Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 8, 18-22

Te quiero al 90%.

Hoy le decíamos a un matrimonio de los que acompañamos, que podemos ofrecerles garantías de que si siguen el camino que les marcamos, su matrimonio será un éxito. Pero ese camino requiere esfuerzo a diario, avanzando juntos en su camino de fe, y alimentando su relación. Todos los días, con pequeñas cosas, pero sin excusas.

Jesús no buscaba triunfar como líder de una multitud. Los discípulos de Jesús no debían buscar las seguridades en el mundo: “no tiene dónde reclinar la cabeza”, y su prioridad debía ser seguirle por encima de todo: “Tú sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Las dos mismas actitudes para el seguimiento de Jesús, son válidas también para el matrimonio. En primer lugar, el matrimonio no es un medio para lograr más bienes perecederos, comodidades o satisfacciones propias. El que se casa, no tiene dónde reclinar la cabeza. Solemos compararlo con el misionero que lo deja todo (Casa, comodidades, familia, etc.) para entregarse. El esposo no puede relajarse porque la vida está llena de tentaciones, distracciones, tareas, atractivos mundanos… hay que trabajar el matrimonio. Tenemos que reconquistarnos con pequeñas cosas todos los días, porque el hecho de habernos casado, no nos da ninguna garantía de tranquilidad (A la vista están los resultados).

Y para ello, un esposo tiene que tener claro que su prioridad es su esposo. No hay excusas. Ni el trabajo, ni el cansancio, ni los amigos, ni “mi espacio” (como se dice ahora, “necesito mi espacio”).

¿Radical? Sí. El amor es así. No admite términos medios. Dile a tu esposo/a que le amas al 90% y a ver qué le parece. Pues si el amor que se le exige al otro (que para eso todos somos muy exigentes) es al 100%, cuánto más debe ser nuestro amor para el esposo la primera prioridad. Por supuesto, por amor a Dios (si no, sería idolatría), pues es Él quien nos proporciona ese amor y establece esa misión como camino para llegar a Él.

Oramos con el Salmo: El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

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