Archivo por días: 26 septiembre, 2022

El secreto de la pequeñez. Comentario para Matrimonios: Lucas 9, 46-50

EVANGELIO

 

El más pequeño de vosotros es el más importante.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.
Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».
Entonces Juan tomó la palabra y dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir».
Jesús le respondió:
«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

Palabra del Señor.

 

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES pincha aquí:  http://wp.me/P6AdRz-D1

El secreto de la pequeñez.

El camino de la perfección no está en saber mucho o en alcanzar grandes experiencias espirituales, o en haber avanzado mucho en nuestros comportamientos. La perfección está en la humildad, porque cuanto más humilde se es, mas puede actuar Dios en nosotros, y esto nos llevará a la caridad, que es la virtud más perfecta. Sabernos pequeños nos hace grandes por la influencia y la actuación de Dios en nosotros.
El camino de la perfección tiene mucho que ver con ir alcanzando los tres grados de humildad, nos dice Santa Teresa. El primero es ser sumiso a la obediencia, el segundo saberme peor que muchos y detectar la virtud en los demás o si no la veo suponer que está pero que no soy capaz de verla y el tercer grado es saberme peor que todos, estar convencido de ello.
Por eso, en nuestro camino de fe, no caben las rencillas entre los diferentes carismas o diferentes grupos de la Iglesia. Porque tampoco como grupo somos mejores. No están contra nosotros, están a favor nuestra.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ana: Hay que ver cuánto hemos luchado mi esposo y yo por ponernos uno por encima del otro, y cuánto deseamos ahora tenernos en menos. Nos cuesta mucho conseguirlo, pero lo deseamos.
Carmen: Es cierto, Ana. Recuerdo veros discutir tanto… había una competitividad entre vosotros que hacía muy desagradable estar junto a vosotros.
Ana: Sí, ¡cuanta soberbia! Después empezamos nuestro camino espiritual y la soberbia entró por ahí, creíamos saber más que los demás, creíamos ser más piadosos… ¡Qué desastre! Utilizábamos las cosas de Dios para alimentar nuestra soberbia.
Carmen: También lo recuerdo. Ibais un poco de perfectitos y no había quien os tosiera. Pero en cambio ahora, da gusto cómo acogéis a tantos… cómo comprendéis a todos…
Ana: No, Carmen. No somos nosotros, de verdad. Las veces que actuamos bien es porque no actuamos y dejamos que sea Él quien actúe. Si ves algo bueno en mí, es porque no me estás viendo a mí, porque yo sin Dios soy la misma que conociste al principio. Pero ya no quiero estar sin Él, no puedo estar sin Él.

Madre,

Esto de la humildad es el secreto de nuestra espiritualidad. Gracias por mostrárnoslo y te pedimos para que les des luz a los que no lo conocen. Alabado sea el Señor.