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Esperando la plenitud en silencio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 12, 14-21

Esperando la plenitud en silencio.

No voceará no gritará por las calles… Señor, Tú no elegiste un camino llamativo, o protagonista. Tú nos estás marcando un camino sencillo, a la sombra sin aspavientos, sino construir Proyecto Amor en nuestros hogares. Porque Dios trabaja en lo íntimo, en lo cotidiano.

Muchas veces, cuando hablamos de Proyecto Amor, la gente nos pregunta: ¿Y si uno se entrega al esposo/a, y el otro no le corresponde?.
El amor, no es desinteresado. Espera amor. Pide amor. Dios mismo nos «manda» que le amemos sobre todas las cosas. ¿No voy yo a esperar que mi esposo/a me ame?. ¡Es natural! Hemos sido creados para amar y ser amados a imagen de Dios.

Tenemos sed, necesidad, de un amor de comunión que no recibimos, al menos no en plenitud. ¿Entonces qué hacemos? La respuesta nos la da hoy el Evangelio: Dios, a través de Cristo, pone sobre nosotros su Espíritu, para que anunciemos el derecho. Esperamos en Su nombre y la caña cascada no la quebramos, como Él no la quiebra: No rompemos con ese amor quebrado, imperfecto; ese que de vez en cuando tenemos la tentación de desechar. Seguimos intentando reavivar constantemente nuestras mechas de casi extintas por la rutina, enderezar nuestras cañas dobladas por la inconsciencia, la tibieza o el pecado.

Esperamos en su nombre a que se implante el derecho. Derecho a amarnos y a amar juntos a Dios. Derecho a amar y ser amados plenamente. Él curó a todos los que le siguieron.

Una espera silenciosa, sin reproches, misericordiosa. Con ese amor que va más allá de la justicia. ¿No es esto suficientemente heroico?.

Qué hermosa la Palabra de Dios, que llama a su Hijo, «Mi predilecto». Yo también tengo mi esposo/a, mi predilecto/a.

Oramos con el salmo: Pero tú ves las penas y los trabajos, tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.

Los esposos que se “atan” y los que prefieren ir “sueltos”. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 12, 1-8

Los esposos que se “atan” y los que prefieren ir “sueltos”.

Podríamos decir que la discusión de hoy entre los fariseos y Jesús, está motivada porque los fariseos no entienden el concepto de libertad.

Libertad no es hacer lo que uno quiera. Esto es lo que los fariseos creían que hacían los discípulos cuando estaban incumpliendo la ley del sábado. Pero Jesús pone el concepto de “libertad” en su sitio, cuando les explica que la ley está al servicio del amor. Lo que nos hace libres no es no comprometernos con una alianza, pero tampoco es sujetarse a una ley por sí misma.

Incorporamos aquí unas cuantas frases para después intentar explicarlo con una imagen:
Lo que nos hace libres es entregarnos por amor para siempre. Pero es muy importante entender que la verdadera libertad está enraizada en el amor.
“La verdadera libertad es una respuesta a la invitación del amor para participar en una nueva vida, siempre más grande que uno mismo.” (Llamados al amor).
Benedicto XVI decía “la libertad es la capacidad de optar por un don definitivo, en el que la libertad, dándose, se vuelve a encontrar plenamente en sí misma.”

Todo esto puede sonar un poco raro o puede parecer difícil de entender a priori. ¿Cuando uno da su libertad es cuando encuentra su libertad?.
Quizás nos ayude entender que sólo el que entrega su futuro, demuestra que es dueño de él, mientras que el que tiene miedo a entregarlo es presa de su miedo y por tanto no es dueño de su propio porvenir.

En el libro “Llamados al amor” que hemos mencionado antes, plantea un ejemplo interesante. Imaginemos unos montañeros, que deciden subir a la cumbre. Un grupo decide atarse unos a otros para ayudarse en la escalada. En otro grupo, va cada uno “a su bola” con la posibilidad de cambiar de dirección o de opinión en cualquier momento. Los primeros, gracias a la cuerda que les une (su alianza), se ayudan a subir y reducen el riesgo de que uno de ellos se despeñe. El segundo grupo, tiene muy pocas opciones de llegar a la cima y más que elegir una vida libre, caminan hacia una “caída libre”.

Si además el primer grupo, va precedido por un experto guía (Cristo), que conoce el camino y puede así orientar los pasos, podemos hacernos una idea de la imagen resultante que se quiere dar.

Solo los esposos que “aseguran” su matrimonio amarrándose fuerte a esa alianza entre sí y con Cristo como guía, se entregan a la voluntad de Dios, y ésos tienen todas las papeletas para llegar a la cumbre de su matrimonio.

Oramos con el Salmo: Los que Dios protege viven, y entre ellos vivirá mi espíritu; me has curado, me has hecho revivir.

¿Os pesa vuestro amor? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 28-30

¿Os pesa vuestro amor?

La palabra “yugo” suena a opresión y a cárcel. En realidad el yugo permitía a los bueyes repartir el peso de manera equilibrada y armonizar sus movimientos. Esto llevado al matrimonio ya no suena tan mal, pero ¿Y si el yugo que se apoya sobre nuestros hombros es el mismo que se apoya sobre los de Cristo?. A lo mejor, de ese yugo, ya sí nos interesa participar.

Jesús, Tú nos invitas a poner sobre nuestros hombros un yugo que nos libera de la carga que nos deprime para fortalecernos. Tu yugo es uno solo: El amor.
Las cargas de la vida nos agobian, el yugo del amor es ligero porque Tú mismo lo llevas.

Aparentemente, el peso del amor es mucho, porque recae sobre nosotros el peso del esposo, porque nos compromete, nos responsabiliza, pero el amor es el peso menos pesado porque lo lleva Jesús. Él nos regala una energía inmensa, porque el amor es más fuerte que la muerte, porque cuando amas te sientes feliz (bienaventurado) y gratificado (recibirá 100 veces más), el que ama se trasciende. ¿Tu amor te pesa? Entonces es porque no amas. Quizás confundes el amor con el amor propio.

Cargar con mi yugo: El único que puede cargar con el yugo es el enamorado. ¿Cuánto pesa Señor Tu Corazón?: Fuerza, estímulo, alimento, mansedumbre, luz, misericordia… Cuando la vida y sus problemas nos abaten, las preocupaciones, las fatigas, las decepciones, las tentaciones… descansar en el Corazón de Jesús, en Tu Santo Corazón, Señor, lugar de intimidad, de descanso, respirar el aire de Tu gran Amor, escuchar Tu Palabra que libera… nada es igual, tienes un poder que va directo al corazón, de corazón a Corazón. Por eso dichoso el que reemplaza poco a poco el propio corazón por Su inmenso Corazón.

Venid a mí, es una invitación conmovedora, es sencilla nace del Amor para ir al Amor. Confiamos en Ti Señor, vencedor de la Cruz, con Tu mansedumbre y humildad.

Señor concédenos cargar con Tu amor hacia mi esposo, y mis hijos…, concédeme verte en los demás. Verte en los que me hieren en los que me desgastan o me desesperan. Si estás Tú en ellos y en todas esas situaciones ¿No será todo mucho más llevadero?. Por encima de mi dolor iré en auxilio del que está enfrente, es la labor redentora a la que nos impulsas. Mansedumbre, descentrarse.

Oramos con el salmo: Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los secretos que hay en mi esposo/a. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 25-27

Los secretos que hay en mi esposo/a.

Hay una mirada hacia mi esposo/a que nadie más puede tener. Desde la intimidad, desde la experiencia de compartir una vida, desde la experiencia de dar vida juntos… Nos hemos visto llorar, reír, desesperados, con miedo, enamorados, necesitados el uno del otro…

Nadie puede ver a mi esposo/a y comprender su belleza como yo la entiendo. Siempre hemos pensado que cuando un artista pinta un hermoso cuadro, es porque en su alma hay aún una belleza mayor. Los cuadros podremos admirarlos todos, pero la belleza interior de ese artista, solo la puede conocer Dios y su esposo.

Claro que, aquí depende de nuestra actitud ante él/ella. Si es la del sabio y el entendido, el que lo sabe todo, entonces me perderé estas cosas. Si no estoy abierto a aprender de él/ella, a entender la vida como hombre desde su punto de vista de mujer, o como mujer desde su punto de vista de hombre, si no estoy dispuesto a estar con él/ella en sus emociones y en su experiencias, me perderé el secreto de mi esposo. Si no estoy abierto a recibir a Dios a través de él/ella, recibir sus dones… Nunca veré su belleza.

La belleza de nuestro esposo nos la revela Dios. Él es su creador y habita permanentemente en su interior. “Todo me lo ha entregado mi Padre” decía Jesús. A mi esposo me lo ha entregado mi Padre. Es orando con él/ella, haciendo a Dios presente en nuestra unión e intentando vivir las experiencias originarias en el matrimonio, como puedo decir como Cristo con el Padre: Nadie conoce a mi esposo/a sino su esposo.

-. “Lo que Dios ha unido”: Si Cristo es capaz de pronunciar esta frase sobre el matrimonio, es porque Él ha vivido en plenitud la unión de Dios con los hombres y de los hombres entre sí, porque Él conoce bien el modo en que Dios garantiza la solidez del amor.- (José Granados. Una sola carne en un solo Espíritu pg. 20.). 

Y yo he descubierto tu belleza, esposo/a mío/a. Dios me la ha revelado. Admiro a Dios por haber dado vida a una creatura ¡Tan hermosa!.

“Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.” Vivamos el matrimonio como Cristo, siendo mansos y humildes. Abiertos a aprender y no a imponer. No dejándonos llevar por una mirada criticona y despreciable, sino por una mirada limpia, del Espíritu, dichosa, que ve a Dios en el esposo. Y entonces, encontraremos la paz en nuestro hogar y en nuestro interior. Encontraremos nuestro descanso.

Oramos con el Salmo: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Encontrad los milagros en vuestra vida. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 20-24

Encontrad los milagros en vuestra vida.

 

En pocos sitios se han hecho tangos milagros como en nuestro entorno. Ya decíamos el otro día que la separación de las aguas del Mar Rojo, es mucho más fácil para Dios que unir un matrimonio, porque al fin y al cabo las aguas no tienen libertad. Son dóciles a las leyes de la naturaleza que Dios mismo creó, pero para Dios, unir a un hombre y una mujer en matrimonio, es mucho más milagroso, puesto que necesita de su sí.

Nosotros damos testimonio. Hemos visto cómo nuestro matrimonio, que se estaba destruyendo por la rutina y otras muchas distracciones o prioridades, se ha convertido en nuestro tesoro. Nuestra ofrenda a Dios.

El Señor nos ha revelado mutuamente la belleza del otro, una belleza como criaturas suyas, que no se ve con los ojos de este mundo. Es la belleza del que sufre por ti, del que se entrega por ti, de la que es madre, del que es padre, de los que trabajan, se caen y vuelven a levantarse, se animan mutuamente… Es la belleza de dos que comparten una vida y se hacen entrega de su intimidad. Y sólo ellos pueden ver su belleza mutua en su oración ante Dios.

El Señor nos ha enseñado que somos una ayuda adecuada el uno para el otro para volver a Él. Que nuestras diferencias son nuestros puntos de unión. Nos ha enseñado a que nuestra unión conyugal sea una oración. Él nos ha dado fuerzas para compartirlo todo, y mostrarnos tal como somos, con nuestras flaquezas y nuestro pecado también. Él nos ha mostrado la dignidad del matrimonio como imagen de quien Él es. Nos ha alimentado con su cuerpo, fuente del amor, de la entrega y de la vida. Nos ha hecho entender el tesoro de la Eucaristía. Nos ha hecho fieles a la oración personal con Él, juntos y en familia. Está transformando nuestro amor humano en su Caridad Divina. No somos dignos…

El señor ha hecho tantos milagros con nosotros… Nuestro hogar es nuestro Cafarnaún. Y queremos responderle para escalar juntos el cielo.

Hablamos de lo nuestro, que es lo que conocemos más a fondo, pero también hemos presenciado cómo muchos matrimonios de Proyecto Amor se han salvado. Hemos visto cómo para ellos su prioridad es el matrimonio. Hemos oído su testimonio. Y darán vida, y este Proyecto de Amor se trasmitirá a sus hijos y a los hijos de sus hijos, si son fieles, generación tras generación, por obra de la Santísima Virgen.

Los milagros que estamos viendo merecen una respuesta más exigente. Merecen que dejemos de una vez por todas nuestro orgullo a un lado y nos entreguemos el uno al otro hasta el extremo. Que cada uno abandone aquello que le impide ser uno con su esposo/a, pereza, egoísmo, falta de oración…

Señor, haznos fieles a tu llamada. Madre, llévanos en tu regazo. Alabado y bendito seas por siempre, Señor.