Archivo del Autor: Esposos Misioneros

Ver en lo pequeño. Comentario para Matrimonios: Juan 1,47-51

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?».
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Ver en lo pequeño.

¿Cómo podríamos nosotros reconocer al Señor si nos lo cruzáramos hoy por la calle? Si no llevamos una vida de oración, si no lo tratamos diariamente ni nos relacionamos con Él, difícilmente podremos reconocerlo. Por este motivo es tan necesario estar cerca del Señor y recibir los sacramentos. Conocerle no es solo una cuestión de entendimiento, sino de trato, de pasar tiempo con Él, de hablarle y escucharle. Es un amigo que quiere participar de nuestra vida, pero debemos dejarle entrar en ella.
Debemos estar atentos a todos los pequeños regalos que nos hace cada día. Al levantarnos, podemos dar gracias a Dios por nuestro cónyuge, por el nuevo día, y pedirle que nos ayude a tenerle presente en cada instante. Solo así, cuando nuestra vida se convierta en una oración constante, podremos disfrutar de Su presencia en todo momento: en lo pequeño y escondido, y también en lo grande, cuando llegue.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan: ¿Sabes qué me ha pasado hoy? Que me he encontrado con David y me ha tenido que parar él, porque no lo he reconocido.
Carla: ¿David? No lo recuerdo…
Juan: Sí Carla, aquel chico que invitamos a nuestra boda y que tenía una casa en la montaña, con el que hacíamos muchos planes los primeros meses de nuestro matrimonio, que siempre nos sorprendía porque iba cambiando de novia como de camisa…
Carla: ¡Es verdad, qué majo era! Pero qué perdido andaba, pobrecillo. Mira que hablábamos con él, pero al final, de forma muy educada, nos terminó por mandar a paseo a nosotros y al resto del grupo…
Juan: ¡Qué fuerte! Ya han pasado 20 años. Por lo que me ha contado por encima, ha llevado un poco de mala vida y eso le ha pasado factura. Hemos quedado en que venga a cenar un día a casa.
Carla: Sería bonito Juan que puedas retomar la relación, seguro que agradece tener un amigo que le escuche. Si te ha parado él es porque lo necesita.
Juan: Bueno, me ha dicho que sigo igual que siempre y que si seguía algún tratamiento de belleza. Le he dicho que sí, que nuestro tratamiento consistía en estar cada día con un buen Amigo a quien contarle todas nuestras cosas, lo bueno, lo no tan bueno… y que, por eso, no tenemos grandes agobios y somos tan felices. Se ha reído un rato, pero le ha picado la curiosidad.
Carla: Fíjate qué bonito. Es un buen momento para acercarle de nuevo al Señor.
Juan: ¡Qué bueno es el Señor!

Madre,

Ayúdanos a llevar al Señor en el corazón cada instante y a descubrirlo en cada detalle del día.
¡Bendito y alabado sea el Señor!

Como niños. Comentario para matrimonios: san Lucas 9, 46-50

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.
Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».
Entonces Juan tomó la palabra y dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».
Jesús le respondió:
«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

Como niños,

Jesús hoy nos presenta como camino para lograr la felicidad, el camino de la sencillez .
Esposos, estamos llamados a hacernos sencillos, a hacernos muy pequeños ante Dios y por ello, ante nuestra principal mediación, nuestro esposo. Cuántas veces perdemos el tiempo y la paz, dando vueltas y razonando lo que nos ha hecho o ha dejado de hacer nuestro esposo y comparándonos con lo que yo hago o dejo de hacer por él .
Hagámonos niños, abandonémonos en los brazos del Padre para ser levantados como Hijos De Dios; para ello contamos con la Gracia del sacramento y ella nos levanta, si dejamos que actúe .
Hoy es un buen día para reflexionar , ¿como vivo yo las pruebas diarias ? ¿Confío y lo acepto como un niño o me rebelo, lo razono, me dejo llevar por lo que dice el mundo y siento que no me lo merezco ?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María: Cariño qué contenta estoy, hoy veo que el Espíritu Santo confirma que el camino que estamos viviendo en Proyecto Amor Conyugal, viene de El.
Ángel: Yo no tenía ninguna duda pero, ¿por qué te viene hoy esa confirmación?
María: Estoy viendo que hay realidades de la Iglesia con carismas diferentes al que tiene Proyecto , que están empezando a hablar del matrimonio de forma más específica e incluso haciendo jornadas con enseñanzas y experiencias que concuerda con lo que vivimos en Proyecto. Al principio tenía la tentación de juzgarles y pensar “menudos copiones”, pero hoy el Señor nos dice que quien no está contra nosotros, está a favor nuestro y me ha dado mucha alegría confirmar la grandeza de la Iglesia y ver cómo el Espíritu Santo no para de “trabajar” en la defensa del matrimonio y su indisolubilidad.
Ángel: Pues tienes razón, es una maravilla que nos apoyemos las diferentes realidades en fortalecer la vocación del matrimonio, porque si realmente entendemos que nos une algo muy sagrado y que Dios a través del sacramento se implica en el matrimonio, no debería haber tantas separaciones como vemos en matrimonios que dicen tener y vivir la Fe.
María: Sí, es una pena porque el Señor todo lo hace nuevo si le dejamos que Él dirija nuestro matrimonio. Él no da ningún matrimonio por perdido.
Ángel: Claro que no, al fin y al cabo todo es mediación que el Señor permite, para nuestra santidad y felicidad.
María: Eso es, pero el problema surge cuando queremos bajarnos de la prueba; a veces vivimos pensando que no merecemos esa relación tan «tóxica» y convertimos nuestro sacramento en una mera relación humana que se puede romper ante el sufrimiento.
Ángel: Cuánto dolor tiene que tener el Señor ante gente que incluso dice que ha visto que la voluntad de Dios es que se separe. Eso es no entender lo que es el Sacramento.
María: Recemos a partir de ahora por todos los matrimonios y por todas las realidades de la Iglesia, para que perciban la necesidad de profundizar en la sacralidad del matrimonio y se consiga vivir el matrimonio tal y como Dios lo instituyó.
Ángel: Buenísima idea, nada es nuestro, todo viene de Él y es todo para Su Gloria

Madre,

Gracias por acompañarnos siempre con tu ejemplo de sencillez y fidelidad a la Voluntad De Dios. Alabada seas.

Ir o no ir. Comentario para matrimonios: Mateo 21, 28-32

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Ir o no ir.

Dios es Amor, y yo, por mi amor propio, soy un «pero» a Su Amor: «Desearía entregarme a mi esposo, pero ¿y si se acostumbra?». «Desearía perdonarlo, pero ¿y si no reconoce su error?». Deseo, pero mi orgullo me impide ir a la viña.
En la viña descubro el Sol: la luz del Espíritu Santo, que ilumina la verdad de mi corazón; El agua: la oración y la Palabra, que fecundan mi alma; la lluvia: la gracia sacramental, que hace crecer en mí la vida que yo no puedo darme; la tierra: mi realidad concreta; La azada de mi esfuerzo; las malas hierbas de mis apegos; la poda que purifica; el viento de la contrariedad, que desbarata mis planes; la noche de la prueba, que me enseña a confiar; la espera paciente de la cosecha.
Y, finalmente, el fruto: el mejor vino: nuestro amor, transfigurado en el Tuyo, Dios mío; nosotros en Ti y Tú amando en nosotros.
La Viña es la Vida de Cristo en vuestro matrimonio. ¿De verdad no vas a ir? Porque solo yendo a la Viña alcanzaréis aquello a lo que estáis llamados. Ir o no ir. Ser o no ser. Esa es la cuestión.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan y Maria, en su aniversario de boda, solos de madrugada frente al Santísimo Sacramento: la presencial real del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo.
Maria: Aquí estamos, Señor, ante Ti para darte gracias por la viña de nuestro matrimonio y por todo lo que Tú has hecho crecer en ella.
Juan: Gracias, Señor, por María. Veo Tu paciencia en su esfuerzo por aceptarme como soy, sin intentar cambiar lo que no le gusta de mí; veo su espera y su confianza, dejando que seas Tú quien actúe en mí. En ella veo Tu esperanza y Tu paz.
María: Gracias, Dios mío, por Juan. Por Tu mansedumbre cuando renuncia a tener razón; Tu paciencia en sus silencios para no herirme; Tu bondad cuando me sirve aun estando cansado. Te reconozco en Él.
Juan: Hemos arrancado las malas hierbas del orgullo, del deseo de controlar, los enfados, los juicios… y hemos sufrido podas que no acabamos de entender. Algunas han dolido. Otras siguen doliendo.
María: Hoy vemos claramente que el fruto viene de Ti. Nosotros sólo volvemos cada día a la viña a rezar, a vivir los sacramentos, a perdonarnos, a renunciar a nosotros mismos … Y Tú haces crecer lo que nosotros no podemos hacer crecer.
Juan: Nuestros problemas continúan, pero una gran paz nos inunda junto con una misteriosa alegría. Alegría y Paz se confunden. No sabemos cuál alimenta a cuál. Pero las dos, de Tu mano, brotan en nuestras almas.
María: ¿Y mañana? volveremos a la viña a descubrir lo que Tú quieres para nosotros. No sabemos el qué, pero confiamos, esperamos y amamos.
Juan: Porque después de tantos años empezamos a comprender que esta viña no es nuestra.
María: Es Tuya, Señor. Y nosotros también.

Madre,

Muéstranos la viña de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.

Lenguajes diferentes. Comentario para matrimonios: Lucas 9,43b-45

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Lenguajes diferentes.

En este evangelio, el Señor habla a los discípulos, pero ellos no entienden lo que les dice, el lenguaje de su maestro les resulta oscuro y no captan el sentido. A los esposos muchas veces nos pasa lo mismo, que no nos entendemos, interpretamos mal lo que nos dice nuestro cónyuge, porque es como si habláramos idiomas diferentes. En realidad, es que son lenguajes diferentes, porque los hombres tienen un lenguaje más conceptual, mientras que el de las mujeres suele ser más emocional. Las mismas palabras en uno y en otra adquieren significados diferentes, eso nos confunde y no captamos el sentido profundo.
Esposos, para construir nuestra comunión, tenemos que esforzarnos por dejarnos conocer y conocer el corazón de nuestro cónyuge y sus sentimientos, que impregnan el significado de sus palabras, y así tratar de ponernos en la situación del cónyuge, para lo que es necesario conocer su forma de pensar, su forma de comunicarse, conocer lo más íntimo de su corazón. ¡Qué necesaria es la oración conyugal para alcanzar este mutuo conocimiento de las intimidades! ¿A qué esperamos?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Nuria: ¿Qué te pasa, Nacho, que te veo tan distante?
Nacho: ¿Sabes, Nuria…? No logro entenderte. Me dices que no hago nada, pero esta mañana he llevado a los niños al colegio antes de ir a mi trabajo, cuando he llegado a casa he vaciado el lavavajillas y he colocado todo en su sitio, luego he estado repasando las cuentas para ver los gastos, no sea cosa que no lleguemos a fin de mes, hemos ido juntos a la Eucaristía…
Nuria: ¿Ves?, te refieres a cosas concretas, yo lo que siento es que estos días estás lejos de mí, que no tienes detalles conmigo, y que no haces nada por construir esta comunión.
Nacho: ¿Y qué quieres que haga más de lo que hago?
Nuria: Creo que necesito más oración contigo, más oración conyugal. Hace días que no la hacemos, yo lo noto.
Nacho: Es que estoy con un pico de trabajo y apenas tengo tiempo, y cuando llego a la cama estás dormida o muy cansada.
Nuria: Así no podemos seguir. Tenemos que priorizar lo más importante, lo realmente importante, que es nuestro matrimonio, nuestra comunión conyugal. Vamos a fijar un horario y reservar un tiempo cada día para que no nos falte lo primordial: hacer más oración, para llenar nuestro corazón de lo bueno, del Amor de Dios, y no fallar en la oración conyugal. Si no te da tiempo a vaciar el lavavajillas, pues ya lo haré yo, que eso no es tan importante.
Nacho: ¡Fíjate!, como siempre dices que no te gusta hacerlo, yo había priorizado eso pensando que así te agradaba más…
Nuria: No lo dejes, claro que me ayuda y te lo valoro… pero no a costa de perdernos la oración.
Nacho: Veo que aún me cuesta entenderte, pero la verdad es que la oración conyugal nos ha unido mucho, y me permite conocerte más. Vale, prioricemos nuestra oración desde ya.

Madre,

Enséñanos a orar para llenar nuestros corazones de las cosas de Dios y vaciarlos de las cosas del mundo, como Tú, y así dar abundantes frutos de Amor. ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!

Dios es Amor. Comentario para matrimonios: Lucas 9, 18-22

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos contestaron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro respondió: «El Mesías de Dios». Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie, porque decía: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Dios es Amor.

Si preguntásemos en la calle ¿quién es para ti Jesús? Hoy, la respuesta sería de lo más variopinta. Pero Jesús nos interpela a cada uno directamente, Él quiere saber quién es para mí, porque me ama de forma personal. Cada uno de nosotros podemos decir: «Dios me ama plenamente», sin que eso reduzca en nada el amor que reciben los demás. Dios me creó por amor, me llama por mi nombre y me ama de forma única y personal. Su corazón es tan infinito que cada uno de nosotros puede sentirse el hijo amado. Y así de especial también para Dios es mi esposo, lo ama porque es su hijo amado, único e irrepetible. Y así espera de mí que yo ame a mi esposo: plenamente, sin que eso reduzca el amor que tengo por mis padres, mis hijos, mis amigos… Esposos ¿quereis demostrarle a Dios cuánto lo amáis? Pues amaos entre vosotros con el amor que de Él recibís.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Santi y Ana en la oración conyugal)
Santi: Ana
Ana: Santi, que susto me has dado, llevas tanto tiempo con los ojos cerrados que pensaba que te habías quedado dormido en los brazos del Señor.
Santi: Jejeje, muy bueno. Cariño, perdona. La verdad que hoy el Señor me ha mostrado la forma en que me ama: tal y como soy, a mí, con mi nombre y apellidos, con mi familia, con mis pecados, con mis debilidades, algo impresionante… me ha emocionado.
Ana: ¡Qué maravilla! El Señor es tan bueno, tan buen Padre, me emociono yo también. Y me alegro muchísimo por ti y te doy las gracias por compartirlo, porque a través tuya también me lo dice a mí. Y me hacía muchísima falta escucharlo porque llevo tiempo con una oración más seca y árida, sin «sentir» nada, pero perseverando por amor a Él.
Santi: ¡Qué bonita eres! El Señor te lleva tiempo purificando porque voy a un ritmo más lento y me estás acompañando en este camino con paciencia y mucho amor. Te quería hacer una pregunta, porque llevas más tiempo formándote que yo. Ahora que tengo grabado ese amor que Dios me tiene ¿cuál sería el siguiente paso?
Ana: Pues muy fácil, el Señor realmente nos ama tal y como somos, en el momento en el que estemos, pero hay una frase preciosa: «Él nos sueña santos». Así que tenemos que seguir con nuestra formación, con el camino de purificación, por supuesto, con los sacramentos y la oración, para así estar cada día más cerquita los dos y más unidos a Él.

Madre,

Gracias por todo, recordamos este frase de San Agustín: «Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», ayúdanos a que cada día nos vayamos configurando más con Tu Hijo. ¡Sea bendito y alabado por siempre!