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RETIRO MATRIMONIOS FLORIDA (URUGUAY) 17-19 MAYO 2024

RETIRO MATRIMONIOS FLORIDA – URUGUAY 17-19 MAYO 2024

Cómo conquistar al esposo. Comentario para Matrimonios: Juan 21, 1-14

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EVANGELIO

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-14.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».
Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:
«No».
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

Cómo conquistar al esposo.

Solemos escuchar eso de que sólo Dios sacia. Y es cierto, porque hemos nacido para volver a Él. Pero ¿Eso significa que no podemos vivir una plenitud en la tierra a través de nuestra vocación? ¿Está nuestro matrimonio condenado a no darnos la felicidad? Porque en el cielo, no existirá ya el matrimonio. ¿Nos ha llamado Dios a una vocación frustrada por nuestras limitaciones?

Creemos que no. Un Padre no hace eso. ¡Podemos conseguirlo! Podemos alcanzar la plenitud en nuestro matrimonio. ¿Sin la ayuda de Dios? No. Pero es nuestra unión como esposos la que nos dará esa plenitud. Una plenitud que se irá ensanchando y siempre podrá ser más plena, hasta que estemos preparados para abarcar la infinitud de Dios.

Para ello, todo lo que tengo que hacer es conquistar a mi esposo, siguiendo las instrucciones de Cristo: El Evangelio diario. Él nos dirá hacia dónde tenemos que echar las redes cada día, para conquistarle.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ellos se casaron convencidos de que iban a quererse siempre. Pero pasaban los años y su amor se iba deteriorando, hasta que el peso acumulado de afectos negativos era tal, que dejaron de creer en su matrimonio. Entonces decidieron ponerse a trabajar, luchar por cambiar las cosas. Intentaban conocerse mejor, intentaban ser más agradables el uno con el otro, aprender a escucharse… pero no conseguían muchos frutos. El dolor de las heridas mutuas, el abismo que les separaba era tal, que no había manera de franquearlo. Los puentes que intentaban tender eran demasiado débiles y se venían abajo a la primera de cambio. A veces se cansaban de esforzarse, porque parecía que era inútil. Pero siguieron luchando…
Entonces, el Señor, al que invocaban juntos, les abrió un camino nuevo que ellos desconocían. Era el camino del matrimonio verdadero: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». Eso es Proyecto Amor Conyugal, hacia donde el Señor nos ha indicado que echemos las redes. Son redes muy resistentes, porque son coherentes y soportan cualquier embate. Son las catequesis de san Juan Pablo II sobre el amor humano. En ellas hemos encontrado nuestra verdad, la verdad de nuestro matrimonio.
Después viene la respuesta de cada uno. En el Evangelio vemos tres tipos de respuestas: La de Juan, el enamorado del Señor, que lo reconoce enseguida. La de Pedro, que salta sin pensárselo dos veces para encontrarse con Jesús, y la del resto de apóstoles que van hacia Él, poco a poco, remando, sin olvidar el pescado que ya habían conseguido. Pero todos llegan a Él.
Ahora el Señor nos espera cada día, en la orilla de nuestro “Mar de Galilea”, con la mesa puesta para que llevemos nuestra ofrenda y comamos con Él. Tú puedes firmar esta historia.

Madre,

Danos la esperanza de saber que nuestro matrimonio nos va a llenar, que es real, que podemos construir una comunión plena con la ayuda de Dios, que podemos hacernos uno. Es la promesa del Señor por nuestro Sacramento. Es muy importante para nosotros, Madre, mantener viva la esperanza. Confiamos en ti. Confiamos en Él. Alabado sea el Señor, que lo va a hacer. Nos lo has prometido.

Humanos para siempre. Comentario para Matrimonios: Lucas 24, 35-48

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EVANGELIO

Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 35-48.

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

– «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y le dijo:

– «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Palabra del Señor.

 

Humanos para siempre.

El hombre escatológico, está llamado a tener cuerpo también. Desde el principio seremos alma y cuerpo y seguiremos siéndolo para la eternidad. Dios cree que el cuerpo es importante para nosotros, por eso Jesús demuestra a sus discípulos que no es un fantasma, era importante para Él que ellos vieran que sigue teniendo carne y huesos.

Y ¿para qué tener cuerpo para la eternidad? Pues porque ahora y para la eternidad, expresaremos con el cuerpo el amor que hay en nuestras almas. Seguiremos necesitando abrazarnos, mirarnos… porque somos definitivamente, humanos.

 

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Mario: Luisa, ¿me amas?

Luisa: Sí, te amo.

Mario: Y ¿Por qué no me lo expresas?

Luisa: Bueno, te lo expreso de muchas maneras.

Mario: Sí, pero me refiero, con abrazos, besos, caricias…

Luisa: Bueno, ya sabes que no tengo ese hábito y me cuesta. Aunque sé que lo tengo que superar. El amor debe expresarse con el cuerpo, o no es amor. Recuerdo una esposa que estaba yo ayudando a reconstruir su relación con su esposo y todos los esfuerzos que le comentaba que debía hacer, le parecían bien, hasta que le dije que le diese un abrazo a su esposo. Entonces, se negó en rotundo.

Mario: Claro, porque en realidad, no amaba a su esposo. Yo necesito experimentar que me amas con esos abrazos y besos. Así se transmite también la gracia del Sacramento entre nosotros.

Luisa: Anda, ven que te has ganado un buen abrazo, cariño.

 

Madre,

Nos santificamos también expresándonos el amor con el cuerpo. Que no olvidemos que fuimos creados humanos. Alabado sea el Señor que quiso también hacerse hombre.

 

Vence siempre. Comentario para Matrimonios: Lucas 24, 13-35

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EVANGELIO

Lo reconocieron al partir el pan.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35.

 

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».

Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

 

Vence siempre.

Nos cuesta mucho entender que para llegar a la Gloria, antes el Señor, tuviera que padecer mucho. Puesto que Dios nos hizo libres y decidimos caer en el pecado, existe la posibilidad de no amarnos y no amarle a Él. En ese estado de cosas, la única posibilidad que hay de demostrar el amor es a través del sufrimiento. No hay otra. De manera que no hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos.

Cristo establece una nueva alianza de amor entre Dios y los hombres, dando la vida por la salvación de la humanidad, de manera que no hay mayor amor que el de Dios y la humanidad, puesto que Cristo es también hombre y Él lo hizo en representación de todos nosotros. Y por eso, el Padre le glorifica y por mediación Suya nos glorificará a nosotros.

 

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Sandra: Me había imaginado un matrimonio contigo lleno de sorpresas agradables, impregnado de confidencias y de complicidades, en el que tú estuvieses en mí y yo en ti. Cuando empezó nuestro matrimonio y al poco tiempo me encontré que no era así, me llevé una gran decepción. Yo me había casado contigo para que nos quisiéramos. Poco a poco desvié mi atención de nuestra relación pensando que debía buscarme otro camino para sentirme bien conmigo misma.

Carlos: Es verdad que nos sentimos decepcionados el un por el otro. Yo me había imaginado una esposa deseosa de recibirme cada día, que me mirara con ilusión cada mañana al despertarnos, que me hiciese sentir más hombre y que dulcificara nuestra vida.

Sandra: Claro, y todo iba bien hasta que me topé con el sufrimiento. No lo quería, me revelaba. Pero tuve que aprender que el matrimonio es un Sacramento y como tal, sólo se puede vivir siguiendo al Maestro del Amor, que es Cristo. Él llegó a esa gloria que yo buscaba, sí, pero por el camino de la cruz. Una cruz en la que primero me tocaba expiar mis pecados de egoísmo, soberbia y demás. Y después me tocaba entregarme también por los tuyos.

Carlos: Lo mismo me tocaba a mí. Aprender a amar sufriendo para doblegar los impulsos de mi amor propio y después aprender a ofrecerme por ti, como Cristo. Ha sido y está siendo duro, pero yo ya experimento muchos momentos de gloria, cuando por la Gracia de Dios consigo entregarme con Él y en Él.

Sandra: Ahora veo una belleza en el amor muy superior a todo lo que me había imaginado al principio. No me esperaba tanto de nuestro matrimonio. Alabado sea Dios que supera con creces nuestras expectativas.

Carlos: El amor verdadero vence siempre. Cristo siempre puede más. Eso nos decía San Juan Pablo cuando éramos novios.

 

Madre,

Que no nos dé miedo el sufrimiento, porque es el camino de Cristo. De Su mano alcanzaremos la gloria. Alabado sea Ntro. Señor.

Obcecados por razones. Comentario para Matrimonios: Juan 20, 11-18

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EVANGELIO

He visto al Señor y ha dicho esto.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 11-18.

 

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella les contesta:

«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:

«¡María!».

Ella se vuelve y le dice:

«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:

«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»».

María Magdalena fue y anunció a los discípulos:

«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

 

Obcecados por razones.

Dios está constantemente actuando en nuestras vidas, pero a veces, estamos tan obcecados por nuestras razones, que no vemos el Camino con mayúsculas. Esto le pasó a María Magdalena. Ella iba a embalsamar el cuerpo de Jesús, iba con esa idea fija en la cabeza, hasta el punto que no reconoce al propio Jesús vivo.

Estemos más atentos a la luz del Espíritu y a la voz del Señor para que no se nos escape Su presencia en el día a día.

 

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Mercedes: Javier, fíjate cómo he estado que le había pedido luz al Señor para que me mostrase el camino en esta dificultad laboral que estoy teniendo y no me había dado cuenta de que me estaba respondiendo muy claramente.

Javier: Y ¿cómo y cuándo te ha respondido?

Mercedes: Pues mira, Javier. Me estaba respondiendo a través de ti y de tus consejos, pero en lugar de ver que era la voz de Dios, me lo tomé como que estabas mirando por tus intereses. Ahora creo que si sigo tus recomendaciones no me voy a equivocar.

Javier: Bueno, desde luego que yo lo había rezado mucho antes de intentar iluminarte el camino, porque no quiero que sean mis criterios los que prevalezcan en nuestra vida, sino la voluntad de Dios. Si tú también lo ves claro, pues bendito sea.

Mercedes: Sí, además que, una vez que he tomado la decisión me he quedado muy tranquila y se me han quitado todos los miedos. Digamos que he descansado en ella. Y eso tiene que ser necesariamente porque es la voluntad de Dios.

Javier: Bendito sea el Señor.

 

Madre,

El Señor resucitado se fue al Padre para que Su Espíritu pudiese estar en todo y en todos. Que seamos capaces de verlo y que no nos cerremos a la luz de la gracia. Alabado sea el Señor que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.