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De embotados a enamorados. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 34-36

EVANGELIO
Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor.

De embotados a enamorados.

Dios nos lo da todo, también el tiempo, con el propósito de que lo utilicemos para volver a Él.
Nuestro camino para llegar a Él es el matrimonio. Por tanto, tenemos que orientarlo todo en este sentido para llegar a la meta. Pero suele ocurrir que la vida nos despista. Llegan los caprichos, las comodidades… y tantas cosas que hacer! Llegan los agobios de la vida que nos embotan la cabeza y nos impiden centrar nuestros esfuerzos en lo importante. Nos quedamos sin tiempo para alimentar nuestro matrimonio y nuestra relación con Dios, nos quedamos sin el tiempo que Dios nos dio.

El Señor nos anima a que estemos siempre despiertos y que pidamos fuerza.
Hoy, como todos los días, hacemos en este rato de oración un hueco en nuestros quehaceres, para pedirle a nuestra Madre que interceda por nuestros matrimonios, para que el Señor nos envíe fuerzas para apartar todo esto que embota nuestra mente y como esposos, nos mantengamos en pie ante el Esposo.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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La prueba irrefutable. Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 29-33

EVANGELIO
Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, expuso Jesús una parábola a sus discípulos:
-«Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca.
Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.»

Palabra del Señor.

(Nota: Mañana no podremos publicar el comentario del Evangelio porque estaremos de peregrinación en Fátima (sin acceso a internet) hasta el domingo con un grupo de familias. Pedirle a María Santísima por los frutos de esta peregrinación).

La prueba irrefutable.

Un conocido nos planteaba que por qué el Señor no viene y se presenta delante de todos, y hace un gran milagro para que todo el mundo crea. Le contestamos que el Señor no es así, porque Dios es amor y el amor no actúa de esa manera.

El amor no apabulla, no es llamativo ni coarta la libertad del amado con grandes aspavientos. Dios es amor y vino al mundo, y la señal era “un niño envuelto en pañales recostado en un pesebre”. Sólo se puede amar desde la humildad, desde la humillación de uno mismo. Lo malo de las grandes estrellas es que todo lo que les rodea queda en sombra, porque brillan tanto… Dios no es así.

Es habitual en el mundo de la fe, hablar sobre el testimonio de conversión. Qué te hizo creer. Cristo dice hablando de los árboles: “cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca”. Pues eso. Cuando caminas según el Evangelio y ves que cambia tu vida, es que Dios está cerca. No lo ves, pero experimentas los brotes en tu vida. Esa fe (recibida como don del Espíritu), no te la quita ya nadie.

Hoy queremos hacer con vosotros una apuesta. Si todos los días rezáis juntos, si al menos una vez al mes dedicáis un par de horas a trabajar temas del magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio y si vivís los sacramentos: Confesión cada 15 días, Eucaristía (Cuanto más mejor, a ser posible –que lo es- diariamente) y acudir al Sacramento del Matrimonio que se reaviva esforzándose todos los días por la entrega mutua: “Yo me entrego a ti, en las alegrías y en las penas todos los días de mi vida; si hacéis esas tres cosas, vuestro matrimonio irá siempre a mejor ¿Alguien apuesta?.

Si veis los frutos en vosotros, sabréis que Dios está cerca.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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El Apocalipsis llega también al matrimonio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 20-28

EVANGELIO
Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 20-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción.
Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo.
Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.»

Palabra del Señor.

El Apocalipsis llega también al matrimonio.

El Papa Francisco compara este Evangelio con la situación que vivimos en la actualidad. Nuestra fe está “sitiada”, porque no está permitido hablar de Dios. Los signos religiosos se eliminan por obediencia a los poderes mundanos. Este es, según el Papa, el centro de este fin. Entonces vendrá Él: “Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria”, termina diciendo el Pontífice en su homilía del 28/11/13.

En el matrimonio para un poco igual. Parece que cuando se habla a los novios de su vocación, no se debe hablar mucho de Dios, para no espantarlos. O cuando hablamos del matrimonio a unos esposos cuya relación está en un punto crítico o al menos bastante deteriorada, parece que no se recomienda hablarles de Dios. La pregunta es ¿Entonces de qué hablamos?. Si nuestra vocación es una llamada de Dios al amor, si nuestro matrimonio es una relación de comunión a imagen de la de la Santísisma Trinidad, si estamos llamados a vivir entre los esposos la misma caridad de Cristo que se dona sobre la cruz, ¿Cómo hablar del matrimonio sin hablar de Dios?.

El matrimonio está también “sitiado”. Ha sido pisoteado por los poderes de este mundo y se ha mundanizado. Hay angustia en la gente, algunos van medio enloquecidos sin saber ni a dónde se dirigen, se tambalean todos los principios, las referencias que un día parecían inamovibles… hay miedo y ansiedad ¿No es cierto?.

Pero no debemos caer en la desesperanza. Al contrario: “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”. Nuestro sacramento del matrimonio sigue recibiendo al Señor que viene a nuestro compromiso todos los días, para dignificarlo como lo que es, a imagen de Dios mismo. Nos sentimos orgullosos de responder a una vocación tan GRANDE. No nos vamos a conformar con menos.

Rogamos a María Santísima por todos los esposos que no han descubierto esa grandeza, y por aquellos cuya relación está en crisis o se ha roto, para que el Señor acuda en su ayuda y los cargue sobre sus hombros. A ellos nos envía, porque conoce su sufrimiento. El Señor es el Hijo del hombre que viene con todo el poder y toda la gloria.

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Una vida de verdad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 5-11

EVANGELIO
No quedará piedra sobre piedra

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 5-11
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
-«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron:
-«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó:
-«Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien «El momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero al final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo:
-«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. »

Palabra del Señor.

Una vida de verdad.

Se tiende a pensar que la verdad es lo que se ve y se toca, y eso de la fe son invenciones falsas de algunos iluminados. Se tiende a pensar que el matrimonio es como una especie de engaño, en el que uno cae movido por las hormonas y después, toca soportarlo durante el resto de la vida (el que aguante).

La verdad es inmutable. No puede ser que algo verdadero en un momento y deje de serlo en otro. En este sentido, la verdad de lo que vemos, deja bastante que desear: Hubo un tiempo en que no existía y habrá un tiempo en que dejará de existir. Por tanto, todo lo caduco, no forma parte de la esencia de la verdad. Eso sin contar con que ya sabemos que lo que percibimos como real es falso: Por ejemplo, la materia es totalmente hueca, y nos da sensación de solidez.

Es el argumento de Jesús. ¿Dónde está aquel templo que muchos admiraban y en el que muchos pusieron sus ilusiones? ¡No existe!. De igual manera, ¿Qué verdad construimos los matrimonios? Si todo aquello en lo que centramos nuestra vida pasa, todas nuestras ilusiones pasan… ¿Qué queda?. Piensa sobre qué has trabajado hoy y reflexiona: Cuál de ellas no desaparecerá algún día. Entonces ¿Para qué ha servido tu esfuerzo?.

Los que acogemos el don del Sacramento del Matrimonio que Dios nos entrega, sí tenemos una vedad inmutable en la que basar nuestra vida. Esa verdad es el Señor. A Él nos unimos mediante el bautismo, por él hemos sido salvados, con Él nos unimos mediante el sacramento del Matrimonio, nos amamos con Su amor y generamos la vida que recibimos de Él. Es el camino, la verdad y la vida. Todo eso perdurará para siempre.

Trabajemos todos los días un poquito pero firmemente para construir nuestra casa basada en Él que es la Roca; si trabajamos para que su ley sea la que rija nuestro hogar; si nos esforzamos realmente para sacar tiempo para orar; en definitiva, si le hacemos Rey de nuestra vida, Él nos dará fruto abundante, el ciento por uno. Todo aquello que nos esforzamos por mejorar y no fuimos capaces de conseguir.

Él es la verdad inmutable que permanecerá para siempre. El no falla. Los matrimonios que vivan en Él, experimentarán al paz interior y la armonía de vivir una vida auténtica, llena, plena.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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Tu poco puede ser un mucho. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 1-4

EVANGELIO
Vio una viuda pobre que echaba dos reales

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo:
-«Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor.

Tu poco puede ser un mucho.

No es un cuestión de cantidad. A veces los esposos se enfrentan entre ellos por «quién hace más». Cuánto me da mi esposo/a, no lo podemos saber. Igual pensamos que nos está dando poco y resulta que nos está dando más que nadie.

La cuestión es que un amor de calidad, la entrega sincera de uno mismo, no es compatible con las discusiones y las comparaciones. La Beata Madre Teresa de Calcuta decía que hay que dar hasta que “duela”. La viuda da hasta lo que le queda para vivir.

Dios nos da los dones para hacerlos crecer con el fin de llegar a Él. El problema (a veces nuestra obsesión) no es cuántos dones se tienen, sino darlo todo con los que se tienen, pocos o muchos. Ponerlos a disposición de Dios.

Normalmente no tenemos mucho para dar, porque somos poca cosa. Pero lo importante es que Dios, con ese poquito nuestro hace mucho. Un vientre de mujer, pudo convertirse en la casa de Dios. ¿En qué convertirá nuestra entrega conyugal?.

Que Maria, la llena de gracia, nos acompañe y nos ilumine para vivir como «esclavos del Señor».

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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