El camino, la sencillez. Comentario para Matrimonios: Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

EVANGELIO

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielo el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor.

Avisos:

  • Retiros en Madrid: 13-15 y 27-29 de septiembre (Casa de Espiritualidad Emaús – Oblatos). Orad por los frutos.
  • Retiro en Málaga y campamento para niños: 04-06 de octubre. Infórmate aquí: https://wp.me/p6AdRz-1RV

(Retiros pendientes de apertura de inscripciones. Informaremos más adelante)

  • Retiro en Sevilla: 18-20 de octubre
  • Retiro en Valladolid: 15-17 de noviembre
  • Retiro en Salamanca: 22-24 de noviembre
  • Retiro en Barcelona: 22-24 de noviembre
  • Retiro en Valencia: 29 nov- 01 dic

Para ver más pincha aquí: https://wp.me/P6AdRz-D1

El camino, la sencillez.

Señor, propones que me convierta y me haga como un niño. No esperas que vuelva a la infancia, porque sabes que eso es imposible, sino que me haga “como niño”. Me llamas a aquella vuelta al principio que hablaba San Juan Pablo. Me llamas a la purificación de mi corazón, de mis intenciones, de la mansedumbre y la humildad de Tu Corazón. Me llamas a no defenderme, a no impacientarme, a estar abierto a la novedad de cada día y de cada persona. Me llamas a aprender de los otros, a seguir sorprendiéndome, a admirar, a admirarte. A dejarme conducir, a confiar…

Realmente, Señor, necesito una conversión de corazón.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Jaime: Todo iba bien, teníamos un ambiente de amor mutuo, de preocuparnos y ocuparnos el uno por el otro. Un ambiente de alegría, de admiración mutua, de dejarnos sorprender por Dios en los acontecimientos de cada día. Sacarle el jugo del Amor de Dios a cada instante, a cada mirada, a cada sonrisa… Pero de repente sentiste la necesidad de corregirme y yo la necesidad de defenderme. Aquel clima maravilloso se desvaneció, y apareció la oscuridad. Ya nada era admirable en ti, la alegría se había esfumado y en su lugar percibía una pesadumbre y una tristeza plomiza que me arrastraba como a un agujero profundo. Pero vino la esperanza otra vez de la mano del Señor y despejó toda aquella oscuridad. En nosotros volvía a renacer la vida y la alegría por el camino de la mansedumbre y la sencillez. De nosotros, sólo de nosotros, depende nuestra felicidad, porque aunque dependa de Dios, Él nos la quiere ofrecer. Sólo falta que nos pongamos de acuerdo en que la queremos, porque queremos volver a ser como niños.

Madre,

Entrégale al Señor esta oración en mi nombre: Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual. Pon en mí Tu corazón porque todo lo que hay dentro de mí corazón necesita ser cambiado, necesita más de ti. https://www.youtube.com/watch?v=hNMrkO9kJ7Q

1 comentario en “El camino, la sencillez. Comentario para Matrimonios: Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

  1. Petry

    Dos días seguidos, Señor, me has sorprendido con el mismo evangelio y su homilía… Nunca mejor venidas Tus Palabras de Vida!
    El comentario de Jaime en el aterrizaje a la vida conyugal, nos viene en estos momentos, a mi esposo y a mi, como anillo al dedo… Ayer tuvimos un digusto detrás de otro por mi culpa. Me digo, instante tras instante, «NO DES CONSEJO A NADIE SI NO TE LO PIDEN», pero, sobre todo, «NO CORRIJAS A TU MARIDO»…
    ¡Soy burra! ¡Todo lo estropeo! No obstante, el Señor no nos deja de Su Mano y podemos dar gracias de nuevo por nuestro arrepentimiento y Su absolución!
    Madre, de todos los hombres, enséñanos a decir: ¡AMÉN!

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