Descansábamos en Dios. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 8, 14-21

EVANGELIO

Evitad la levadura de los fariseos y de Herodes
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 14-21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?»
Ellos contestaron:
«Doce»
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron:
«Siete».
Él les dijo:
«¿Y no acabáis de comprender?».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Anuncios en Sevilla en febrero:
    • 23: Real Club de Golf de Sevilla. 20:30 Organiza Parroquia de San Juan Pablo II
    • 24
    • 25: Parroquia del Corpus Christi 11:30 Avda, de la Palmera 39.
  • Anuncio en Pamplona: Domingo 11 de marzo a las 13h en la Parroquia de San Fermín.
  • Retiro en Sevilla: 4 a 6 de mayo (No se ha abierto aún la convocatoria. Os mantendremos informados)

Descansábamos en Dios.

Una de las diferencias más importantes entre María, la Llena de Gracia, y nosotros, es que Ella guardaba todas las cosas de Dios meditándolas en Su corazón y nosotros nos olvidamos de ellas. Cuántos regalos nos ha dado Dios a lo largo de nuestra vida, cuántas muestras de amor, cuántas muestras de Su grandeza, de Su bondad, y todavía no acabamos de fiarnos de Él. María se alegra en Dios y a nosotros nos falta alegría, porque la alegría está en Él y nuestro corazón está disperso, está dividido con las cosas de este mundo. Pero ¿cómo vivir en este mundo teniendo nuestro corazón puesto en las cosas de Dios? Veamos este caso.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: Estaba triste, y ni siquiera sabía muy bien por qué. Como cada día, entré en oración con mi esposo, y los dos empezamos a comentar el Evangelio. Vi cómo se emocionaba hablando de Dios, de lo que había cambiado su vida. El pobre lo había pasado mal aquel día, con mucha presión, con mucho estrés, pero él, estaba enamorado de Dios y me estaba haciendo vibrar con su fe. No hacía mucho que había oído unos MP3 con las cartas de Santa Teresita de Lisieux, y se había asombrado de lo que aquella mujer amaba a Dios y cómo ese amor se lo contagiaba. Aquella noche era él quien me lo estaba transmitiendo a mí. Yo, que iba a tener una oración seca, de aquellas de “Señor, ayúdame a ser mejor…” de repente, la oración de mi esposo me había calentado el corazón, y tuve una oración de alabanza preciosa. Me sentía plena, llena, alegre, feliz. Mi corazón y el de mi esposo, descansaban en Dios. ¿Qué más daba todo lo demás? ¿Qué más podía pedir?

Madre,

Dios nos da mucho, Dios es muy bueno con nosotros, y no tenemos derecho a quejarnos. Para empezar, nos da una Madre que es para darle Gloria el resto de nuestra vida. Es tan hermoso tenerte como Madre… Y para seguir, nos da la dignidad de poder amar como Él ama, y eso es mucho. Sólo el ser humano puede decidir darse, y cuando se da, descubre quién es y el valor que Dios ha puesto en él. Sí, nos cuesta vivir en Dios, pero la vida cambia tanto, las circunstancias cambian tanto, la vida se vuelve nueva, hermosa, santa. Todo cobra sentido, todo tiene un destino: Dios mismo. Amén.

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