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Desde donde se atisba la verdad de nuestro matrimonio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 1-10

EVANGELIO
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
-«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»
Él bajó en seguida y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
-«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
-«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»
Jesús le contestó:
-«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Palabra del Señor.

Desde donde se atisba la verdad de nuestro matrimonio.

La higuera representaba a Israel. Otros textos dicen que era un sicómoro… pero es igual. La cuestión es que Zaqueo conoce su pequeñez y tiene que subirse a algo para ver a Jesús.

Los esposos tenemos que reconocer que no conocemos el misterio del Matrimonio. Es algo creado por Dios y se escapa a nuestras mentes.

Por eso, necesitamos “subirnos” al magisterio de la Iglesia para que nos muestre a Jesús en nuestra vocación y nos lo traiga a nuestro hogar. Pero debemos actuar rápido, con prisa, como Zaqueo, para que no perdernos al Señor que pasa. Hay una riqueza inmensa entre los documentos oficiales de la Iglesia, un tesoro para nosotros.

Dice por ejemplo San Juan Pablo II (en su catequesis del 20/02/80 “Llamados a la Santidad y a la Gloria”) que el matrimonio es “un sacramento primordial, entendido como signo que transmite eficazmente en el mundo visible el misterio invisible escondido en Dios desde la eternidad. Y éste es el misterio de la verdad y del amor, el misterio de la vida divina, de la que el hombre participa realmente.”

¿No nos ayuda esto a ver al Señor que viene? ¡Que nuestro matrimonio es un signo que transmite el misterio de Dios! No se nos ocurre una manera más profunda y bella de expresar nuestra vocación. No se nos ocurre una motivación mayor para dar sentido a nuestra vida. Por algo así, tan grande, merece la pena luchar, o dar la mitad de nuestros bienes como hizo Zaqueo, o lo que haga falta hacer. Participemos en la vida divina realmente. Sólo tenemos que poner como prioridad nuestra vocación y renunciar a otras cosas que nos quitan tiempo para esto. Sólo tenemos que entender que únicamente desde el conocimiento y la experiencia de nuestro matrimonio, veremos a Cristo y le acogeremos en nuestro hogar.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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Volver a participar de la mirada del Creador. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 18, 35-43

EVANGELIO
¿Qué quieres que haga por ti? -Señor, que vea otra vez

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: -«Pasa Jesús Nazareno.»
Entonces gritó: -«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: -«¡Hijo de David, ten compasión de mi!»
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó: -«¿Qué quieres que haga por ti?»
Él dijo: -«Señor, que vea otra vez.»
Jesús le contestó: -«Recobra la vista, tu fe te ha curado.»
En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor.

Volver a participar de la mirada del Creador.

También en nuestro matrimonio podemos estar ciegos y andar pidiendo limosna: más dinero, seguridad en el trabajo… Muchos buscan limosna en el amor de amistades, dejando a un lado el de esposos, dejando a un lado el de Cristo.

También nosotros en nuestras cegueras te pedimos: ¡Jesús ten compasión de mí!
Nada ni nadie, acallará nuestro deseo de amarnos mutuamente con el Amor de Dios. Animados por esta esperanza, podremos escuchar A Cristo en nuestros corazones: ¿Qué quieres que haga por ti? “Recobra la vista tu fe te ha curado”.

Cristo hace que recobremos la mirada del Creador. Nos revela cómo es nuestro esposo/a en verdad; cómo es nuestro matrimonio; el para qué del sufrimiento; cómo ser personas y cómo ser hombres.

El matrimonio instituido por Jesucristo es indisoluble (a imagen del Suyo, pues Dios nos ha unido) signo sagrado que santifica, acción de Jesús que invade el alma de los esposos y nos invita a seguirle perdiendo nuestra vida por amor para ganarla: En nuestros hogares, con nuestra familia,
transformando la vida matrimonial en un andar divino en la tierra.

Te pedimos Señor que recobremos la vista y volvamos a experimentar en nuestra vida conyugal la belleza de nuestra vocación, a Tu imagen, para alabarte y comunicar Tu Gloria.

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¿Qué talentos hemos recibido?. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 14-30

EVANGELIO
Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
«Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.»
Su señor le dijo:
«Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
«Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.»
Su señor le dijo:
«Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo:
«Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.»
El señor le respondió:
«Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor.

¿Qué talentos hemos recibido?

El Señor reparte uno, dos o cinco talentos “a cada cual según sus capacidades”, para que los administre y multiplique. Cada uno tiene la responsabilidad de conocer y aceptar con humildad y de verdad los dones y talentos que ha recibido. Nuestra propia respuesta ha de asemejarse lo más posible a la de los dos siervos fieles: actuar con prontitud, con generosidad, con iniciativa para «multiplicar» nuestros talentos, superando toda actitud de temor, inseguridad, mezquindad, pereza o egoísmo.

No basta con saber cuáles son nuestros talentos, sino cómo aplicarlos para avanzar en la dirección correcta, la que Dios marca a cada uno. No basta por ejemplo con saber que uno tiene el don de la cortesía si no sabe si la tiene que aplicar como relaciones públicas en una empresa o siendo delicado y atento con su esposo/a durante toda la vida… se trata de tener un corazón que ve, donde se mezcla inteligencia y amor.
También es necesario valorar los dones en su justa medida y así cuidarlos como un tesoro recibido de Dios y al que hay que agradecerlos: el valor del esposo, de los hijos, la amistad, el trabajo… Los dones del Espíritu son el fruto que el Don de su presencia engendra en nuestro interior, haciéndonos dóciles y atentos para reconocer su voz.

En última instancia, la realización de cada hombre y cada mujer está en su camino hacia Dios. No se puede ser feliz si no respondemos a esta misión para la que hemos sido creados. El ser humano alcanza su plenitud en la plena comunión con el Padre. Por tanto, estoy llamado a, con mi esfuerzo, colaborar con la gracia para hacer fructificar los dones que he recibido y comunicar con ellos la gloria de Dios a todas las personas de mi alrededor. Ponemos la atención en ser siervos, pues los talentos no nos pertenecen, y en ser fieles, pues permaneciendo en el amor de Dios nacerán todos los frutos.

Entonces ¿Cómo me conozco y conozco mis dones? El pleno conocimiento del misterio del ser humano como criatura de Dios solamente es posible en el Señor Jesús. Él nos revela al Padre y Él nos revela a nosotros mismos y a nuestro esposo/a como creaturas y el plan que Dios ha pensado para nosotros. Y en ese conocer a la luz de Cristo nuestra propia identidad, origen, vocación y misión en el mundo, así como nuestro destino glorioso, voy conociendo también mis dones. También es cierto que Dios se sirve de otros para darme su gracia, en especial del esposo/a, como ministro de las gracias de Dios para mí. Por tanto, principalmente a través de él/ella me mostrará quién soy.

Dios da a cada uno ciertos dones y talentos. Estos dones y talentos tienen una dimensión personal, pues ayudan a nuestro desarrollo, pero tienen al mismo tiempo una dimensión relacional: se orientan también a la mutua edificación, especialmente entre los esposos. Así, al poner los propios dones a disposición el uno del otro, éstos se convierten en una riqueza para los dos. En este sentido, los esposos tenemos necesidad el uno del otro: el bien espiritual que yo no tengo y no poseo, lo recibo del esposo (genérico). Tal como dice el catecismo: 1937 “Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y que quienes disponen de “talentos” particulares comuniquen sus beneficios a los que los necesiten. Las diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras…

La recepción de los dones y la gracia de Dios, evidentemente no se circunscriben solamente al entorno matrimonial, sino que necesitamos de los hijos y el resto de la comunidad eclesial para poder llevar nuestra misión a su plenitud.

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Santos de “andar por casa”. Comentario del Evangelio para Matrimonios; Lucas 18, 1-8

EVANGELIO
Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
-«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.»
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara. «»
Y el Señor añadió:
-«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor.

Santos de “andar por casa”.

Por la oración nos vamos introduciendo en la intimidad de Dios. Como el niño que se introduce en la cama de sus padres porque tiene miedo de la tormenta, así, la Santísima Trinidad nos acoge en su intimidad para protegernos. Debemos recuperar esa imagen del Padre que nos protege y gracias al que no debemos temer nada. El roce hace el cariño. No tanto porque Él no nos ame, sino porque nosotros debemos aprender a amarle. De ahí la importancia de perseverar en la oración, como nos dice hoy el Señor. Y qué mejor que acercarnos los esposos juntos, conocerle juntos, hacerle presente en nuestros ratos de conversación.

Dios escuchará nuestras plegarias si nosotros somos perseverantes y no nos cansamos de presentarle nuestras peticiones. Por supuesto que Dios no se identifica, absolutamente, con ese juez. La parábola nos impresiona por el contraste: si aquél, siendo tan canalla, atiende a la viuda porque se lo pide hasta hartarlo, ¿cómo no hará caso nuestro Padre celestial a las súplicas que le dirigimos, si Él es infinitamente bueno y generoso?

Pero cabría ahora preguntarnos si nosotros, efectivamente, somos perseverantes en la oración, o si desistimos después de dos o tres intentos. Se cuenta que un joven sacerdote, fue un día a desfogarse con el santo Cura de Ars y expresarle toda su amargura: “¡He hecho todo lo posible, pero no veo ningún fruto!” refiriéndose a los fieles para a los que dedicaba todos sus esfuerzos. A lo cual, el cura de Ars le respondió: “¿Has hecho realmente todo lo posible? ¿De verdad rezas con toda el alma a Dios? ¿Has pasado noches en oración pidiendo al buen Dios que te ayude?”.

Nosotros, que trabajamos con matrimonios, lo vemos claro. No perseveran en la oración. Dios quiere que insistamos en la oración y no nos preocupemos si podemos resultarle “cansinos”, pues así probamos la fe, la confianza y el amor filial que le tenemos.

Jesús nos dice al final del evangelio de hoy: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”. Es una pregunta muy fuerte. ¿Es tan grande nuestra fe que es capaz de iluminar a notros matrimonios y sacarlos de las tinieblas del mundo?…

Los esposos, por la gracia de Dios en Cristo, tenemos la capacidad y la responsabilidad de vivir la comunión conyugal plenamente. Nuestra santidad de “andar por casa” es posible. Nos lo dice la Iglesia en repetidas ocasiones. Nos lo dice en Concilio en la GS y nos lo repite San Juan Pablo II. ¿No nos lo vamos a creer? Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe entre los esposos?. Bombardeemos el cielo con esta petición: Señor, haznos uno como Vosotros sois uno.

Pidámosle hoy a María, Reina de la familia, que interceda por nosotros.

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Él rey y ella reina. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 17, 26-37

EVANGELIO
El día que se manifieste el Hijo del hombre

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán. »
Ellos le preguntaron:
-«¿Dónde, Señor?»
Él contestó:
-«Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»

Palabra del Señor.

Él rey y ella reina.

Hoy el Señor nos habla de una vida gobernada por la rutina del día a día. Aquellos que no tienen rumbo ni un proyecto de vida en el que creer hasta el final de sus días. Son muchísimos los que viven sin saber para qué. Simplemente se dejan llevar por las circunstancias de cada día.

A todos esos, les falta una vocación. No han descubierto que hemos sido llamados para realizar algo GRANDE. Algo que nos supera en mucho.

Nosotros hemos sido llamados por un Padre que nos ama, a entregarnos en el matrimonio y la familia. Y esta es una misión enormemente grande. Prueba de ello es que escasean esposos santos. Es una vida llena de dificultades, que nos van haciendo crecer, que nos hacen salir de nosotros mismos, porque “el que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará”. El que gobierna su vida, se convierte en rey de sí mismo. Es una de las tres misiones del bautizado: Sacerdote, profeta y rey.

El que no se entrega, muere encerrado en sí mismo. Se queda sin vida. El que se entrega, vive en paz, feliz, crece día a día. El que tiene por objetivo volver al Padre a través de su vocación al amor conyugal, ese tiene un vida plena, llena, ilusionante y siempre podrá aspirar a crecer un poco más. Su proyecto no acaba nunca.

Esposos, que María nos ayude a que juntos, trabajemos para preparar la llegada del Hijo del hombre. Él nos llevará a la plenitud.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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