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Los frutos de hoy. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 12, 1-12

EVANGELIO
Agarraron al hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:
-«Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron.
Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron:
«Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia. »
Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?»
Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Palabra del Señor.

Los frutos de hoy.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Según el Catecismo, en el número 755, la viña se refiere a la Iglesia. “El labrador del cielo la plantó como viña selecta”. Nosotros centramos nuestro comentario para matrimonios en la “Iglesia Doméstica” que es la familia.

¿Qué estoy haciendo yo con la Viña del Señor? Mi esposo e hijos… ¿La trabajo para darle frutos? ¿Cultivo el amor en ellos y por ellos? O en muchos momentos de mi día rechazo Su Evangelio y rechazo Su Sacrificio por mí, o lo desprecio… no trabajando para Él, sino para mí. Cada noche, Jesús espera recoger los frutos para llevárselos al dueño de la Viña. ¿Qué frutos tengo hoy para darle? ¿Qué merecería que hiciese conmigo? ¿He “apaleado” al esposo que me ha enviado el dueño de la viña haciéndole sufrir?.
Ten piedad de mí Señor, que en Tus manos he puesto Tu Viña, pues yo soy un pobre e inútil labrador. No me quites Tu Reino y aumenta los frutos, no para mi disfrute, sino para comunicar la gloria del Padre.

Aunque el «Hijo» correrá la misma suerte, que los profetas, el «Amo» no abandonará la Viña. Tú Dios mío no nos abandonarás. Gracias Jesús por dar Tu Vida por nosotros. Nuestra vida está en Tus manos, confiamos en Ti.

Tú Señor, eres la «piedra angular» que, con Tu muerte y resurrección, traes un nuevo comienzo.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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En el nombre de los Tres. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 28, 16-20

EVANGELIO
Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les habla indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
– «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor.

En el nombre de los Tres.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy celebramos el día de la Santísima Trinidad. Es por decirlo así, llanamente, como el día de la Familia de Dios. Son uno, de manera inseparable.
El Señor le dice a sus apóstoles que vayan a bautizar en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. En el nombre de las tres personas de la Santísima Trinidad. Qué bonito que nos pida actuar en el nombre de los tres, y qué ejemplo para los matrimonios, que deberíamos actuar siempre en el nombre de los dos. En nuestras decisiones, en nuestros gestos de cariño hacia los demás, en la educación a nuestros hijos… siempre en el nombre de los dos. Qué ejemplo de unión inseparable es para nosotros la Santísima Trinidad.

En nuestra relación con Dios, no olvidemos al Espíritu Santo. Él es quien nos santifica, quien nos transforma en santos. El que transforma nuestro amor de esposos, un amor pobre e interesado, en la Caridad de Dios. Integremos a Dios trino en todas nuestras acciones, hagamos todo en Su nombre.

A Jesús se le ha dado todo el poder sobre el cielo y la tierra. No seamos nosotros de los que vacilamos, postrémonos ante Él porque es Él quien puede con todo aquello que nosotros no podemos. Enseñemos a guardar nuestro compromiso de entrega matrimonial (ese único mandato que nos dejó “amaos como yo os he amado”), apoyándonos sin vacilar, en Su infinito poder.

Esposos, sentémonos, hablemos con cariño, y ayudémonos el uno al otro a guardar todo lo mandado. Un objetivo al día ¿Os parece?. Él hará la obra.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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¿Qué me mueve? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 11, 27-33

EVANGELIO
¿Con qué autoridad haces esto?

Lectura del santo evangelio según san Marcos 11, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron:
-«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad? »
Jesús les respondió:
-«Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.»
Se pusieron a deliberar:
-«Si decimos que es de Dios, dirá: «¿Y por qué no le habéis creído?» Pero como digamos que es de los hombres… »
(Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.)
Y respondieron a Jesús:
-«No sabemos.»
Jesús les replicó:
-«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

Palabra del Señor.

¿Qué me mueve?
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús hace esta pregunta sobre Juan para que se cuestionaran los que le intentaban poner a prueba. En el fondo viene a preguntarles: ¿Actúas buscando tu seguridad o la gloria de Dios?.

Mira en cualquier momento, en cualquier acto y pregúntate por tu motivación para hacerlo. ¿Lo haces por ti?, pues Cristo no te revelará su Verdad, ni su Camino. Porque su intimidad no se descubre si buscas tu seguridad, tu comodidad o tu éxito. A medida que buscamos la gloria de Dios, vamos entendiendo su Camino, descubrimos en nuestra vida la providencia divina que nos encamina hacia Él.

Dice San Juan Pablo II en la catequesis del 19 de enero de 1980 ‘La «afirmación de la persona» no es otra cosa que la acogida del don, la cual, mediante la reciprocidad, crea la comunión de las personas’. Lo que nos permite descubrir qué es ser persona, es acoger todo, como dones que Dios nos ha dado y principalmente acoger a nuestro esposo como un don de Dios. Fruto de la reciprocidad de esta acogida mutua, es la comunión, la unión común entre ambos.

No descubrimos la belleza de la comunión, si no acogemos al esposo como un don de Dios. Cristo sólo me revela sus misterios si soy sincero en esa búsqueda de la gloria de Dios con mi oración y mis actos.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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El Novio se declara. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 22, 14-20

EVANGELIO
Esto es mi cuerpo. Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre

Lectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14-20
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:
-«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»
Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:
-«Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.»
Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
-«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»
Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:
-«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»

Palabra del Señor.

El Novio se declara.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús, el Esposo, brinda con sus discípulos justo antes de ofrecer su cuerpo, en forma de pan bendito y su sangre en forma de vino bendecido por el Espíritu de Dios. El Novio, se compromete para siempre.

Señor, nos entregas tu Cuerpo, a nosotros, tu Esposa, para hacerte uno con nosotros. Para que tu Cuerpo esté en nuestro cuerpo a través de la Eucaristía. Es la unión nupcial que se renueva cada vez. Tu Sangre purificadora, pasa a nuestra sangre como ocurre con el vino, y la limpia de nuestras impurezas y la oxigena, y le da una nueva vida.

Tu Cuerpo en forma de pan, penetra en nosotros, tu Esposa la Iglesia, y nos fortalece, y se hace uno con nuestro cuerpo. Un solo cuerpo y un solo Espíritu. Y en esa, nuestra íntima unión nupcial, nos llenas de la Vida, que genera vida.

Tras entregarnos tu Cuerpo y tu Sangre benditos, nos dices “haced esto en memoria mía”. Sí, “haced”. Nos toca a los esposos, hacer lo que Tú haces. Los maridos entregarse a sus mujeres como Tú y las mujeres acoger a sus maridos como la Iglesia te acoge, como María te acogió en su seno. Ambos abiertos a ser un medio para generar vida. Como Tú generaste Vida.

Bailemos esta noche, Señor, antes de unirnos en la Eucaristía de mañana. Te has comprometido con nosotros para siempre con la Alianza de Tu Sangre, y hoy, llenos de alegría te respondemos: “Sí quiero”.

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100% jugo natural. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 28-31

EVANGELIO
Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
-«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo:
-«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»

Palabra del Señor.

100% jugo natural.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Dice San Jerónimo. “No dijo: Que lo dejasteis todo (porque esto también lo hizo el filósofo Crates y otros muchos que despreciaron las riquezas), sino y que «me habéis seguido», que es propiamente de los apóstoles y de los creyentes.”

No se trata de dejar muchas cosas y hacer muchos sacrificios, sino de seguir a Jesús. Esto es, hacer lo que Él hizo: Entregarse por amor. Hay esposos que hacen cosas que les cuestan mucho esfuerzo, pero aman poco.

Pongamos algunos ejemplos: Las dietas, el ejercicio, ordenar, limpiar, crecer profesionalmente, conseguir un ascenso, corregir a los hijos… Si no se hace con amor, no sirve. Es más, puede ser contraproducente, puesto que puede aumentar nuestra vanidad, el orgullo, apegarse más a las manías que uno se va creando, etc. Hacer algo por amor, es siempre “a alguien”. Por tanto, si hago una dieta tengo que preguntarme ¿Por amor a quién?. O si me esfuerzo en tenerlo todo muy ordenado en casa ¿Por amor a quién?, no vaya a ser que me esté dejando llevar por mis manías…

Esposos, no se trata de hacer cosas que cuestan mucho (seguro que no todas son necesarias) sino de hacerlas con mucho amor. Por ejemplo: Educar es cansado, pero ¿Cuántas órdenes les damos a nuestros hijos que no van a servir para hacerlos santos? ¿No podíamos ahorrarnos y ahorrarles muchas regañinas? ¿No serán cosas que me molestan a mí?. Pensémoslo sinceramente: Si regañamos enfadados ¿Por quién estamos regañando?. Si corregimos al esposo enfadados ¿Por quién lo hacemos?. Si realmente fuese por su bien ¿nos enfadaríamos?. Tiene triste gracia, estar esforzándonos por algo que no sirve para nada. Como decía San Pablo en la Corintios 13: Ya podía yo entregar mi cuerpo a las llamas… si no tengo amor, de nada sirve. Qué pena ¿no?. El amor siempre busca el bien del esposo y de la familia.

Imaginemos una exprimidora en la que metemos nuestras acciones y extrae de ellas el jugo del amor. ¿Cuánto tardaríamos en llenar el corazón de nuestro esposo?.

Para tener amor, previamente tenemos que llenarnos de él. Sólo el Espíritu puede hacerlo. Por tanto, para seguir a Jesús hay que elegir entre otros planes y la oración, la Eucaristía… Abrir nuestros corazones a Dios para que Él los llene con Su Amor. Con Él, nuestro matrimonio recibe cien veces más, heredamos un tesoro en nuestro corazón del que nada nos puede separar: el Amor de nuestro Padre. Su sabiduría para tratarnos, Su prudencia para decidir, Su fidelidad para siempre, Su Amor verdadero, Su misericordia y Su perdón hasta 70 veces 7, Su paz, Su gozo… Todo lo que hagamos estará entretejido con el Amor de Dios.

Y acaba Jesús: “Muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros”. Muchos de los que tienen todo muy perfecto, serán últimos y muchos que no lo tienen tan perfecto pero que han dado prioridad al amor, serán primeros.

Pedimos al Señor que nuestras acciones traigan impresa la etiqueta esa de “100% jugo (de amor) natural”.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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