hago las cosas que hago?, ¿por qué quiero ser pastorcillo de catequesis?, ¿o coordinar un retiro?, ¿o conducir un retiro? Si es por obtener un reconocimiento, cuidado porque nos estaríamos convirtiendo en un fin y no en un medio del Señor para los demás. Y como tercera corrección se refiere a que no caigamos en la insensibilidad, ante los dones recibidos de Dios. No nos dejemos llamar maestros, porque sólo Dios es el Maestro. Nosotros somos instrumentos de Él. Somos lo que somos por delegación de Dios. Al final del pasaje nos muestra el camino, la humildad, como luz para superar nuestro fariseísmo.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Lucía: Juan, me he dado cuenta de algo… Nos encanta ir a retiros, compartir nuestro testimonio y que nos vean como un matrimonio comprometido, pero cuando llegamos a casa seguimos cayendo en las mismas actitudes.
Juan: Sí, cariño. A veces nos preocupa más parecer un matrimonio ejemplar que dejar que Dios transforme de verdad nuestro corazón.
Lucía: Jesús hoy nos dice: «Todo lo hacen para que les vea la gente». Quizá buscamos más el reconocimiento que nuestra unión con Cristo.
Juan: Y hasta podemos exigir a otros matrimonios lo que nosotros todavía no vivimos, cargándolos con fardos que ni nosotros queremos llevar.
Lucía: Juan, todo lo que hemos recibido en los retiros debería ayudarnos a amarnos más, no a alimentar nuestra imagen.
Juan: Entonces, nuestro verdadero retiro empieza aquí, cuando volvemos a casa y elegimos escucharnos, perdonarnos, renunciar y servirnos.
Lucía: Tienes razón, Juan. No quiero que nos admiren, sino que, en nuestras fragilidades, puedan descubrir que Cristo está transformando nuestro matrimonio.
Juan: Y yo tampoco, cariño. Porque la verdadera grandeza no está en que nos vean, sino en que Jesús pueda verse en nuestra manera de amarnos.

Madre,

Enséñanos a ser humildes como Tú para que Dios crezca en nuestro corazón. Bendito y alabado seas por siempre Señor.

 

 

Lo primero, amar. Comentario para matrimonios: Mateo 22, 34-40

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

Lo primero, amar.

Cómo dice San Juan de la Cruz: «al atardecer de la vida me examinarán del Amor…»
Y por mucho que hagamos, ya sea en el trabajo, con mis compañeros, con los amigos, en la parroquia, en nuestra casa, en mi matrimonio, en mi familia… Si no lo hago con Amor, es un acto hueco, que queda vacío.
Hoy en el Evangelio el Señor nos llama a hacerlo todo con Él y en Él, es decir, con Amor.
Y más aún, a hacerlo con Él en ofrenda al Padre. Este es el modo en que cada acto que hagamos cobrará sentido y no quedará hueco, sino lleno, nos hará vivir en plenitud. Dice el Señor: Esta es la voluntad del Padre, que os améis unos a otros como yo os he amado.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Monica: Me paso el día planchando, recogiendo, lavando,
Javi: Ya, qué buena eres conmigo y con los niños…
Mónica: Pero me he dado cuenta que además me paso el día quejándome de ello, y que no lo hago con Amor…
Javier: Pero es normal, yo puedo hace poco en la casa y tú estás encargándote de mucho.
Mónica: Ya, pero Javi, ¿de qué me sirve hacer tanto si no lo hago con Amor y por Amor?
Javier: Jo Mónica, pues llevas razón, no lo había pensado así. Desde que empezamos el itinerario de Proyecto Amor Conyugal profundizas mucho en todo y le das un sentido distinto ¡que me encanta!
Mónica: El Señor es el que me ha ido cambiando para ver con su mirada y querer actuar con Amor en todo.

Madre,

Ayúdanos a hacer todo contigo para de verdad poner en todo Amor. ¡Bendito sea el Señor!

Invitados al banquete. Comentario para matrimonios: Mateo 22, 1-14

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Invitados al banquete.

El matrimonio es una invitación diaria a participar en el banquete del Amor. Como los primeros invitados, también nosotros podemos dejar que las ocupaciones, las prisas o las preocupaciones ocupen el lugar de nuestra relación y de Dios. Sin darnos cuenta, podemos ir posponiendo esos momentos que alimentan nuestra comunión.
El Señor nunca deja de invitarnos. Su llamada es constante y gratuita, pero espera una respuesta. El “traje de fiesta” no es otra cosa que un corazón dispuesto a amar, a perdonar, a servir y a dejarse transformar por Él. No basta con estar casados; es necesario revestirse cada día del amor de Cristo para vivir la vocación matrimonial con alegría. El matrimonio no es un punto de llegada, sino un camino hacia el Cielo. Hoy podemos preguntarnos: ¿qué está ocupando el lugar del banquete en nuestra vida? ¿Estoy cuidando el “traje” de mi matrimonio con detalles de entrega, oración y ternura? El Señor sigue diciendo: “Todo está preparado. Venid a la boda”. No dejemos pasar su invitación.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María: Carlos, siento que últimamente vivimos juntos, pero estamos cada vez menos unidos.
Carlos: ¿Por el trabajo y los niños?
María: Sí. Siempre estamos ocupados. Y cuando tenemos un momento, estamos con el móvil o pensando en otras cosas.
Carlos: Es verdad. Siempre decimos: “Cuando tengamos tiempo, estaremos juntos”.
María: Hoy, al escuchar el Evangelio del banquete de bodas, pensé en nosotros. Los invitados tenían otras cosas que hacer y dejaron pasar la invitación. Nosotros también podemos hacerlo: no rechazamos a Dios ni nuestro matrimonio, pero vamos dejando todo para después.
Carlos: Entonces, ¿cuál es nuestro “banquete”?
María: Los momentos que nos ayudan a encontrarnos: hablar, rezar juntos, escucharnos, perdonarnos, tener detalles de cariño.
Carlos: Y el “traje de fiesta” sería revestirnos cada día de paciencia, amor y servicio.
María: Exactamente. No basta con estar casados. Tenemos que elegirnos y cuidarnos cada día.
Carlos: Entonces hagamos algo concreto. Dejemos los móviles esta noche y recemos juntos.
María: Me parece bien. Y reservemos también un momento juntos cada día sólo para el Señor.
Carlos: Porque Dios sigue invitándonos al banquete.
María: Sí. Y esta vez no queremos responder: “Ahora no”.
Carlos: Queremos decirle: “Sí, Señor. Aquí estamos”.

Madre,

Contigo queremos decirle al Señor: aquí estamos, hágase Tu Voluntad. Bendita tú entre todas las mujeres.

Amar donde duele. Comentario para matrimonios: Mateo 20, 1-16

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?».
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Ama más donde te duele.

Mi buen Jesús, muchas gracias por mostrarnos la verdad. Te gusta ponernos parábolas que nos choquen, que nos hagan pensar. ¿Qué nos quieres decir? Pues que Tu lógica no es nuestra lógica. Que no podemos olvidar que tenemos los deseos desordenados, afectados por el pecado original y por el pecado pasado. Eso hace que el amor propio nos condicione mucho. Y lo peor es que no lo solemos ver. El amor propio es nuestro mayor enemigo. Y si no lo vemos, es que más fuerte lo tenemos. Cuántas veces juzgo a mi cónyuge según mis criterios. Cuántas veces pienso que tengo razón. Cuántas veces veo más sus defectos que los míos.
Señor, ayúdame a ser consciente de que mi mirar está afectado por el pecado. Que el criterio bueno es el Tuyo, nunca el mío. Que Tú sí lo sabes todo y eres la Verdad. Por eso, Jesús, que huya de mi criterio para buscar sólo el Tuyo.
Que me pregunte siempre: ¿qué harías Tú en esta situación? Y Tu respuesta siempre va a ser “ama, entrégate, disculpa, acoge,…”.
Señor, gracias por cada oportunidad que me das en mi día a día para entregarme a mi cónyuge aun donde no entienda, por disculpar, por amar en cada ocasión.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Sergio: Rocío, esta parábola me interpela muchísimo. Cuántas veces me quejo de que es injusto esto o lo otro, me comparo,… Y esa frase de “o es que vas a tener envidia de que yo soy bueno” me llega al corazón.
Rocío: A mí me pasa igual. Dios nos ha dado a cada uno los dones que ha creído mejor. Es más, permite que ocurran unas cosas que nos benefician y otras que nos perjudican. Porque Él sabe que eso es lo que más nos conviene y de ahí quiere sacar algo grande para nosotros.
Sergio: Sin duda. Recuerdo cuando estábamos todo el rato comparándonos. Pensando lo que el otro había hecho o dejado de hacer, si había recibido esto y yo no,… ¡Qué camino tan tortuoso! Cómo se nota de quién venía. Magnifica cada situación para sacar lo peor.
Rocío: Sí, ¡y qué camino tan maravilloso el del Señor! Parece que el no defendernos, el no hacernos valer nos va a hacer daño. Y es lo contrario, nos libera y nos llena de paz.
Sergio: ¡Qué grande es el Señor! Que permite todas esas ocasiones que nos molestan para que aprendamos a no quejarnos, a no juzgar, a confiar en él y a amar como Él ama.

Madre,

Por favor, ayúdanos a ver cada ocasión que me disgusta como un momento para amar más. Como Tú lo hacías, como Tu Hijo. ¡Bendito y alabado sea Dios!