Archivo del Autor: Esposos Misioneros

RETIRO PARA NOVIOS EN GRANADA 19 – 21 SEPTIEMBRE 2025

RETIRO PARA NOVIOS EN GRANADA 19 – 21 SEPTIEMBRE 2025

Amar en la dificultad. Comentario para matrimonios: Mt 8, 28-34

Abierta la inscripción de la peregrinación a Fátima: haz click AQUÍ

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde el sepulcro dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?». A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron:
«Si nos echas, mándanos a la piara». Jesús les dijo: «Id». Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y se murieron en las aguas. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Amar en la dificultad:

Días atrás rezábamos en el Evangelio, la parábola del buen Pastor, donde Jesucristo sale en busca de la oveja perdida dejando a las otras 99. En este caso, aun sabiendo el rechazo de todos por los dos endemoniados, Jesús va más allá, elige amar, se compadece de los dos poseídos. Como siempre tiene la iniciativa de acudir, de llamar al necesitado. Cristo no se aleja del pecador, rechaza el pecado pero no al pecador, que se acerca para sanarle. Pero necesita de nuestra aceptación, de nuestro querer querer vivir con Él, por Él, y en Él, reconociendo que solos no podemos. Nosotros ponemos nuestro casi nada, nuestra voluntad, y Cristo pone Su Todo, llenando nuestro corazón de Su amor sanador y misericordioso.

Aterrizado a la Vida Matrimonial:

Juan: Angélica, qué feliz me siento después del retiro de Proyecto Amor Conyugal que hemos vivido.
Angélica: Sí, salí muy ilusionada, con la esperanza de vivir renovados, con otra mirada, pero han pasado dos semanas y creo que no va a ser posible.
Juan: ¿Por qué dices eso? Es cierto que hicimos la oración conyugal los 4 primeros días y los demás días no la hemos hecho.
Angélica: No sé si vale la pena esforzarse porque seguimos igual. Sigo pensando mal de ti, cuando ayer viniste tarde, y hoy cuando no me has dado un beso al despertar.
Juan: Tú misma, Angélica, dijiste los días que rezamos juntos que se respiraba una paz en casa que hacía tiempo que no se vivía, y que estabas feliz porque ya no estabas pensando mal de mí. Yo quisiera seguir intentándolo, y como nos dijeron: Dios nos pide nuestro casi nada, nuestra voluntad de perseverar.
Angélica: Tienes razón. Sabes que me va a costar mucho, así que te pido paciencia conmigo, aunque me da esperanza que voy viendo un cambio en ti que sólo puede venir de Dios, así que, gracias Juan por insistir en vivir nuestro matrimonio como Dios lo pensó.
Juan: ¡Cómo te acuerdas del cartel! No se nos tiene que olvidar. ¿Vale? ¿Te acuerdas también, de “tanto comportarse como un hombre enamorado, se volvió a enamorar”?. Pues me está pasando a mí.
Angélica: ¡Ayyyyyy Juan! vamos a invocar al Espíritu Santo y rezar con el Evangelio de hoy.

Madre,

Te pedimos que nos ayudes a actuar como Tu Hijo, acudiendo a nuestro esposo al auxilio de su pecado como sacrificio y entrega por el amor que nos une en comunión. Alabado sea nuestro Salvador.

Rescata-dos. Comentario para matrimonios: Mateo 8,23-27

Abierta la inscripción de la peregrinación a Fátima: haz click AQUÍ

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8,23-27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Él les dice:
«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados:
«¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».

Rescata-dos.

Señor, hoy nos dices que guardamos un trozo de nuestro corazón para nosotros, y que no te lo entregamos como hijos tuyos porque nos falta fe ante las dificultades.
Nos dices que descansemos en Tu plan, que cuando vienen las dificultades entre nosotros, Tú te haces más fuerte y poderoso si acudimos a la Gracia en la oración y en los sacramentos, especialmente en nuestro sacramento del matrimonio.
En las dificultades, si nos comportamos como hijos tuyos y acudimos a ti, Tú demuestras Tu poder, y nos rescatas de la tormenta elevando nuestro sacramento con toda Tu Gracia y con todo Tu Poder.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carmen, al llegar a casa para comer: Hola cariño ¿Qué tal la mañana?
Elías: Mal. Además no quiero ni hablar.
Carmen: Bueno, ¿que culpa tengo yo de que te vaya mal? ¡Anda y que te den! ¡Que bastante tengo yo con lo mío!
Elías tras hacer oración por la tarde, con la Gracia de Dios y de su sacramento, decide acudir a Carmen: Cariño, perdóname, porque hoy en la comida ha salido mi amor propio ante las dificultades que estoy pasando en mi trabajo, y en lugar de acudir al Señor para pedir ayuda, te he soltado una coz.
Carmen: Tranquilo Elías, yo tampoco te he ayudado, y en lugar de acogerte y comprenderte, también te hice daño.
Elías: ¿Te parece si ahora en la oración le pedimos al Señor que nos ayude a confiar más en sus planes?
Carmen: ¡Me parece una súper idea! Y mañana se lo ofrecemos al Señor en misa.
Los dos juntos: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo…

Madre,
Que como Tú digamos Sí al Plan de Dios. Enséñanos a decir: «Hágase en nosotros según tu palabra». Alabado sea el Señor.

Señor, queremos seguirte. Comentario para matrimonios: Mt 8, 18-22

Abierta la inscripción de la peregrinación a Fátima: haz click AQUÍ

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8,18-22

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de cruzar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo:
«Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro, que era de los discípulos, le dijo:
«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó:
«Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Señor, queremos seguirte

Tantas veces el pasado nos frena, impide que estemos cerca del Señor porque nos anclamos en lo que hicimos, en lo mal que durante tantos años vivimos nuestro matrimonio; en los miedos de volver a caer. Nos miramos a nosotros mismos, a nuestras fuerzas, a nuestras ideas y planes. Nos lamemos las heridas. Y perdemos la esperanza.
Hoy el Señor nos dice que dejemos atrás nuestros “muertos”, nuestras malas experiencias, nuestros pecados y faltas de amor y delicadeza; y que le miremos a Él. Que volvamos a empezar de nuevo, con renovados deseos de vivir nuestro matrimonio como el Padre lo pensó. Ahora es distinto porque vamos de su preciosa mano, llagada por amor; y con la ilusión de haberle encontrado. Si, Señor, queremos seguirte y no quedarnos atrás enterrando nuestros muertos.
Que ilusión más grande andar este camino contigo. Bendito seas Señor, Tú eres nuestro Amor.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Sara: Esposo, te veo triste.
Juan: Si. Es que a veces recuerdo los años que hemos perdido en la destrucción de nuestro matrimonio, lo que nos hemos hecho sufrir, y me apeno.
Sara: Es verdad, hemos pasado años muy duros. Pero ahora, con esta mirada nueva que tenemos el uno sobre el otro, con esta ilusión de construir nuestro matrimonio, y con esta Presencia de Jesús en nuestras vidas, la verdad es que cada día sólo deberíamos llenarlo de alabanzas y acciones de gracias al Señor.
Juan: Gracias Sara. Cuanto me ayudas. Ya sabes que tengo un carácter un poco melancólico y me da la impresión de que el demonio mete el dedo ahí para hacerme perder la ilusión y la esperanza.
(Y Juan y Sara volvieron a mirar al Señor, a seguirle por el camino, cantando y alabándole. Ilusionados con su llamada a vivir la Caridad conyugal).

Madre,

Ayúdanos a mirar a Jesús, a ilusionarnos cada día con el precioso camino que Él nos ha abierto para vivir nuestro matrimonio como el Padre lo pensó. Alabado sea por mostrárnoslo.

Escucha, escucha. Comentario para matrimonios: Mateo 16, 13-19

Abierta la inscripción de la peregrinación a Fátima: haz click AQUÍ

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Escucha, escucha.

Tú eres el Mesías, el Salvador, el hijo de Dios. Señor, ¿y quién soy yo para ti? Y rezo que me dices: “tú eres hijo de Dios en mí y tu misión es la mía. Porque te amo infinitamente y te quiero hacer uno conmigo. Así tu misión será entregarte conmigo, buscar sólo la voluntad del Padre, amar como yo amo… y así salvaremos al mundo”. Pero Señor, ¡eso parece muy elevado! “Claro, porque tú eres nuestro hijo, hijo de Dios, llamado a vivir eternamente con nosotros, llamado a amar como nosotros amamos, así que ¿cómo no vas a estar llamado a algo `tan elevado?`” ¡Entonces a eso me llamas!, ¡qué maravilla! Y, ¿cómo lo hago? “Escucha, escucha mi Palabra, y ponla en práctica, niégate a ti mismo, abraza la cruz de cada día y sígueme. Con oración, sacramentos y sacrificios no dudes que lo conseguiremos.»

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Ana: No puedo más. Lo intento pero no puedo. Es que no me escucha, va a lo suyo, no me ayuda y estoy desbordada… Y encima nuestros hijos ya están aprendiendo a hacer como él, a pasar de todo. No sé qué hacer, si darle un ultimátum, o dejar unos días de hacer yo las cosas, ya verás lo que se encuentra…
Tutores: Ay Ana, siento mucho lo que estás sufriendo. Por favor, ponte ante el Señor, ponte ante la Virgen, y a ver cómo lo harían ellos.
Ana: Bueno, ellos son Dios y la Virgen. Además, San José no era como mi esposo.
Tutores: San José no era como Juan pero nosotros sí somos pecadores y el Señor nos quiere, nos disculpa, nos espera, nos ama,… Rézalo por favor y lo hablamos.
(Al día siguiente Ana llama a sus tutores…)
Ana: ¡Mil gracias! Me he puesto a los pies de la Cruz y he mirado al Señor. ¡Él me ha dado todo, su vida, me ha perdonado tanto! Y sé que me pide que ame a Juan, que le disculpe y que aprenda a amar de verdad. Me miro mucho a mí misma y el Señor sólo estaba pendiente de los demás. Juan está pasando por momentos complicados, está muy agobiado, no se da cuenta que necesito su ayuda. Así que se la voy a pedir con cariño. Y donde él no llegue, pondré yo mi amor. Me va a costar, porque tiendo mucho a mirarme el ombligo,… pero sé que con la ayuda de Dios, a tope con oración, con la fuerza de la Eucaristía y de nuestro sacramento, lo voy a conseguir.
Tutores: ¡Qué bien, Ana! Y así, tus hijos verán a su madre amando a su esposo en su debilidad, y ese testimonio vale más que todo. Esos sacrificios de entrega por tu esposo, “por Cristo, con Cristo, en Cristo”, por vuestro sacramento del matrimonio alcanzan un valor eterno y son fuente de gracia y del amor de Cristo para vosotros.

Madre,

Por favor, ayúdanos a escucharnos y a entregarnos como vosotros lo hacéis, sin mirarnos a nosotros mismos. Por Cristo, con Él y en Él. Alabado sea Cristo crucificado.