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Matrimonios en gracia o en des-gracia. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 24, 42-51

Matrimonios en gracia o en des-gracia.

¿Estamos preparados para la misión que Dios nos ha encomendado? En el Evangelio de hoy Jesús habla del criado fiel al que el amo ha encargado que sirva la comida a sus compañeros. En nuestro caso, el encargo recibido es el del matrimonio y la familia.
Para ello Jesús nos habla de estar preparados ¿Qué clase de preparación? Ser fiel y vivir en gracia o vivir en des-gracia

Utilizaremos la imagen escatológica (del final de los tiempos) en la que vuelve el Esposo (Cristo) y le recibe su Esposa (La Iglesia) que está preparada para acogerle. No se trata de una imagen simbólica, sino la manera de culminar la alianza con Dios en la carne.

Trasladamos esta acogida a Cristo a nuestra acogida al esposo/a: ¿Estamos preparados para recibirle?. Más aún, ¿Nos preparamos? ¿Damos la importancia a ese encuentro con nuestro esposo (en genérico) como si fuera Cristo mismo quien va a venir a nosotros?. Nos preguntamos hoy si estamos trabajando la complementariedad de esos dos mundos, la masculinidad y la feminidad para hacerlos uno; si nos estamos conociendo cada día más, si nos estamos ayudando en la fe para llegar a Dios, si nos complementamos como padre y madre en la educación… En la medida en que estemos preparados para la venida del esposo/a, lo estaremos para Cristo. Según le acojamos, según le tratemos, con la dignidad que le corresponde, estaremos preparándonos para la venida de nuestro “Amo”.

Hoy Jesús nos pregunta: ¿Dónde hay un esposo fiel y cuidadoso, a quien Dios le encargó la tarea de ser semejantes a Él en nuestra relación de comunión? ¿un matrimonio que vive en gracia? Un matrimonio agradecido consciente de que todo lo recibe del Padre y que se mantiene firme en Él, un matrimonio fiel a su cita con aquel que sabemos nos Ama, que se prepara cada día con actos de amor, un matrimonio trasmisor de la fe para los hijos…
Pues dichoso el esposo, el matrimonio si el Señor lo encuentra portándose así.

Pero si el matrimonio piensa que Dios está lejos, que tarda en llegar… y vive como tal, entre comidas de amigos, comodidades, autocomplacencias… a la hora que menos se lo espere descubrirá que su matrimonio es una des-gracia viviendo el llanto y rechinar de dientes. Rezamos por ellos para que reaccionen hoy, antes de que sea tarde, antes de la venida de Cristo.

Oramos con el Salmo: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.

La táctica del Tentador para desviarnos del amor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 23, 27-32

La táctica del Tentador para desviarnos del amor.

Si los fariseos eran o al menos intentaban ser hombres de Dios ¿Qué ocurre con ellos para que se desvíen del camino del amor?.
Si los matrimonios se unen por amor, con toda la ilusión y todos sus proyectos ¿Qué ocurre para que se desvíen también del camino del amor?.

Hoy hablaremos del Tentador y cómo actúa.
Observemos en el Génesis la actuación de la Serpiente. Cómo consigue sacar a Adán y Eva del paraíso en el que Dios los había puesto. Es la misma técnica que utilizará para sacar a los esposos de ese “paraíso” de amor que vislumbraban cuando se casaron.

La primera pauta de comportamiento del Demonio, es que no niega a Dios. A los novios, no les niega el amor. Insistimos, no niega la existencia de Dios ni del amor sino en deformar su imagen.
“Invita a desconfiar de la bondad originaria del Creador, rechazando su proyecto sobre el hombre (hombre-mujer). Se trata así de cortar amarras con el Origen, con la paternidad divina y con el reconocimiento filial que el hombre le debe. La vida que ofrece la serpiente consiste en una posesión solitaria; la ciencia prometida es un saber que no quiere fiarse de nadie.” (Una sola carne en un solo Espíritu pg. 81 ss)

Ya no necesitas a Dios, porque seréis como dioses. Es la sentencia del individualismo que vivimos hoy en día ¿O no?.

Pero ¿Qué tiene esto que ver con la relación matrimonial?.
“La relación entre Adán y Eva se transforma cuando ambos rompen el nexo con el Creador. … aunque Adán y Eva sigan unidos, en realidad su amor, perdida la referencia al origen en Dios, no puede ya indicar más allá de sí mismos termina por aislar al uno del otro: deja de ser amor. …
El Creador constata el dominio que Adán ejercerá a partir de entonces sobre Eva –tu deseo irá hacia el varón, y este te dominará- .” (Una sola carne en un solo Espíritu)

La relación de unión, de ayuda semejante el uno para el otro se convierte en una relación de dominación, similar a la que debían tener sobre el mundo “dominad la tierra y sometedla”. Dejan de ser “hermanos” de un mismo Padre para convertirse en “mini dioses” que no necesitan el uno del otro y se estorban. El cuerpo de la mujer, deja de ser para el hombre el medio santo que Dios nos deja para unirnos y llegar a Él, y se convierte en algo que desea dominar. A veces, casi como un trofeo a conseguir para su propia satisfacción o vanagloria. Por su parte, la mujer, arrastrada por sus emociones buscará en el hombre una respuesta que no encuentra: “Tendrás ansia de tu marido y él te dominará.” (Gn 3,16)

La consecuencia por tanto es el sufrimiento del que habla Dios en el génesis. El deterioro de la relación conyugal no solamente afectará a los esposos, sino que se transmitirá a sus hijos. Al no ser ellos imagen del Dios Padre del que proceden y de su auténtico Amor, transmiten una imagen distorsionada a sus hijos, que heredan viéndose afectado su amor, aprenderán de un modelo distorsionado.

En la obra El Don Juan, se concluye de la siguiente forma la relación entre Adán y Eva:
Después de que Eva pide a Adán que se unan “como yo te lo pido”: Olvidándolo todo y pensando solo en nosotros. Cerrando las puertas de nuestros corazones al amor de los demás, que no nos importa nada… Nada más que una vez, nada más que un instante! Quiero ser para ti tu dios y tu universo, como lo eres para mí…!
Podríamos añadir aquí “disfrutemos unos años antes de tener hijos”. Así quedan sumergidos en ese amor aislado que no es amor.
La historia concluye cuando Eva dice: “Adán, ¿Qué te sucede que no te siento? ¿Por qué mi goce no sale de mi cuerpo, Adán? ¿Por qué el tuyo no me llega? –Hemos pecado, Eva, contra el amor del Universo, que era el amor de Dios.”

Afortunadamente para vosotros, esposos, y para nosotros, Cristo vino a redimir el Amor. Dejemos de ser sepulcros blanqueados, que ríen con la gente y sonríen en las fotos, pero que viven la amargura de un hogar lleno de huesos y podredumbre. Recuperemos nuestros lazos con el Amor Original, con el Padre a través de Cristo, para recuperar el amor verdadero.

Oramos con el Salmo: Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén (tu familia, la tierra prometida) todos los días de tu vida.

Mi prioridad, tú. Mis decisiones contigo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 23, 23-26

Mi prioridad, tú. Mis decisiones contigo.

Los fariseos daban mucha importancia a su apariencia y se olvidaban del amor, lo realmente importante: la misericordia, la sinceridad, la compasión. A veces ocurre igual en nuestro matrimonio: por causa de buenas costumbres, pequeñas leyes como el orden o la puntualidad y otras muchas de este tipo, nos olvidamos de la misericordia entre nosotros, la compasión y la sinceridad. Otras veces, las practicamos de cara a fuera, a gente lejana y no percibimos las necesidades de mi esposo/a en estos sentidos. Ocurre a menudo que los matrimonios se ocupan de atender a los hijos, la familia de origen, sus trabajos, compromisos Pastorales, sus… y se olvidan de alimentar su relación. No queda tiempo para eso y el amor no se construye solo.

Tenemos que dar prioridad a las leyes del amor en nuestro hogar. Como dice Jesús: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.”

Por otra parte, Jesús llama también a los fariseos guías ciegos, porque orientan según sus propios criterios. A propósito de esto, hablaremos del discernimiento espiritual. Consiste en saber decidir entre dos alternativas aparentemente buenas. La cuestión es que, sólo es bueno para nosotros aquello que está de acuerdo con la voluntad de Dios para nosotros. ¿Cómo reconocerla?.

En otro pasaje, Jesús dice que no son capaces de leer los “signos de los tiempos”. Se refiere a las señales del Espíritu, que las hay y no pocas. San Pablo en la carta a los Romanos, les animaba a no dejarse llevar por la mentalidad del mundo, sino transformarse en la renovación de su mente para reconocer lo bueno, lo que es agradable a Dios, lo perfecto. Esta renovación se produce en la intimidad con el Espíritu que nos hace capaces de distinguir el camino del bien.

Se trata de examinar y distinguir qué situaciones, personas o cosas nos ayudan a seguir el Plan de Dios y cuáles por el contrario nos apartan de él.

Para hacerlo correctamente, lo primero es apartarse de todo aquello que nos aleje del Espíritu. Mencionaremos principalmente el subjetivismo y la soberbia. El subjetivismo consiste en considerar nuestro criterio como el válido. Es ponernos como el centro sin estar abiertos a otras opciones. En estos casos suelen ser las emociones las que nos impiden ver más allá. Y la soberbia es estar tan llenos de nosotros mismos que no dejamos que entre el Espíritu.

¿Qué nos ayuda al discernimiento espiritual? Pues como dice San Pablo también: “Si vivimos por el Espíritu, dejémonos conducir por el Espíritu” Es decir, ese deseo de realmente dejarnos guiar por el Espíritu en nuestra vida. Además de esto, debemos tener criterios Evangélicos, la “mente de Cristo”, para lo cual es necesaria la oración diaria del Evangelio, para sentir y actuar como Él.

Y por último, la dimensión comunitaria, es decir, no tomar las decisiones solos. Nuestro esposo/a es una ayuda imprescindible en la toma de decisiones. Nuestra complementariedad, querida por Dios, suele ser un buen medio para llegar a la mejor decisión. Recordemos que Dios nos creó como una ayuda el uno para el otro. También viene bien, que vayamos juntos y consultemos con nuestro director espiritual (Sería importante tenerlo) o con personas de la Iglesia cuyo criterio nos parezca fiable porque vemos en ellos una coherencia entre el Evangelio y su vida.

Oramos con el Salmo: Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Matrimonios adoradores en Espíritu y en Verdad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 23, 13-22

Matrimonios adoradores en Espíritu y en Verdad.

El planteamiento que nos hace Jesús en el Evangelio a través de la corrección a los fariseos es: ¿Utilizáis las cosas de Dios para dar gloria a Dios o para dárosla a vosotros mismos?. En esa cuestión se resume la salvación o la condenación. Se trata de adorar a Dios en espíritu y en verdad, la plenitud de una comunión humana.

Vivir el matrimonio coherentemente, es mirarlo con la mirada de Cristo desde la oración constante. De ahí nacerá la coherencia de amar en Espíritu en el matrimonio, que es haber recibido el mismo amor de Dios para amarnos entre nosotros. De esta forma todo el amor queda consagrado y todo él nos dirige hacia la meta, hacia el Padre.

El primer concilio vaticano decía «El mundo ha sido creado para la gloria de Dios» (Cc. Vaticano I)” y continúa el concilio “En su bondad y por su fuerza todopoderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirir su perfección, sino para manifestarla por los bienes que otorga a sus criaturas”.

Es decir, nosotros no podemos aumentar la gloria de Dios, pues Él ya la contiene en su totalidad, lo que sí podemos hacer y para lo que creó el mundo es para que la comuniquemos y la manifestemos.

Dice el número 294 del catecismo: ‘El fin último de la creación es que Dios , «Creador de todos los seres, se hace por fin `todo en todas las cosas” (1 Co 15,28), procurando al mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad» (AG 2).’

Por tanto, la manera de dar gloria a Dios es manifestar, comunicar que Dios está en todas las cosas y con ello alcanzamos también nuestra felicidad.

En lo que nos compete especialmente a los matrimonios: Comunicar, manifestar que Dios está en todo lo que vivimos en el día a día: En nuestro esposo/a, en nuestros hijos, en una sonrisa, en la piel de la esposa cuando brilla expuesta al sol, en el brillo de sus ojos, en cogerse la mano mirando el mar mientras oramos, viendo el ribete blanco de las olas con el que Dios quiso completar su belleza… Todo lo que vivimos y todo lo que recibimos es un medio para manifestar y comunicar la gloria de Dios.

Nuestra misión es manifestar desde el matrimonio y la familia, que Dios está en todo, y muchas veces nos tocará reconocer que nosotros somos imperfectos y que no llegamos a ser fieles a Él, puesto que dependemos de la Gracia de Dios. Tenemos que apuntar a la Verdad, aunque no estemos siendo capaces obviamente de vivirla en plenitud. La verdad no está en lo que hacemos, pero con nuestros actos se tiene que ver cómo luchamos por vivirla y que hacia ella apuntan nuestras vidas.

María lo sabía muy bien: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador…”

Apostamos Todo al Mesías. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 16, 13-20

Apostamos Todo al Mesías.

Esposos ¿Quién decís que es Cristo en vuestro matrimonio? ¿Cómo ha intervenido en él? ¿Y en vuestro trabajo? ¿Y en vuestros hijos?.
Si la respuesta es: “No ha intervenido mucho”, es que no tenéis esa relación continua y cercana con Él, como la que podían tener los Apóstoles.

Proyecto Amor Conyugal, no es un proyecto para un rato. Necesita de una constante presencia de Cristo en nuestras vidas. Si no, no lo dejamos actuar. Si solamente acudimos a Él los 45 min de la Eucaristía dominical o similar, es como cerrarle las puertas de nuestra vida el resto del día, según nos convenga. ¿Qué influencia suya esperamos cada día, en cada momento si no estamos contando con Él?.

¿Quién eres para nosotros? No hace mucho que nos lo preguntabas en este mismo Evangelio. Pero, las circunstancias van cambiando, y es bueno que muy de vez en cuando nos lo preguntemos: ¿Cómo ha cambiado en este tiempo nuestra percepción sobre Cristo? ¿Hemos ganado en confianza?.

Nosotros y todos los que hemos apostado por Ti, y experimentamos Tu presencia constante en nuestras vidas, te lo debemos todo, porque Tú nos has salvado. Has hecho posible que seamos hijos de Dios Padre y hermanos Tuyos. Además nos has rescatado de nuestra situación personal. Has redimido nuestro matrimonio, y lo has hecho posible. Has entrado en nosotros, y cada día Te vas haciendo más grande en nuestro interior. Y en la medida en que nuestro yo va menguando mientras Tú vas creciendo, vamos descubriendo más y más quiénes somos y para qué hemos sido creados, y quién eres Tú, en cada momento y en una eternidad. Proclama nuestra alma la grandeza del Señor.

Simultáneamente, has ido entrando en nuestro matrimonio y nos has ido mostrando el misterio, la belleza y el sentido tan profundo que tiene nuestra vocación. Y lo has ido transformando en algo nuevo, cada día más pleno, cada día más admirable, cada día Tu Santo Rostro nos mira, nos habla, nos corrige, enseña, nos sorprende, juntos nos alegramos… Desde luego es un camino nada monótono, nada rutinario.

¿Quién eres, nos preguntas? Nuestra salvación, nuestra fuerza, nuestro camino, nuestra verdad, nuestro amor, nuestro modelo, nuestra esperanza, nuestro destino, nuestra alegría, nuestra unión, nuestro Creador…

Hoy oramos con la preciosidad de la 2ª lectura: ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!… Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.