Archivo por meses: abril 2016

Iluminando y dando sabor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 13-19

EVANGELIO
Vosotros sois la luz del mundo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Palabra del Señor.

Iluminando y dando sabor.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Los esposos somos sal de la tierra, porque damos sabor a la vida. Mostramos al mundo un motivo intenso por el que vivir: El amor conyugal y familiar. Y somos luz del mundo, porque Cristo ha querido concedernos el honor de reflejarse en nosotros.

Nuestra misión es crucial, y consiste en que mostremos al mundo la belleza del matrimonio. Como dice el Papa Francisco:
121. El matrimonio es un signo precioso, porque «cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros.

Pero es Cristo quien transforma el matrimonio en algo bello, en una vida que alumbra las zonas de oscuridad:
72. …El sacramento es un don para la santificación y la salvación de los esposos… Los esposos son por tanto el recuerdo permanente para la Iglesia de lo que acaeció en la cruz; son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvación, de la que el sacramento les hace partícipes». El matrimonio es una vocación, en cuanto que es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia.

Efectivamente, nuestra unión no es perfecta, pero está llamada a serlo y así lo debemos de creer, porque Cristo nos lo ha prometido. Jesús dice que ha venido a dar plenitud a la Ley. Papa Francisco (Amoris Laetitia 125) No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido.

321. «Los esposos cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y para los restantes familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe» (Conc. Vat. II, Apostolicam actuositatem, 11).

El matrimonio que ha experimentado la gracia de Dios, ha vivido un antes y un después y eso hace que, llenos de luz proclamemos la alegría del Evangelio.

Madre:
Contigo, proclama nuestra alma la grandeza del Señor y se alegra nuestro espíritu en Dios nuestro salvador. Alabado sea por siempre.

La gran transformación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 16, 15-20

EVANGELIO
Proclamad el Evangelio a toda la creación

Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: -«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor.

La gran transformación.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

A los esposos que creen, les acompañarán estos signos (Papa Francisco Amoris Laetitia 163):
“El amor que nos prometemos supera toda emoción, sentimiento o estado de ánimo, aunque pueda incluirlos. Es un querer más hondo, con una decisión del corazón que involucra toda la existencia. Así, en medio de un conflicto no resuelto, y aunque muchos sentimientos confusos den vueltas por el corazón, se mantiene viva cada día la decisión de amar, de pertenecerse, de compartir la vida entera y de permanecer amando y perdonando. Cada uno de los dos hace un camino de crecimiento y de cambio personal. En medio de ese camino, el amor celebra cada paso y cada nueva etapa.
… El vínculo encuentra nuevas modalidades y exige la decisión de volver a amasarlo una y otra vez. Pero no sólo para conservarlo, sino para desarrollarlo. Es el camino de construirse día a día. Pero nada de esto es posible si no se invoca al Espíritu Santo, si no se clama cada día pidiendo su gracia, si no se busca su fuerza sobrenatural, si no se le reclama con deseo que derrame su fuego sobre nuestro amor para fortalecerlo, orientarlo y transformarlo en cada nueva situación.”

Si invocamos al Espíritu Santo y pedimos su gracia para nuestro matrimonio, tomaremos el veneno de los conflictos no resueltos, de los sentimientos confusos, etc. y aun así mantendremos viva la decisión de pertenecernos y de permanecer amando perdonando. Nuestro matrimonio exige que lo “amasemos” una y otra vez para desarrollarlo.

Ven Espíritu Santo, ven a nuestro matrimonio. Danos la fortaleza y el coraje de decidir amarnos a pesar de las circunstancias; danos el consejo para discernir ante las situaciones complicadas; danos la sabiduría de Dios para mirar nuestra relación desde Su Verdad; danos la inteligencia para comprender la Verdad del misterio de nuestro sacramento, Danos la ciencia de valorar a nuestro esposo como hijo de Dios; la piedad para abrirnos a la ternura del Padre y para con el esposo; y el temor de Dios, el miedo a ofenderle y desear permanecer en el amor. Espíritu Santo, transforma nuestro matrimonio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

En construcción. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 13, 31-33a. 34-35

EVANGELIO
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: – «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Sí Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos : si os amáis unos a otros».

Palabra del Señor.

En construcción.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“Que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros.” Es el mandamiento nuevo de Cristo. Él no se refiere en cuanto a la cantidad o a la calidad de ese amor, sino al modo: Que nos amemos unos a otros de la misma manera que Él. Es decir, Cristo se refiere al amor de comunión, al amor mutuo. A este respecto, nos dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia:

121. El matrimonio es un signo precioso, porque «cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, Hijo y Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es precisamente este el misterio del matrimonio: Dios hace de los dos esposos una sola existencia»[119]. Esto tiene consecuencias muy concretas y cotidianas, porque los esposos, «en virtud del sacramento, son investidos de una auténtica misión, para que puedan hacer visible, a partir de las cosas sencillas, ordinarias, el amor con el que Cristo ama a su Iglesia, que sigue entregando la vida por ella»[120].

122. Sin embargo, no conviene confundir planos diferentes: no hay que arrojar sobre dos personas limitadas el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica «un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios»[121].

En cada uno de nuestros matrimonios deberíamos colgar un cartel, como en las edificaciones en obras, que pusiese: “Caridad Conyugal en construcción. Promueve: El Señor. Construye: El Espíritu Santo. Subcontratas: El esposo y la esposa.” Si la gente se asoma por las ranuras que quedan en las verjas que protegen la intimidad de la obra y nos ven trabajando, conocerán que somos sus discípulos. ¿Cuántos matrimonios estarán trabajando en serio su relación conyugal?.

Madre:
Damos gracias por esta impresionante misión que se nos ha sido dada. Pero ya sabemos que nuestro amor de comunión hay que construirlo para ir avanzando gradualmente. Prometemos seguir trabajando en ello para responder a Dios por los dones que nos ha entregado. Alabado sea el Señor.

En sintonía. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 14,7-14

EVANGELIO
Quien me ha visto a mí ha visto al Padre

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14,7-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice: – «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: – «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Palabra del Señor.

En sintonía.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre. Digamos que están en perfecta sintonía.

Profundicemos hoy en la idea de sintonizar, o estar en la misma “sintonía”: 1- La sintonía de un programa de radio o televisión, representa ese programa, nos permite identificarlo. 2 – Por otro lado, una radio está en sintonía con la emisora, cuando ambos, receptor y emisor están en la misma frecuencia. 3 – Y sintonía entre personas es estar en consonancia con un acuerdo predeterminado, una alianza. Dos notas suenan en consonancia cuando al tocarse conjuntamente producen un sonido agradable.

Bien, todos estos ejemplos nos ayudan a comprender qué es eso de estar en sintonía. 1 – Representarse el uno al otro: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”, 2 – misma frecuencia entre emisor y receptor: “Lo que yo os digo no lo hablo por mi cuenta”, 3 – Y por último “El Padre está en mí y yo estoy en el Padre” como dos notas que suenan en consonancia como fruto de una alianza.

Pero la sorpresa viene cuando Jesús “extiende” a la humanidad esta relación “en sintonía”. Yo puedo estar en sintonía con el Hijo que a su vez lo está con el Padre. Hermosa cadena en la que como esposo 1 – represento a Cristo Esposo y tengo la misión de que el que me vea a mí, le vea a Él. 2 – Increíble sincronización de frecuencias en la que yo tampoco hablo por mi cuenta, sino que digo lo que Jesús me dice. 3 – Y por último me permite entrar en esa intimidad común en consonancia, en la que Él está en mí y yo en Él.

En este pasaje, Dios nos pone en sintonía con Su relación Trinitaria.

Ahora llega el Papa Francisco en Amoris Letititia nº 13 y nos dice:
“…como repite Jesús citando el Génesis: «Se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne» (Mt 19,5; cf. Gn 2,24). El verbo «unirse» en el original hebreo indica una estrecha sintonía, una adhesión física e interior, hasta el punto que se utiliza para describir la unión con Dios: «Mi alma está unida a ti» (Sal 63,9)”.

La misma sintonía que une a Dios y que nos une a Él, es la que nos une a los esposos. Es la sintonía del amor. Así los esposos entramos a formar parte de esa armonía divina que nos permitirá hacer obras divinas: Las obras de Dios.

«Mi alma está unida a ti» (Sal 63,9), Señor. Y tal “como exclamará la mujer del Cantar de los Cantares en una estupenda profesión de amor y de donación en la reciprocidad: «Mi amado es mío y yo suya […] Yo soy para mi amado y mi amado es para mí» (2,16; 6,3)” (Papa Francisco). Bendita invitación que nos haces a los esposos, para participar de Tu intimidad. Gloria a ti, Señor.

Espiritualidad familiar. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 14, 1-6

EVANGELIO
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: – «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: – «Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

Palabra del Señor.

Espiritualidad familiar.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús se nos presenta como Camino, Verdad y Vida, también para los esposos.

Aprovechamos la novedad de las enseñanzas de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, para iluminar el Evangelio. Papa Francisco (316):
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Mi predecesor Benedicto XVI ha dicho que «cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios»
…la espiritualidad se encarna en la comunión familiar. Entonces, quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística.
…Porque las exigencias fraternas y comunitarias de la vida en familia son una ocasión para abrir más y más el corazón, y eso hace posible un encuentro con el Señor cada vez más pleno.
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Cerrar los ojos ante el esposo, nos convierte en ciegos ante Dios. El matrimonio es una alianza que recorre el camino de construirse día a día, con Sus luces y nuestras sombras, porque en nuestras luchas, alegrías y sufrimientos, está lleno del amor de Dios. Es en este camino donde se encuentra lo humano y Divino.

Sabiendo esto, no se puede turbar nuestro corazón, más bien elegir cada día por esforzarnos en amar. < Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud> (1 Juan 4,12). Dios hace morada en nosotros a la vez que nos la prepara junto a El para toda la eternidad. ¡qué hermoso!¡alabado sea! Una anécdota: Recordamos que en Tierra Santa esperábamos vivir el “viacrucis de nuestra vida” por la Vía Dolorosa que recorrió Jesús camino del Calvario. Al llegar allí nos encontramos un bullicio enorme, vendedores ambulantes que se acercaban, íbamos deprisa y corriendo porque venía el siguiente grupo… ¡Qué decepción! ¿Cómo creéis que vivió Cristo su viacrucis? Entre empujones, gritos, prisas, latigazos… pero en medio de todo eso, Él tenía su corazón unido al del Padre. Deseemos vivir la cumbre de la unión mística en la familia, entre prisas, cansancios, desajustes en los ritmos… que nos obligan a salir de nosotros mismos para hacernos uno entre nosotros y con el Padre. Es la grandeza que Dios ha querido conceder a la limitación humana como camino hacia la gloria.

Madre:
Intercede para que vivamos nuestro hogar, tal cual es, como ese lugar de crecimiento en el Espíritu, para que sea cada día más semejante a la casa Paterna. Gracias Señor por prepararnos una morada junto a ti, en familia. Alabado seas por siempre.