Proyecto Amor Conyugal en colaboración con la Diócesis de Sevilla,os invita a participar en un retiro para Novioscon el objetivo de adentrarnos juntos en la Verdad del Matrimonio (según San Juan Pablo II) y experimentar la Alegría del Amor (según el Papa Francisco).
¿A quién va dirigido este retiro? A todos los novios en momento de discernimiento, que quieran vivir una Experiencia de Amor verdadero, y que quieran profundizar en la vocación al matrimonio.
FECHAS: Será desde el viernes 6 de marzo a las 17:00 h hasta el domingo 8 de marzoa las 17:30 h.
PRECIO: 340 € por pareja de novios. (Incluye alojamiento, pensión completa y gastos diversos)
Suplemento económico para ayuda a otros novios: Podéis aportar una cantidad adicional, a voluntad, que es muy importante para ayudar a otros novios con dificultades económicas que quieren hacer el retiro.
Subvenciones: Si algunos novios no pueden asistir por problemas económicos que nos lo comente, por favor.
¿Cuándo? Lo antes posible. Se suele llenar en pocos minutos.
Nos pondremos en contacto con vosotros para confirmaros la reserva de plaza y daros las instrucciones para realizar el pago o indicaros si estáis en lista de espera. En caso de que no hubiese plazas disponibles.
Sobre Proyecto Amor Conyugal:https://proyectoamorconyugal.es/acerca-de está compuesto por matrimonios católicos que profundizamos en nuestra vocación conyugal y que ayudamos a otros a convertir su matrimonio en algo GRANDE.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28
Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a los que estaban con él?».
Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».
Normas, normas, normas.
¿Cuántas normas de la sociedad seguimos? ¿A quién queremos agradar, a Dios o a los hombres? Si os dais cuenta, el mundo, la sociedad, nos quiere decir qué debemos hacer, qué debemos pensar, cómo debemos hacerlo, cómo debemos actuar, cómo debemos vestir… y, muchas veces, lo hacemos porque así quedamos bien y no quedamos como los “raritos”.
Debemos ordenar nuestras prioridades, saber Quién es nuestro Señor y seguirle a Él, ordenar nuestra vida según Él manda. En nuestro matrimonio ocurre igual, no nos debe dar apuro ir a misa cada día, ir juntos a los planes, hacer oración, darnos la mano, tener muestras de cariño, quizás, renunciar a algún plan porque no nos parece adecuado… debemos mostrar la gracia de ser hijos de Dios y la belleza del sacramento del matrimonio y la familia.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Marina: Cariño, Laura me ha ofrecido ir, en Semana Santa, cuatro días a su casa de la playa con todas las amigas.
Juan Pablo: ¡Qué planazo! ¿Qué días sería? porque así, me organizo para trabajar desde casa y vigilo a los nenes. Así descansas un poco y desconectas.
Marina: No estoy segura si esto es lo que “debo” hacer, me voy a misa y lo voy a poner en oración, así seguro que lo veré más claro.
(Al volver de misa)
Juan Pablo: Marina, no sé qué te ha dicho el Señor, pero yo también lo he rezado y creo que es mejor que no vayas, porque es una época que siempre vivimos toda la familia en oración, preparándonos para la muerte del Señor. Por otro lado, de cara a los nenes, no es un buen ejemplo… ¿no crees?
Marina: ¡Juan Pablo cómo te quiero!, el Señor me ha dicho lo mismo. Quiero mucho a mis amigas, pero estas fechas son para vivir en familia, en oración e intentando unirnos a Su Pasión. También es bueno que los niños vean que seguir al Señor, a veces, puede suponer decir que no a algunos planes; no digo que sea malo el plan, ni que vayamos a hacer ningún escándalo, pero en este momento no es lo que debo hacer.
Madre,
Que sepamos discernir qué quiere el Señor en nuestra vida, nuestro matrimonio y para nuestra familia y tengamos la fortaleza de hacerlo. ¡Bendito sea el Señor!
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban
ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por
qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al novio, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo,
odres nuevos»..
Cristomodelo de los esposos.
Jesús se presenta en este evangelio como el Esposo. Esta imagen no es solo simbólica: revela el modo en que Dios se relaciona con nosotros, y de manera muy concreta ilumina nuestra vocación conyugal. Donde está el Esposo, hay alegría, comunión y vida compartida. Cuando preguntan por qué los discípulos no ayunan, Jesús responde desde la lógica del amor: cuando los esposos están juntos, no viven el amor desde la ausencia ni desde la privación, sino desde la presencia y la fiesta. El ayuno tiene sentido cuando hay distancia; el amor, cuando hay encuentro. En la vida matrimonial esto nos recuerda que la relación no puede sostenerse solo en sacrificios o normas, sino en el cambio de mirada para ver al otro como le mira Dios.y ver la belleza de su matrimonio.
Jesús advierte, sin embargo, que llegarán días en que el Esposo será arrebatado. Esto habla de los momentos de crisis, silencios, heridas o rutinas que pueden aparecer en el matrimonio. En esos tiempos, el amor se purifica, se expresa como fidelidad, espera y entrega, no como emoción inmediata. El ayuno se convierte entonces en aprender a amar incluso cuando no se “siente” la cercanía del otro.
Este evangelio invita a los esposos a preguntarse: ¿Celebramos la presencia del otro como un don? ¿Sabemos atravesar las ausencias sin dejar de amar? ¿Estamos dispuestos a renovarnos para que el amor siga siendo vino nuevo?
Cristo, Esposo fiel, camina con los matrimonios para que su amor no se desgaste, sino que se transforme cada día en una alianza más profunda y fecunda.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Ana: Oye, ¿te diste cuenta en el evangelio de hoy? Jesús dice que
mientras el esposo está presente no se ayuna.
Luis: Entonces queda oficialmente confirmado: cuando estoy en casa, no hay dieta.
Ana: No te emociones tanto… Jesús hablaba de algo más profundo.
Luis: Ya, ya… pero déjame disfrutar la interpretación literal cinco segundos.
Ana: A mí me hizo pensar que el matrimonio no puede ser solo sacrificio y esfuerzo. También está hecho para disfrutarse.
Luis: Menos mal. Porque si esto fuera solo penitencia, ya tendríamos alas de tanto sufrir.
Ana: Pero luego dice que llegará el día en que el esposo será arrebatado.
Luis: ¿Eso cuenta cuando estás enfadada y no me hablas en toda la tarde?
Ana: Exactamente. Ahí tú ayunas… de conversación.
Luis: Y yo hago penitencia en silencio, esperando la reconciliación.
Ana: Lo del remiendo nuevo en vestido viejo me dio fuerte. No se puede arreglar todo con “siempre lo hemos hecho así”.
Luis: Claro, porque intentar resolver los problemas de hoy con argumentos de hace veinte años es como poner vino nuevo en una botella de plástico.
Ana: O pretender que sigamos funcionando con las mismas energías que cuando no teníamos hijos ni facturas.
Luis: Eso es: y que pongamos siempre un poco de humor.
Ana: Amén a eso. Porque sin humor, ni vino nuevo aguanta.
Luis: Y sin amor, ni el mejor odre sirve.
Madre,
enséñanos a mirarnos como tú miras, sin juicio, con paciencia y con ternura, siempre lentos para juzgar y rápidos para perdonar. Alabada seas por siempre.
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Viéndolo venir.
El Espíritu Santo llevó a Juan a ver al Hijo de Dios y a dar testimonio.
¿Y tú? ¿Qué espíritu te guía? ¿A quién ves en tu esposo/a?
Hay una mirada guiada por tu propio espíritu que intenta imponer “un modelo” de cómo quieres que sea tu esposo/a. Esa mirada lleva a la frustración, a la tristeza, a la monotonía y, en definitiva, a la pérdida del asombro.
Pero hay otra mirada: una mirada que acoge y que “da valor”, que abre la puerta a la acción del Espíritu Santo en tu esposo/a y que siempre sorprende, incluso más allá del dolor que a veces pueda conllevar. Es una mirada que no solo deja espacio, sino que colabora activamente con el Espíritu Santo para ayudar a tu esposo/a a descubrir el misterio que lleva dentro, a cultivar su relación con Dios, a iluminar su belleza como hijo de Dios.
Juan supo mirar así y supo apartarse a un lado: «Detrás de mí viene uno que está por delante de mí» (Jn, 1,30).
¿Y tú? ¿Cómo contribuyes a la obra de Dios en tu esposo/a?
¿Quién es el verdadero protagonista de esa obra: tu espíritu o el Espíritu Santo? ¿tu amor propio o el Amor de Dios?
Aterrizado a la vida Matrimonial:
María y Juan han «sobrevivido» a una Navidad llena de compromisos, familia y mucho ruido. Una noche, tras la vuelta a la «rutina»…
María: Juan, han sido unas Navidades muy intensas. He visto tantos cambios buenos en ti y cómo te has entregado a nuestros hijos. Pero necesito decirte que estoy siendo muy tentada por mi amor propio. Lamentablemente, te estoy mirando mal, reclamando de forma egoísta “mi cuota” de atención.
Soy consciente de que no es culpa tuya, sino totalmente mía. Y quiero compartir contigo esta miseria, porque tengo miedo de que mi mirada te haga daño.
Han sido unas fiestas llenas de familia y ruido… y te echo mucho de menos. Echo de menos esos momentos en los que comparto lo que hay en mi corazón.
Te lo cuento porque me da miedo que mis luchas las acabes pagando tú. No quiero que sea así. Quiero proteger nuestra intimidad.
Te pido perdón, no por algo que te haya hecho, sino por todo lo que dejo de hacer a causa de una mirada que limita mi entrega.
Quiero que sea Cristo quien te mire. Echo tanto de menos nuestro tiempo juntos con Él… Pero tengo la gran esperanza de que ahora podamos recuperar nuestros momentos y nuestra intimidad con Él. Así podré mostrarte mi corazón, que tanto necesito compartir contigo para que Él lo sane.
Juan: ¡¡¡Madre mía!!! Cariño, muchas gracias por compartir tu angustia. Siento mucho no haber estado atento a tu sufrimiento. Eres la ayuda que Dios me envía para no olvidar que todo nace de compartir nuestra intimidad, de hacernos vulnerables.
María: Así lo creo yo también. De esa comunión nace todo lo demás, porque así aseguramos que es Él quien lo hace.
Madre,
muéstranos cómo acoger el Espíritu que hace presente a tu Hijo entre nosotros. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:
«Sígueme».
Se levantó y lo siguió.
Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
La llamada.
Hoy vemos la llamada de Jesús a Mateo, como hace unos días el Evangelio nos mostraba la llamada a Pedro y Andrés, y a Santiago y Juan, mientras se encuentran en sus quehaceres: unos echando las redes al mar, otros limpiando las redes, Mateo en el mostrador de los impuestos. A todos ellos los elige el Señor. Él toma la iniciativa, prepara el camino, sale a su encuentro y les invita a seguirle, sin asustarle el estado en el que están, porque ha venido a curar a los enfermos, a salvarnos. El Señor nos ha elegido a cada uno de nosotros, y sale a nuestro encuentro en nuestra realidad cotidiana. No mira cómo estamos ahora, sino a qué estamos llamados. De nosotros depende estar atentos y abiertos a la llamada que nos hace, y responder dejando atrás nuestros apegos para seguirle inmediatamente, como los discípulos, o poniendo condiciones, como aquellos que le dijeron: “déjame primero ir a enterrar a mi padre”, o “déjame primero despedirme de los de mi casa”. Se aferraron a sus apegos, y no pudieron seguir a Jesús.
Esposos, ¿estamos atentos para reconocer la llamada de Dios, y dispuestos a seguirle, a desprendernos de nuestros apegos? Porque para seguir de verdad al Señor en nuestra vocación matrimonial, tenemos que estar realmente dispuestos a dejarlo todo para entregarnos completamente a Dios, entregándonos en cuerpo y alma a la persona que Él ha puesto a nuestro lado, y al cumplimiento de nuestra misión: representar el Amor de Dios trinitario en este mundo y colaborar en la salvación de nuestro esposo. ¿Hay algo más hermoso? ¿Hay algún plan mejor? Pues, atentos a Su llamada y ¡a la misión!
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Fran: Hola, me ha llamado Pedro y me ha dicho que ya tienen fecha para el próximo retiro y que están buscando equipo; me ha preguntado si podríamos ir nosotros ¿qué te parece?
Lola: ¿Nosotros otra vez?… Fran, ya estuvimos en el anterior hace sólo cuatro meses… acuérdate que fue un poco de lío… organizar a los niños para todo el fin de semana, mis padres… además, ahora que estamos tan bien tú y yo… mejor aprovechamos para hacer un plan de familia.
Fran: Sí, eso está muy bien Lola, y podemos hacerlo cualquier otro fin de semana, pero nos han llamado para este retiro… después de lo que hemos recibido, creo que ahora nos toca ayudar y no acomodarnos.
Lola: Sí, es verdad que hay que ayudar, pero ¿otra vez nosotros?
Fran: Además, recuerda que nos hizo mucho bien, nos dimos cuenta de cosas que no habíamos visto durante nuestro retiro… y la alegría de ver a otros matrimonios que descubren la belleza de su sacramento…
Lola: ¡Ay! Fran… es que me da pereza salir… con lo a gusto que estamos ahora Fran: Ya sabes el refrán… Camarón que se duerme se lo lleva la corriente.
Lola: Ja,ja,ja… Tienes razón. Si nos acomodamos, retrocedemos.
Fran: Ya nos lo dijeron: el que no construye, destruye.
Lola: Doy gracias a Dios por ti, por tirar de mí y sacarme de mi comodidad. Te quiero.
Madre,
enséñanos a estar siempre atentos a la llamada de Dios, como lo estuviste Tú, y dispuestos a seguirle y cumplir Su voluntad. ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!