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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 6, 51-58

El matrimonio que cambia el mundo.

S. Juan Pablo II no vacila en decir que todos los sacramentos de la Nueva Alianza encuentran su prototipo en el sacramento del matrimonio como sacramento primordial (Audiencia 20/10/82). No fue casualidad que el Señor eligiera inaugurar su vida pública con el milagro de las bodas de Caná, en el trascurso de un banquete de bodas, como no lo fue que terminara con la última Cena. Dos banquetes de bodas enmarcan su misión salvadora. La Eucaristía es una entrega nupcial en la que Jesús se hace ofrenda de sí mismo.

A imitación de Cristo, en nuestra boda nos entregamos el uno al otro. ¿Lo hicimos una vez para siempre? O dicho de otra forma: ¿Es nuestro Sí a Dios a través de nuestro esposo de una vez para siempre, como el de la Santísima Virgen María?. ¿En nuestro matrimonio, día a día, nos hacemos a imagen del Esposo, ofrenda al Padre, en nuestra entrega hasta el extremo?.

La Iglesia nos dice que la Eucaristía es el alimento para el matrimonio, y los esposos no podemos participar en ella como si no estuviésemos unidos también por la alianza conyugal. Lo que hace posible que los esposos nos ofrezcamos el uno al otro, es la ofrenda Eucarística de Cristo. Ambos unimos nuestra ofrenda nupcial a la ofrenda nupcial de Cristo por la Iglesia. Por tanto, en cada Eucaristía, en el momento del ofertorio, tenemos la oportunidad de renovar nuestro Sí entregándonos con Cristo Esposo, y a través de Él, ofreciéndonos al Padre.

Un matrimonio (el de Cristo) cambió el mundo. Una entrega conyugal es el medio que Dios utiliza para entregarse a nosotros y darnos su Amor. Alimentémonos de ella, de la Eucaristía, para que cambie nuestro matrimonio y así contribuir a que cambie también el mundo. Amén.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 3, 16-18

¿Es tu problema?.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

Aparte de aplicarnos este Evangelio a cada uno como hijos de Dios, apliquémoslo en nuestro matrimonio. Dios no quiso redimirnos y ya está. Quiso que participásemos de su misión redentora, y que contemos unos con los otros para alcanzar esa redención. De ahí ese “Id y proclamad el Evangelio”, en lugar de proclamarlo Él mismo a todos.

En nuestro matrimonio, también nos ha entregado el uno al otro para que no perezca el esposo, para que se salve. Dios no me ha mandado para juzgar a mi esposo/a, sino para salvarlo/a. Y mi esposo/a ha sido enviado para salvarme a mí. No hace falta añadir, que no con nuestras fuerzas respectivas, sino con la gracia del Espíritu. Pero ambos somos una mediación, el uno para el otro.

Por tanto, tus problemas son los míos. Son los nuestros. Tus debilidades, son las mías, son las nuestras. Y tus fuerzas no son las tuyas, son las nuestras. Y tus dones no son los tuyos, son los nuestros… Y tus oraciones no son las tuyas, son las nuestras.

Tanto me amó Dios, que me entregó a mi esposo/a para que me salve. Tanto te amó Dios, que te entregó mi persona como esposo/a, para que te salves.

Y Dios Padre nos entrega también juntos al mundo para que el mundo se salve por Él. “Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos» (DCG 47).

Esa es nuestra misión, esposos para con nuestros hijos y para el mundo. Hoy os invitamos a rezar juntos y hablarlo juntos con el Señor ¿Qué función tiene cada uno en nuestro matrimonio:
– en la educación de nuestros hijos
– en la relación con los demás
– en ese problema familiar…

EL ESPÍRITU SANTO: Nos regenera, nos da juicio, nos acerca a Jesús. JESUCRISTO: nos perdona, presenta sus méritos en favor nuestra, nos justifica e intercede ante el Padre presentando su sacrificio. EL PADRE: nuestro Creador, ama a su Hijo y acepta sus peticiones y el hombre es justificado… Los TRES se ocupan en el bienestar del hombre, desde antes de la creación.

Nada es tu problema. Todos se convierten en algo por lo que luchar juntos.

Oramos con el Salmo: Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mt 5, 33-37

El segundo “sí”.

La palabra jurar significa «afirmación o negación que se hace tomando por testigo a Dios».
Jesús no condena el jurar: Dios juró, Cristo juró, Pablo juró. Más bien condena los juramentos necios y frívolos. Condena el jurar a la ligera. Condena la hipocresía que caracterizaba a los escribas y fariseos. Nuestra palabra no deben requerir del apoyado de un juramento, sino que son abaladas por el carácter bueno y sincero.

Nos lo dice San Agustín, contra Faustum 19, 23. “En las Escrituras, como hay mayor detenimiento, se encuentra que el Apóstol jura en algunos sitios, para que no haya quien crea que se peca jurando con verdad, y además para que comprenda mejor que los corazones de la humana fragilidad pueden conservarse libres de pecado no jurando y preservándose del perjurio.”

El que necesita jurar, es porque habla con hipocresía. Los que ju¬ran de esta manera saben que su palabra no vale y quieren confirmar y reforzar lo que dicen. Quieren dar más énfasis al dicho, para poder persuadir.

¿Cómo se relaciona este texto con el resto del sermón? El que obedece este texto:
Es de «limpio corazón», Mat. 5:8. Su justicia es mayor que la de los escribas y fariseos, Mat. 5:20. Es fiel a su palabra: Entra por la puerta estrecha, y anda en el camino angosto, Mat. 7:13, 14. Es el hombre prudente que edifica su casa sobre la roca Mat. 7:24-27. «No perjurarás (no jurarás falsamente), sino cumplirás al Señor tus ju¬ramentos», Mat. 5:33.

El día de nuestra boda nos dijimos ante Dios y ante la comunidad: “yo… me entrego a ti… y prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en las alegrías y en las penas, todos los días de mi vida. Dios condena que nuestro “sí” del día de nuestra boda no fuera sincero y para toda la vida. Condena que sea un sí hipócrita y que no estemos dispuestos a entrar por la puerta estrecha…

Nos dice Rábano: “El que prohibió jurar, nos enseñó cómo debe hablarse, diciendo: «Mas vuestro hablar sea, sí, sí; no, no». Esto es, para lo que es, basta decir es, y para lo que no es, basta decir no es. Puede que aquí se diga dos veces es, es, no, no, para significar que lo que afirmas con la boca debes probarlo con las obras y lo que niegas con las palabras no lo confirmes con las obras.”

Esposos: El primer “sí” ya nos lo dijimos. Probémoslo con el segundo “sí”: Las obras.

Oramos con el Salmo: Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 20,19-23

Sed un matrimonio perfecto.

Hoy es Pentecostés. Nos hemos venido preparando para este día durante toda la Pascua.
Para recibir al Espíritu Santo, primero tenemos que recibir la paz del Señor. La paz se consigue luchando por amar. La paz se consigue con esfuerzo. Jesús nos la entrega mostrando sus llagas. Nosotros no nos salvamos por nuestros méritos, así que lo segundo que necesitamos es estar abiertos a la gracia del Espíritu, creyendo en Él y recibiéndole con el alma limpia por el sacramento de la confesión.

No esperemos nada especial hoy. Ya sabemos que Dios no está en los grandes e impresionantes eventos, sino que está en la brisa, como le mostró a Elías. El Espíritu va actuando poco a poco en nosotros y por tanto en nuestro matrimonio, ya que nos tiene que llevar a la comunión (o no sería una acción de Dios que nos lleva a la santidad).

¿Y cuáles son los frutos que iremos recibiendo por el Espíritu en nuestro matrimonio?
Gálatas 5,22-23 … el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad (amabilidad), bondad, fe (fidelidad), mansedumbre, templanza (dominio propio).

Sí! El Espíritu hace esto con nuestro matrimonio. Va a aumentar nuestro amor verdadero, y sentiremos el gozo de estar construyendo una comunión. Sentiremos esa paz interior por estar luchando y entregando la vida por seguir a Cristo. Eso hará que cambien nuestras prioridades y se pasen las prisas y los agobios. Nos trataremos con más amabilidad y delicadeza. Buscaremos el bien, y actuaremos siempre buscando el bien para el otro. Nuestra intimidad con Dios irá creciendo y cada vez percibiremos más los frutos del Espíritu, sus obras en nosotros, y esto hará que aumente nuestra fe. Como estaremos “obsesionados” con el amor que Dios nos tiene, no nos importará lo que piensen los demás o lo que digan de nosotros y no necesitaremos defendernos de nadie, porque solo nos importará lo que Dios ve, que está en nuestro interior. Y el mundo ya no nos dominará, ni los deseos, ni la concupiscencia, sino que sólo actuaremos por amor y para amar.

Esto es el cielo, hermanos esposos. Y está en nuestra mano poder vivir un anticipo aquí en la Tierra. Es el Espíritu quien lo hace posible.

Oramos con la secuencia: Ven Espíritu Santo… Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 21, 20-25

Con María

Estamos en la conclusión del Evangelio de Juan. Él dice que si contase todo lo que hizo Jesús, no cabrían los libros en el mundo.

Jesús estuvo en aquella época intercediendo por todos y amando a todos. Hoy no es diferente, porque Él mismo dijo que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos.

La cuestión es ¿Nos damos cuenta de la presencia de Jesús en nuestra vida matrimonial? Si la respuesta es no, es porque estamos demasiado pendientes de nosotros mismos, lo que nos llevará a quejarnos constantemente y a que todo nos parezca poco. Lo pasaremos mal porque las cosas no salen como queremos, por lo que dicen de nosotros, por los gestos de falta de cariño… Pedro se preocupa por Juan. Cristo le acaba de anunciar su muerte y él, se preocupa por Juan. Pedro ha dejado de mirarse a sí mismo, Y Cristo le dice que no se preocupe por él, ya le cuidará el Señor.

El Evangelio de Juan está lleno de detalles porque María estaba con él. Ella se quedó en casa del discípulo amado, y seguro que le enseñó a descifrar muchas cosas de la vida de Jesús.

Vivamos hoy sábado, día de la Santísima Virgen y víspera de Pentecostés, atentos a María, y pidámosle que nos muestre todos los detalles en los que está el Señor en el día de hoy: Esa alegría de los hijos, el gesto cariñoso del esposo, la posibilidad de darme a los demás en muchos momentos y hacerlos un poquito más felices, un hogar acogedor… María seguro que guardaría todas estas cosas en su corazón.

Como reza el Salmo de hoy: Los buenos verán tu rostro, Señor.