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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Esposos con Cristo.
En este Evangelio vemos cómo Jesús se dejaba acompañar por sus discípulos, y también por mujeres que le servían con sus bienes.
Y aquí pensamos, acaso Cristo, Señor del universo, Rey de reyes, Señor de señores, ¿necesita de nosotros para hacer Su Obra?
Pues sí, necesita de nuestro «Sí» para poder hacer en nosotros, y después continuar Su Obra a través de nosotros.
Cristo se queda en los sacramentos y especialmente en nuestro matrimonio (nuestro sacramento) para poder darse, pero necesita de nuestro Si para poder transformarnos a nosotros y a nuestro matrimonio. Y a través de nuestro matrimonio, también hace en otros: en nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro entorno…
Queridos esposos, ¡Cristo nos necesita para la salvación de nuestro matrimonio y del mundo entero! Como decía San Agustín respecto al creador: «Yo que te creé sin ti no te salvaré sin ti».
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Pepe: ¿Sabes Bea?
Bea: Dime Pepe.
Pepe: Echo la vista atrás y solo puedo dar gracias por estos años que llevamos profundizando en nuestro Sacramento y conociendo más al Señor y Su corazón. Y ahora que estamos profundizando en las catequesis del segundo ciclo, empezamos a enamorarnos del Corazón de Cristo, que no para de darse. ¡Cuantos frutos estamos viendo!
Bea: Sí, cuántos frutos veo en tu corazón y en nuestro matrimonio.
Pepe: Sí, pero no sólo en nosotros, cuántos frutos estamos viendo en nuestros hijos.
Bea: Es maravilloso ver Su Obra, y ver todos los frutos visibles, más los que no vemos, los invisibles, que seguro son muchísimos.
Pepe: Gracias Bea por tu perseverancia.
Bea: Gracias a ti Pepe, por tu docilidad.
Pepe y Bea juntos dan gracias al Señor por todo lo que está haciendo en sus corazones, en su matrimonio, y su familia… Por haberle dicho Sí.
Madre,
Gracias por tu intercesión, ayúdanos a decir Sí a tu hijo, Sí al Amor, para que poco a poco nuestro corazón se vea transformado por Él. Alabado sea el Señor.


Nuestro «Sí,quiero»ante Dios no debe quedarse solo en cuando nos casamos,sino que debemos renovarlo cada día, en lo pequeño y cotidiano.
Es decirle «Sí»cuando estamos cansados, cuando nos cuesta escuchar, perdonar, ceder o tener paciencia. Es dejar que Cristo entre en esas situaciones y transforme nuestro corazón y nuestro matrimonio.
Porque cada «Si»que le damos permite que Él ame a través de nosotros y llegue también a nuestros hijos, nuestra familia y quienes nos rodean.
Al final, el verdadero fruto se ve en el día a día: en cómo nos tratamos, en saber pedir perdón, en tener paciencia, en cuidar al otro y qué alegría descubrir que, sin darnos cuenta, Él también va actuando en nuestros hijos y en nuestra familia.
Los hijos cuando ven a sus padres que se llevan bien son felices.
Que sepamos seguir diciendo «Sí»no solo con palabras, sino con pequeños gestos de amor, entrega y paciencia.