No interesan las rebajas. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 1, 35-42

EVANGELIO

Hemos encontrado al Mesías
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»-
Él les dijo:
«Venid y lo veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

Palabra del Señor.

Nota: Próximos eventos

  • Anuncio en Marbella: 19 de enero. Parroquia Santo Cristo del Calvario. 20:30h
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  • Breve testimonio en la Semana de la Familia de Sevilla:  27 de enero.
  • Anuncio en Sevilla: 28 de enero. Por la mañana. Pte. de definir lugar y hora.
  • Retiro para matrimonios en Madrid 2 a 4 de febreroCOMPLETO puedes inscribirte en lista de espera en el siguiente enlace: https://goo.gl/forms/7lUuhJUvnUbtos103

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No interesan las rebajas.

El encuentro con Cristo, como el que tiene Simón, implica un cambio de identidad. No se trata sólo de creer que existe, sino de cambiar nuestra forma de vivir por la Suya. Es así de radical. Paso de actuar como si me perteneciese a mí mismo, a actuar con la seguridad absoluta de que le pertenezco a Él. Desde esta perspectiva, nos casamos los cristianos: Una vez que estamos seguros de que pertenecemos a Cristo por el bautismo, ahora nos casamos, como miembros de Cristo, para hacer realidad la misión que Él nos ha encomendado en este mundo. Entendemos ahora por qué cuando nos casamos no formamos una unión que hemos hecho nosotros, sino “lo que Dios ha unido”.

Esto, dicho así, puede provocar cierto rechazo. ¿Quién quiere pertenecer a otro? La realidad que se experimenta después es que: 1) Cristo me ama más que yo a mí mismo, con lo cual, lo que recibo de Él es mucho más grande de lo que yo podría darme a mí mismo. Y 2) Que lo que Dios hace es abrirme a una vida mucho más grande, la vida que Él mismo vive, la vida de Dios, y eso ya no tiene precio. No tiene ni punto de comparación un matrimonio civil con el Matrimonio sagrado que nos ofrece Cristo. Y en esta cuestión, qué queréis que os diga, no interesan las rebajas.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Sacerdote: ¿Venís a contraer matrimonio?
Novios: Sí, Sr. Cura. Pero no estamos bautizados. Nuestros padres no nos bautizaron en su día.
Sacerdote: Bien, pues tenéis dos alternativas. Un matrimonio civil (si seguís sin estar bautizados), que podéis deshacer cuando queráis, basado en un pacto o un acuerdo de convivencia temporal, o un matrimonio sagrado entre cristianos que es Dios quien lo realiza, pero éste no lo podéis romper vosotros, porque no lo realizáis vosotros.
Novios: Aparte de que se pueda romper o no, ¿qué más diferencias hay entre uno y otro?
Sacerdote: Pues así, dicho un poco burdamente, en el civil, podéis aspirar como mucho a elegiros mutuamente como personas, con vuestras virtudes y defectos. Podéis aspirar al gozo de haber construido una familia juntos a pesar de las dificultades. En la unión Sacramental, podéis aspirar a uniros como hijos de Dios: A lo anterior se añade la acción de la Gracia de Dios, que hace crecer vuestro amor por encima de vuestras capacidades humanas, hasta límites insospechados. Además podéis acceder a la unión de vuestras almas en el Espíritu, el único capaz de haceros uno. Imaginaos qué importante es esto, porque las personas tenemos cuerpo y alma. Si no unís vuestras almas, la unión no es completa, es como que falta que se una la parte más importante de vosotros ¿comprendéis?
Novios: Lo entendemos. Y si no se puede romper, ¿quién nos garantiza que funcionará?
Sacerdote: Cristo mismo. Pero tenéis que hacer lo que Él os diga, aunque os cueste. Eso sí, los que perseveran construyen una unión más fuerte que la muerte.
Novios: Padre, queremos empezar por bautizarnos ¿Podemos acceder a la formación necesaria? Queremos que nuestro matrimonio sea lo más Grande que construyamos en nuestra vida.
Sacerdote: No habéis elegido mal, nada mal. Ya os veía yo con cara de inteligentes.

Madre,

Lo asombroso es que Dios nos ofrezca algo tan grande y nosotros lo rechacemos. Que se nos ofrezca Él mismo y lo rechacemos. Qué misterio. Sólo por comodidad, sólo por pereza, sólo por caprichos o por querer ser dueños de nuestra propia terquedad. Alabado sea el Señor, que es grande, que es generoso, que es bueno con nosotros. Amén.

¿Sé reconocer la acción del Espíritu Santo? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 1, 29-34

EVANGELIO

Este es el Cordero de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

Nota: Próximos eventos

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¿Sé reconocer la acción del Espíritu Santo?

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Los que no conocen el amor de Cristo, los que no lo conocemos del todo, es porque nos falta humildad. La Virgen en una ocasión nos dijo en Fátima estando en oración: “Detrás de tu humildad verás la luz”. Hacía falta toda la humildad de Juan, que llevaba toda su vida purificándose en el desierto, para ver al Espíritu Santo posarse sobre Jesús. Allí había mucha gente, pero no supieron reconocer al Cordero de Dios. Quizás los demás vieron una paloma, pero Juan supo ver al Espíritu Santo. Por eso, porque lo supo ver con sus ojos humildes, pudo dar testimonio de que Jesús era Hijo de Dios.

¿Veo a Dios en mi esposo? ¿Veo a Dios en las circunstancias de mi vida? ¿Sé reconocer la acción del Espíritu Santo en nosotros? Si la respuesta es no, es porque me falta humildad. Seguramente me falta pasar una buena temporada en el “desierto”, rodeado de dificultades y haciendo muchos sacrificios, hasta despojarme de todo aquello que me hace vanidoso y orgulloso. Quizás me faltan muchas horas de relación con Dios, hasta descubrir quién es Él y quién soy yo, para colocarme en mi sitio y reconocer lo que viene de Él y lo que viene de mí. Así dejaré de ver en Cristo a un Dios lejano que no parece hacerme mucho caso, y veré en Él al Cordero de Dios que entrega hasta Su última gota de Sangre para quitar el pecado del mundo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Paco: (Observa a María, su lucha interior por amar en la dificultad)
María: (Pasando las Navidades en casa de la familia de origen de Paco, lo cual no le resulta nada fácil. El día de fin de año María está bailando como la que más.)
Al terminar la fiesta:
Paco: María, has estado súper divertida, tan sonriente… ¿Te ha costado mucho, mi amor?
María: Muchísimo, pero ¿No se me ha notado?
Paco: Nada, nada. Lo has hecho genial. Doy gracias a Dios por la Gracia que te ha dado esta noche. Claramente estabas movida por el Espíritu Santo. Has generado alegría a tu alrededor, y conmigo. Muchas gracias.
María: No tienes por qué darlas. Ha sido obra de Dios. Gloria a Él.

Madre,

Alabado sea Dios, que nos conduce, nos instruye en Sus sendas y se hace presente entre nosotros en todas las circunstancias de la vida. A Él gloria y alabanza por los siglos. Amén.

¿Qué pinto yo? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 1, 19-28

EVANGELIO

El que viene detrás de mí
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 19-28

Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran:
«¿Tú quién eres?».
Él confesó y no negó; confesó:
«Yo no soy el Mesías».
Le preguntaron:
«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».
Él dijo:
«No lo soy».
– «¿Eres tú el Profeta?»
Respondió: «No».
Y le dijeron:
«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
El contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías».
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
Juan les respondió:
– «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Palabra del Señor.

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¿Qué pinto yo?

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Muchas veces me he preguntado: Qué pinto yo hablándole a otros esposos sobre el matrimonio, si mi matrimonio está aún en camino. Nosotros no somos el Amor, sino que somos testigos de que existe, pero el Amor es Cristo. Nosotros no cambiamos a la gente, es Cristo el que transforma el corazón de los esposos para que lleguen a amar como Él ama.

Juan tuvo un encuentro con Cristo desde que estuvo en el vientre de su madre, y eso hizo que se hiciese discípulo. Juan no presume de él, ni de su fidelidad, él presume de Cristo. Pues así debo hacer yo como esposo, no presumir de mi matrimonio, sino dar testimonio del que lo está transformando, que es Cristo. Presumo de Señor, me enorgullezco de Él. Juan es la voz, el sonido, pero Cristo es la Palabra. Nosotros también debemos ser la voz, una voz convincente y firme. Vamos delante de Él preparando los corazones para que cuando Él venga, se conviertan y se hagan discípulos Suyos desde su vocación matrimonial.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marga: Oye, es que me encanta veros tan enamorados. Me encanta ver cómo so miráis. ¿Cómo lo habéis hecho?
María: No es mérito nuestro. Nosotros lo único que hemos hecho es consagrarnos a María y hacer todo lo que nos ha ido diciendo. Ella nos empujó a encontrarnos con la verdad del matrimonio y nos trajo al Señor en la oración para que nos vaya revelando la Verdad del Amor.
Marga: ¿Entonces? ¿Qué debo hacer?
María: Tiene que producirse un cambio en tu vida. Un cambio de criterio. Al final es aplicar el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio. Los sacrificios del día a día nos ayudan a despegarnos de nuestros egoísmos, orgullos y demás. Y la oración y los sacramentos, nos traen el Señor que nos da la fuerza para hacerlo posible.
Marga: Pero eso es mucha tela…
María: Sí, pero la recompensa es grande ¿no te parece? Además es importante caminar en grupo, con otros matrimonios de la Iglesia. Así vamos acompañados, nos animamos mutuamente, aprendemos unos de otros…
Marga: Y ¿a eso puedo aspirar yo?
María: Por supuesto que sí. Has sido creada para eso. Nosotros no somos más que vosotros, solamente que ya hemos recorrido una parte del camino, pero cuando empezamos éramos un auténtico desastre y nuestro matrimonio ni te cuento.
Marga: Eso me da esperanza. Me gusta la idea, lo hablaré con mi marido. ¿Dónde hay que apuntarse?

Madre,

Tú llevaste a Jesús a Juan y él se hizo Su discípulo. Tú me llevaste a mí a Jesús y me he hecho Su discípulo. Pero ¿qué iba a hacer? Todo el que Le conoce de verdad, se hace discípulo Suyo. El Señor es Grande, es maravilloso, todo lo hace nuevo ¿cómo no vamos a seguirle? Alabado sea el Señor.

Integrarme en la vida de Dios. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 2, 16-21

EVANGELIO

Encontraron a María y a José, y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacía Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto; conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor.

Integrarme en la vida de Dios.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Comenzamos el año celebrando el día de María Madre de Dios.
Dios se integra en nuestra vida hasta tal punto, que desea tener una Madre humana. Ese no es un tipo de relación cualquiera, distante y fría, es crecer en su vientre, nacer de Ella, ser amamantado por ella, abrazado, recostado en Su regazo. Hasta ese punto se implica Dios y hasta ese punto se implica la humanidad acogiendo a Dios, a través de María. Dios ama con todo, sin guardarse nada y María hace lo mismo en nuestro nombre.
Ahora me toca a mí amar como Ellos, desde mi vocación. No basta con un “llevarnos bien”, hace falta hacernos uno. Cueste lo que cueste, tenemos que apuntar hacia ese objetivo. Dios se integra en nuestra vida haciéndose Hijo de Hombre. Ahora me toca a mí integrarme en la vida de Dios haciéndome uno con mi esposo. Ese es mi objetivo para este nuevo año. Feliz año nuevo a todos!!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Teresa: ¿Qué tipo de novia buscas Ramón?
Ramón: Yo sólo pido que esté enamorada de Dios.
Teresa: ¡Qué raro! Eso no lo pide ningún chico que yo conozca.
Ramón: Quizás porque hoy en día pocos jóvenes conocen la belleza de la vocación matrimonial. Aspiramos a algo grande, aspiramos a hacernos uno entre nosotros y con Dios. Una chica que no conozca a Dios no puede aspirar a eso. Y una chica que no reconozca que tiene una Madre que le conduce, tampoco.

Madre,

Es verdad que Dios eligió la mejor Madre, ¡Qué menos!, pero no se la quedó sólo para Él sino que además quiso compartirla con nosotros. Tú, la misma Madre que acogió en sus brazos al Hijo de Dios, me acoge a mí ahora. Ayúdame, Madre, este nuevo año, a ser fiel a mi misión por amor a Dios. Alabado sea el Señor.

La riqueza de la familia. Comentario del Evangelio para matrimonios: Lucas 2, 36-40

EVANGELIO

El niño iba creciendo, lleno de sabiduría
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 36-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. (De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor»), y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor.

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La riqueza de la familia.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy celebramos el día de la Sagrada Familia. La liturgia nos recuerda las lecturas que hemos venido meditando estos días.
Dios quiso formar parte de una familia, y con ello nos enseña que ese es el medio de adentrarse en la vida humana, de crecer y robustecerse como personas. En la familia se vive una autoridad de los padres que pretende liberar a sus hijos de la esclavitud del pecado, una obediencia de los hijos que les realiza y les construye, una igualdad de distintos en la que siendo todos de igual dignidad convivimos con nuestras grandes diferencias, una comunión en la que se vive como en ningún otro sitio el amor recíproco, un amor que es el que nos une y hace posible la familia a pesar de nuestras imperfecciones, y la Paz de Cristo que redime una y otra vez nuestras relación. Esta es la riqueza de la familia.

Qué gran milagro de Dios es la familia, qué belleza de la creación, que es capaz de reflejar a la Familia que es Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Miguel: Mi esposa es clave en el cuidado de los pequeños detalles. Ha sido clave para el crecimiento en la fe de nuestra familia. Es la que siempre se empeña en intentar comprender al otro, la que representa el cariño cercano hacia nuestros hijos. Es la delicadeza, es la ternura de la familia.
Marta: Mi esposo es el cabeza de familia. Es como el pilar al que nos agarramos todos los demás. Es el que da fortaleza, seguridad, el que cuando dice sí es un sí contundente. Él ayuda mucho a la firmeza de nuestros hijos, les enseña a madurar en la vida y les ama desde esa aparente distancia del que por encima de todo sentimentalismo quiere su bien.
Ambos padres: Nuestros hijos son un don de Dios. Cuesta la vida misma sacarlos adelante, pero eso precisamente es lo que nos llena: Entregar nuestra vida para verles crecer sanos (espiritualmente hablando sobre todo). Es un honor que Dios ponga bajo nuestra autoridad a estos hijos Suyos que serán nuestros hermanos en Cristo para toda la eternidad, si Él quiere.
Hijos: Nuestros Padres son una muestra de la sobreabundancia de Dios. Al ver cómo se han entregado nuestros padres a nosotros, entendemos un poco más cuánto nos quiere Dios. Tenemos una deuda con ellos que nunca podremos pagarles. Tantas horas sin dormir, tantos desvelos, tantas preocupaciones, tantas horas para educarnos, para enseñarnos… El honor de haber asistido en primera fila a un testimonio de amor, viéndoles amarse, esforzarse, pedirse perdón…
Entre hermanos: Aprendimos a compartir, a convivir con un igual diferente, a defendernos mutuamente, a protegernos y cuidarnos unos a otros, a enfadarnos y pedirnos perdón y seguir como si nada hubiese pasado…

La familia: Gracias Padre por la familia que nos has dado. Gracias porque para todos ha sido y es fundamental el amor y la comunión familiar. Gracias porque en ella te hemos conocido y hemos aprendido a rezar. Gracias porque se ve claramente que la familia es obra de tu mano creadora. Alabado seas Señor.