
Al encontrarme con Cristo, mi vida cobra sentido, mi sufrimiento también, mi relación con mi esposo/a se convierte en algo sagrado, todo lo que me rodea es un don y las dificultades se transforman en oportunidades para llegar a Él.

Al encontrarme con Cristo, mi vida cobra sentido, mi sufrimiento también, mi relación con mi esposo/a se convierte en algo sagrado, todo lo que me rodea es un don y las dificultades se transforman en oportunidades para llegar a Él.

Esposo/a, te tocará responder según los dones que Dios te ha dado para que inviertas en los demás, llevando Su ternura a tu esposa/o, renunciando a algo tuyo por darle de lo Suyo.

Sólo por hoy seré cortés con mi esposo/a y feliz en mi matrimonio, haré una cosa por él/ella, dedicaré media hora a la oración conyugal, creeré firmemente en el matrimonio… ¡sólo por hoy!

Si no tengo amor real, en mi día a día, en mi vocación, no soy nada. Amo a Dios tanto como ame a mi esposo/a. Para amarlo/a más, tengo que entregarme más.

Quien se impone a su esposo/a, no es más grande por ello y habrá desperdiciado su vida. Si le entrega su vida para amarlo/a y rescatarlo/a, como hizo Cristo, ¿qué misión hay más grande?