Archivo del Autor: Esposos Misioneros

RETIRO MATRIMONIOS HERENCIA (CIUDAD REAL) 16 – 18 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS HERENCIA (CIUDAD REAL) 16 – 18 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 28  – 30 AGOSTO 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 28  – 30 AGOSTO 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 11  – 13 SEPTIEMBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 11  – 13 SEPTIEMBRE 2026

Acudid siempre al Señor. Comentario para Matrimonios: san Mateo 14, 22-36

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36

Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos.
Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.

Acudid siempre al Señor.

En este evangelio, la barca puede representar perfectamente nuestro matrimonio. Jesús no promete un viaje sin olas; al contrario, a veces parece que nos envía a navegar mientras Él permanece en silencio. Hay temporadas en las que los vientos contrarios son el cansancio, las diferencias, los problemas económicos, la enfermedad o la rutina. Y podemos llegar a preguntarnos: «¿Dónde está el Señor?». Pero Jesús nunca pierde de vista la barca, y nunca deja de cuidar nuestro matrimonio, aunque no sintamos su presencia.
Pedro nos representa cuando, movidos por el amor y la confianza, damos un paso valiente hacia el otro. Caminar sobre el agua es seguir amando cuando no resulta fácil, pedir perdón cuando el orgullo empuja en sentido contrario, volver a confiar después de una herida, o mantenerse fiel cuando el viento sopla con fuerza. Mientras la mirada está puesta en Cristo, lo imposible se hace posible.
El problema comienza cuando Pedro deja de mirar a Jesús y fija la atención en el viento. En el matrimonio ocurre igual: cuando miramos solo los defectos del cónyuge, las dificultades o nuestros propios miedos, o prima nuestro amor propio. Entonces empezamos a hundirnos. La duda no destruye el matrimonio de golpe; primero desvía la mirada.
Lo más esperanzador es que Pedro no se ahoga porque grita: «Señor, sálvame». En un matrimonio santo no vencen los que nunca caen, sino el que sabe pedir ayuda a Dios antes de tocar fondo. Jesús siempre extiende la mano. Nunca reprocha antes de salvar; primero sostiene, después enseña.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Paco: Lore, hay momentos en que siento que nuestro matrimonio es como la barca del Evangelio. Parece que todo se pone en contra.
Loreto: A mí también me pasa. Y me doy cuenta de que, cuando solo miro los problemas o tus defectos, me entra miedo, como a Pedro con el viento.
Paco: Yo también. En lugar de mirar a Jesús, me pongo a pensar en lo difícil que es todo y empiezo a hundirme.
Loreto: Lo bonito es que Pedro no disimula. Grita: «Señor, sálvame». Quizá nosotros deberíamos acudir antes al Señor y menos a nuestras propias fuerzas.
Paco: Sí. Muchas veces intento arreglarlo todo sólo, cuando lo primero debería ser rezar contigo y poner nuestro matrimonio en sus manos.
Loreto: Y confiar en que Él nunca deja de cuidar nuestra barca, aunque a veces parezca que está lejos.
Paco: ¿Te parece que, cuando llegue el próximo «viento contrario», en vez de discutir o encerrarnos cada uno en lo suyo, hagamos una oración juntos, aunque sea muy breve?
Loreto: Me parece un buen propósito. Si mantenemos la mirada en Jesús, será mucho más difícil que el miedo nos hunda.
Paco: Señor, sube a nuestra barca y enséñanos a confiar siempre en Ti.
Loreto: Amén.

Madre,

Tú que nunca apartaste la mirada de Jesús, enséñanos a hacer lo mismo en nuestro matrimonio. Que tu Hijo sea la paz de nuestra barca, la fuerza de nuestro amor y la esperanza en cada dificultad. Benditas seas Madre.

Eucaristía cotidiana. Comentario para matrimonios: Mateo 14, 13-21

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Eucaristía cotidiana.

Cinco panes y dos peces parecen demasiado poco para saciar el hambre de mi esposo. Sin embargo, Tú, Jesús mío, me pides que no lo despida, sino que lo alimente con lo poco que tengo: un gesto de ternura, una palabra de perdón, un tiempo de escucha, una oración compartida…
Hoy pongo en Tus manos esa pobreza. Tómala, eleva los ojos al cielo, pronuncia sobre ella Tu bendición, pártela y haz de ella con Tu entrega una eucaristía cotidiana.
Jesús mío, te ofrezco mi vida para que, unida a la Tuya, se deje tomar, bendecir, partir y entregar por amor, y así llegue a ser el alimento que mi esposo/a necesita.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan y María vivían desbordados: un hijo adolescente muy rebelde, problemas económicos y laborales, y un matrimonio cada vez más distante. Como los discípulos del Evangelio, sólo veían sus «cinco panes y dos peces»: aquello que les faltaba para salir adelante.
Decidieron invitar a cenar a su hijo para hacerle entrar en razón. Habían preparado argumentos para corregirle, convencidos de que así resolverían el problema.
Pero fue él quien les abrió los ojos.
—¿Sabéis qué es lo que más me duele? —les dijo—. Me habláis de perdón y de amor, pero nunca os he visto pediros perdón. Sois la escuela donde he aprendido a amar… y eso es lo que he aprendido.
Aquellas palabras les atravesaron el corazón. Descubrieron que Dios les estaba hablando a través de su hijo.
Entonces recordaron el Evangelio. Como los discípulos, habían intentado resolverlo todo con cálculos y soluciones humanas. Pero Jesús no les pidió más recursos, sino una sola cosa: «Traédmelos aquí».
Comprendieron que su verdadera pobreza no era el dinero ni los problemas familiares, sino un amor que necesitaba pasar por las manos de Cristo. Esa misma noche rezaron juntos y se pidieron perdón.
Aquella noche no desaparecieron las dificultades, pero sí comenzó en ellos un camino de conversión. El Espíritu Santo empezó a transformar su matrimonio: aprendieron a amar a Dios y al prójimo con un amor cada vez más desinteresado; a vivir una alegría que no dependía de las circunstancias; a conservar la paz en medio de las pruebas; a tener paciencia con sus límites y los de su hijo; a tratarse con amabilidad y bondad; a crecer en fidelidad a Dios y el uno al otro; a responder con mansedumbre en lugar de con dureza; y a ejercitar el dominio de sí mismos antes de dejarse llevar por el orgullo o el enfado. Comprendieron que el verdadero milagro de los cinco panes no era solo alimentar a una multitud, sino convertir un corazón pobre en un corazón capaz de amar como Cristo.

Madre,

Tú que estuviste al pié de la cruz de tu hijo, muéstranos el verdadero amor. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.