¿Tacañamente? Comentario para Matrimonios: Juan 12, 24-26

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EVANGELIO

A quien me sirva, el Padre lo honrará.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

Palabra del Señor.

¿Tacañamente?

Hay una frase de San Pablo a los Corintios, que tiene que ver con este Evangelio, y que me parece buenísima para el matrimonio: «El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará». Así es el amor conyugal: ¿Das o te das? Hasta el punto de que, si no me entrego, no doy fruto y si me entrego daré mucho fruto.
Pero la frase de S. Pablo la 1ª no acaba ahí, sino que continúa, verás qué bueno: «Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”». Porque todos tenemos experiencia de darnos “a la fuerza”, resistiéndonos en el fondo, y eso tarde o temprano pasa factura a la relación. ¿No encuentro alegría en darme? Eso es porque no he descubierto la belleza y la grandeza del matrimonio. ¿Quiero vivir un matrimonio hermoso y grande? Pues tengo que darme con alegría.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Alberto: Me casé y empecé a centrarme en hacer feliz a mi esposa y cuidar y educar bien a mis hijos. Descubrí lo mucho que me costaba. Descubrí mi egoísmo. Continúo luchando cada día por darme completamente y así dejar de mirarme.
Susana: Me casé con un esposo austero. Se preocupaba de que no se tirase la comida y de no comprar cosas innecesarias. Al principio me molestaba que se quejase, pero luego descubrí que era una caprichosa y que no era capaz de valorar lo que tenía. Entonces me fui dejando llevar por él, para ir aprendiendo a aprovechar los bienes que Dios nos da. Ahora no necesito tanto como antes y poco a poco me voy liberando.
Alberto: Yo tengo mucho temperamento, y necesito llevar la razón. Me di cuenta de que mi esposa sufría mucho con eso, porque me enfadaba a menudo. Me empecé a esforzar por no hacerle daño. Cada vez voy controlando más mis impulsos, soy dueño de mis actos y estar con ella me va haciendo más manso y tengo mucha más paz.
Susana: Tenía una fe muy espiritualizada. Me encantaba estar con el Señor, pero luego llegaba a casa y no aguantaba los defectos de mi esposo. Me di cuenta que en realidad no seguía a Cristo, sino que buscaba en la fe mi propia complacencia. Así que fui pidiendo misericordia y me fui esforzando por amar como Cristo. Poco a poco el Señor me va liberando de mi orgullo espiritual.
Ambos: Damos gracias a Dios por nuestro matrimonio, porque constantemente nos permite salir de nosotros mismos para entrar en el otro y así ir haciéndonos cada vez más libres para donarnos mutuamente. Solo el que cae en tierra y muere, da fruto. Realmente el matrimonio es un camino de santidad.

Madre,

Hoy tomo más conciencia de que sólo entregándome a mi esposo daré fruto. El Señor quiere de nosotros un amor como el Suyo: Encarnado. Alabado sea el Señor.

RETIRO MATRIMONIOS ALICANTE  4 – 6 OCTUBRE 2024

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Esposos de corazón. Comentario para Matrimonios: Mateo 25, 1-13

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EVANGELIO

¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor.

Esposos de corazón.

El aceite podemos compararlo con el Espíritu Santo, que es el Amor de Dios. Aquel que tiene su corazón predispuesto siempre a recibir al Esposo, que no se distrae con otro tipo de atractivos mundanos, ese puede descansar en el Señor, porque estará listo cuando venga a desposarse con él/ella.
Pero la conversión del corazón no es algo que se pueda producir de un día para otro. Hace falta un camino de purificación, de limpiar los malos hábitos, desapegarse de lo mundano, buscar a Dios en todo y en todos, y hacer todo con la motivación de glorificar a Dios. Nuestra Madre, fue Madre de Dios en su Corazón antes que en su vientre. Nosotros tenemos que ser esposos del Esposo en nuestro corazón antes de que llegue el día de nuestra muerte, el día en el que definitivamente nos haremos uno con Él.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Alicia: Si te ofrecieran cualquier cosa en este momento ¿Qué pedirías? Yo necesito retirarme, estar a solas con Dios. Llenarme del Amor de Dios.
Alejandro: Yo pediría tomar conciencia de todo lo que tengo. Seguir viviendo mi día a día, en mis mismas circunstancias, con las mismas personas, con las mismas dificultades, pero entender que todas esas circunstancias son medios para desapegarme. Lo que me molesta, me molesta precisamente por mi concupiscencia, y tengo que permitir que siga ahí, molestándome, hasta purificar mi corazón por amor a ti y a Dios.
Alicia: Creo que las dos cosas con complementarias y ambas purifican nuestro corazón. Necesitamos de la ascética y de la mística. Del sufrimiento purificador y de la gracia redentora.
Alejandro: Pues ayudémonos mutuamente a conseguirlo. ¿Te parece?
Alicia: Me parece. Te amo y quiero lo mejor para ti.
Alejandro: Y yo para ti.

Madre,

Ayúdanos a purificar nuestro corazón y prepararlo a través de nuestro matrimonio, para cuando venga el gran momento de la unión con Cristo. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

La otra piedra. Comentario para Matrimonios: Mateo 16, 13-23

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EVANGELIO

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-23

En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mi piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Palabra del Señor.

La otra piedra.
Tenemos muy claro que Cristo entregó su vida en la cruz por Amor a nosotros. Él nos enseñó a amar hasta el extremo en su propia carne. Pero nos cuesta mucho aceptar que nosotros tengamos que hacer lo mismo.
Cuando surgen en nuestro día a día situaciones que exigen una entrega, renuncia y/o sacrificio, el diablo nos susurra al oído: Él era Dios, tú no tienes por qué aguantar esto… «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo…».

Y la misma piedra (Pedro) que unos minutos antes era el apoyo de la Iglesia ni más ni menos, se convierte de repente en piedra de tropiezo para el Señor. Lamentablemente, muchos partidarios de Jesús podemos ser piedras de tropiezo para aquellos que, por evitarles un sufrimiento en su relación conyugal, les aconsejamos que no sufran más y que se separen o busquen la nulidad.

Nos guste o no, hemos sido creados para entregar la vida, y cuanto antes lo asumamos y descubramos la grandeza de la persona que así lo hace, antes empezaremos a vivir una vida plena. Entonces escucharás al Señor decirte: ¡Dichoso tú!, porque eso te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo y lo has acogido.

Aterrizado a la vida matrimonial:
Lorenzo: ¿Qué ha significado para ti la conversión?
Ana: Para mí ha supuesto una transformación total. Lo que antes veía como un rollo, por ejemplo la oración, ahora me apasiona, es toda una experiencia. En cambio, lo que antes me apasionaba, por ejemplo, saberme atractiva para los demás, ahora no entiendo cómo alguna vez pude necesitarlo tanto para sentirme segura de mí misma.
Y para ti ¿Qué ha supuesto la conversión?

Lorenzo: Igual que a ti, un cambio radical en mi vida y mis anhelos. Te pondré algún ejemplo: Antes odiaba que me dijeses lo que tenía que hacer, ahora en cambio, valoro muchísimo la obediencia mutua. Creo que de ella depende la salvación, como la salvación del mundo dependió precisamente de la obediencia de Jesús. Son cosas que cuestan, pero después se descubre el verdadero valor que tienen.
Ana: Desde luego, no son fáciles de entender. Eso hay que vivirlo para reconocerlo.
Lorenzo: El Señor nos lo muestra en el Evangelio.

Madre,
Nos cuesta mucho dejar de pensar como los hombres y empezar a hacerlo como Dios. Sabes que estamos llenos de debilidades, manías y caprichos. Sabes que buscamos los resultados inmediatos… Madre, protégenos y guíanos para que construyamos un matrimonio santo, este es nuestro único deseo. Por Jesucristo nuestro señor. Amén.

Me enamora de ti. Comentario para Matrimonios: Mateo 15, 21-28

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EVANGELIO

Mujer, qué grande es tu fe.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle
«Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó:
«Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».
Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor.

 

Me enamora de ti.

Cuando escucho este Evangelio pienso: Ojalá dijese yo esa frase para que Jesús me dijese: ”Qué grande es tu fe». ¡Menudo piropo viniendo de Jesús!

Pero ese piropo viene después de que esa fe ha sido probada por el camino de la humillación.

 

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan: Una de las cosas que más me enamora de ti es tu fe.

Cristina: Me encanta que me digas eso. No hay mayor piropo. ¿En qué situaciones notas mi fe?

Juan: Sobre todo cuando vives con paz y alegría una situación en la que alguien te humilla y justo después le das gracias a Dios por haberla vivido contigo.

Cristina: Es verdad. Esas situaciones no las vivo yo realmente. Es el Señor quien las vive por mí.

Juan: Qué grande es tu fe.

Madre,

Modelo y Maestra de la fe, danos más fe para vivir las humillaciones en Tu Inmaculado Corazón.