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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 4, 7-16

El Magníficat del matrimonio:

La oración del Evangelio de hoy, ha sido calificada por los entendidos como el Magníficat de Jesús. Jesús alaba al Padre porque los misterios del Evangelio, se los muestra el Padre a los sencillos, que son los que se ven necesitados de Dios, de su sabiduría, pues la reconocen diferente a la del mundo. Así los esposos alabamos al Padre porque es Él quien nos revela el misterio de nuestro matrimonio a través del Evangelio y le necesitamos. El mundo nos propone una forma de amarse falsa. Es obvio: no hay más que ver los resultados.

Ya vimos otro día que la tentación del Demonio consiste en exagerar lo malo o lo que nos falta por tener, para distraer nuestra mirada de la sobreabundancia de los dones que Dios nos ha dado, tal como ocurrió en la tentación de Eva en el Paraíso. Ver el don de Dios nos hace sentirnos agradecidos, y esto, nos saca del mal, del yo egocéntrico e insaciable e constantemente insatisfecho, que nos destruye y destruye las relaciones con otros.
La mirada oscura es el reflejo de nuestro corazón nos dice Jesús, pues la mirada oscura solo ve lo malo, no encuentra la sobreabundancia de Dios, por lo tanto no puede agradecerla, alabarle… La gratitud está íntimamente relacionada con la capacidad de ver desde la mirada de Dios, de la fe.

La dicha es alimentada por el Padre, es la bienaventuranza de los limpios de corazón (Mt 5, 8). Porque la fe en el Evangelio al igual que la indisolibilidad en el matrimonio, no se consigue a base de esfuerzo humano (ciencia, poder, psicología…), sino que es un don gratuito de Dios, que regala a los que le dicen Sí.
Éste es el motivo que arranca de Jesús la oración de alabanza al Padre y éste es el motivo también para arrancar la alabanza de los esposos. La alabanza y la acción de gracias son puntos esenciales en la oración de Jesús y por tanto en la nuestra, para nuestro matrimonio. Es fruto del reconocimiento de las maravillas que Dios realiza a favor de nosotros.

Son los sencillos y limpios de corazón, los que tratan de verlo todo desde la mirada de fe. Éstos saben que todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que Él ha llamado según sus planes (Rom 8, 28). Dios es infinitamente generoso y nos da infinidad de bienes, si no lo vemos el problema no está en Dios, ni en mi esposo… está en mi corazón.

Una buena forma de apartar al Diablo, es la alabanza. El diablo no la puede soportar, porque es contraria a la tentación y a la mentira.
¡Probarlo! Cuando estéis pensando mal del esposo, entended que el Demonio intenta que engrandezcáis lo malo y no veáis la sobreabundancia de Dios. ¡Alabad a Dios por vuestro esposo! ¡Dad gracias a Dios por él/ella! Dad gracias por los dones que Dios ha puesto en él/ella, sin prestar atención a su metedura de pata.
Veréis cómo desaparece la oscuridad de tu corazón, si no puedes, no es en tu esposo en quien tienes que fijar tu mirada, sino en tu corazón para limpiarlo, pues nada que viene de fuera nos hace impuros. Pídele perdón al Padre y acude al sacramento de la reconciliación a limpiar tu corazón para que tu mirada pueda ver a Dios en él/ella.

La oración de alabanza y de acción de gracias. ¿La aplico con mi esposo (yo en él/ella y él/ella en mí)? ¿La practico? ¿Reconozco lo que el Señor me regala gratuitamente a mí, en mi esposo?

Te pedimos Padre, que nuestra vida matrimonial sea un Magníficat que reconoce y agradece.
Y como María, proclama nuestra alma la grandeza del Señor, se alegra nuestro espíritu en Dios, nuestro Salvador. Porque ha mirado nuestra pequeñez…

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 7, 15-20

¿De qué está hecho nuestro hogar?

Hoy las Palabras de Jesús nos hablan muy claramente sobre la santidad. No basta con haber sido bautizados, ir a la Eucaristía, oir la Sagrada Escritura, ser catequistas que hablemos de Jesús, la Virgen… Incluso podemos rezar cada día, hacer numerosas obras de caridad y repartir los dones que Dios nos ha dado. Si no lo hago por Amor no sirve de nada: San Pablo lo define muy bien en la 1ª carta a los Corintios 13.

La santidad es conocer a Jesús, porque Él nos la transmite mientras caminamos junto a Él. Es una respuesta de amor exigente, por un camino angosto, en cada momento del día, en lo pequeño y en lo grande. Una respuesta al Amor que nos amó primero, que nos llama a una vocación específica y le respondemos a través de ella. La nuestra, queridos esposos, es la conyugal, como dice el Magisterio de la Iglesia, con unas leyes específicas.

Si eres esposo pues has recibido el sacramento del matrimonio: ¡Adelante con este Amor exigente! Con el Amor de Jesús.
Tenemos una misión: Edificar nuestro hogar de amor sobre roca (Cristo), convirtiéndonos en roca para nuestros hijos y para otros, así como Abrahán y Sara por la fe en Dios se vuelven roca, comienzo del pueblo de Dios. Mirando hacia esta roca, la gente cobraba valor para luchar y salir del cautiverio.

Este es el sentido del nombre que Jesús dio a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). También Dios quiere edificar su Iglesia doméstica en cada hogar donde Jesús encuentra su hogar. Estamos llamados a unirnos a Jesús, la piedra viva, para volvernos piedras vivas por la escucha y la práctica de la Palabra (Pd 2,4-10; 2,5; Ef 2,19-22).

¡Esposos! si no escuchamos la Palabra juntos y con nuestros hijos y la ponemos por obra seremos esposos y familias necios que edificamos nuestro hogar sobre arena y cualquier conflicto, hace que nos hundamos totalmente. Y sinceramente… ya hay demasiados hogares enterrados. ¡No tengáis miedo! Hay que empeñarse cada día en un objetivo. Sólo por hoy. Algo que nos acerque a nuestro esposo y por tanto a Dios.

Las Palabras sencillas y claras de Jesús brotaban de su experiencia de Dios, de su vida entregada al Proyecto del Padre. Así deben ser las nuestras a nuestros hijos y otros, palabras que brotan de la experiencia de Dios.

Oramos con el Salmo: (Señor) Inclina mi corazón a tus preceptos, y no al interés. Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 1, 57-66. 80

El milagro de la fidelidad.

Dice Orígenes: -. Zacarías significa el que se acuerda de Dios, Juan significa el que manifiesta a Dios. Además, la memoria se refiere a lo que está ausente y la demostración se refiere a lo que está presente. Por tanto Juan debía expresar, no la memoria de Dios como ausente, sino que debía señalarlo con el dedo como presente, diciendo (Jn 1,29): «He aquí el Cordero de Dios».-

Por eso El Ángel le dijo a Zacarías que el niño se tenía que llamar Juan, porque su nombre designaba su misión. Ya desde el precursor de Jesús, se anteponía la venida del Amor a la ley, que designaba que el primogénito debía llamarse como el padre. Aunque Zacarías dudó y por eso quedó mudo durante un tiempo, cuando llegó la hora de cumplir lo que le dijo el Ángel, obedeció. Esta vez supo cómo responder a Dios. Después viene la gratitud y la alabanza a Dios son sus primeras palabras en un canto de júbilo emocionado.

Cuántas cosas permite Dios en nuestro matrimonio que no entendemos ¿No es así?. El cambio de nombre era un auténtico “disparate” en la época.

“El corazón alaba a Dios ¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos, gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder el tiempo alabando.” (cf S.S. Francisco, 31 de mayo de 2013).

Sólo saliendo de nosotros mismos, de nuestros criterios, podremos mirar nuestro matrimonio y a nuestro esposo (la gracia que Él nos da) y alabar a Dios.

Isabel concibió a Juan en su seno, mientras Zacarías, en silencio, recobró la fe y confianza en Dios. En ambos se da el milagro, la vida espiritual se construye a base de pequeños o grandes milagros que se dan en esa esfera íntima del alma, que sólo Dios y cada uno conoce. Pero no por ello dejan de ser milagros. Dios toca con su mano nuestras almas. «la mano del Señor estaba con él…» sí, y también con vuestro matrimonio, porque Dios quiere engendrar un hombre y una mujer nuevos, siendo uno solo con Él. Mediante la humildad, la donación y la entrega generosa.

El matrimonio nuevo que coopera a la acción de Dios, es consciente de su pequeñez, pero aún más de que esa «mano» divina le sostiene. La fidelidad y salir de uno mismo, son dos actitudes que nos hacen experimentar los frutos de felicidad que nos empujan a alabar a Dios.

Como aquel niño, nuestro matrimonio se va afianzando y fortaleciendo en el desierto. Es un camino.

Oramos con el Salmo: Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras…

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 6, 51-58

El matrimonio que cambia el mundo.

S. Juan Pablo II no vacila en decir que todos los sacramentos de la Nueva Alianza encuentran su prototipo en el sacramento del matrimonio como sacramento primordial (Audiencia 20/10/82). No fue casualidad que el Señor eligiera inaugurar su vida pública con el milagro de las bodas de Caná, en el trascurso de un banquete de bodas, como no lo fue que terminara con la última Cena. Dos banquetes de bodas enmarcan su misión salvadora. La Eucaristía es una entrega nupcial en la que Jesús se hace ofrenda de sí mismo.

A imitación de Cristo, en nuestra boda nos entregamos el uno al otro. ¿Lo hicimos una vez para siempre? O dicho de otra forma: ¿Es nuestro Sí a Dios a través de nuestro esposo de una vez para siempre, como el de la Santísima Virgen María?. ¿En nuestro matrimonio, día a día, nos hacemos a imagen del Esposo, ofrenda al Padre, en nuestra entrega hasta el extremo?.

La Iglesia nos dice que la Eucaristía es el alimento para el matrimonio, y los esposos no podemos participar en ella como si no estuviésemos unidos también por la alianza conyugal. Lo que hace posible que los esposos nos ofrezcamos el uno al otro, es la ofrenda Eucarística de Cristo. Ambos unimos nuestra ofrenda nupcial a la ofrenda nupcial de Cristo por la Iglesia. Por tanto, en cada Eucaristía, en el momento del ofertorio, tenemos la oportunidad de renovar nuestro Sí entregándonos con Cristo Esposo, y a través de Él, ofreciéndonos al Padre.

Un matrimonio (el de Cristo) cambió el mundo. Una entrega conyugal es el medio que Dios utiliza para entregarse a nosotros y darnos su Amor. Alimentémonos de ella, de la Eucaristía, para que cambie nuestro matrimonio y así contribuir a que cambie también el mundo. Amén.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 24-34

Dime con quién vas…

“Nadie puede estar al servicio de dos amos. … No podéis servir a Dios y al dinero.”

Adán y Eva se preguntaron si el mundo es realmente un don o será mejor apropiárselo. El hombre ha arrojado al Creador de su corazón:

.- Al poner en duda, dentro de su corazón… el amor como motivo específico de la creación … el hombre vuelve las espaldas al Dios-Amor, al «Padre”… así, queda en él lo que «viene del mundo» -. (S. Juan Pablo II Catequesis 30/04/80).

El hombre ya no ve el mundo como un don, sino como una posesión que hay que ambicionar y defender. Todo el ciclo del amor, empieza con la comprensión de que primero hemos sido amados, para después amar. “El hombre pierde de algún modo la certeza originaria de la imagen de Dios” S.JPII cat 14/05/80) Y al romper el vínculo con la fuente del amor, se viene abajo todo lo demás, como un castillo de naipes.

La gran preocupación que tienen los padres de familia es, el trabajo, el vestido para los hijos, que tengan lo que quieren, y clases extraescolares, idiomas… ¿Y… reservamos tiempo para la oración con ellos? Pensémoslo detenidamente ¿Cuál es nuestra prioridad para nuestros hijos? ¿Barrigas llenas, todo tipo de ropa, deseos y caprichos? O queremos personas maduras, virtuosas…
Jesús hoy vuelve a centrar nuestra atención en que la Vida vale más que la comida y el cuerpo vale más que la ropa. No tendremos nunca esa Vida que el buen Padre nos quiere dar, si no ponemos nuestro corazón en Él, como hijos que confían y se ponen en Sus manos.

La consecuencia de dar la espalda a Dios, es que “el hombre ya no vive la tierra como su propia casa, donde se encuentra a gusto y protegido. Aparece, por el contrario el miedo ante un mundo lleno de amenazas. Desaparecida la certeza de que la imagen de Dios está impresa … (en nosotros), el hombre pierde también en cierto modo el sentido de su derecho a participar en la percepción del mundo, del cual gozaba en el misterio de la creación.” (Llamados al amor Pg.85)

¿Y no vienen nuestros miedos de ahí, queridos esposos?. Recuperemos nuestra certeza originaria de ser imagen de Dios. Es nuestra misión matrimonial.

Oramos con el salmo: «Castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas; pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad.»