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Seducidos en el desierto. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1, 12-15

EVANGELIO
Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 12-15
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor.

Seducidos en el desierto.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“El Espíritu empujó a Jesús al desierto”.

Reflexionemos sobre ese verbo “empujó”: ¿Te has preguntado qué te empuja a ti en la vida? ¿Qué te empuja a hacer lo que haces?
En algunas situaciones podemos actuar “empujados por la ira” o “empujados por la vanidad” o por el capricho, o la tristeza, o la desesperanza, o el deseo, el miedo… ¿Qué te empuja a hacer lo que haces?.

Piensa en esta mañana, o en la de ayer. ¿Qué te empujó a levantarte? ¿Y a asearte? ¿Y a cada cosa que hiciste durante el día?.

Claro que, para ser empujado por el Espíritu, hay que conocerle y experimentarlo, y eso es posible después de horas de intimidad con el Señor. Si el Espíritu Santo empuja al Señor al desierto ¿No lo hará con nosotros? Él no necesitaba purificarse y sin embargo fue llevado a dejarse tentar por Satanás.

Debemos ser tentados por Satanás. Como dice el Papa Francisco: “también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del Mal no quiere nuestra santidad”.
Por tanto, la primera pregunta es ¿Quieres ser santo? Porque si no, Satanás ha ganado la batalla antes de empezarla.

Después, tenemos que conocer al enemigo. El Papa nos lo explica muy claro para que podamos detectar las tentaciones: “¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, intenta ser comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 11 de abril de 2014, en Santa Marta).

Tengo que dejarme tentar por Satanás, sin miedo, con la convicción de que triunfará el bien. Los ángeles del Señor nos sirven. Tenemos la gracia de Cristo que nos salva. Nada nos separará de Él. Puede que caigamos, pero si recurrimos a Él, Él es más fuerte. Si vivimos según el Espíritu, ocurrirá como con la carne de Cristo, nos resucitará de la muerte del pecado. Convertir a nuestro esposo de enemigo natural en aliado espiritual.

Reflexionemos ahora sobre dónde le empuja: Al desierto.
¿Por qué a ese lugar tan emblemático en la Biblia? Porque es el lugar del desprendimiento y del silencio. El lugar idóneo para un encuentro espiritual. Como expresa el profeta Oseas: «Por eso, yo voy a seducirla y la llevaré al desierto -dice el Señor- y le hablaré al corazón… y allí cantará como cantaba en los días de su juventud» (Os 2, 16-17). Dios lleva a su Esposa al desierto para seducirnos, para hablarnos al corazón. Allí le cantaremos.

Nos introducimos en el desierto de la cuaresma, para dejarnos seducir por Dios, para que nos hable al corazón, para cantarle el domingo de Resurrección. Una de las tentaciones puede ser, vivirla separados de nuestro esposo. Vivamos esta travesía juntos. Oración, ayuno, penitencia, limosna… Purifiquemos estos días nuestra mirada, apartemos todo el ruido y vistámonos de blanco, en silencio, para recibir juntos al Esposo que se entrega para redimir nuestra unión.

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Comer con un esposo pecador. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 5, 27-32

EVANGELIO
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
– «Sígueme.»
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo:
– «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les replicó:
– «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Palabra del Señor.

Comer con un esposo pecador.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

La dinámica del amor consiste en que primero hemos sido amados para poder después amar.

Todo empieza en la fuente del amor, que es Dios Padre. La única manera de amar es donándose, es decir entregando dones en los que va parte de la persona que los da o la persona misma. Así, Dios entrega al hombre todas las cosas del mundo. Es importante que el hombre entienda que todo ha sido un don de Dios antes de poder establecer ninguna relación.

El valor que todo eso tiene para Dios, es alto, porque son sus creaturas, y Él las ve buenas. Además, el hombre se comprende a sí mismo como un don de Dios, como el don más preciado, porque independientemente de lo que haga o merezca, Dios lo ama por sí mismo personalmente, tal como es. Es la única creatura a la que Dios ama así, a diferencia de todos los demás seres vivos (animalia). Ese amor de Dios, es lo que da la dignidad a cada hombre.

Hasta aquí, esta experiencia, es la que S. Juan Pablo II llama la “soledad originaria”.

El hombre llegará a ser hijo porque Dios en Cristo, le concede ni más ni menos que su propia naturaleza divina. Para ser hijo, el amor no basta. Es necesario que su padre le transmita su naturaleza.

Después que el hombre ha vivido esta experiencia de acoger el amor, está preparado para amar. Para entregarse como don de Dios a otros. Aquí empieza la experiencia de la “unión originaria”. Dios invitaba a Adán a recibir a Eva como un don suyo, y hacía lo mismo con Eva. Sólo al aceptarse mutuamente de manos de Dios, Adán y Eva pueden entender adecuadamente, la dignidad del otro. Dios no solo me da cosas, sino que se da a sí mismo, pues me entrega algo muy preciado para Él. El don de tu persona me muestra que Dios me ama.

Cristo vino a llevar a plenitud estas experiencia de la soledad y la unión originarias. Vino a revelarnos cómo Él recibe el don del Padre y cómo se entiende a sí mismo como un don del Padre.
¿Cuál es el don que recibe Cristo del Padre? Cada uno de nosotros: “Los que me diste” (Jn 17,6). Cristo nos demuestra el valor que tenemos como don del Padre, porque nos amó hasta el extremo, muriendo por nosotros con nuestro pecado y nuestro desprecio. Pues “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10).

El hecho de que el hombre peque, no implica que Dios deje de amarle sino, casi al contrario, podría parecernos que le ama más porque le ve necesitado (Como se observa en la parábola del hijo pródigo o la oveja perdida). Por eso, la dignidad de una persona no se reduce con el pecado. Dios, en su misericordia, le envía a su Hijo único: Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Y aquí conectamos con el Evangelio aplicándolo a nuestro matrimonio. ¿Cómo miramos al esposo pecador?. Los esposos tenemos que seguir mirándonos con la dignidad infinita que Dios nos ha concedido. Con el amor infinito que Dios nos tiene. Mi esposo es un don de Dios para mí, porque Dios le ama por sí mismo, independientemente de lo que haya hecho. Merece Su misericordia. Merece que Cristo coma con él, se haga hombre por amor a él, viva una vida por amor a él, sea insultado por amor a él, sea golpeado por amor a él, sea juzgado injustamente por amor a él, ridiculizado por amor a él y crucificado y muerto por amor a él. Esto demuestra la enorme dignidad que tiene. El enorme don de Dios que él es para Cristo y debe serlo para mí.

No podemos mirar al esposo desde nuestra mirada, desde el valor que nosotros le concedemos, sino por el valor que Dios le da por el amor que le tiene y la dignidad que le concede.

Quizás seamos nosotros la tabla de salvación que Dios le envía. ¿Voy a ser también yo un don de Dios para él? O voy a apartarlo porque desde mi punto de vista no se merece nada. Como Cristo fue entregado por el Padre para su salvación, Dios me entrega también hoy a mí como colaborador de ese plan de salvación. Al fin y al cabo, además, yo también soy un pecador.

Amar es un compromiso de unirse al destino de la persona amada. El destino de Cristo lo conocemos. Todo lo hizo por el Padre. ¿Queremos o no queremos amar a Cristo?.

Todo es don de Dios. Yo para mí, tú para ti, Tú para mí, yo para ti, ellos para nosotros, y nosotros para ellos. Esto es ser cristiano. Con Cristo podemos recuperar el plan de Dios.

Alabado sea el Señor.

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Cómo el novio se hace Esposo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 9, 14-15

EVANGELIO
Cuando se lleven al novio, entonces ayunarán

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole:
– «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo:
-«¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunaran. »

Palabra del Señor.

Cómo el novio se hace Esposo.

(Hablamos de “esposo” referido a él y ella, para facilitar la lectura)

Hoy se nos habla de los momentos en los que corresponde ayunar. A los esposos, cuando no estamos con nuestro cónyuge también nos toca ayunar. Guardo para él/ella mi mirada, mis momentos de diversión, mis ilusiones y mi mejor sonrisa. Esta cuaresma, aprovechemos para «ayunar» cuando no está nuestro esposo, y nos entregaremos a agradarle cuando estemos juntos. El ayuno (referido a los alimentos) es también importante, porque dispone el corazón.

Cristo nos promete la resurrección en nuestro amor, pero mientras, tenemos que aprender a ser esposos como el Esposo, en la cruz. San Juan Pablo II: El matrimonio corresponde a la vocación de los cristianos cuando refleja El Amor que Cristo-Esposo entrega a la Iglesia, su esposa. (18 de agosto de1982)

Vemos en el Evangelio de hoy, que cuando Él estaba con los discípulos se autodenominaba “el novio”, y es después de la cruz y la resurrección, cuando se hace Esposo. Vivir las dificultades unidos, entregándonos el uno al otro, es lo que nos va convirtiendo en verdaderos esposos cristianos.

Aun así, nuestra comunión no llegará a ser perfecta hasta que estemos en el Reino de los Cielos. San Juan Pablo II nos habla de ese momento, en que participaremos de la comunión de la Santísima Trinidad. Nuestro conocimiento será pleno sobre nosotros mismos y sobre nuestra capacidad de relación con otros y con Dios. Nuestra comunión será tan plena como la de Dios mismo. Mientras tanto, nos toca “ayunar” con una comunión imperfecta que no acaba de llenarnos del todo. Pero cuando vuelva el Esposo, será maravilloso. Se acabará el ayuno, el sufrimiento, las limitaciones, la tristeza… para siempre.

Bendito sea Dios, que nos ha preparado un futuro así para toda la eternidad.

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Me he dicho que no. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 9, 22-25

EVANGELIO
El que pierda su vida por mi causa la salvará

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo:
– «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

Palabra del Señor.

Me he dicho que no.

Jesús se implica con nosotros, se encarna, nos acompaña en nuestros sufrimientos y se entrega hasta el extremo. Nos pregunta el Papa Francisco, si somos conscientes de que todos pertenecemos a un solo Cuerpo, que quiere entregarse. El de Cristo. Nos dejamos servir por Él en la Eucaristía, en nuestro Sacramento del Matrimonio… para ahora tener la capacidad de servir.

Nuestro servicio a la comunidad se realiza principalmente desde nuestra vocación al matrimonio. Los esposos somos muy distintos, pero mediante la sumisión entre nosotros y a Dios, podemos tener un proyecto común. Podemos coincidir totalmente en nuestras prioridades, intereses y en nuestros gustos. ¿Cómo? Siendo uno con Cristo, formando parte de un mismo Cuerpo. Haciendo coincidir nuestro camino con el Suyo. Viviendo en Él.

Jesús nos explica los tres pasos:

1- Negarme a mí mismo. Qué descriptivo: ‘qué se NIEGUE a sí mismo’. Si no estoy dispuesto a aceptar ser marginado, el culpable… no estaré preparado para coger mi cruz.
2- Coger mi cruz de cada día. Aceptar nuestras dificultades como voluntad de Dios. Siempre será para mejor. Pero no te asustes: Cristo ya llevó nuestra cruz. Con nosotros comparte la cruz de cada día, no la de ayer ni la de antes de ayer. Levántate alegre cada mañana porque anoche pediste perdón y ya no tienes cruz.
Una vez hecho esto, estoy preparado para…
3- Seguirle en Su camino.

Seguir al Esposo en un matrimonio en el que tenemos que padecer sufrimientos por amor. Tenemos que esforzarnos por superar las dificultades, pero ser conscientes de que la solución no viene de un pacto o un diálogo… Nosotros seguimos los tres pasos y Él nos resucita. Sean los que sean nuestros esfuerzos, no podemos cambiarnos a nosotros mismos y menos aún al esposo. Sólo desde una relación de amor con Dios, dejando a un lado nuestros criterios, aceptando su voluntad y siguiéndole, Él puede terminar con nuestros defectos, heridas y limitaciones en el orden del amor. Nuestras fuerzas tienen límites pero no el Amor de Dios.

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La tensión interior. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 1-6.16-18

EVANGELIO
Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 1-6.16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor

La tensión interior.

Jesús nos habla de adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. No puede haber falsedad en nuestra relación con Dios, Él conoce todos los rincones de nuestro corazón.

Una intimidad similar destaca en la relación matrimonial, frente a cualquier otro tipo de relación humana. Entre los esposos hay o debería haber tanta confianza que no hubiese engaños. En otros entornos, todos “somos” aparentemente pacientes, comprensivos, serviciales… , pero en el matrimonio, nos relajamos y… dejamos de esforzarnos por aparentar. ¿No es a esta actitud a la que Jesús llama hipocresía en el Evangelio de hoy? Actuar correctamente supuestamente por amor, para ser vistos. Por otro lado, es evidente que no es lo mismo esforzarse en un espacio de tiempo corto, que a lo largo de todo el día todos, los días. Necesitamos relajarnos y descansar. Por eso, tendríamos que ir evolucionando de manera que poco a poco amásemos a nuestros esposos en espíritu y en verdad, y no artificialmente y forzados. Para ello necesitamos una transformación del corazón, una conversión. Justamente lo que se nos propone hacer en Cuaresma: Conviértete y cree en el Evangelio del matrimonio.

San Juan Pablo II dice que ‘la pureza de corazón, de la que habló Cristo en el sermón de la montaña— se realiza precisamente en la «vida según el Espíritu».’
En la medida que vamos viviendo “según el Espíritu”, nos irá haciendo pacientes, comprensivos, serviciales… porque, según dice también él «La carne tiene tendencias contrarias a las del Espíritu, y el Espíritu tendencias contrarias a las de la carne». Existe una tensión en el interior del hombre, en su corazón.

Es la lucha interna que mantiene ‘no sólo al hombre «exterior», sino también al hombre «interiormente» sometido al «mundo», en cierto sentido, cerrado en el ámbito de esos valores que sólo pertenecen al mundo y de esos fines que (el mundo) es capaz de imponer al hombre’ (San Juan Pablo). El tiempo de cuaresma que empezamos hoy, es una oportunidad para reflexionar sobre todo esto y para esforzarnos en no dejarnos dominar por las cosas del mundo, a través la oración, el ayuno, la abstinencia y la limosna. El autodominio del hombre, le llevará a ser capaz de vivir la verdad del matrimonio según el Espíritu.

Los verdaderos adoradores son los que aman en espíritu y en verdad. La verdad del amor es la plenitud de una comunión humana. Amar en espíritu es haber recibido en el matrimonio el mismo amor de Dios. De esta forma todo amor queda consagrado y todo él nos dirige hacia la meta, hacia el Padre.

Adoremos a Dios en espíritu y en verdad amándonos en nuestro matrimonio con un amor de comunión, esto es vivir en el Padre, en santidad conyugal. Dios te lo pagará.

Oramos por el sínodo de la familia:
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