Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Tres claves para la unidad. Comentario para Matrimonios: Juan 17, 20-26

EVANGELIO

¡Que sean completamente uno!
Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró, Jesús diciendo:
«No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Palabra del Señor.


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Tres claves para la unidad.

Tal como expone el Señor en la oración sacerdotal, para hacernos uno entre nosotros y en Él, son necesarias 3 cosas: Creer en Él, recibir Su gloria y conocer a Dios, que nos ha sido revelado por Cristo.
El que cree en el Señor, le sigue. Es la consecuencia inmediata. Sigue Sus pasos.
El que le recibe a Él, recibe Su gloria.
El que escucha la Palabra le conoce.
Formación, oración y sacramentos, y hacerlo vida. Son las tres claves del Proyecto para hacernos uno entre nosotros y con Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Irene: A ver si somos capaces de deducir por qué es necesario vivir las tres claves de Proyecto Amor Conyugal para alcanzar la unión conyugal como Dios la pensó.
Miguel (esposo de Irene): Si uno tiene mucha formación sobre el amor, pero no lo vive, se vuelve un soberbio.
Irene: Si uno intenta vivir el amor sin formación, cae en el buenismo.
Miguel: Si uno intenta vivir el amor sin la gracia, es un iluso.
Irene: Si uno se esfuerza en recibir la gracia, pero no practica el amor, se vuelve puritano.
Miguel: Si recibe la gracia, pero no tiene formación, la derrocha por un camino equivocado.
Irene: Si tiene formación, pero no tiene la gracia, se vuelve un voluntarista.
Miguel: ¡Bravoooo! Lo hemos conseguido. Está clarísimo.<
(Y las vivieron y se hicieron uno)

Madre,

Qué emocionante saber que el Señor está rezando por nosotros para que seamos uno. ¿Qué podemos temer? Alabado sea por siempre.

Ponernos de acuerdo. Comentario para Matrimonios: Juan 17, 11b-19

EVANGELIO

Que sean uno, como nosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

Palabra del Señor.


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Ponernos de acuerdo.

Es el último deseo de Cristo antes de Su Pasión, que nos hagamos uno. Pero ¿en qué consiste hacernos uno? ¿Quizás en ir juntos a todos los sitios? ¿Quizás en estar de acuerdo? ¿En tener los mismos gustos? No. Consiste en ser uno en Cristo: Que nuestra voluntad sea la Suya, nuestros sentimientos los Suyos, nuestra justicia la Suya, nuestra lógica la Suya y, en definitiva, nuestro amor el Suyo. Así tendremos en nosotros, Su alegría cumplida.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Laura: Hay muchas veces que no nos ponemos de acuerdo. ¿Qué podemos hacer? ¿Turnarnos en las decisiones?
Matrimonio Tutor: ¿Qué crees que te va a hacer más feliz, tu voluntad o la voluntad de Dios?
Laura: La voluntad de Dios, siempre.
Matrimonio Tutor: ¿Tú qué opinas, Juanjo?
Juanjo (esposo de Laura): Tengo la experiencia de haber tomado muchas decisiones y haberme equivocado, por tanto, tengo claro que no conozco el futuro como para saber si acertaría o no. Yo también creo que hacer la voluntad de Dios es lo único que nos va a dar la alegría.
Matrimonio Tutor: Pues discernir las decisiones poniéndolas en Sus manos. Suele dar señales de alguna forma. Si no, podéis poner la decisión en manos de vuestro director espiritual. Así sabréis que no habéis tomado una decisión basada en el egoísmo o el orgullo.
Juanjo: Ahora lo veo claro. Muchas veces nuestros criterios nos separan, en cambio, la voluntad de Dios nos une.

Madre,

Hoy pedimos especialmente que se haga Su voluntad en nosotros. Nadie sabe unirnos como Él. Alabado sea Ntro. Señor Jesucristo. Amén.

Las dos claves. Comentario para Matrimonios: Lucas 1, 39-56

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamo:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu Vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia – como lo había prometido a nuestros padres – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor.


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Las dos claves.

Este Evangelio muestra el Corazón de María. Un Corazón que sabe de haber vivido la humillación, y sabe lo mucho que le agrada a Dios, porque es un medio de reparar tanta soberbia como hay en el mundo. Ella, en el Magníficat, remarca la humildad. Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. En esto resume Ella la acción del brazo de Dios. En esto resume Ella cuál debe ser nuestra actitud. Humildad y misericordia. Ambas las repite dos veces. Humildad y misericordia. Quedémonos con éstas dos.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Fernando: ¿Tú crees que algún día llegaremos a ser perfectos y no cometer ningún fallo? Así podríamos ir al Cielo directos. ¡Cuánto lo deseo!
Esther: Yo creo que el Cielo no está a nuestro alcance. Si algún día te ves a ti mismo perfecto, mal asunto. Ese es el error de la soberbia, que queremos aparentar más de lo que somos. En cambio, el único camino al Cielo es el de nuestra humildad y la misericordia de Dios. En la humildad está la base para llegar a la perfección, que es la caridad. Cuanto más humildes somos, más nos dejamos hacer por el Espíritu Santo y es Él quien hace a los santos.
Fernando: De ahí lo de “Él hace proezas con Su brazo, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.

Madre,

Cuánto nos enseñas con el Magníficat que nos pusiste en una ocasión como tarea. Estamos felices en este día en que recordamos tu visita a Isabel. ¡Te queremos y te admiramos!

El corrector no entiende. Comentario para Matrimonios: Juan 16, 29-33

EVANGELIO

Tened valor: yo he vencido al mundo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
Les contestó Jesús:
¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor.


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El corrector no entiende.

¡Qué bueno! “Yo he vencido al mundo”. Es tan increíble, que el procesador de textos subraya la palabra “vencido” como que no pega en el contexto y ofrece como alternativa “venido” ¿Cómo va a haber alguien que haya vencido al mundo? Y es que el corrector no entiende de milagros, pero así es: ¡Cristo ha vencido al mundo!
Y Él nos anuncia lo que les va a pasar a muchos esposos cuando llegue la cruz: Que se van a dispersar y le dejarán solo. El esposo, por un lado, la esposa por el otro, y Cristo, que es el tercero que se comprometió a estar todos los días de su vida, se queda solo. No vamos a encontrar la paz, si no nos apoyamos en Él, porque aunque haya luchas entre nosotros, Él ha vencido ya todas nuestras batallas.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Andrés: Estás desquiciada, deberías buscarte un sicólogo o un siquiatra.
Marta: (A ella, no hay nada que le duela más. Se siente despreciada, descartada y en su cabeza se amontonan los recuerdos de lo despreciable que ha llegado a ser él en muchísimas situaciones, todas esas ocasiones en las que ha perdido los nervios, o ha sido incapaz de superar sus debilidades. La tentación es enorme y piensa: ¿Quién es este para juzgarme a mí?)
Andrés: Te callas, pero estoy seguro de que por dentro estás pensando que el loco soy yo, o algo así.
Marta: (Se acuerda de Jesús. Le ve ahí, colgado en el madero entregándose voluntariamente por ella, tras un juicio organizado a traición con testigos falsos, ejecutado por aquellos que se creen con poder de condenarle a Él, que sólo ha hecho bien, que ha curado, perdonado, acogido… Y ella se pregunta: Aquel día, Él pagó por este dolor que me iba a causar mi esposo, para que hoy esté en paz con él. Para que hoy, pueda estar a los pies de Su cruz, viendo su sufrimiento en lugar de mirar al mío, compadecerme de mí, y dispersarme dejándole solo. ¡No! No le voy a dejar solo en esta cruz. ¡Quiero estar con Él! Así que, con lágrimas en los ojos, por haber estado a punto de dejar solo a su Señor, a su Salvador, mira a su esposo y con la gracia de Dios, consigue verle pequeño, sufriente, preso de su dolor, y le dice) Cariño, perdona por mis reacciones violentas. Es que tengo un deseo enorme de vivir contigo una relación de amor profunda y, como no lo estamos viviendo, me dejo llevar por mi frustración. Pero si por alguien estoy loca, es por el Señor y por ti, pero esa locura no tiene remedio.

Madre,

El Señor me ha enseñado a amar. Cuando mis sentimientos no son buenos, cuando mis sensaciones no son hermosas, tengo algo a lo que agarrarme, a la imagen de Tu Hijo, que siempre habrá vivido por mí, esa misma situación que yo estoy viviendo, pero más dura y difícil. Alabado sea mi Señor, que me da Su paz. ¡Aleluya!

De Cristo en la tierra. Comentario para Matrimonios: Lucas 24, 46-53

EVANGELIO

Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo.
Conclusión del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que vino de lo alto».
Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra del Señor.


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De Cristo en la tierra.

La Santísima Humanidad de Cristo, asciende al Padre. Nos invade una extraña sensación de tristeza y alegría a la vez. Tristeza porque como humanos, necesitamos que nuestra mirada se cruce con la de Jesús, tocarle, abrazarle, escuchar su voz realmente, contemplar los gestos de amor en su rostro… y no es posible. Y alegría, porque se queda en la Santa Eucaristía y nos envía Su Espíritu.
Pero qué importante es para nosotros amar en la carne ¿verdad? Sin embargo, muchas veces tendemos a “espiritualizar” el amor y nos olvidamos de “encarnarlo” en nuestro esposo. Tan importante es el amor encarnado, que el mismo Dios se hizo carne para amarnos con un cuerpo y redimirnos entregando, precisamente, Su Cuerpo. ¿Por qué nos empeñamos en esa especie de amor etéreo a Dios, como si pudiese existir separado de nuestro amor carnal a nuestro esposo?
161. “Mientras la virginidad es un signo «escatológico» de Cristo resucitado, el matrimonio es un signo «histórico» para los que caminamos en la tierra, un signo del Cristo terreno que aceptó unirse a nosotros y se entregó hasta darnos su sangre.” (Papa Francisco Amoris Laetitia)
Cuando el Señor asciende a los cielos, los responsables de ser signos suyos en la tierra de esa entrega de Su cuerpo y de Su sangre, somos los esposos. Si vivimos nuestro amor terrenal, ese amor que nos hace una sola carne, estaremos siendo Sus testigos.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Alicia: Cómo me gustaría poder abrazar a Cristo.
Director espiritual: Puedes hacerlo.
Juanjo: Ya, te refieres en la Eucaristía. Pero no es lo mismo. Yo entiendo lo que dice Alicia. Somos de carne y hueso, y necesitamos esa relación carnal con aquellos a quien queremos.
Director espiritual: Abrazaos.
Alicia: ¿Nosotros?
Director espiritual: Sí, vosotros. Abrazaos.
(Se abrazan)
Director espiritual: En este momento estáis abrazando a Cristo. Vivid así vuestro abrazo, esto es posible por vuestro Sacramento. Sois signos de Cristo en la Tierra. En vuestro abrazo se hace Él presente en el mundo. ¡Abrazaos! ¡Abrazaos mucho!
Alicia: Ahora entiendo. Eso justo que echamos de menos de Jesús, una vez ascendido a los cielos, es lo que tengo que experimentar con mi esposo, y así, mi experiencia de Cristo será completa.
Juanjo: A partir de ahora, aprovecharemos toda la potencia de esta carne que nos dio el Padre y cuya dignidad ha elevado Cristo a la categoría de dioses.

Madre,

Tú sabes muy bien cómo se encarna el Hijo de Dios, porque fuiste mediadora de la unión en Cristo de la divinidad de Dios y la humanidad del hombre. Acoge nuestro matrimonio en Tu seno para que, revestidos de la fuerza de lo alto, se manifieste en nuestra relación conyugal, el Espíritu de Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.