Archivo del Autor: Proyecto Amor Conyugal

Esposos con vocación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 19, 16-22

Con vocación de esposos.

Nos gusta decir, que la indisolubilidad no consiste solamente en no divorciarse y permanecer juntos para toda la vida. La indisolubilidad consiste en que Dios nos ha unido. Y Dios no une por un “pespunte”. Dios une nuestra carne, nuestro corazón y nuestra alma.

La conversación de Jesús con el joven rico, va un poco de eso: Hasta qué punto estoy dispuesto a implicarme en el amor. ¿Qué le falta al joven? Le falta cambiar la obligación por la gratuidad.

Dios no usa algo para medir qué leyes y mandamientos hemos cumplido. La justicia de Dios es misericordia, o sea, su justicia no es retributiva (“Qué tengo que hacer para obtener la vida eterna”) sino restaurativa (“Si quieres llegar hasta el final…”). El que tiene una verdadera vocación, no mide, no pone límites. Está dispuesto a todo para “llegar hasta el final”. Ponemos aquí esa famosa frase del Concilio Vaticano II que tanto le gustaba a San Juan Pablo II: “El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo” (GS nº24).

Se trata de discernir la diferencia entre el matrimonio como un estado de vida o como una vocación. Es la pregunta que te hace hoy Jesús: “Si quieres llegar hasta el final…” Los puntos suspensivos, los pones tú, porque sólo tú y Dios sabéis qué te falta.

Es obvio que al joven rico sentía que le faltaba algo cuando fue a preguntarle a Jesús. También el evangelista nos deja claro que se fue triste. Jesús no fue detrás de él para convencerle. Es su libertad la que le separa de la felicidad. Tenía su vaso repleto de dinero y en él no cabía la oferta de Jesús.

El matrimonio no es sólo un proyecto propio o de los dos, sino sobre todo, un Proyecto de Dios. Nuestra vocación consiste en la entrega mutua en Cristo y por Cristo. Ese es nuestro “llegar al final”. Una vez tomada la decisión de dejarlo todo por Él, disfrutemos del tesoro que el joven rico despreció: Jesús nos ofrece “veniros conmigo”. La cita es a los pies de la cruz: Él nos espera con los brazos abiertos, y nosotros llevamos nuestros vasos vacíos. Él se da como Esposo, nosotros le acogemos como Esposa (Iglesia doméstica). El entrega su sangre, nosotros la recogemos para que nos purifique. Él nos entrega su cuerpo, nosotros nos alimentamos de él para entregarnos en la carne. Él nos entrega su Espíritu, nosotros nos amamos con Él, es Él quien nos Cristifica en un solo cuerpo, corazón y espíritu en un camino juntos y con Él.

¡Matrimonios entusiasmados, amigos de Cristo! Alegraos de haberle encontrado y saborear el buen vino que hace de nuestro amor, de encontrar el tesoro por el que estamos dispuestos a venderlo todo, no se trata de dejar, sino de entregarle todo lo que nos ha dado y lo que no tenemos ¡todo!

Hoy oramos con esa plegaria tan certera de San Ignacio: Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén.

El camino de la precipitación a la madurez. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 15, 21-28

El camino de la precipitación a la madurez.

Nosotros podríamos postrarnos hoy ante el Señor para pedirle que mejore nuestra comunión en el matrimonio y nos quite el orgullo.

Varias ideas sobre cómo Dios actúa ante nuestras peticiones:
El deseo: Dice San Agustín: “Cristo se mostraba indiferente hacia ella (la cananea), no para negarle la misericordia, sino para hacer crecer el deseo”.
Es una respuesta pedagógica de Dios. Lo inmediato no nos permite aprender. Adán vivió primero la soledad originaria, tal como nos enseña San Juan Pablo II, descubriendo que en toda la creación no había nada semejante a él que pudiese darle una respuesta de amor. Sólo después de descubrir esa gran necesidad, Dios crea a Eva, y por eso, Adán sabe valorarla y la recibe con una emoción única, tal como nos hace ver el Papa en sus explicaciones sobre el amor humano.

“Cristo quiere que el amor esté dispuesto a mirar más allá. Entrar adentro en su misterio. De este modo, los deseos adquieren profundidad, los sentimientos señalan metas más hondas y estables, el amor se va templando y haciendo eterno. Sólo quien sigue este movimiento de los afectos orientándolo hacia la espesura del misterio, podrá ver cómo su amor sube hacia el Padre.” (Betania una casa para un amigo)

La segunda idea es que el movimiento se demuestra andando. Mucha gente piensa que el tiempo lo cura todo. En realidad, o actuamos o el resultado será nulo o incluso un empeoramiento. La mujer cananea, no se conforma. Insiste, lo sigue, grita, se postra, le da la razón… porque sabe que Dios es tan grande que sólo unas migajas son más que suficientes para ella.

Los cristianos somos conscientes de que la intranquilidad, la precipitación y la angustia son síntomas de inmadurez o de falta de fe. Dicho de otro modo, la paz interior y la alegría son la consecuencia lógica de la fe. Así lo expresaba la beata Teresa de Calcuta: «El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz».

La fe en el amor de Dios nos permite comprender nuestra existencia a la luz de la Providencia de un Padre que nos quiere infinitamente más que nosotros a nosotros mismos.

Esposos, como la cananea, salir del lugar de donde estáis, y buscad vuestro ratito de silencio para orar juntos al Señor, con el mismo ahínco que ella.

Oramos con el Salmo: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

La madurez del amor, a través de ¿La inocencia?. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 19, 13-15

La madurez del amor, a través de ¿La inocencia?.

Ponemos aquí un comentario de Mons. José Ignacio Munilla extraído de su web www.enticonfio.org :
________________________________________
La virtud de saber transmitir a los niños nuestra experiencia, es proporcional a nuestra disposición para aprender de su inocencia… ¡Qué atractiva, y a la vez, qué sorprendente nos resulta la sencillez de los niños! ¡Y qué vileza tan grande, el tomar excusa de su educación para violentar la inocencia de los pequeños! Nuestra cultura necesita urgentemente de los niños, porque pocas cosas hay tan falsas como una alegría sin inocencia…

Con frecuencia, los adultos no somos felices, a causa de nuestra excesiva complejidad. Necesitamos de la inocencia de los niños para conocernos a nosotros mismos, e incluso para llegar a conocer a Dios. Como decía San Bernardo: «El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperación». Los niños son un buen espejo del Corazón de Dios, así como del corazón del hombre.

Me venían a la cabeza …una conocida colección de cartas dirigidas a Jesús, que un profesor italiano había recogido de sus alumnos de Primaria. La forma de expresarse de estos niños destila sinceridad y pureza. Con ingenuidad y simpatía, nos aportan una dimensión más auténtica y profunda de la realidad.

Ojos puros para reconocer la belleza: “Querido Niño Jesús: Yo creía que el naranja no pegaba con el morado. Pero luego he visto el atardecer que hiciste el martes. ¡Es genial!” (Eugenio)
Intuición para descubrir la fuente de la sabiduría: «Querido Jesús: Hemos estudiado que Tomás Edison descubrió la luz. Pero en la catequesis dicen que fuiste tú. Yo creo que te robó la idea”. (Daria)
Ser niño para bucear en el Corazón de Dios: “Querido Niño Jesús: Seguro que para ti es dificilísimo querer a todos en todo el mundo. En mi familia sólo somos cuatro y yo no lo consigo”. (Violeta)
Inocencia que cuestiona nuestros fundamentos: “Querido Jesús: ¿El Padre Mario es amigo tuyo, o sólo es un compañero del trabajo?” (Antonio)
La coherencia de los sencillos: “Querido Jesús: Ya no me he vuelto a sentir sola desde que he descubierto que existes”. (Nora)
La gratuidad de la amistad: “Querido Jesús: No creo que pueda haber un Dios mejor que tú. Bueno, quería que lo supieras… Pero no creas que te lo digo porque eres Dios, ¿eh?” (Valerio)
________________________________________

A veces nuestros hijos nos dan mucho trabajo y quebraderos de cabeza, pero recordemos cada día que son un don de Dios. ¿Qué ayuda nos quiere ofrecer Dios a través de ellos?.

Pero no vamos a caer en el simplismo de que ser niño lo es todo. También en ellos hay mucho egoísmo, a veces hasta tiranía… El Señor nos pide ser maduros en el amor con un corazón de niño. “Hacernos como niños” consiste purificar el corazón, hacerlo más puro y así alcanzar una madurez en el amor. No se trata por tanto de ser adultos infantiles, sino de tener un corazón que discierne su vida según el Padre, dócil, que no cuestiona dónde le lleva su Padre, sencillo y sincero, confiado y que descansa.

El corazón del esposo adulto siempre va a tender a endurecerse, complicándolo todo, rebelándose ante cada situación, y con la necesidad de ser «dios» y de saberlo todo… de controlarlo todo viviendo el tremendo agobio de tener que arreglarlo todo… La vida se hace pesada para uno mismo y para el/la esposo/a, desgasta, se convierte en tinieblas y se pierde la coherencia del compromiso matrimonial: En las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad…

El esposo/a que se hace como niño, vive tranquilo porque sabe que tiene un Padre que lo protege, lo cuida y todo lo resuelve. No necesita saber la respuesta a todo. La felicidad es consecuencia de una Vida nueva: La del Reino. Un Reino gobernado por un Rey, bajo cuya autoridad se someten el esposo, la esposa y los hijos.

Oramos con el Salmo: Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Esposos ¿Vivís con el espíritu alegre?. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 1, 39-56

Esposos ¿Vivís con el espíritu alegre?.

[Ideas extraídas de una charla del P. Santiago Martín (Magnificat.tv)]

En la vida, los matrimonios tenemos altibajos. Todas las personas, la Virgen también, hemos vivido situaciones agradables y situaciones de dificultad. Pensamos en María como alguien que vivió ambas situaciones con paz. Nos la imaginamos en la cumbre del momento de la adoración de los Magos y poco tiempo después en el valle de tener que huir a Egipto montada sobre un borrico. Ella sabe que es Dios quien actúa con la fuerza de su brazo y por eso se alegra su espíritu en Él.

La fórmula de María es: La humildad que lleva a la fe y la fe a la confianza. Consiste en asumir nuestra realidad. María acepta quién es y asume que Dios es mucho más grande que ella y confía en Él “porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Ha habido 2 mujeres inmaculadas en la historia del ser humano. Eva y María. Eva nació sin pecado, pero no quiso asumir que era inferior a Dios. La tentación del ángel caído fue “seréis como dioses”. Eva quiso ser como Dios sin contar con Él y dejó de ser inmaculada. María en cambio, ante la presencia del ángel se proclama esclava del Señor.

No entender del todo a Dios es lo normal. Pero ¿Quién soy yo para entender el misterio?. Es necesario confiar en la Divina Providencia. Mi fe en un Dios todopoderoso que me ama. Yo no estoy en manos del jefe, ni del médico … ni de aquel familiar que me critica… ¡Yo estoy en manos de Dios!. Me abandono en Él y confío. Es la hermenéutica del don: Primero me he de considerar un don de Dios para mí mismo. A partir de ahí, tengo que actuar como un don de Dios para los demás. Si actúo por y para mí, me estoy equivocando. Todo lo que tengo y lo que soy es lo que Dios quiere que sea para mi esposo/a primero, para mis hijos después y para el resto de personas de mi entorno… Es la parte de Magníficat del “porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí”.

La memoria: También es importante la memoria a la hora del agradecimiento y de la fe en la divina providencia. Muchas veces tenemos una memoria muy selectiva: Recordamos con minuciosidad las cosas malas y nos olvidamos de las buenas. Nos quedamos con las desgracias y las injurias. Nos ayudaría vivir con esta humildad y confianza en la divina providencia, recordar que el Señor fue bueno conmigo. ¿Es que no ha habido momentos de dificultad antes y sin embargo he salido a flote? Si te has mantenido firme, unido a Dios ¿No acabó saliendo todo bien?.

Muchas veces nos preguntamos el “por qué”, pero no el “para qué”. Afrontar las dificultades de nuestro matrimonio y nuestra familia, tiene un “para qué”, y es por ejemplo para dar un testimonio a los hijos de cómo vivir esa situación de la mano de Dios. Piensa en tus dificultades y plantéate si no puede haber un “para qué”. Sin la confianza en que hay algo bueno en todo lo que ocurre, una situación de dificultad se resolvería exactamente igual, pero quedaría infecunda.

El agradecimiento:
La humildad que conduce a la fe y solamente entonces puedes tener confianza. Y solamente entonces puedes tener agradecimiento. Los favores se piden, los derechos se exigen. Al no tener humildad, puede que no estemos pidiendo al Señor por todo aquello que necesitamos. Si de verdad es una petición, debería traducirse siempre en un agradecimiento. Lo que Dios nos da, no es un derecho. Mi vida de cada día, mi situación ante Dios debe ser la de aquel que se acerca a Dios pidiendo favores. Tendríamos que darle gracias a Dios por todas las situaciones en que las cosas van bien. ¿Dais gracias a Dios todos los días por vuestro matrimonio? ¿Y por vuestros hijos? ¿Por qué no damos gracias a Dios todos los días por la salud? ¿Por el trabajo? ¿Por tener un hogar? Por… en el fondo todo esto lo vivimos como un derecho y no como un don de Dios. Si dependiera sólo de nosotros no tendríamos nada de esto.

La ingratitud de hace sentir permanentemente quejándose. Todo mal… Y siempre piensa que la culpa es de los demás. Es una persona muy desgraciada. Sufre y hace sufrir. El agradecimiento te salva y te permite ser feliz. La persona agradecida, vive con la perspectiva del Cielo. El que agradece se salva, porque el que agradece está en gracia, unido a Dios. Uno que agradece está unido a Dios.

La humildad, lleva a María a no hacer preguntas. Le da una enorme paz, sacando a sus pocas posibilidades el mayor partido. Eso se transforma en agradecimiento, porque todo es un don de Dios.

Ahora, esposos, volved a leer el Magníficat y pedirle a María que lo lleve a vuestra vida.

Restañar las heridas en el matrimonio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 18, 21-19, 1

Restañar las heridas en el matrimonio.

Este pasaje sobre el perdón, precede a aquel en el que Cristo les habla a los fariseos sobre la indisolubilidad del matrimonio. ¿Casualidad?.

Si en tu matrimonio hay heridas y hay dolor, no te preocupes. Dios nos da una segunda oportunidad… y una tercera… y una cuarta… etc. Esperamos que tu esposo/a también te las dé o que tú se las des a él/ella. Por mucho que las cosas se hayan enredado, es posible enderezarlas orientándolas hacia lo alto. Los casos perdidos se convierten entonces en trayecto, doloroso sí, pero necesario para conquistar una meta.

Cuando uno de los cónyuges es infiel al otro (no necesariamente en el aspecto carnal),
“el que perdona adquiere una altura moral que hace al otro, al infiel, sentirse siempre en minoría. Incluso aunque se reprima el reproche, éste se dejará sentir a ambos. Lo realmente difícil es entonces rehacer la dignidad en quien ha ofendido para que los dos puedan mirarse a los ojos y encontrarse a la misma altura. ¿Sería posible restaurar la igualdad originaria, aquella con la que empezaron su camino nupcial?.

Habría sólo una vía: que el cónyuge fiel se hiciera uno con el otro, que caminaran juntos en singular proceso, parecido a un luto, para reconstruir sus memorias y recuperar el amor que les unía al principio. Es una ruta que parce imposible de llevar hasta el final: ¿Cómo rehacer del todo un pasado, hasta conseguir que lo que sucedió no haya sucedido?.

Esta pregunta nos permite acercarnos a Getsemaní y al misterio de la Pasión. Pues esto es precisamente lo que Dios ha querido hacer con su Pueblo. No le ha bastado con tender un manto para cubrir el pecado, sino que ha querido desanudar la trama perversa de la culpa. Por eso el mismo Cristo, el Esposo, ha descendido para identificarse con su Esposa, para sufrir con Ella las consecuencias del mal, y así oponer a su infidelidad una fidelidad estable… Entendemos el gran amor de Jesús. Le interesaba que la esposa perdonada pudiera mirar a los ojos de su Esposo sin miedo al reproche, de igual a igual. Por eso debía acompañar desde dentro el camino de la regeneración.

¿Cómo fue posible a Cristo recuperar la armonía perdida? Su secreto estaba en el Padre, a quien dirigió su ofrenda. Si Jesús supo que era posible regenerar a su esposa infiel, es porque contemplaba siempre al Padre, que se la confió. Si pudo mirarla de nuevo con amor y respeto, es porque veía la mirada del Padre que seguía amando a los hombre a pesar de todo. Cristo pudo renovar el vínculo que une entre sí a los esposos porque restauró en nuestra vida la filiación, la relación con Dios.” (Betania, una casa para un amigo Pg. 178-179)

Entenderemos ahora mejor lo que escribió San Pablo: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño de agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5,26-27)

La deuda de cien denarios que no quiso perdonar el empleado a su compañero, en realidad, pertenecía a los cien mil talentos que le debía a su Señor.

Oramos con el salmo (versículos que siguen a los de hoy): Se despertó como de un sueño el Señor, como soldado aturdido por el vino, [66] hirió al enemigo por la espalda infligiéndole una derrota definitiva… Se construyó un santuario como el cielo, como la tierra que cimentó para siempre.