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Invitados a la boda. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 18, 1-19, 42

EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Lectura del Santo Evangelio según san Juan 18, 1-19, 42
Prendieron a Jesús y lo ataron
C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ – «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. – «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús:
+ – «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ – «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. – «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó:
+ -«Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.»
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ – «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»
Llevaron a Jesús primero a Anás
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S. – «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. – «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina.
Jesús le contestó:
+ – «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? 1nterroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. – «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
+ – «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy
C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. – «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. – «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. – «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.
Mi reino no es de este mundo
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. – «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. – «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo:
S. – «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron:
S. – «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. – «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
+ – «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó:
S. – «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó:
+ – «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. – «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ – «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo:
S. – «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. – «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar:
S. – «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido.
¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. – «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. – «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. – «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. – «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S – «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron:
S – «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. – «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. – «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
+ -«No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. – «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. – «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron:
S. – «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. – «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. – «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Lo crucificaron, y con él a otros dos
C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.»
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. -«No, escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.» »
C. Pilato les contestó:
S. – «Lo escrito, escrito está.»
Se repartieron mis ropas
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. – «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica».
Esto hicieron los soldados.
Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre
C. junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ – «Mujer, ahí tienes a tu hijo.
C. Luego, dijo al discípulo:
+ – «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Está cumplido
C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ -«Tengo sed.»
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+- «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
Y al punto salió sangre y agua
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron»
Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien fibras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

Invitados a la boda.

Contemplamos como el Novio se hace Esposo.
Amén.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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En mis manos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 13, 1-15

EVANGELIO
Los amó hasta el extremo

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
– «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó:
– «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo:
– «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó:
– «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo:
– «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo:
– «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
– «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor.

En mis manos.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Amar de verdad es servir al otro, y Cristo nos amó hasta el extremo.
Es ahora cuando Jesús nos enseña que amar no es un estado emotivo ni un sentimiento recíproco hacia los que se portan bien con nosotros. Jesús ese día también le lavó los pies a Judas, a pesar de que ya sabía que le iba a traicionar: (“Vosotros estáis limpios, aunque no todos”). Es impresionante, que adopte una actitud que en aquella época se interpretaba como de esclavo, ante aquel que sabe que le va a traicionar. Esto es amor. La fe sin obras está muerta y el amor sin obras no es amor. Para que nuestro amor vaya bien, no necesitamos ir mucho al sicólogo, sino servirnos mutuamente.

Sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, actúa. No se plantea cuáles son sus emociones ante eso ni cuál es su opinión. Simplemente actúa en respuesta a lo que Dios ha puesto en sus manos. Nos toca reflexionar sobre qué y a quién ha puesto Dios en nuestras manos y cómo respondo a Dios ante eso. Si me limito a levantarme y servir a mi esposo en primer lugar, después a mis hijos y después al resto de personas a mi alrededor.

Si no sirvo y no me dejo servir por ti, no tienes nada conmigo. No hay relación. Unas veces me necesitas y otras veces tengo que reconocer que te necesito, para que haya relación.

Señor, lávanos la cabeza de tantas ideas que dan comienzo a un camino equivocado, alejado del amor. Queremos seguirte. Tú eres nuestro Maestro y te ciñes y te haces nuestro esclavo. Señor, quiero agacharme ante mi esposo y lavarle los pies. Tú lo has puesto en mis manos y me has puesto en las suyas.

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¿Quién viene a casa?. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 26, 14-25

EVANGELIO
El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregarlo!

Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
– «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
– «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó:
– «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
– «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
– «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió:
– «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
– «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió:
– «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor.

¿Quién viene a casa?.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

¿Soy yo, Maestro? Le pregunto hoy a Jesús. “Tú lo has dicho”, me responde. Porque quizás esta tarde, quizás mañana, volveré a faltar a mi compromiso de entregarme a mi esposo para llegar a Él. Le cambiaré por 30 ridículas monedas: Egoísmos, orgullo, comodidad… 30 gustos para mí a cambio de una muerte en la cruz para Él, ¡Por mí!. ¡Ay!, si fuese consciente de verdad de que muere por mí… Tengo que seguir luchando, para que un día no me diga esas palabras tan tremendas: “Mas te valdría no haber nacido”. ¡Espeluznante!.

¿Dónde quieres que te prepare la cena de Pascua Señor? (Pascua significa desierto, lucha…) ¿Deseas celebrarla en mi casa? Pues yo también cumplo tus instrucciones y así lo haré, sirviendo como Tú, sentado a la mesa, en medio de ellos.

Sólo uno se quedó contigo, Juan, los demás no. Pero Tú precisamente por esa debilidad, Te entregas como don para todos. Si fuéramos perfectos no lo necesitaríamos, no habrías venido a salvarnos. Nosotros también somos débiles y te necesitamos, llena de Tu amor nuestro corazón y nuestro hogar, de Ti, para que podamos comunicar tu gloria, sin mirar la debilidad de los demás como una ofensa o una traición, sino como una necesidad.

Gracias Señor, por darme a mí también un discípulo tuyo fiel, mi esposo, que a pesar de mi cruz, no se ha ido de mi lado.

Se acerca Tu hora, sólo quiero seguirte como me pediste, como esposo. Ayúdame a ayudar con mi entrega.

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No hay mayor dolor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 13, 21-33. 36-38

EVANGELIO
Uno de vosotros me va a entregar… No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo:
– «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
– «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús:
– «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.»
Y untando el pan, se lo dio a judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
– «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
– «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir.»»
Simón Pedro le dijo:
– «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió:
– «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó:
– «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.»
Jesús le contestó:
– «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Palabra del Señor.

No hay mayor dolor.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Ya está muy cerca el momento de la crucifixión de Jesús. Y empiezan los mayores sufrimientos. Jesús dice que no hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Podríamos decir que no hay mayor dolor que el que es traicionado por un amigo. Esto vivirá Jesús en el Evangelio de hoy. Primero con Judas y después con Pedro. Por eso, Jesús está profundamente conmovido. Un Dios conmovido por la traición de un hombre.

¡Qué dolor tan desgarrador, tuvo que suponer conocer la perdición de aquel a quien amas! Judas, se perderá, dejará Tu misión, todo tesoro en el cielo, su trono y en la tierra toda dicha… y su amargura le llevará a la muerte.

Intentas por todos los medios Señor, que se dé cuenta, que ponga luz en su alma y no dé cobijo a su debilidad. Desde que le eliges, intentas que crezca en su debilidad que es la codicia del dinero y para ello, le entregas la bolsa del grupo, para que se enfrente y luche, le das muchas oportunidades, pero él cada día se encierra más en su debilidad, calla y la alimenta. Ay de aquel que decide unirse a la tentación, que le da cobijo.

No hay pecado que quede oculto, siempre se nota, se ven los frutos, ¿Por qué empeñarse en silenciarlo? ¡Anunciémoslo como Pedro! Él, en contraposición a Judas, en cuanto te niega, llora y se lo cuenta a todos, reconoce su debilidad ¡Benditas lágrimas! Son como la llamada de auxilio a nuestro Señor, y en Tu perdón y Misericordia derramas un manantial de agua en nuestra alma, que la purifica, y se desborda.

Ante la tentación hay una elección. La tentación es importante, porque nos curte, nos permite madurar. En el Padrenuestro se dice “no nos dejes caer en la tentación” y no decimos “no permitas que haya tentaciones”, eso habría sido coartar nuestra posibilidad de crecimiento. Por tanto, tiene que haber tentaciones, y la clave está en nuestra elección de amor posterior.

Abramos las ventanas y mostrémonos cómo somos ante Dios en la confesión y ante nuestro esposo. Que nos duela el corazón y pidamos perdón, y pidamos ayuda.
Tu Misericordia Señor supera con creces nuestra miseria. Ante la traición y el arrepentimiento de Pedro, respondes con la confianza de la entrega de las llaves de tu Reino. Que nosotros seamos capaces de acoger así a nuestro esposo en su debilidad y le entreguemos las llaves de nuestro corazón.

Después de éste combate Pedro ha crecido y es un hombre nuevo ¡Qué gran enseñanza para nuestro día a día!

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El valor de los detalles. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 12,1-11

EVANGELIO
Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura

Lectura del santo evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una fibra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
– «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? »
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.
Jesús dijo:
– «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Palabra del Señor.

El valor de los detalles.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús, que veía acercarse la hora de su muerte, parece que se refugia por un rato en casa de sus amigos, dejándose querer. Agradece el acto de María, ese amor que es cortés. Mientras que Judas todo lo juzga oscuro, envuelto en su pecado, a Jesús le agrada que María le unja con un perfume caro.

Jesús da mucho valor a la alabanza de María. Qué importante es dedicar mucho tiempo a alabar al Señor en nuestra oración. Sencillamente contemplar las maravillas de Dios y alabarle por su grandeza y su belleza.

A nosotros, como a Lázaro, Jesús nos ha devuelto a la vida. Cada noche tenemos que invitarle a cenar con nosotros, en agradecimiento por tanta generosidad.

Este Evangelio nos anima a preguntarnos ¿Qué detalles estás teniendo con tu esposo? ¿Qué estás haciendo para agradarle? Con el tiempo puede parecer que los gestos de cariño y los detalles no tienen importancia. O simplemente podemos olvidarnos de ello. El amor se expresa con el cuerpo. Necesitamos expresarnos mutuamente el amor.

Puede resultar muy iluminador para descubrir el valor de nuestro esposo, ponernos en la situación de que ya no está a nuestro lado. Cuánto valoraríamos entonces tenerle un rato junto a nosotros para agradarle y darle todo tipo de gestos de amor.

Tenemos pocos detalles el uno con el otro, y hoy Jesús quiere poner el acento sobre ello. Aprovechemos mientras estemos juntos. Siendo delicados entre nosotros, con Él lo somos.

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