Archivo por meses: septiembre 2026

El Señor nos sorprende. Comentario para matrimonios: Lucas 5, 1-11

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

El Señor nos sorprende.

¡Cuántas veces el Señor nos sorprende! Y ¡cuántas nos querría sorprender y no nos dejamos! La iniciativa viene de Él, pero es necesario que nos dejemos transformar por su gracia. De Dios recibimos la llamada, la vocación, la Fe, la fuerza, la gracia … pero es tarea nuestra acogerla y vivirla. Cuando nos abandonamos en Él y dejamos nuestros criterios, Él actúa y lo imposible se hace posible. Entonces podemos decir como Pedro: Señor apártate de mí que soy un hombre pecador. Porque vemos su poder y su grandeza y nuestra nada. También como a Pedro nos dice: no temas, ánimo, levántate, Yo estoy contigo. También en nuestro matrimonio debemos dejar que El Señor suba a nuestra barca y obtendremos una pesca milagrosa, algo inimaginable, un matrimonio santo. Dios siempre nos colma. Bendito sea Dios y bendito sacramento del matrimonio

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María y Javier llevan varios días distanciados. Cada vez que intentan hablar de un problema relacionado con los hijos terminan discutiendo.
Javier: Siempre acabamos igual. No hay manera de hablar contigo.
María: Nunca me escuchas
Los dos están cansados. Los dos creen tener razón. Los dos sienten que ya han hecho todo lo posible.
Después de unos minutos de silencio, María recuerda la escena de la pesca milagrosa y piensa: «Quizá estamos intentando sacar adelante nuestro matrimonio con nuestras propias fuerzas. Quizá el Señor me está pidiendo algo que ahora mismo no quiero hacer».
María: ahora mismo no me apetece hablar. Estoy herida y sigo pensando que tengo razón. Pero no quiero que esto termine así. ¿Podemos pedirle al Señor que suba a nuestra barca?
Javier: Yo tampoco tengo ganas y también estoy dolido. Y creo que tú no entiendes lo que siento. Pero… quizá tienes razón. Estamos intentando solucionarlo todo nosotros solos. Vamos a acudir a la oración, ¿te parece?
María: Señor, nosotros no sabemos cómo salir de esto. Hemos echado nuestras redes y no hemos pescado nada. Pero si Tú nos dices dónde echarlas, queremos confiar en Ti.
Javier: María, perdóname. Antes de intentar que entiendas mi postura, debería haber intentado comprender tu corazón.
María: Y perdóname tú a mí. Estaba más preocupada por defenderme que por amarte.
El problema no desaparece mágicamente aquella noche. Pero algo ha cambiado: han dejado entrar al Señor en su barca. Y donde antes sólo había cansancio, reproches e impotencia, comienza a aparecer una gracia nueva: la humildad, el perdón y la esperanza. ‎

María,

Madre nuestra. Enséñanos a vivir junto a Jesús en todo momento. Bendita seas Madre.

Todo como Tú. Comentario para matrimonios: Lucas 4, 38-44

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
Pero él les dijo:
«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Todo como Tú, Señor.

Querido Señor, qué gran regalo nos habéis hecho, imposible de agradecer suficientemente. Haciéndote hombre no sólo nos has redimido y abierto las puertas del Cielo sino que nos enseñas cómo vivir.
Sólo tenemos que escucharte. En silencio. Atentos a lo que nos quieres decir. Y luego plasmarlo en obras.
En este Evangelio te vemos dando la vida. Entregando a los demás cada momento de tu día. Con un aspecto clave: sustentado en la oración para buscar hacer en cada ocasión la voluntad del Padre. Ayudando, evangelizando, dándote, … Sin mirar tu cansancio, sin mirar si te correspondían. Sin mirarte a ti mismo. Sólo mirando al Padre y al prójimo.
Señor, que me entregue así a mi cónyuge. Sin mirarme a mí mismo. Sin medir. Sin esperar nada a cambio. Huyendo de mis criterios. Buscando sólo hacer tu Voluntad. Hacer todo como Tú lo harías.
Ayúdame a olvidarme de mí mismo, a mirarte sólo a Ti y a dedicarme sólo a entregarme en cada ocasión, a acoger todo con tu amor. A amar como Tú amarías.
Jesús, ayúdame a perseverar. Yo pongo mi parte: oración, sacramentos, formación y obras de amor. Tú harás el resto.
Mil gracias, Señor, por darme la gracia para conseguirlo.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Luis: Lucía, perdóname. En mi oración me he dado cuenta que ayer estuve muy centrado en mí mismo, sin apenas ponerme en tu lugar. Y eso me hizo estar más irascible y te hablé mal. Perdóname.
Lucía: Mil gracias, Luis. Doy muchas gracias a Dios por lo que va haciendo en nuestros corazones. Antes nos ocurrían muchas situaciones como esa pero no nos dábamos cuenta y nos culpábamos el uno al otro. Sin oración, Dios no nos puede dar su luz, no nos puede guiar.
Luis: Sin duda. Sin oración es inevitable ver la vida sólo desde mi perspectiva. Y me engaño pensando que tengo razón. Sin la luz de Dios voy a oscuras. Y en la oración, cuando yo me callo y le escucho, Dios me guía.
Lucía: Sí, y me muestra mis egoísmos, mis apegos,… para que, a partir de ahí, me pueda ir poniendo deberes concretos para irme liberando de esos desórdenes y creciendo en virtud y en amor.
Luis: Es verdad que cuesta. Sobre todo al principio lo que más me costaba era perseverar en la oración y en estar pendiente de ir haciendo esos deberes. Y cuando no lo hacía volvía al infierno de verlo todo negro. Pero perseverando, Dios va pudiendo hacer su obra en nuestros corazones y es una liberación. ¡Qué grande es el Señor!

Madre,

Por favor, ayúdanos a perseverar en la oración y en el camino de purificación para que tu Hijo pueda enseñarnos a amar. ¡Bendito y alabado sea Dios!

Autoridad del Amor. Comentario para matrimonios: Lucas 4, 31-37

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz: «¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: «¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.

Autoridad del Amor.

¿No os habéis quedado asombrados escuchando a algún sacerdote o persona cuando habla sobre cosas del Señor o sobre alguna Verdad sobre el matrimonio o la familia? Eso ocurre cuando ese sacerdote o esas personas, ungidas por el Espíritu Santo, hablan en Verdad y que, como ocurría con Jesús, todos escuchaban y se quedaban asombrados porque hablaba con autoridad.
Así puede ocurrir también en nuestro matrimonio, cuando hablamos con nuestro cónyuge desde el corazón; cuando lo hacemos desde la oración y hablamos con la ayuda del Espíritu Santo, podemos hablar con “autoridad” y desde el Amor para poder transmitir todo lo que el Señor quiere que vayamos mostrándonos unos a otros, bajando los muros que los espíritus inmundos quieren levantar entre nosotros para dividirnos y así hacernos una sola carne.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Alfonso: Debo decirte que, tras estos meses de hacer oración conyugal, nuestro matrimonio ha cambiado muchísimo.
Laura: ¡Qué alegría que me lo digas Alfonso! Yo lo notaba, pero no sabía si tú también te habías dado cuenta.
Alfonso: Sé que soy un poco más lento de reflejos, y me cuesta un poquito más darme cuenta de algunas cosas Laura, pero realmente antes notaba que había un poco de desconfianza entre nosotros y ahora se respira comunión, paz y tranquilidad.
Laura: Así es, yo antes desconfiaba un poquito, pero, con la oración, hemos ido mostrando nuestros corazones y hemos ido bajando todos esos muros y desconfianzas; ahora ya no hay secretos ni lugares ocultos entre nosotros.
Alfonso: Es que el demonio no cabe donde no hay secretos.

Madre,

Te pedimos que nos des la humildad para desnudar nuestro corazón en la oración conyugal.
¡Gloria y alabanza al Señor!