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Un amor sin fe. Comentario del Evangelio para Matrimonios Mateo 10, 1-7

Un amor sin fe.

“…tener en cuenta el vínculo esencial entre la fe y la caridad, porque se iluminan uno al otro en su propia verdad. La caridad favorece la apertura y el encuentro con el hombre de hoy, en su realidad concreta, para llevar a Cristo y su amor a cada persona y a cada familia…” Benedicto XVI, 16 de febrero de 2012.

Hoy nos envía el Señor a acercarnos al misterio de la Iglesia que ilumina hondamente la vocación conyugal, los esposos no edificamos un hogar cerrado, no seguimos un camino de santidad casero, ya que nuestra gracia es gracia eclesial, proviniente del amor que constituye la Iglesia animados por su misma dinámica de comunión y misión.
Nuestro amor que viene de Dios está llamado a abrirse a los demás, hoy hay necesidad de que los matrimonios bautizados, en la celebración del matrimonio no solo generen una familia, un estado de vida: casado, sino que se genere Iglesia de modo que el amor mismo de la mano de Cristo, amor de comunión se vuelve misionero.

“Desde la teología del matrimonio puede entenderse bien que el punto de destino final de los siglos no esté en Cristo solo, sino en la unidad de Jesús y su Iglesia. Siendo relacional la vocación del hombre, como desvela la experiencia de la familia, relacional ha de ser también su construcción definitiva. A esto apunta la unión de Adán y Eva desde sus inicios creaturales,  según el símil desarrollado por san Pablo a los Efesios (Ef 5,21-33). Por tanto estudiar el matrimonio será necesario para entender quien es la Iglesia: cuerpo, Esposo, esposa, comunión, nuevo pueblo de Dios…(Una sola carne, un solo espíritu).

También hoy nos sorprende como a Judas Dios le da los mismos dones que a los demás. Le da poder para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Sin embargo luego acogerá en su corazón al padre de la perdición (Satanás) para entregar a Jesús.

Si no tenemos en cuenta el vínculo esencial entre la fe y el amor, también como Judas podemos ser esposos a los que Dios entregó el don, pero lo desaprovechamos por falta de fe. La caridad (Amor con mayúsculas) que nos da Cristo a todos, nos lleva a hacer muchas cosas por nuestro esposo e hijos: trabajar, lavar, cocinar, dedicarles tiempo… Llevaremos su amor a cada uno de ellos, pero no le llevaremos a Cristo, pues no le conocemos.Sin fe, destruimos la comunión, como le ocurrió a Judas,que lo dejó todo por seguir a un cristo a su medida. También nosotros a pesar de haber dejado todo por casarnos y formar una familia, podemos desperdiciar el don de Dios, quedando nuestro amor expuesto a intereses egoístas o juicios subjetivos, obrando desde sí y para sí impulsados por las modas de la sociedad … 

Si hacemos división entre fe y caridad, hacemos también división entre cuerpo y alma, mente y materia, conciencia y libertad…

Jesús, quiero corresponder a Tu llamada. Pronuncias mi nombre y en el altar yo también pronuncié mi nombre para entregarme a Ti através de mi esposo y los hijos que nos dieras, al don de la vida y de la gracia. ¡Qué sería de nuestras vidas sin Tu presencia en nuestras almas! Ayúdanos a valorarla y a cuidarla con mucho cariño, cada día.
Que demos testimonio de tu amor en medio de nosotros y de una sociedad que sufre por no conocerte.
Te pedimos por todas aquellas familias que aún no te han conocido y andan en tinieblas para que algún día abran los ojos de sus corazones al amor de Dios. También te pedimos por aquellos matrimonios que aun habiendo escuchado que eres la Verdad, el Camino y la Vida, no te buscan con fe en las cosas de cada día.

Para que todos con el Salmo busquemos continuamente el rostro del Señor: Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Amén!

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 9, 32-38

Esposos para la construcción del Reino.

Después de curar Jesús a los ciegos, cura a los mudos. Empezamos con la ceguera. No vemos nada y Jesús nos muestra la verdad. El siguiente paso es atreverse a hablar de ello. Algo (o más bien alguien) nos intenta convencer de que hacemos el ridículo, nos van a ver raros o mil razones para no dar testimonio. Pero la mies es mucha. De nosotros depende la curación de miles, millones de matrimonios y familias que viven aún en la ceguera autodestruyéndose.

Evidentemente, la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios. Por tanto, 2 cosas: 1ª No tengáis miedo. 2ª La comunión con él en la oración, es imprescindible. -. La oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino.[…] Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.- (S.S. Francisco, 16 de enero de 2014, Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones).

Después de que expulsó al demonio, comenzó a hablar el mudo. Así sucede con nuestra alma: aspira dones espirituales muy elevados y nosotros la tenemos callada con un demonio que le impide hablar todas las cosas buenas de Dios. Este demonio seguramente es nuestro orgullo, soberbia, miedos…
Permitiremos dejar hablar a nuestra alma todas esas Palabras que nos han curadoy dado Vida, que quiere transmitir de Dios, sobre la unión.

Cristo no se olvida de nosotros. Él desea seguir curando, pero «le faltan» pies y manos, «le faltan» corazones y bocas, «le falta» quien lo quiera acoger. Para que en las diferencias, el esposo y la esposa, alcancen una unidad dinámica, no fusional, que los saca de sí y les pone en un camino hacia una misma meta: Dios. Dios nos hace una sola carne cuando nuestra libertad empieza donde la libertad del cónyuge, integrando en la unidad todos los elementos que forman este amor en el alma y en el cuerpo.

Esta compasión que siente Jesucristo por tantos matrimonio y familias perdidas, que viven juntos apoyándose en su débil voluntad, dando lugar a vínculos muy líquidos, que les crean inquietud y grandes angustias. Alguien nos preguntaba este fin de semana ¿Por qué Dios permite esto?. Evidentemente Dios no lo quiere, pero ha de respetar nuestra libertad, pero si lo permite es para que se muevan nuestros corazones por Su compasión y hagamos algo por ellos. Dios necesita obreros que le asistan, entregados y generosos.

Pidamos a Cristo que nos envíe hombres y mujeres que no teman dar su vida para seguir a Cristo incondicionalmente, anunciando la belleza del matrimonio y la familia, el Proyecto de Amor, que Dios tiene para ellos y está deseando realizar en sus vidas, abrazándoles y sosteniéndoles. Dios busca matrimonios que quieran acoger este don.

De ti depende.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 9, 18-26

Los esposos que Le tocan. Ante la persona que sufre, Jesús va a dar lo que tiene. Lo que el Padre le ha dado: Muestra el camino y entrega la vida. Uno se le acerca de frente y se arrodilla ante Él, la otra se acerca sigilosamente, por la espalda. Y Jesús hace el milagro para ambos, da igual la forma, lo importante es que nos acerquemos con fe.

En la primera lectura de la profecía de Oseas “Así dice el Señor: «Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto.”

 

El Esposo que nos hace uno a mi esposo y a mi con Él. Nos lleva al desierto para purificarnos, crecer, unirnos… caminado tras de Él, por ese desierto entre dificultades, pruebas, batallas… Pero también gozos, alegrías, luces… Y sobre todo una gran plenitud en nuestros corazones que ni todo nuestro pecado, ni toda dificultad pueden oscurecer.

Dios hace la obra de unión, contando con nuestra libertad y pidiéndonos que nos pongamos en juego. Tenemos que acercarnos a Él cada día con nuestro Sí, con nuestra incapacidad pero sabiendo que es Dios el que une: No es más milagro resucitar a un muerto o curar doce años de flujos de sangre. Cuando Dios nos une, no realiza una obra sencilla, sino en extremo difícil, más aun que la separación del mar rojo. Al separar las aguas, obra Dios sobre elementos pasivos, dóciles a su voluntad, mientras la unión del hombre y la mujer ha de contar con sus libertades.

El matrimonio es un camino de toda una vida y la unidad de la alianza se fragua en el tiempo, siguiendo a Jesús: nos llamas, nos sacas de los extravíos, nos lo perdonas, nos conduces por un desierto sin dejarnos, bendiciéndonos, dirigiéndonos a la Tierra prometida hasta Ti. Tú Señor garantizas la solidez del Amor. Creemos en el poder que nos ofreces: “Lo que Dios ha unido” Puedes decir esto porque eres quien eres. Es ahí donde se funda la consistencia de un Amor para toda la vida, un Amor verdadero. Sí, Señor, nos alegramos, cantando vemos que vienes a nuestro encuentro, justo y victorioso, porque Tu justicia y Tu Amor han vencido la muerte. Tú traes la paz entre nosotros.

Gracias Señor por mostrarnos cada día nuevas claves del misterio del matrimonio a través del Evangelio. Gracias por venir a nosotros en la Eucaristía. Eres Tú el que vienes a nosotros y nos dices: ¡Animo, esposos! Vuestra fe os ha curado.

Los secretos que hay en mi esposo/a. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 25-30

Los secretos que hay en mi esposo/a.

Hay una mirada hacia mi esposo/a que nadie más puede tener. Desde la intimidad, desde la experiencia de compartir una vida, desde la experiencia de dar vida juntos… Nos hemos visto llorar, reír, desesperados, con miedo, enamorados, necesitados el uno del otro…

Nadie puede ver a mi esposo/a y comprender su belleza como yo la entiendo. Siempre hemos pensado que cuando un artista pinta un hermoso cuadro, es porque en su alma hay aún una belleza mayor. Los cuadros podremos admirarlos todos, pero la belleza interior de ese artista, solo la puede conocer Dios y su esposo.

Claro que, aquí depende de nuestra actitud ante él/ella. Si es la del sabio y el entendido, el que lo sabe todo, entonces me perderé estas cosas. Si no estoy abierto a aprender de él/ella, a entender la vida como hombre desde su punto de vista de mujer, o como mujer desde su punto de vista de hombre, si no estoy dispuesto a estar con él/ella en sus emociones y en su experiencias, me perderé el secreto de mi esposo. Si no estoy abierto a recibir a Dios a través de él/ella, recibir sus dones… Nunca veré su belleza.

La belleza de nuestro esposo nos la revela Dios. Él es su creador y habita permanentemente en su interior. “Todo me lo ha entregado mi Padre” decía Jesús. A mi esposo me lo ha entregado mi Padre. Es orando con él/ella, haciendo a Dios presente en nuestra unión e intentando vivir las experiencias originarias en el matrimonio, como puedo decir como Cristo con el Padre: Nadie conoce a mi esposo/a sino su esposo.

-. “Lo que Dios ha unido”: Si Cristo es capaz de pronunciar esta frase sobre el matrimonio, es porque Él ha vivido en plenitud la unión de Dios con los hombres y de los hombres entre sí, porque Él conoce bien el modo en que Dios garantiza la solidez del amor.- (José Granados. Una sola carne en un solo Espíritu pg. 20.). 

Y yo he descubierto tu belleza, esposo/a mío/a. Dios me la ha revelado. Admiro a Dios por haber dado vida a una creatura ¡Tan hermosa!.

“Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.” Vivamos el matrimonio como Cristo, siendo mansos y humildes. Abiertos a aprender y no a imponer. No dejándonos llevar por una mirada criticona y despreciable, sino por una mirada limpia, del Espíritu, dichosa, que ve a Dios en el esposo. Y entonces, encontraremos la paz en nuestro hogar y en nuestro interior. Encontraremos nuestro descanso.

Oramos con el Salmo: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 9, 14-17

El sufrimiento en el matrimonio.

 

“Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.” Se han llevado a Dios de nuestro mundo, y toca ayunar.

 

(Textos extraídos del libro Llamados al Amor de Carl A. Anderson y José Granados)

El hombre no vive de acuerdo con la lógica del don (que veíamos ayer), sino que está sujeto a otra lógica, la del dominio posesivo, que le aísla en una soledad autosuficiente.

En vez de escuchar en su cuerpo el lenguaje del don, el hombre caído abusa del cuerpo como “terreno de apropiación” de la otra persona. Y como esta lógica está ahora tatuada en el cuerpo del hombre, todo el que quiera amar debe estar dispuesto a  experimentar una ruptura interna, un sufrimiento.

 

Por otro lado, el sufrimiento comunica su propio mensaje: tiene una capacidad singular para revelar el amor. Karol Wojtyla: “Del sufrimiento nace la Nueva Alianza”. Esta conexión misteriosa entre el sufrimiento y el amor es la llave para recuperar la vocación originaria del hombre. Según San Juan Pablo II, es  Dios, en último término, a quien se plantea estos interrogantes. Por tanto, el sufrimiento es un testigo de la soledad originaria del hombre ante Dios. El hombre aprende en el dolor su relación con la trascendencia. El sufrimiento nos lleva a Dios.

 

Además, el dolor nos ayuda a recuperar también la unidad originaria, la comunión entre los hombres. A la vista del sufrimiento de los demás, somos movidos por la compasión y se nos invita así a participar de algún modo en su dolor. San Juan Pablo II habla de un “mundo de sufrimiento” que es una forma de compartir una experiencia profunda con otros. -.El sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo, para transformar toda la civilización humana en “civilización del amor”.- (SD 30). Este amor es la respuesta de Dios, el testimonio de que Dios no ha dejado al hombre solo.

 

El dolor, que nos permite redescubrir el amor, puede ahora ser visto como una bendición. El dolor es el primer paso para superar el pecado.

 

Cristo cumple la voluntad del Padre como su Hijo cuando se entrega por la salvación del mundo como Esposo de la Iglesia: “Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla… este mandato he recibido de mi Padre. (Jn 10,17s).

Cristo Hijo y Esposo, revela y plenifica, en su acción corporal, la soledad y unidad originarias, el amor al Padre y la comunión con sus hermanos.

 

Así vive Cristo Esposo el sufrimiento. Con razón, el mundo de hoy, gobernado por el príncipe de este mundo, rechaza el sufrimiento de plano.

¿Vivo así el sufrimiento en mi matrimonio? ¿Cumplo la voluntad del Padre?.

 

Oramos con el Salmo: Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón.»