La medicina es Tu Palabra. Comentario para matrimonios: Marcos 3, 1-6

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

La medicina es Tu Palabra.

Mi buen Jesús, me amas infinitamente. Me lo ha demostrado mil veces, sobre todo dando tu vida por mí en una pasión horrible… ¿Qué te hace sufrir? En este Evangelio lo dices: “dolido por la dureza de su corazón”. Te duele mi dureza de corazón. Y yo no quiero que te duela nada sino que estés muy contento conmigo. Pero sé que tengo dureza de corazón porque muchas veces no veo a mi cónyuge con Tus Ojos, le hablo mal, acuso, juzgo, no disculpo,… A veces ignoro mi dureza de corazón y eso es peor, porque está, te duele, y si no la veo, no puedo luchar.
Por favor, ayúdame a reconocer mi dureza de corazón, a estar muy atento para descubrirla en mi día a día. Si creo que apenas tengo, es que tengo mucha, porque está detrás de todo pecado.
Ayúdame a sanarme con la “medicina del corazón”, Tu Palabra: “Escucha, amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, “niégate a ti mismo, abraza la cruz de cada día”, “orad, orad”… Un camino de oración y sacramentos, de humildad, de purificación del corazón. Buscar sólo Tu Voluntad, huir de la mía, que la mía nunca sea el criterio.
Gracias, Señor, contigo lo conseguiré.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Marta: Álvaro, perdóname por esta semana que llevo. Vengo de confesarme y de estar largo rato con el Señor y he vuelto a ver la luz. Perdóname. He estado sobrepasada de trabajo y apenas he hecho oración. Y ahora veo el daño que os he hecho. Sin oración no puedo escuchar al Señor. Entonces sólo me escucho a mí misma, y empiezo a juzgarte, a ver todo sólo desde mi lado, a hablarte mal,… y me justifico, porque no hay derecho con todo lo que hago,… El mal me ciega. Me llama tanto la atención cómo con alejarme un poco del Señor, ya todo se tambalea.
Álvaro: Te quiero mucho. Me alegra tanto oírte. Estos días he tratado de ayudarte más, de que no descuidaras la oración, de no reaccionar mal,… y me parecía que no servía de nada, nada te valía. Perdóname porque no me he puesto en tu lugar lo que debía. Está clarísimo, como descuidemos la oración diaria, el Señor no nos puede guiar porque no le escuchamos, y entonces ya sabemos quién nos guía. Y sin nuestra oración conyugal, nos cuesta ver el corazón del otro, compartir nuestra intimidad, y ya sabemos quién se aprovecha.
Marta: Sí. Por favor, ayudémonos a ser muy disciplinados con esto. Ni un día sin oración para aprender a vivir con Jesús, en Jesús. ¡Nos quiere tanto!

Madre,

Por favor, ayúdanos a perseverar en la oración. Queremos vivir en ti y, así, en Tu Hijo. ¡Bendito y alabado sea el Señor!, ¡gloria a Dios!

RETIRO PARA NOVIOS EN SEVILLA 6-8 MARZO 2026

RETIRO PARA NOVIOS EN SEVILLA 6-8 MARZO 2026

Normas, normas, normas. Comentario para Matrimonios: san Marcos 2, 23-28

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a los que estaban con él?».
Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Normas, normas, normas.

¿Cuántas normas de la sociedad seguimos? ¿A quién queremos agradar, a Dios o a los hombres? Si os dais cuenta, el mundo, la sociedad, nos quiere decir qué debemos hacer, qué debemos pensar, cómo debemos hacerlo, cómo debemos actuar, cómo debemos vestir… y, muchas veces, lo hacemos porque así quedamos bien y no quedamos como los “raritos”.
Debemos ordenar nuestras prioridades, saber Quién es nuestro Señor y seguirle a Él, ordenar nuestra vida según Él manda. En nuestro matrimonio ocurre igual, no nos debe dar apuro ir a misa cada día, ir juntos a los planes, hacer oración, darnos la mano, tener muestras de cariño, quizás, renunciar a algún plan porque no nos parece adecuado… debemos mostrar la gracia de ser hijos de Dios y la belleza del sacramento del matrimonio y la familia.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Marina: Cariño, Laura me ha ofrecido ir, en Semana Santa, cuatro días a su casa de la playa con todas las amigas.
Juan Pablo: ¡Qué planazo! ¿Qué días sería? porque así, me organizo para trabajar desde casa y vigilo a los nenes. Así descansas un poco y desconectas.
Marina: No estoy segura si esto es lo que “debo” hacer, me voy a misa y lo voy a poner en oración, así seguro que lo veré más claro.
(Al volver de misa)
Juan Pablo: Marina, no sé qué te ha dicho el Señor, pero yo también lo he rezado y creo que es mejor que no vayas, porque es una época que siempre vivimos toda la familia en oración, preparándonos para la muerte del Señor. Por otro lado, de cara a los nenes, no es un buen ejemplo… ¿no crees?
Marina: ¡Juan Pablo cómo te quiero!, el Señor me ha dicho lo mismo. Quiero mucho a mis amigas, pero estas fechas son para vivir en familia, en oración e intentando unirnos a Su Pasión. También es bueno que los niños vean que seguir al Señor, a veces, puede suponer decir que no a algunos planes; no digo que sea malo el plan, ni que vayamos a hacer ningún escándalo, pero en este momento no es lo que debo hacer.

Madre,

Que sepamos discernir qué quiere el Señor en nuestra vida, nuestro matrimonio y para nuestra familia y tengamos la fortaleza de hacerlo. ¡Bendito sea el Señor!

Modelo de esposos. Comentario para Matrimonios: Marcos 2, 18-22

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban
ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por
qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al novio, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo,
odres nuevos»..

Cristo modelo de los esposos.

Jesús se presenta en este evangelio como el Esposo. Esta imagen no es solo simbólica: revela el modo en que Dios se relaciona con nosotros, y de manera muy concreta ilumina nuestra vocación conyugal. Donde está el Esposo, hay alegría, comunión y vida compartida. Cuando preguntan por qué los discípulos no ayunan, Jesús responde desde la lógica del amor: cuando los esposos están juntos, no viven el amor desde la ausencia ni desde la privación, sino desde la presencia y la fiesta. El ayuno tiene sentido cuando hay distancia; el amor, cuando hay encuentro. En la vida matrimonial esto nos recuerda que la relación no puede sostenerse solo en sacrificios o normas, sino en el cambio de mirada para ver al otro como le mira Dios.y ver la belleza de su matrimonio.
Jesús advierte, sin embargo, que llegarán días en que el Esposo será arrebatado. Esto habla de los momentos de crisis, silencios, heridas o rutinas que pueden aparecer en el matrimonio. En esos tiempos, el amor se purifica, se expresa como fidelidad, espera y entrega, no como emoción inmediata. El ayuno se convierte entonces en aprender a amar incluso cuando no se “siente” la cercanía del otro.
Este evangelio invita a los esposos a preguntarse: ¿Celebramos la presencia del otro como un don? ¿Sabemos atravesar las ausencias sin dejar de amar? ¿Estamos dispuestos a renovarnos para que el amor siga siendo vino nuevo?
Cristo, Esposo fiel, camina con los matrimonios para que su amor no se desgaste, sino que se transforme cada día en una alianza más profunda y fecunda.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Ana: Oye, ¿te diste cuenta en el evangelio de hoy? Jesús dice que
mientras el esposo está presente no se ayuna.
Luis: Entonces queda oficialmente confirmado: cuando estoy en casa, no hay dieta.
Ana: No te emociones tanto… Jesús hablaba de algo más profundo.
Luis: Ya, ya… pero déjame disfrutar la interpretación literal cinco segundos.
Ana: A mí me hizo pensar que el matrimonio no puede ser solo sacrificio y esfuerzo. También está hecho para disfrutarse.
Luis: Menos mal. Porque si esto fuera solo penitencia, ya tendríamos alas de tanto sufrir.
Ana: Pero luego dice que llegará el día en que el esposo será arrebatado.
Luis: ¿Eso cuenta cuando estás enfadada y no me hablas en toda la tarde?
Ana: Exactamente. Ahí tú ayunas… de conversación.
Luis: Y yo hago penitencia en silencio, esperando la reconciliación.
Ana: Lo del remiendo nuevo en vestido viejo me dio fuerte. No se puede arreglar todo con “siempre lo hemos hecho así”.
Luis: Claro, porque intentar resolver los problemas de hoy con argumentos de hace veinte años es como poner vino nuevo en una botella de plástico.
Ana: O pretender que sigamos funcionando con las mismas energías que cuando no teníamos hijos ni facturas.
Luis: Eso es: y que pongamos siempre un poco de humor.
Ana: Amén a eso. Porque sin humor, ni vino nuevo aguanta.
Luis: Y sin amor, ni el mejor odre sirve.

Madre,

enséñanos a mirarnos como tú miras, sin juicio, con paciencia y con ternura, siempre lentos para juzgar y rápidos para perdonar. Alabada seas por siempre.

Viéndolo venir. Comentario para Matrimonios: Juan 1, 29-34

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Viéndolo venir.

El Espíritu Santo llevó a Juan a ver al Hijo de Dios y a dar testimonio.
¿Y tú? ¿Qué espíritu te guía? ¿A quién ves en tu esposo/a?
Hay una mirada guiada por tu propio espíritu que intenta imponer “un modelo” de cómo quieres que sea tu esposo/a. Esa mirada lleva a la frustración, a la tristeza, a la monotonía y, en definitiva, a la pérdida del asombro.
Pero hay otra mirada: una mirada que acoge y que “da valor”, que abre la puerta a la acción del Espíritu Santo en tu esposo/a y que siempre sorprende, incluso más allá del dolor que a veces pueda conllevar. Es una mirada que no solo deja espacio, sino que colabora activamente con el Espíritu Santo para ayudar a tu esposo/a a descubrir el misterio que lleva dentro, a cultivar su relación con Dios, a iluminar su belleza como hijo de Dios.
Juan supo mirar así y supo apartarse a un lado: «Detrás de mí viene uno que está por delante de mí» (Jn, 1,30).
¿Y tú? ¿Cómo contribuyes a la obra de Dios en tu esposo/a?
¿Quién es el verdadero protagonista de esa obra: tu espíritu o el Espíritu Santo? ¿tu amor propio o el Amor de Dios?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María y Juan han «sobrevivido» a una Navidad llena de compromisos, familia y mucho ruido. Una noche, tras la vuelta a la «rutina»…
María: Juan, han sido unas Navidades muy intensas. He visto tantos cambios buenos en ti y cómo te has entregado a nuestros hijos. Pero necesito decirte que estoy siendo muy tentada por mi amor propio. Lamentablemente, te estoy mirando mal, reclamando de forma egoísta “mi cuota” de atención.
Soy consciente de que no es culpa tuya, sino totalmente mía. Y quiero compartir contigo esta miseria, porque tengo miedo de que mi mirada te haga daño.
Han sido unas fiestas llenas de familia y ruido… y te echo mucho de menos. Echo de menos esos momentos en los que comparto lo que hay en mi corazón.
Te lo cuento porque me da miedo que mis luchas las acabes pagando tú. No quiero que sea así. Quiero proteger nuestra intimidad.
Te pido perdón, no por algo que te haya hecho, sino por todo lo que dejo de hacer a causa de una mirada que limita mi entrega.
Quiero que sea Cristo quien te mire. Echo tanto de menos nuestro tiempo juntos con Él… Pero tengo la gran esperanza de que ahora podamos recuperar nuestros momentos y nuestra intimidad con Él. Así podré mostrarte mi corazón, que tanto necesito compartir contigo para que Él lo sane.
Juan: ¡¡¡Madre mía!!! Cariño, muchas gracias por compartir tu angustia. Siento mucho no haber estado atento a tu sufrimiento. Eres la ayuda que Dios me envía para no olvidar que todo nace de compartir nuestra intimidad, de hacernos vulnerables.
María: Así lo creo yo también. De esa comunión nace todo lo demás, porque así aseguramos que es Él quien lo hace.

Madre,

muéstranos cómo acoger el Espíritu que hace presente a tu Hijo entre nosotros. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.