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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 7-15

Esposo/a y hermano/a.

“Vosotros rezad así: Padre nuestro, del cielo…” ¿Cómo compartimos la oración los esposos?

Dice Juan Pablo II (Catequesis 30/05/84: .- El esposo del Cantar de los Cantares exclama: ¡Toda eres hermosa, amada (amiga) mía» (Ct 4,7), y la llama «hermana mía, novia (esposa)» (Ct 4,9). No la llama con su nombre propio, sino que usa expresiones que dicen más.

El esposo del Cantar acepta el desafío y busca el pasado común, como si él y su mujer descendiesen del círculo de la misma familia, como si desde la infancia estuvieran unidos por los recuerdos del hogar común. De este modo se sienten recíprocamente cercanos como hermano y hermana, que deben su existencia a la misma madre.

Las palabras del esposo, mediante el apelativo «hermana», tienden a reproducir, diría, la historia … de la persona amada, la ven todavía en el tiempo de la infancia y abrazan todo su «yo», alma y cuerpo, con una ternura desinteresada. De aquí nace esa paz de la que habla la esposa. … la paz del encuentro en la humanidad como imagen de Dios, y el encuentro por medio de un don recíproco y desinteresado («Yo seré para él mensajera de paz». (Ct 8,10). -.

Qué hermosa imagen la de los esposos orando al Padre (también como hermanos), como hijos que comparten el mismo padre y la misma madre, una misma procedencia y una misma comunión. Nos une también una relación de hermanos que va mucho más allá de la consanguinidad. Una relación en la intimidad Familiar de Dios, con la complicidad de los hermanos ante un Padre bueno, que fueron acogidos en el seno de una Madre Iglesia, y con un Hermano mayor al que admirar, el Señor Jesús.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 43-48

Más que una reparación.

Para el comentario del Evangelio de hoy, nada mejor que las palabras de S. Juan Pablo II (Catequesis 18/05/83) y referirlas a nuestro matrimonio:

Las diferencias no pueden ser motivo de separación entre los esposos: “…Pablo no niega que subsistan diferencias entre los hombres. Lo que quiere afirmar es que estas diferencias no pueden ser ya motivo de división, porque Cristo ha unificado todo en su persona.”

Jesús establece un nuevo modelo de unión entre marido y mujer: ‘Pidiendo al Padre que todos sean uno como el Padre y Él son uno (cf. Jn 17,21-22), Jesús indica el modelo perfecto de la unión que quiere establecer. …La reconciliación es, pues, más que una reparación de la unidad perdida; eleva el acuerdo entre los hombres al nivel de una participación en el acuerdo perfecto que reina en la comunidad divina. No por casualidad subraya la Escritura el papel fundamental que tiene en esto el Espíritu Santo: siendo el amor personal del Padre y del Hijo, es Él quien actúa en la humanidad para realizar una unidad, de la que es el fundamento y el modelo la unidad divina.´

¿Hasta dónde se nos pide esta unión?: ‘Sea cual fuere la ofensa cometida, y aún cuando se haya repetido con frecuencia, el esfuerzo de reconciliación no debe abandonarse jamás, porque el discípulo no puede poner límites a su perdón, según la prescripción que hizo a Pedro: «No hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,22).’

Con el mandato de amarnos incluso cuando los esposos nos percibimos como “enemigos”: ‘Al decir: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian» (Lc 6,27), Jesús muestra que la reconciliación debe manifestarse inmediatamente con disposiciones íntimas: aún cuando una reconciliación efectiva no sea todavía posible, a causa de la actitud hostil del otro, el cristiano debe estar animado por un amor auténtico, sincero. Para él está el deber de la reconciliación de corazón, reconciliación personal mediante sentimientos de benevolencia.’

Esposos, no es fácil, por eso no nos deja solos. ¡Somos capaces!: ‘Cristo conoce bien las dificultades que experimentan los hombres para reconciliarse entre sí. Con su sacrificio redentor ha obtenido para todos la fuerza necesaria a fin de superarlas. Ningún hombre, pues, puede decir que es incapaz de reconciliarse con el prójimo, como no puede decir que es incapaz de reconciliarse con Dios. La cruz ha hecho caer todas las barreras que cierran los unos a los otros los corazones de los hombres.’

¿Y dónde está nuestra alegría?: ‘Renovemos, pues, nuestra fe en esta divina energía que actúa en el mundo, y comprometámonos a colaborar con ella para contribuir de este modo a la venida de la paz entre los hombres y a la extensión de la alegría que se deriva de ella.’

Oramos con San Francisco: ¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! … Porque dando es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado; muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 3, 16-18

¿Es tu problema?.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

Aparte de aplicarnos este Evangelio a cada uno como hijos de Dios, apliquémoslo en nuestro matrimonio. Dios no quiso redimirnos y ya está. Quiso que participásemos de su misión redentora, y que contemos unos con los otros para alcanzar esa redención. De ahí ese “Id y proclamad el Evangelio”, en lugar de proclamarlo Él mismo a todos.

En nuestro matrimonio, también nos ha entregado el uno al otro para que no perezca el esposo, para que se salve. Dios no me ha mandado para juzgar a mi esposo/a, sino para salvarlo/a. Y mi esposo/a ha sido enviado para salvarme a mí. No hace falta añadir, que no con nuestras fuerzas respectivas, sino con la gracia del Espíritu. Pero ambos somos una mediación, el uno para el otro.

Por tanto, tus problemas son los míos. Son los nuestros. Tus debilidades, son las mías, son las nuestras. Y tus fuerzas no son las tuyas, son las nuestras. Y tus dones no son los tuyos, son los nuestros… Y tus oraciones no son las tuyas, son las nuestras.

Tanto me amó Dios, que me entregó a mi esposo/a para que me salve. Tanto te amó Dios, que te entregó mi persona como esposo/a, para que te salves.

Y Dios Padre nos entrega también juntos al mundo para que el mundo se salve por Él. “Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos» (DCG 47).

Esa es nuestra misión, esposos para con nuestros hijos y para el mundo. Hoy os invitamos a rezar juntos y hablarlo juntos con el Señor ¿Qué función tiene cada uno en nuestro matrimonio:
– en la educación de nuestros hijos
– en la relación con los demás
– en ese problema familiar…

EL ESPÍRITU SANTO: Nos regenera, nos da juicio, nos acerca a Jesús. JESUCRISTO: nos perdona, presenta sus méritos en favor nuestra, nos justifica e intercede ante el Padre presentando su sacrificio. EL PADRE: nuestro Creador, ama a su Hijo y acepta sus peticiones y el hombre es justificado… Los TRES se ocupan en el bienestar del hombre, desde antes de la creación.

Nada es tu problema. Todos se convierten en algo por lo que luchar juntos.

Oramos con el Salmo: Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mt 5, 33-37

El segundo “sí”.

La palabra jurar significa «afirmación o negación que se hace tomando por testigo a Dios».
Jesús no condena el jurar: Dios juró, Cristo juró, Pablo juró. Más bien condena los juramentos necios y frívolos. Condena el jurar a la ligera. Condena la hipocresía que caracterizaba a los escribas y fariseos. Nuestra palabra no deben requerir del apoyado de un juramento, sino que son abaladas por el carácter bueno y sincero.

Nos lo dice San Agustín, contra Faustum 19, 23. “En las Escrituras, como hay mayor detenimiento, se encuentra que el Apóstol jura en algunos sitios, para que no haya quien crea que se peca jurando con verdad, y además para que comprenda mejor que los corazones de la humana fragilidad pueden conservarse libres de pecado no jurando y preservándose del perjurio.”

El que necesita jurar, es porque habla con hipocresía. Los que ju¬ran de esta manera saben que su palabra no vale y quieren confirmar y reforzar lo que dicen. Quieren dar más énfasis al dicho, para poder persuadir.

¿Cómo se relaciona este texto con el resto del sermón? El que obedece este texto:
Es de «limpio corazón», Mat. 5:8. Su justicia es mayor que la de los escribas y fariseos, Mat. 5:20. Es fiel a su palabra: Entra por la puerta estrecha, y anda en el camino angosto, Mat. 7:13, 14. Es el hombre prudente que edifica su casa sobre la roca Mat. 7:24-27. «No perjurarás (no jurarás falsamente), sino cumplirás al Señor tus ju¬ramentos», Mat. 5:33.

El día de nuestra boda nos dijimos ante Dios y ante la comunidad: “yo… me entrego a ti… y prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en las alegrías y en las penas, todos los días de mi vida. Dios condena que nuestro “sí” del día de nuestra boda no fuera sincero y para toda la vida. Condena que sea un sí hipócrita y que no estemos dispuestos a entrar por la puerta estrecha…

Nos dice Rábano: “El que prohibió jurar, nos enseñó cómo debe hablarse, diciendo: «Mas vuestro hablar sea, sí, sí; no, no». Esto es, para lo que es, basta decir es, y para lo que no es, basta decir no es. Puede que aquí se diga dos veces es, es, no, no, para significar que lo que afirmas con la boca debes probarlo con las obras y lo que niegas con las palabras no lo confirmes con las obras.”

Esposos: El primer “sí” ya nos lo dijimos. Probémoslo con el segundo “sí”: Las obras.

Oramos con el Salmo: Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lc 22,14-20

En Tu carne.

Siempre que vamos a la Eucaristía, y llega el momento de la consagración, te vemos Señor como maestro de la entrega, y contemplamos al que es un verdadero esposo, Te observamos y aprendemos de ti, que has sabido entregarte totalmente y has sido fiel a la alianza con el Padre.

Admiramos en el Evangelio de hoy, Tu Misericordia ante la hora de las tinieblas y Tu respuesta de Amor con el don de la Eucaristía, para seguir entregándote a nosotros y derramando tu gracia sobre nosotros día tras día.

Esa es Tu respuesta a nuestras debilidades, ante los planes de Judas, la disputa por los primeros puestos y la negación de Pedro. Son actitudes de los apóstoles que reflejan las nuestras. ¡Cuánto nos Amas! ¡Qué lección de Esposo!

La Eucaristía es la copa de la nueva alianza, sellada con Tu sangre, que se derrama por nosotros. Sin la Eucaristía, sin esta nueva alianza no sería posible ninguna alianza, ni siquiera la de nuestro amor en el matrimonio. Haces posible lo que nosotros rompemos con el pecado. No sería posible ser una sola carne si no fuera por nuestra unión en Tu carne.

“Tomad esto y repartirlo entre vosotros…, haced esto en memoria mía” ¡Bendita Eucaristía!, fuente de Tu Amor y Tu Vida para nosotros, nuestros esposos y nuestras familias.
Eternamente GRACIAS